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Resumen 2011, Temblores y huidas

Ilustración: Paco Alcázar

 
 

ARTÍCULO (2012)

Resumen 2011 Temblores y huidas

Por Pablo Gil

Con ustedes, la conmemoración de lo que Rockdelux consideró más destacado en 2011. Este es el artículo que escribió Pablo Gil al respecto, un texto lleno de referencias que sintonizó con las listas de lo mejor del año. Fue el repaso a una temporada que, como siempre, se vio sacudida por propuestas interesantes, muy interesantes y nada interesantes. Lean, lean y comprueben que, en efecto, PJ Harvey fue la gran protagonista de un 2011 que pareció balancearse entre los trovadores de ceño fruncido y los jóvenes geniecillos de la producción de dormitorio. Y en el que el dubstep se expandió, el rock no murió, el rap siguió buscando un futuro, el indie se abandonó al lo-fi y la americanidad se extendió. Si no tienes el número con las listas de 2011, puedes conseguirlo a través de nuestra web (ver aquí).

Mejor disco, mejores clips y DVD, y décimo mejor concierto: PJ Harvey es nuestra gran protagonista de 2011, una mujer de carácter en un año musical dominado por los hombres. La cantante, guitarrista y compositora inglesa es una artista exigente que ya hace mucho tiempo se impuso no repetirse jamás y buscar siempre algo nuevo que contar de un modo igualmente nuevo. En “Let England Shake”, un disco que evoca la Historia reciente de su país y su propensión bélica, logra todo ello con una riqueza estética fascinante. Entre dos polos no necesariamente opuestos, este año ha parecido balancearse entre las propuestas tradicionalistas y las archimodernas: entre trovadores de ceño fruncido y jóvenes geniecillos de la producción de dormitorio. Todos cantando sobre el presente, no sobre el pasado ni sobre el futuro, sino con los pies en este mundo de hoy que es tan inverosímil y cuyos resortes ya casi nadie parece comprender bien. El dubstep se expande, el rock no muere, el rap busca un futuro, el indie se abandona al lo-fi y la americanidad se extiende en un año marcado por personalidades distintivas, poderosas, únicas.


PJ EN UN MUNDO JODIDO

“Occidente está dormido, hagamos que tiemble Inglaterra”, canta PJ Harvey nada más comenzar “Let England Shake”. La música suena dulce y extrañamente antigua: son como cánticos de un mundo pasado, rescatados para recordarnos que el hombre es el único animal que tropieza etcétera etcétera. Pero muy pronto sus verdades y su misterio comienzan a agolparse en el oyente. Sin ruido ni prisas provoca el sofoco. Cada frase es un golpe; cada imagen, un enigma; cada sonido, un eco inesperado. Es Inglaterra, la vieja Europa y todas sus guerras y miserias bajo el escrutinio de una poesía sonora en blanco y negro. Proponerse retratar el mundo actual y hacer algo tan sutil como este disco es un triunfo en sí mismo; que la obra resulte tan increíblemente pertinente y reveladora, eso quizá ya es fruto de un feliz azar. Ahora sabemos que Occidente despertaría y que Inglaterra temblaría en el verano de 2011, y que la veterana aunque aún joven artista avanzó el disco en abril de 2010 cantando en un programa de televisión ante Gordon Brown, y que, un año y medio después, justo tras recibir el premio Mercury (Mejor Disco Británico del Año), volvería a cantar en el mismo programa, pero ante un primer ministro distinto, David Cameron.

Tecnócratas. Daños colaterales. Primas de riesgo. Contracción de beneficios. Regulaciones de empleo. Cuentas protegidas. Democracias reales... Dice Punset, en una de sus recetas para el optimismo, que no debe pensarse que el planeta está en crisis, sino que son solo algunos los países afectados. La mierda parece, sin embargo, rezumar por todas las rendijas de nuestra existencia, y muchos músicos también pueden olerla. Este blues del desamparo es la lente tras la que debería ser enjuiciada toda la música de 2011. Radicalmente. Es decir, que hoy solo hay dos tipos de música: la que evita la realidad y la que habla sobre ella de algún modo. Evasión o derrota. Lo que no parece humanamente posible es concebir algo sin ser consciente de todo este catacrac. Más que nunca, no cantar sobre política es una decisión política.

“Todas las noticias son malas /¿Las hay de otro modo?”, canta Tom Waits en “Talking At The Same Time”.


UN ESTILO POR CADA HOMBRE

Hace quince o veinte años, ser original en la música pop e intentar crear un lenguaje propio no solo era la mejor manera de arruinarse, sino de ganarse la fama de tarado y de caso perdido. Lo que casi todo el mundo intentaba era ser el mejor de su estilo. Hoy, al contrario, parece que cada cual quiere ser su propio estilo, salir del camino y avanzar por una senda nueva; es el gran ideal de muchos músicos, pero también lo que valora el público y la prensa: una identidad fuerte entre la rueda interminable de nuevos estímulos.

La explicación a esta tendencia, que viene siendo manifiesta desde hace algo más de una década, podría tener que ver con que durante los años noventa se revisaron todos los estilos anteriores hasta llevarlos a sus últimas consecuencias (“agotándolos”), con la manera en que internet ha diluido el sentido geográfico de las escenas musicales y con la facilidad con la que los avances tecnológicos han permitido al músico grabar de un modo más autónomo y más personal. En este culto a la individualidad, al carisma y a la expresión personal, han sido los hombres los que han creado los discos más sólidos de este año.

 
Resumen 2011, Temblores y huidas

Ilustración: Paco Alcázar

 

Hombres que cantan solos sobre su visión privada del amor, el mundo y todo lo demás, ante la vida como un espejo. Hombres solos que buscan explicaciones dentro de sí mismos. Bill Callahan y Bonnie Prince Billy y Sam Beam (Iron And Wine) y Dan Bejar (Destroyer), por enésima vez; siempre. Josh T. Pearson, Bon Iver, Jonathan Wilson, John Grant (aunque el disco es de 2010) o Cass McCombs, desde luego. ¡Y Tom Waits! Todos singer-songwriters o trovadores o cantautores o como queráis, todos procedentes de esa “America!” de la que canta Bill Callahan: “¡Afganistán! / ¡Vietnam! / ¡Irán! / ¡Americanos nativos! / Se permite a todo el mundo un pasado que no tienen problema en mencionar / ¡América!”.

Pero los ha habido modernos, también muchos más hombres solos escarbando un espacio único: James Blake, The Caretaker, SBTRKT, Zomby, Panda Bear, Dan Lopatin (Oneohtrix Point Never), Balam Acab y hasta Anthony Gonzalez (M83) o Nicolas Jaar. Y, desde luego, ha habido muchísimos chavales (¿demasiados?) que han convertido su dormitorio en un fortín de epifanías ochenteras, pero de eso hablamos un poco más abajo.


Y EN EL MUNDO REAL, LAS MUJERES

Mujeres de relevancia hubo menos, muchas menos, casi ninguna a excepción de PJ Harvey o Kate Bush. Es triste, pero es así, pese a jóvenes talentos como St. Vincent, EMA o tUnE-yArDs. En el mundo real ha sucedido lo contrario, aunque no se trate precisamente de un triunfo de la creatividad femenina. Con la excepción de productos británicos más o menos dignos como Adele o Florence + The Machine, el pop de masas (ese sí, fanáticamente despersonalizado) ha echado casi todas sus fichas en el erotismo a la americana, tan grosero, tan efectivo, y ha impuesto a las Lady Gaga, Shakira, Rihanna, Britney, Ke$ha...


ESPAÑA, RA RA RA

El final de la pasada década fue una época emocionante para la música española. Han sido muchos los grupos que desafiaron los prejuicios de nuestro pop con una frescura que ha contagiado a músicos más veteranos y, en general, a toda la industria underground. Si te acostumbraste a descubrir cada año varios nuevos grupos favoritos, 2011 deja frío en ese sentido, aunque debe apreciarse que, al contrario de lo que viene ocurriendo a nivel internacional, muchas promesas se afiancen tanto en disco como en directo; son los casos de Nacho Umbert, Manos de Topo, Triángulo de Amor Bizarro, Anímic, Za!, El Guincho (aunque su disco es de 2010), Bigott, Joe Crepúsculo, Remate, Ainara LeGardon, La Bien Querida o Klaus & Kinski, por poner ejemplos muy dispares y con distintos bagajes. Pasado el efecto sorpresa, se han esforzado por asentar su lenguaje y crecer.

Otro tema: la criba en el pop catalán (perdón, en catalán, porque para pop y catalán, La Casa Azul). Manel, Antònia Font o Guillamino no pueden seguir siendo incluidos en el mismo lote que propuestas verdaderamente vulgares (¿lo digo? Lo digo: provincianas) en aras de una escena que en realidad parece más mental que real.

Una preguntita, ¿fue tan malo el indie de los años noventa como casi todos quieren recordar? Igual es que simplemente aquellos veinteañeros deberían haber esperado un poco para empezar a grabar discos. En cualquier caso, hoy su madurez es una segunda juventud, y este año algunos de aquellos artistas han vuelto a ofrecer la música mejor valorada por Rockdelux, caso de Nacho Vegas, Sr. Chinarro, Fernando Alfaro, Pau Roca (Litoral) o David Beef (La Estrella de David).

Y luego están Lisabö. Y su ferocidad, y su intensidad dramática, y su lenguaje radicalmente personal. Alguien decía que, como no se comunican mucho con el exterior, como apenas actúan y como graban de uvas a brevas, nunca se sabe bien si se han disuelto definitivamente o si continúan latentes. Rollo hiato, que les pega. Bueno, pues Lisabö existen y sus seis nuevas canciones conforman uno de los indudables discos estatales del año, el mejor según Rockdelux, y no hay ni que argumentarlo, solo conseguir “Animalia lotsatuen putzua” (y no es fácil: no está en Spotify, no se vende en iTunes ni en Amazon ni en la Fnac), subir el volumen y darle al play. Este rock incandescente achicharrará hasta las orejas más curtidas en las aristas del post-hardcore.


DESPUÉS DEL DUBSTEP; NO POST-DUBSTEP

En diciembre de 2010 pudimos leer muchas más veces de lo tolerable que 2011 sería El Año del dubstep, y, obviando el piñazo que se metió Kode9 y que al final ha sido una temporada más bien tendente al tradicionalismo, es cierto que se ha hablado mucho de dubstep, aunque no haya llegado al gran público. Pero sobre todo se habló de las mutaciones del dubstep, de si algunas de esas nuevas músicas son “en realidad” dubstep y de que todo el mundo odia con todos sus bajos el término “post-dubstep”. El hombre (esto parece cosa de hombres, no preguntéis por qué) que más cerca ha estado de convertirse en su primera estrella de masas ha sido James Blake, símbolo de una muy joven generación que ha sacado este subestilo electrónico de su agujero de culto urbano, ya sea hacia la introspección, hacia el hedonismo o hacia la electrónica de museo de arte contemporáneo.

El dubstep es, desde que apareció hace una década, un fenómeno muy difícil de comprender y seguir desde fuera del Reino Unido, incluso podría decirse que fuera de Londres: su naturaleza ha sido avanzar constantemente, y se forma por una gran cantidad de grabaciones de innumerables artistas, solo unas pocas de las cuales aparecen en formato álbum.

Los talentosos James Blake y Joy Orbison, los enmascarados SBTRKT y Zomby, el veterano Shackleton (con singles y álbum) o los faranduleros Magnetic Man (con álbum de 2010) han sido la punta de un iceberg sonoro que se está resistiendo a ser adaptado por el pop de fórmula. Es un hecho que la vanguardia de hoy es el mainstream del mañana (convenientemente aligerado), pero, de momento, el salto no se ha producido más allá de intentos más o menos logrados como los de Katy B o Jamie Woon. Oímos a Rihanna decir que quería sonar dubstep, pero al final se puso trance, que es lo que le toca.

 
Resumen 2011, Temblores y huidas

Ilustración: Paco Alcázar

 

ANGLOCENTRISMO, DESPUÉS DE TODO

Las músicas antiguas o modernas de Latinoamérica, de África, de Europa o del sudeste asiático (China es otro cantar: chiste fácil, perdón) siguen teniendo una presencia de chichinabo entre las novedades que escuchamos. La distribución ya no es la causa. La calidad de las grabaciones, tampoco. Aparentemente, se conoce algo más y hay menos prejuicios (así lo demuestra el boom chileno, por ejemplo), y son los propios músicos occidentales los que del modo más normal citan como influencia esas fuentes. Y sin embargo... Apenas salimos del rodillo anglosajón, que nos hace consumir, además de lo que se hace en España, música mayoritariamente grabada en Estados Unidos y Reino Unido.

El problema, en parte, es nuestro, que somos unos gilipollitas, y bastante perezosos, y seguimos nutriendo nuestra percepción de la actualidad con fuentes de información de esos mismos países, de manera que ni mundialización, ni relación horizontal ni intercomunicación. Cierto que no es un problema particular de España (mal de muchos…) y que el rock’n’roll y el pop son tradiciones de ambos países, pero, en comparación con años anteriores, 2011 ha sido una tristeza en lo que tiene que ver con músicas periféricas.


ESTADOS UNIDOS VS REINO UNIDO

El disco más vendido del año ha sido “21” de Adele, con casi quince millones de ejemplares a nivel mundial, la tercera parte de ellos en Estados Unidos. La artista británica más importante en Estados Unidos desde George Michael (el de “Faith”, entiéndase) ha coincidido con una hegemonía absoluta de la industria yanqui, y ha publicado en un sello independiente (XL, distribuido aquí por Popstock!).

En el indie no ha habido ninguna Adele que redimiera la deriva brit. Los grupos ingleses ya no les molan ni a ellos, y eso ha supuesto redecorar de arriba abajo los despachos de mánagers y A&Rs a lo largo y ancho de las islas hoy poco o nada Cool Britannia. Están fatal, dubstep aparte.

Enfrente se ha creado un nuevo monstruo formado por cien mil dormitorios que escupen a la vez las ocurrencias lo-fi de toda una generación de aspirantes a estrella indie de la semana en la congestionada red de blogs y revistas digitales. El aluvión es tan grande y difícil de gobernar como paradójicamente homogéneo: un enorme zurullo de canciones ochenteras y sesenteras cuyo sonido sucio es una forma de erosionar la candidez de las composiciones. Si el futuro del pop-rock indie está en ese sinfín de nombrecillos efímeros asentados en un amateurismo de pastel, Dios nos pille confesados... Y fin de la pataleta: en realidad, la fortaleza del indie de la América del norte pasa por la generación anterior, la que cuajó en la segunda mitad de la pasada década. Girls, Fucked Up, Battles, The Antlers o St. Vincent fueron ejemplos de ello.


OTRO URBAN ES POSIBLE

En 2010 la música negra dio varios puñetazos sobre la mesa de una enjundia y de un poderío que hicieron creer que los sonidos urban no estaban tan acabados como la degeneración del hip hop comercial y del R&B podían hacer creer. Kanye West fue el Dios del año, pero también estuvieron The Roots y Big Boi, Erykah Badu y Janelle Monáe, y también Gil Scott-Heron y Mavis Staples. Calidad.

En 2011, más que realidades incontestables (The Roots, otra vez), han deslumbrado promesas muy jóvenes que, por usar la terminología universitaria de Sir Kanye, están pendientes de la graduación. Año bisagra, por tanto, polarizado en la brutalidad de Odd Future y el terciopelo R&B de Drake. El colectivo de Los Ángeles parecía que iba a zamparse el planeta, aunque su abrumador primer impacto se quedó en un reguero de singles como cohetes y en actuaciones incendiarias propias de la sección de Sucesos. Podrían ser el nuevo Wu-Tang Clan, pero de momento Tyler, The Creator, MellowHype, Frank Ocean y los demás necesitan algo más sólido para trascender que sus urgentes mixtapes y sus lenguas sedientas como la de un perro de caza. Lo de Drake es otra cosa: el canadiense aspira a ser portada de ‘Billboard’, y “Take Care” es una magnífica credencial para ello. Otros nombres a seguir de cerca: la modernuqui Azealia Banks, el muy malote A$AP Rocky, el calentorro The Weeknd (etíope-canadiense que hace R&B de libro) y el orgullo del underground, Das Racist.


DECEPCIONES DEL AÑO

Los discos más decepcionantes y las peores noticias también dan forma a la identidad de una temporada, así que 2011 también será el año en que Amy Winehouse se empeñó en rematarse y en el que fallecieron Jerry Leiber y Gil Scott-Heron, en el que R.E.M., The White Stripes y LCD Soundsystem se separaron y en el que Kim Gordon y Thurston Moore firmaron el divorcio de Sonic Youth. Algunos discos supermediáticos menos excitantes que una lechuza disecada: Lou Reed & Metallica (¿noveno mejor del año según ‘The Wire’?), Coldplay, Noel Gallagher, Lady Gaga. Tres discos de gigantes lastimosamente intrascendentes: Radiohead, Beastie Boys y Björk.


Y UNA PREGUNTA FINAL

Cuando las discográficas no tengan dinero, ¿quién pagará los proyectos más ambiciosos de los artistas que nos gustan? ¿Financiaríamos entre todos un capricho arriesgado con varios cientos de miles de euros por crowdfunding?

Etiquetas: 2010s, 2011, resumen año
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