USO DE COOKIES

Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros, para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, para mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, así como analizar sus hábitos de navegación. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web.

Aceptar Cómo configurar

Cargando...
Resumen 2012, El año de nuestro descontento

Ilustración: Sonia Pulido

 
 

ARTÍCULO (2013)

Resumen 2012 El año de nuestro descontento

Este texto condensaba lo mejor del año 2012 según Rockdelux. Un informe de David Morán lleno de referencias que presentaba a los artistas y los discos que aparecían en las listas de lo mejor del año. “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas”, que diría Dickens. Salvo que en 2012 hubo más tinieblas que luz, y la sabiduría, al menos la no estrictamente cultural, brilló por su ausencia. ¿Qué nos quedó, pues? ¿La subida del IVA y la ineptitud palmaria de nuestros gobernantes? ¿Consiguió este descontento calar hasta la médula en canciones y melodías o nos conformamos con tuitear nuestro malestar, como diría la escritora alemana Meredith Haaf, para seguir discutiendo sobre cualquier banalidad? Ante estas preguntas, quizá solo hubo una respuesta posible: Michael Gira y su descomunal “The Seer”. Si te quedaste sin el Rockdelux con las listas de 2012, puedes conseguirlo a través de nuestra web (ver aquí).

Podría haber sido el sueño de Beach House o la reinvención del R&B de Frank Ocean, pero un año aciago necesita un disco oscuro y temible para definirlo, y eso es precisamente lo que han hecho los Swans. “My Father Will Guide Me Up A Rope To The Sky” (2010), publicado hace un par de años, fue el primer aviso de que esta segunda reencarnación de la banda iba más que en serio, pero nada hacía pensar que los neoyorquinos escalarían a pulmón su propia discografía para lanzar desde la cima un álbum tan rotundo, sísmico y dolorosamente bello como “The Seer”. El ruido, la furia y el dolor, condensados en un doble álbum de intensidad difícil de igualar. El Apocalipsis, filtrado gota a gota y sacudido como un cóctel molotov en unos directos apabullantes que han dejado el año hecho un auténtico flan. Porque los mayas la pifiaron, pero Michael Gira, el jefe de los Swans, no suele fallar: hizo temblar el año de nuestro descontento con un monumental y retorcido acto de confrontación. “Utiliza tu espada, utiliza tu voz, y destruye, y destruye”, arengaban los Swans desde el mejor disco de la temporada.


INDIGNAOS, POR EL AMOR DE DIOS...

Eso parecen clamar otros ilustres veteranos que observan desde las alturas cómo las cosas van cada vez de mal en peor. Y no, no hablamos de Bruce Springsteen (que también), sino de Scott Walker, cuyo “Bish Bosch” es, probablemente, el disco más desconcertante y molesto de la temporada. Un auténtico puntapié en la entrepierna de las convenciones con el que el exrisueño trovador le atiza a la muerte, a los poderosos y a la miseria intelectual mientras, a distancia, encuentra su réplica en el “Honor Found In Decay” de Neurosis, álbum que cierra el círculo cantándole a un mundo que se va al garete. Y eso por no hablar del inflamable y airado “(III)” de Crystal Castles o, barriendo para casa, de los granadinos Grupo de Expertos Solynieve, quienes afilan sables en “El eje de la Tierra” en tanto se echan un cantecito encajando la canción protesta en el rock americano más soleado.


... AUNQUE TAMPOCO TANTO (O SÍ)

Bien pensado, puestos a entregar la estatuilla de Enfurruñado del Año al mejor ejercicio de terrorismo sónico, nada mejor que acudir a Death Grips, epítome de la mala uva y la politización extrema. Con la ética del punk y la estética del hip hop y pasándose a Epic por el forro de los mismísimos tras hartarse de esperar el lanzamiento de “No Love Deep Web”, los de Zach Hill pueden presumir de haber concentrado en “The Money Store” electrónica de combate, rap con metralla y toda la tensión y la mala uva imaginable.

En el extremo opuesto y anteponiendo la fantasía a la pesadilla, Dan Deacon ha firmado uno de sus mejores trabajos buceando en la miseria social y económica de su país y echándose al monte con un efervescente y bullicioso retrato de la crisis que el geniecillo neoyorquino imagina entre electrónica zumbona, psicodelia abrasiva y pop triturado.


MUTACIONES EN EL PLANETA EXPERIMENTAL

El mundo sigue temblando, pero el avant-rock ya no es el epicentro de las nuevas vanguardias sonoras. Quizá porque, vaya por Dios, el corsé era demasiado estrecho y una propuesta que aboga por la libertad creativa necesita cualquier cosa menos corsés. De ahí que haya quien incluso le niegue el saludo a Animal Collective por haber osado salirse por la tangente con el alucinado “Centipede Hz”.

El caso es que la huida de los de Baltimore viene a confirmar la tendencia al escapismo de una generación que en, el caso de Grizzly Bear y Dirty Projectors, se ha zanjado con un viraje hacia una cierta accesibilidad. La vanguardia no como fin, sino como medio al servicio de espléndidos discos como “Shields” y “Swing Lo Magellan”, ambos orientados hacia el pop aunque sin perder en ningún momento el rumbo.

 
Resumen 2012, El año de nuestro descontento

Ilustración: Sonia Pulido

 

GRANDES (EN TODOS LOS SENTIDOS)

Palabras viejas, palabras sabias. Lo dice de nuevo Leonard Cohen, infatigable buscavidas y eterno seductor, mientras dirige una vez más (¿la última, quizá?) sus monumentales valses hacia el final del amor y, ya puestos, el final del mundo. Y lo confirma un Bob Dylan capaz de romper por enésima vez su propio molde para poner la otra cara de la tradición en “Tempest”.

La veteranía, más que un grado, es un estado mental, y ahí está Mac Rebennack esquivando la danza de los condenados y aliándose con Dan Auerbach (The Black Keys) para darle a Dr. John un vigoroso planchado integral. El lifting del año, sin embargo, lo ha protagonizado el indomable quejío de Bobby Womack, coloso del soul rehabilitado entre brumas dub y espejadas bases de R&B que se reivindica con lágrimas en los ojos como “The Bravest Man In The Universe”. Y con más razón que un santo.


FUNDIENDO A NEGRO (CON SENSIBILIDAD)

Si en 2010 fue Kanye West y el año pasado el cetro lo manoseó The Weeknd, el papel protagonista en la evolución y desarrollo del R&B se lo ha llevado en 2012 Frank Ocean. Más allá de la discutible campaña de marketing que acompañó el lanzamiento de “Channel ORANGE” y de los variopintos capítulos dedicados a sus apetencias sexuales, el californiano ha conseguido con su primer álbum oficial algo prácticamente imposible: rejuvenecer la música negra inyectándole sentido y sensibilidad y manejando elementos ya conocidos como el soul, el funk, el jazz y el electro para dar con un revolucionario y sorprendente acabado. No extraña que ya haya quien lo compare con Marvin Gaye, uno de los muchos nombres que atraviesan un disco sobrado de alma y quilates e insalvable vara de medir que ha dejado pequeños notables sacudidas al género como “Kaleidoscope Dream”, de Miguel, disco cuya única pega es haber coincidido en el tiempo con la explosión de Ocean.

El planeta negro, sin embargo, no solo vive del aterciopelado R&B rebosante de sensualidad, sino que también sigue brindando notables sobresaltos, como los de Kendrick Lamar –imposible esconderse ante la verborrea, el resplandor y la historia de auges y caídas de “good kid, m.A.A.d city”– y Killer Mike, o certeros derechazos, como el que el blanquísimo Jaime Meline, atrapado de nuevo en ese polvorín de hip hop afilado y apocalíptico que es El-P, vuelve a atestar desde “Cancer 4 Cure”.


LA ÉTICA DEL INDIE

Tampoco hace tanto que daba uno una patada y le salían setecientos clones de The Jesus & Mary Chain, Sonic Youth y My Bloody Valentine que, con media canción y un montón de ruido ambiente, se convertían en la banda favorita del momento de los webzines más avispados. Y aunque siempre habrá quien quiera perpetuar el revival como única manera posible de definirse, también hay quien intenta ir un poco más allá para recuperar no solo la estética del indie, sino también la ética. Es el caso de los Cloud Nothings de Dylan Baldi, ex banda de manual reconvertida en bulliciosa y epiléptica formación por obra y gracia del amenazante “Attack On Memory”; del ruidazo con sentido y sustancia de los formidables Japandroids; e incluso de la psicodelia futurista de Tame Impala.

Cómo no, también hay quien prefiere circular por libre, y es ahí, en esos alrededores del indie, donde encontramos a un Ariel Pink que sigue trayéndose lo mejor de los setenta para regalarle a esta década tan seria algo de excentricidad, y a una Sharon Van Etten que, en un año más bien exiguo para el indie folk, ha conseguido estremecer con los calambrazos de “Tramp”. El mensaje también parece haber llegado al viejo continente, donde alt-j y Django Django han conseguido salvar los muebles para el pop británico más retorcido en un año de relativa sequía para el pop de guitarras made in England.


OTROS MUNDOS SON POSIBLES

Despejado el camino del post-punk y con el pop británico –el de guitarras, se entiende– tratando de encajar con disimulo su intrascendencia, la nostalgia y el revival ochentero se han ido escorando cada vez más hacia los sintetizadores y las maquinitas varias, juegos recreativos de una generación que sigue arrinconando los excesos coloristas para moverse entre los rigores del negro.

La excepción, es cierto, sería Grimes y sus gimnásticas y juguetonas canciones con calentadores y leotardos fucsia, pero la norma se cumple (y de qué manera) con la hermosa gravedad con que Chromatics han reivindicado la belleza de la frialdad en “Kill For Love” y la agudeza con que The xx han resuelto su vuelta a la vida tras el desbordante éxito de “xx” (2009). Canciones sombrías y esculpidas con dolorosa humanidad que responden no tanto a un estilo como a una hermética y, a la vez, insoldable sensación.

El pop como cuadro de mandos de unas emociones que palpitan entre cajas de ritmos y telarañas, un paisaje lunar que también han recorrido, aunque con un gesto menos severo y unas melodías algo más luminosas, los Beach House del desbordante y sobrecogedor “Bloom”. Otros mundos, en efecto, son posibles, y ni siquiera es necesario cruzar el charco para encontrarlos: basta con montarse al cohete retrofuturista de Pegasvs o comprobar cómo Extraperlo se manejan con insultante soltura entre sintetizadores y zarpazos a lo más elegante del pop de los ochenta para acabar entrando en órbita.

 
Resumen 2012, El año de nuestro descontento

Ilustración: Sonia Pulido

 

SOBREVIVE, QUE NO ES POCO

¿Qué mejor (o peor) imagen para resumir el año que la de Lawrence, extravagante e incomprendido veterano del pop británico que se resiste a tirar la toalla? El genio desahuciado, plantando cara a los elementos y resistiendo con ese maravilloso “On The Hot Dog Streets” con el que se niega a abandonar a su suerte a Go-Kart Mozart. Una pírrica victoria escatimada a un destino que también parece tenérsela jugada a ese otro ilustre británico que es Jason Pierce. No en vano, el líder de Spiritualized se las ha visto en los últimos tiempos con enfermedades que casi se lo llevan al otro barrio, envites que ha superado no escondiendo la cabeza, sino agarrándose a la vida con uñas y dientes con discos como “Sweet Heart, Sweet Light”, heroico acto de resistencia ante una vida empeñada en abusar de la zancadilla.

¿Y qué decir de Kurt Wagner, haciendo de tripas corazón y sobreponiéndose a la muerte de Vic Chesnutt con el hermosísimo “Mr. M”? Actos valientes en tiempos difíciles entre los que no hay que olvidar “Si alguna vez”, primer álbum de Cristina Lliso en casi quince años y enésima prueba de que la elegancia no tiene edad ni fecha de caducidad.


¡QUÉ BUENO QUE VINISTE, BILL!

Refused nos dejaron sin habla con su explosivo directo –primero en el Primavera Sound y después en salas–, Kevin Rowland ha conseguido por fin salir del pozo para firmar el espléndido retorno de Dexys –así, a secas– y el fantasma de Woody Guthrie se nos ha aparecido para conmemorar el centenario del nacimiento del real working class hero, pero si de lo que se trata es de escoger el retorno de la temporada, ahí está Bill Fay acariciando apesadumbrado su piano y colocándose el primero de la cola entre lamentos salidos de otra época. Rehabilitado por obra y gracia de, entre otros, Jeff Tweedy, el británico rompe un silencio (casi oficial) de más de tres décadas para escapar de la sombra de Dylan y reinventarse como crepuscular y doloroso cantautor de claroscuros en uno de los discos más tristes y bellos del año.

Tirando del hilo Dylan llegamos también a otro de los redescubrimientos del año, el del cantautor estadounidense Sixto Rodriguez, ejemplo enciclopédico de artista desaparecido que emerge de las catacumbas del olvido para proclamar su grandeza. El altavoz, en este caso, no es uno, sino dos: una película y un recopilatorio, ambos titulados “Searching For Sugar Man”, que vienen a demostrar que el pasado sigue siendo una fuente inagotable de sorpresas. 


LAS MIL Y UNA ESPAÑAS

No es nada nuevo, es cierto, pero echando un vistazo a la lista de los mejores discos nacionales de la temporada queda claro que, este año más que nunca, aquí cada uno hace la guerra por su cuenta. Imposible encontrar un podio más variopinto que el que configuran Hidrogenesse, Los Evangelistas y Lidia Damunt, tripleta ganadora que confirma que, pulverizada cualquier escena, se imponen los universos intransferibles.

Es ahí donde la rotunda personalidad de Remate y Antònia Font, el enfado de Los Punsetes, el alma jotera de la asturiana Lorena Álvarez y su Banda Municipal, el contagioso entusiasmo de Tórtel, el folk anguloso de Pau Vallvé, la insospechada metamorfosis de La Bien Querida o el country-pop granaíno de Grupo de Expertos Solynieve acaban configurando una heterodoxa y nutritiva cartografía que cada año que pasa mira un poco más hacia sus propias raíces.

Tampoco está de más subrayar que, salvando a ilustres veteranos como Sr. Chinarro o Mishima, empieza a hacerse evidente un recambio generacional en el que las mujeres tienen mucho que decir –ahí están Maria Rodés, Marina Gallardo y Sílvia Pérez Cruz– y en el que también empiezan a cobrar peso nombres nacidos en los márgenes estilísticos como Espanto, Betunizer, La Débil o Violeta Vil.


EL LABERINTO DE LA ELECTRÓNICA

Quizá tenga razón Steve Goodman, el hombre detrás de Kode9, y el cuarenta por ciento de los oyentes de Burial sean psicópatas, pero lo cierto es que el londinense ha llegado justo a tiempo de cerrar con “Truant” ese círculo que él mismo abrió a principios de año con “Kindred” y, ya puestos, de animar un poco una temporada electrónica que sigue debatiéndose entre adentrar las brumas del post-dub de la mano de Shackleton o recuperar esa senda que se daba por olvidada y en la que ha reaparecido el Squarepusher más brillante. Dos travesías no necesariamente excluyentes con ramificaciones hacia Actress, Laurel Halo e incluso el barcelonés John Talabot que vienen a confirmar que, mientras que el techno y el house siguen a lo suyo, el dubstep y sus ramificaciones parecen mantenerse en un cierto letargo a la espera de poder conquistar territorios más vastos.


AL MAL TIEMPO, MALA UVA

Ahora que la compra de discos ya se ha convertido en un exótico acto de resistencia y que la música en directo corre peligro de seguir el mismo camino gracias a la miopía e insensibilidad cultural del Gobierno –recordemos: “La cultura no es un lujo”, como rezaba el manifiesto que, entre otras muchas, suscribió esta revista en julio de 2012–; el Sónar hace las Américas y se planta en seis ciudades diferentes para celebrar en este 2013 su veinte aniversario; el Primavera Sound instala filial en Oporto y se lleva su propuesta de invierno, el Primavera Club, lejos del exceso de celo municipal de Madrid y Barcelona para probar fortuna en Burdeos y Guimarães; y las salas y programadores resisten como buenamente pueden, queda claro que corren malos tiempos para todo lo que tenga que ver con la música y, por extensión, la cultura. Tiempos peores que se pueden liquidar con un par de balbuceos y unos cuantos lloros o bien adentrándose en el nuevo año silbando el “Come Tomorrow, Come Today” de Edwyn Collins. “Vale la pena toda la lucha”, que diría el caballero de Edimburgo.

Etiquetas: 2010s, 2012, resumen año
Resumen 2010, Odisea pop

ARTÍCULO (2011)

Resumen 2010

Odisea pop

Por Juan Manuel Freire
Resumen 2014, Haciendo eses

ARTÍCULO (2015)

Resumen 2014

Haciendo eses

Por Gerard Casau
Resumen 2015, Crisis y triunfos

ARTÍCULO (2016)

Resumen 2015

Crisis y triunfos

Por David Saavedra
Resumen 2016, Fundido en negro

ARTÍCULO (2017)

Resumen 2016

Fundido en negro

Por Eduardo Guillot
Resumen 2011, Temblores y huidas

ARTÍCULO (2012)

Resumen 2011

Temblores y huidas

Por Pablo Gil
Resumen 2017, Cayendo p'arriba

ARTÍCULO (2018)

Resumen 2017

Cayendo p'arriba

Por Víctor Trapero
Resumen 2013, El pop adelanta a la realidad
Por José Fajardo
Arriba