USO DE COOKIES

Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros, para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, para mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, así como analizar sus hábitos de navegación. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web.

Aceptar Cómo configurar

Cargando...
Resumen 2014, Haciendo eses

Ilustración: Juanjo Sáez

 
 

ARTÍCULO (2015)

Resumen 2014 Haciendo eses

Sun Kil Moon. Swans. Single. Sílvia Pérez Cruz. Sia. Stromae... La casualidad quiso que el podio de la mejor música de 2014 según Rockdelux estuviese copado por artistas o proyectos cuyo nombre (de pila o de guerra) empezase por la letra “S”. La gramática nos ofreció el peregrino hilo conductor con que unir a los protagonistas de un año en el que las tendencias no fueron particularmente evidentes, favoreciendo la aparición de una serie de obras que iban por libre, respondiendo solamente ante su padre y su madre. La ocasión, pues, no se prestó a grandes titulares, pero eso no significó que la cosecha fuese menor. Al contrario. Y todo ello apareció reflejado en el especial de 32 páginas, con un CD con 18 de las mejores canciones de 2014, que puedes conseguir, si no lo tienes todavía, a través de nuestra web (ver aquí). 

2014 resultó una temporada más que notable, y nos dejó debuts a retener, retornos que sería imprudente despreciar y, también, la confirmación de una generación de músicos en racha, que ya llevaban un tiempo moldeando el sonido del presente, pero aún estaban lejos de haber quemado sus cartuchos. Por eso mismo, fue un año en el que convino premiar la carrera de fondo de aquellos autores que se posicionaron frente al culto a la novedad construyendo un discurso coherente y fiable. Fueron los mejores de 2014, pero también podrían serlo de cualquier otro año, pasado o futuro.


PERSONA, ARTISTA, PERSONAJE

En lo más alto de la selección de discos internacionales encontramos “Benji”, de Sun Kil Moon. Un trabajo que marcó los primeros compases de 2014 con una mezcla de familiaridad y sorpresa. Familiaridad porque el álbum no se desvía un ápice de la austera senda por la que Mark Kozelek lleva caminando prácticamente desde el inicio de una trayectoria que ya supera las dos décadas. Y sorpresa porque ni siquiera los habituales baremos de calidad del autor nos habían preparado para la conmoción que causa una de sus obras más excelsas, que ha calado también fuera de su círculo de seguidores fieles.   

Del slowcore de Red House Painters, Kozelek mantiene el gusto por manejar un tempo parsimonioso, que dé peso a cada palabra y sonido, pero hoy el cantante no quiere presentarse como un artista, sino ajustarse sin afectación a una serie de experiencias y a la historia de unos muertos a los que se siente con el deber moral de no dejar caer en el olvido.

Pero el humanismo de la empresa (esa idea de “ir a dar y recibir abrazos” que aparece en el tema “Clarissa”) entra en conflicto con la agria personalidad de Kozelek, que lo lleva a ningunear a sus compañeros (en especial a The War On Drugs, con los que ha mantenido un delirante beef a lo largo de los últimos meses, perfectamente resumido en la canción-puya “War On Drugs: Suck My Cock”) y al público que acude a verlo en directo (en Barcelona, citó a un espectador a encontrarse después del concierto para resolver una discusión con los puños).

Su actitud nos devuelve al antiguo debate de si conviene separar al artista de su obra, o si debemos sentirnos culpables por venerar al monstruo. Un dilema irresoluble sobre el que Jesús Llorente reflexionó en las páginas de Rockdelux 329 (y también en la web de la revista), y que tan solo nos deja una certeza: sinceros o artificiales, los confesionales surcos de “Benji” parecen más humanos y tolerantes que su autor. Y, pese a todo, estos no pueden ser entendidos sin la mano y la voz que les dio vida.

El caso de Mark Kozelek casi parece el negativo de la evolución experimentada por Michael Gira, al que los años han enseñado lo innecesario de portar una máscara de despotismo las veinticuatro horas del día, y que se pueden crear composiciones de volumen aplastante sin hundir los ánimos del oyente. Liberado de la carga que suponía su personaje y dejando que sea la música la que cree sus propios términos de confrontación con el oyente, Gira ha entregado esa larga catarata de fuego que es “To Be Kind”, medalla de plata para esta revista y nueva obra maestra de Swans.    


EL MODELO DE ESTOS AÑOS

¿Qué tienen en común Owen Pallett, St. Vincent, Sharon Van Etten, Caribou, Fucked Up y Ariel Pink? Son artistas y grupos cuyos miembros pertenecen a una misma generación (la de los treintañeros nacidos entre finales de los setenta y principios de los ochenta), tienen ya unos cuantos discos a sus espaldas y han amasado una respetable cantidad de seguidores. Y todos han aparecido con anterioridad en las listas de lo mejor del año de Rockdelux. En otras palabras, ellos (y unos cuantos más) son la apuesta de esta publicación para determinar las múltiples rutas del escenario musical contemporáneo. Habrá que volver a ella dentro de un tiempo para calibrar quién sobra y quién falta, pero, de momento, tomémosla como un posible modelo de estos años. 


EN EL CANDELABRO

A primera vista, 2014 no ha sido un ejercicio demasiado memorable en lo que concierne al mainstream: casi todas las divas del pop entregaron sus últimos trabajos en 2013, y los nuevos discos de bandas llenaestadios como Coldplay o The Black Keys han sido un verdadero bajón (emocional para sus autores, soporífero para el resto de los mortales). La unión de ambos factores puede dar la impresión de que nos encontramos ante un año huérfano de hits impepinables. La ironía, sin embargo, es que esta sequía ha dado la oportunidad de brillar a una de esas figuras que suelen conformarse con roles secundarios, la de Sia Kate Isobelle Furler, en arte simplemente Sia. Autora de canciones para Christina Aguilera, David Guetta, Shakira, Rihanna, Beyoncé y Britney Spears, su discografía propia se había mantenido en un discreto segundo plano (al menos, fuera de su Australia natal) hasta que el single “Chandelier” y su espléndido videoclip (codirigido por Sia y Daniel Askill, y protagonizado por la jovencísima bailarina Maddie Ziegler) empezaron a propagarse por las redes sociales, convirtiendo este dramón de R&B inteligentemente sazonado de reggae y cantado con épica ronca en la canción del año.

El de Sia es el triunfo de quien prefiere no ceder a la evidencia de los focos (en su fulgurante aparición en el show de Ellen DeGeneres, la cantante actuó en un rincón del escenario, dando la espalda a la cámara en todo momento), pero en 2014 también hemos visto elevarse a nuevas reinas que se sirven conscientemente de su imagen: la extenuante y cartoonesca Nicki Minaj, cuya “Anaconda” presenta una sexualidad hipertrofiada, casi paródica en su apología del derrière; pero también Taylor Swift, quien se ha olvidado definitivamente del simulacro country para engancharse a las orejas y a las charts con “1989” y su inclemente bombardeo de glucosa y singles potenciales. ¿Cambio de turno en el escaparate comercial? A saber, pero hay algunos detalles que, como mínimo, llaman la atención: mientras Miley Cyrus agotó el papel en su primera visita a España con un show extravagante en el que todo parecía estar en venta (desde la inocencia perdida de la artista hasta la liberación sexual de su público), a la veterana Kylie Minogue y a la aún nueva pero ya decadente Lady Gaga el Palau Sant Jordi de Barcelona se les quedó grande y falto de fervor en las gradas. Solo Beyoncé parece mantenerse inmune a los vaivenes de la tendencia, y ni siquiera el aireo de sus trifulcas familiares alcanza a toser su gancho y aura de respetabilidad.

 
Resumen 2014, Haciendo eses

Ilustración: Juanjo Sáez

 

LA MÚSICA Y LA MATERIA

En el universo paralelo de ‘Rolling Stone’, el mejor disco de 2014 es “Songs Of Innocence”, de U2. Pese a que incluso los seguidores incondicionales del grupo tienen dificultades para encontrar algo relevante en este trabajo, la revista estadounidense argumenta que ningún otro LP ha dado tanto que hablar este año como el de los irlandeses, que en su infinita magnanimidad quisieron regalarlo a través de iTunes. El problema llegó cuando el programa descargó automáticamente el álbum, introduciéndolo en el ordenador de multitud de usuarios que no deseaban tal obsequio. Nacía así el primer disco-spam de la historia (o, como mínimo, el primero facturado por unas superestrellas), obligando a Apple a desarrollar una aplicación que lo borrase del disco duro. Más allá de la gracia que les hace a algunos que a Bono y compañía el tiro (tecnológico) les salga por la culata, el debate que generó esta táctica publicitaria (en el fondo, una variación insensata del “paga lo que quieras” con que Radiohead presentaron “In Rainbows” en 2007) puso de manifiesto el resquemor que produce en el oído el hecho de que un pedazo de software sugiera (o, como en el caso que nos ocupa, imponga) qué canciones nos deben interesar. Quizá sea la señal de alarma definitiva para filtrar estímulos y recuperar el control sobre la música que escuchamos.

En el extremo opuesto de esta difusión gratuita e inmaterial encontramos a Wu-Tang Clan, quienes anunciaron dos discos este año. Uno de ellos, “A Better Tomorrow”, ha contado con una distribución “convencional”, mientras que del segundo, “The WU-Once Upon A Time In Shaolin”, solo existe una copia física. El plan de la tropa hip hop es girar el álbum por distintos espacios de exposición, de manera que pueda ser escuchado por la plebe, para luego venderlo al mejor postor (las informaciones apuntan a que las pujas han alcanzado los cinco millones de dólares). Para RZA, esta es la manera de que la música gane respeto como arte, pero en su manifiesto confunde contenido y continente, identificando la obra con el soporte que la contiene. Dicho de otro modo, esta estrategia no hace ganar a “The WU-Once Upon A Time in Shaolin” cotización como obra artística, simplemente lo convierte en un objeto de lujo.

Ambas historias no hacen sino hablarnos de sendos nombres veteranos buscando ser noticia en un entorno mediático que empieza a escapárseles, ya sea tratando de abrazarlo desesperadamente o rechazándolo con vehemencia. Más les valdría aprender del más listo de la clase, Richard D. James, quien publicitó su nuevo disco como Aphex Twin con un zepelín con el logotipo de su alias sobrevolando el cielo de Londres, para luego oficializar el lanzamiento del álbum en el abismo de la Deep Web. Sumergiéndonos en océanos de información, el ingenio de esta pirueta casi logra hacernos olvidar que las muchas excelencias de “Syro” tienen algo de “yo ya he estado aquí”. 


ESPERANDO AL MESÍAS NEGRO

Cual personajes de Samuel Beckett, a algunos 2014 se nos ha ido esperando la secuela de “Yeezus”, que en teoría ya debería estar más que lista. La ausencia del aparatoso genio de Kanye West parece dejar algo desangelado el balance de la música negra, pero la “Yedependencia” no ha de impedirnos ver el bosque. En un año en que las mixtapes y los versos sueltos han ganado terreno a la legitimidad del formato álbum, no es extraño que lo más excitante del hip hop se haya cocido fuera del radar de las majors: por un lado, encontramos el segundo volumen de la entente conocida como Run The Jewels, que se ha ganado un lugar entre lo más destacado de la discografía de sus autores, unos El-P y Killer Mike convertidos en resabiados francotiradores de un malestar seco y cortante. Por el otro, la juventud ensombrecida de Vince Staples y Evian Christ; el primero, lanzando rimas hardcore desde el EP “Hell Can Wait”, y el segundo, estrellando producciones de trap aterrador en “Waterfall”.

No ha publicado disco, pero Kendrick Lamar se ha ganado un sitio entre los protagonistas del año gracias a “i”, un single inesperadamente abierto a la accesibilidad pop-rock (¡esa guitarra!), y, especialmente, a su fibroso concierto en el Primavera Sound.

Fuera de los márgenes del hip hop, es obligado destacar el debut largo de FKA twigs, voz que se mueve entre lo quebradizo y la ampulosidad de unas grandes ambiciones que deberían llevar lejos a Tahlia Barnett (si no la ahogan primero), así como el “You’re Dead!” de Flying Lotus, espectacular migración de la electrónica al jazz, ya intuida en los trabajos previos de Steve Ellison, pero cuya encarnación definitiva abrasa la mente.

Tampoco hay que olvidar el retorno por partida doble (falso, pues su producción siempre ha sido constante) de Prince, quien, a falta de la maestría de sus mejores días, al menos ha recuperado visibilidad (cosas, suponemos, de volver al seno de una multinacional). Y, sobre todo, el de D’Angelo, que ha esperado hasta el último suspiro de 2014 para romper su silencio de casi tres lustros, publicando un “Black Messiah” que todavía hemos de degustar con calma, pero que muy probablemente ha hecho que más de una publicación lamentase haber cerrado su lista de lo mejor del año antes de hora, la nuestra incluida.

 
Resumen 2014, Haciendo eses

Ilustración: Juanjo Sáez

 

MAESTRO DEL ARGOT

El tópico de “llegó, vio y venció” volvió a resultar útil para definir el concierto que Stromae dio en la jornada inaugural del Primavera Sound. El belga Paul Van Haver tenía menos de una hora para seducir a un público que todavía no lo considera una estrella, pero su directo está tan cuidado y él desprende tal carisma que nada de eso importó. Cada canción, de “Alors on danse” a “Papaoutai” pasando por “Formidable”, importó en un espectáculo que hacía del argot verlan lengua universal de un pop que arrastra las consonantes y no se resiste al eurobeat. Seguimos a la espera de que facture un disco sin paja, pero Stromae ya se ha convertido en un personaje imprescindible y transversal, capaz de arrasar en contextos muy distintos. Quizá nos visite en más ocasiones, y es posible que se supere a sí mismo, pero ya no podrá repetir la reveladora sorpresa de esta primera exhibición.

El de Stromae fue el concierto más deslumbrante de 2014, pero en estos doce meses también dejaron su huella sobre el escenario unos Swans que han encontrado en su estruendo un espacio para el cuelgue arrebatado, que nos recuerda la admiración que Michael Gira siente por The Doors. Tampoco decepcionó la infalibilidad de otros consagrados, serios como Bill Callahan o guasones como Mark Oliver Everett y sus Eels, ni la apuesta de Damon Albarn por convertir la presentación del interesante “Everyday Robots” en un repaso de las distintas fases de su carrera. En el apartado de revelaciones, el carisma de los noveles Ought y unas Savages que parecen haber acumulado un nada desdeñable rodaje.


POR PAREJAS

Excepcionalmente, la distinción de Rockdelux al mejor disco nacional es un ex aequo para Single y Sílvia Pérez Cruz & Raül Fernandez Miró (algo que no sucedía desde el año 2000, cuando Vainica Doble y Sisa compartieron primera posición). Ambas propuestas parecen (son) muy distintas, pero hay dos hechos que las asemejan: sus artífices llevan años desempeñando un papel relevante en la música hecha en España, y en los dos casos hablamos de dúos en los que la mujer pone su voz en primer término mientras el hombre teje y desteje sonidos.   

Con “Rea”, Single (esto es, Teresa Iturrioz e Ibon Errazkin) vuelan alto, como siempre, queriendo asemejar la estructura de sus cultivadas composiciones a la del lovers rock, solo para que la producción de Hidrogenesse las devuelva a una fantasía donde todo es posible, incluso que un clavicémbalo dé paso al rapeado de Garbanzo (en la fenomenal “Me enamoré”). Por su parte, Sílvia Pérez Cruz y Raül Fernandez Miró han buscado en canciones ajenas (de Enrique Morente, Leonard Cohen o Maria del Mar Bonet) la materia prima de “granada”, donde se plasma la no siempre cómoda relación entre la voz de ella y la guitarra eléctrica de él. Solo hay algo capaz de superar la tensa belleza de este disco: su traslación al directo, un formato con el que la pareja debería seguir dándonos alegrías a lo largo de 2015.

En lo que concierne al resto de la selección, la extensa discografía de Sr. Chinarro y las canas de los resucitados Los Enemigos suponen la excepción entre músicos aún jóvenes y con distintos grados de experiencia. Algunos profundizan en sus señas de identidad (Aries, vàlius, Miquel Serra), otras se prueban en versiones y estilos con los que no las hubiéramos relacionado (Maria Rodés, Lidia Damunt), y hay quien busca canalizar con creatividad una indignación que no debe extinguirse (Pablo Und Destruktion, Ornamento y Delito, Los Chikos del Maíz).

Etiquetas: 2010s, 2014, resumen año
Resumen 2010, Odisea pop

ARTÍCULO (2011)

Resumen 2010

Odisea pop

Por Juan Manuel Freire
Resumen 2013, El pop adelanta a la realidad
Por José Fajardo
Resumen 2016, Fundido en negro

ARTÍCULO (2017)

Resumen 2016

Fundido en negro

Por Eduardo Guillot
Resumen 2015, Crisis y triunfos

ARTÍCULO (2016)

Resumen 2015

Crisis y triunfos

Por David Saavedra
Resumen 2011, Temblores y huidas

ARTÍCULO (2012)

Resumen 2011

Temblores y huidas

Por Pablo Gil
Resumen 2017, Cayendo p'arriba

ARTÍCULO (2018)

Resumen 2017

Cayendo p'arriba

Por Víctor Trapero
Resumen 2012, El año de nuestro descontento
Por David Morán
Arriba