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Resumen 2017, Cayendo p'arriba

Ilustración: Carlos Corredera

 
 

ARTÍCULO (2018)

Resumen 2017 Cayendo p'arriba

Este es el artículo introductorio, escrito por Víctor Trapero, a las listas con lo más destacado de 2017 según Rockdelux. Corresponde al especial anual de 32 páginas + CD con 17 de las mejores canciones de la temporada (si no lo tienes, puedes conseguirlo a través de nuestra web; ver aquí). No falla. Cuando un año echa el telón, hay dos constantes que se repiten. Por un lado, da la sensación de que fue el más apocalíptico que se recuerda; por el otro, que su cosecha musical fue especialmente impresionante. 2017, claro, no fue una excepción.

Acorralados entre la catarata de célebres escándalos sexuales –que salpicó a Ducktails o Crystal Castles–, el primer año que arrancó y terminó con Donald Trump en la Casa Blanca, y que siguió sumando atentados terroristas –que tomaron trágica forma en un concierto tan multitudinario como el de Ariana Grande en Mánchester o en el festival Route 91 Harvest de Las Vegas–, la música volvió a servirnos de refugio y, en muchos casos, de altavoz o incluso de arma arrojadiza. Que nada ni nadie apriete el pause.


Compton, “Los Ángeles”

Dos cursos después, Kendrick Lamar vuelve a reinar. Si en 2015 fue “To Pimp A Butterfly”, ahora le toca a “DAMN.”. La prueba del algodón llega cuando se comprueba que, en más de tres décadas de listas en Rockdelux, solo unos tales PJ Harvey, Portishead, Animal Collective y Kanye West han colocado discos en lo más alto del ranking internacional en dos años diferentes. Por edad y trayectoria hasta la fecha (“good kid, m.A.A.d city” ya coqueteó con el podio en 2012), no sería raro que pronto se convirtiera en el primero que logra acumular un tercero. El de Compton no se conforma con ser el mejor rapero del siglo XXI: su figura, influyente y transversal, ya está por encima de géneros, escenas y targets. No hay más que comprobar la lista de invitados de “DAMN.”, en la que caben nombres tan variopintos como Rihanna, U2 y James Blake. Ninguno, eso sí, eclipsa a un Lamar en estado de gracia que, en el fondo, continúa aprovechando su estatus de portavoz de la comunidad afroamericana y, en la forma, se arrima a ese rap old school que había esquivado en “To Pimp A Butterfly” sin dejar de sonar fresco y audaz en ningún momento.

Otra que toma la tradición como medio, nunca como fin, es Rosalía, autora del mejor álbum nacional de 2017, ese “Los Ángeles” teñido de luto, basado en textos popularizados por La Niña de los Peines, Antonio Molina o Enrique Morente, producido y musicado por Raül Refree, que ha conseguido poner de acuerdo a puristas y reformadores, propios y extraños, dentro de un hábitat tan particular como el flamenco. El puente entre bandos es la maravillosa voz de la barcelonesa, un vehículo de emociones universal, especialmente en directo: sus exhibiciones en el Primavera Sound o el Vida Festival, entre otros muchos directos, la han llevado a encabezar también el ranking de mejores conciertos nacionales. En vivo o en estudio, en castellano o en inglés (como en su versión del “I See A Darkness” de Bonnie “Prince” Billy que cierra “Los Ángeles”), la figura de Rosalía supone un necesario zarandeo dentro del impermeable mundo del cante, así como una maravillosa contradicción: a sus exultantes 24 añitos, le ha cantado a la muerte como pocos.


Vacas sagradas (y aspirantes)

Da gusto comprobar cómo ciertos mandatos se perpetúan o, al menos, se estiran en el tiempo contra viento y marea, de manera admirable, rebelándose contra el brillo de la novedad. En el mundillo musical, siempre frágil de memoria, mantenerse en la primera plana en forma y con dignidad durante varias legislaturas no es cosa fácil. Ahí están, aún inquietas tras más de tres lustros de carrera, bandas-tótem como Los Planetas (portada de marzo), tan inspirados para firmar la mejor canción nacional del año, The Magnetic Fields, The National (portada de septiembre; todavía con el viento a favor tras ese punto de inflexión que fue “Boxer” en 2007), The Clientele, Mishima y los a menudo infravalorados Spoon.

De trayectorias considerablemente largas y certeras también pueden presumir St. Vincent (portada de diciembre; redondea una década de discos siempre ascendente con “Masseduction”), Dirty Projectors, Destroyer, Grizzly Bear, Mount Eerie (un libro abierto en el doliente “A Crow Looked At Me”), Ariel Pink, Sun Kil Moon (esta vez formando equipo con Jesu), Los Punsetes y The War On Drugs, proyectos de los que toca echar mano irremediablemente si queremos explicar a qué ha sonado 2017 y, de paso, gran parte de lo que llevamos de siglo.

Por esa senda ajena al traspiés transitan también, aunque desde hace menos tiempo, The xx (portada de mayo; en “I See You” se nota más que nunca la mano de Jamie xx), Thundercat, King Krule y Perfume Genius. Aunque en su caso se suele dar por descontado, conviene resaltarlo: unos y otros han vuelto a entregar obras fantásticas. En este apartado había un hueco reservado para Arcade Fire, pero en su caso sí ha habido quinto malo. O, al menos, no ha habido quinto excelente. Salvo algún chispazo de genialidad, “Everything Now” ha mostrado una inédita versión terrenal de los canadienses.

 
Resumen 2017, Cayendo p'arriba

Ilustración: Carlos Corredera

 

Retornos y resurrecciones

Entre todos hemos dado por buena esa teoría de que dos años, o tres en el peor de los casos, es el tiempo que necesita una banda o solista para componer, grabar y lanzar un disco. Todo lo que sea exceder ese plazo se considera una rareza, casi un acto de imprudencia ahora que la avalancha de lanzamientos puede llevarse por delante a cualquiera. Si te descuidas, seas quien seas, te quitan el sitio. Bastante más de dos años se han hecho de rogar Fever Ray, desaparecidos desde 2009. El segundo trabajo de Karin Dreijer, “Plunge”, esconde todo un corazón pop bajo esa coraza industrial marca de la casa.

Otras felices reapariciones han sido las de Broken Social Scene (todo grandilocuencia en “Hug Of Thunder”), Fleet Foxes, John Maus y Charlotte Gainsbourg, aunque sus ausencias quedan en anécdota comparada con la de Peter Perrett: el ex The Only Ones ha roto un silencio discográfico de más de veinte años con el notable “How The West Was Won”. Justo el tiempo que también han pasado en la sombra Slowdive, pese a que no se note en su primer álbum posreunificación. Como si el tiempo se hubiera detenido en 1995, el engranaje shoegazing de Neil Halstead y compañía ha funcionado como siempre, como nunca.

Capítulo aparte merece la prematura resurrección de LCD Soundsystem (portada de octubre), un fraude imperdonable... si no fuera porque ha traído consigo una obra mayúscula como “American Dream”, nueva colisión entre rock y música de baile, trascendencia y hedonismo, pasado y presente. Prueba irrefutable de que todavía eran necesarios cuando se fueron.


Abran paso

A otros muchos no les ha dado tiempo a irse todavía, básicamente porque acaban de llegar. Son todos esos nombres que conforman la añada de debutantes de 2017. Da miedo pensar que, a las primeras de cambio, algunos de ellos ya han entregado discos tan maduros y redondos. ¿Y si ya han tocado techo? Que nos quiten lo bailao. Aunque es un decir: con la salvedad de Bicep, entre los rookies, como en general entre toda la producción musical de la temporada, cuesta encontrar material excitante para la pista de baile.

No parecen estar para fiestas, entre otros, Sampha (que en “Process” reclama su propia voz tras haber trabajado para Kanye West, Frank Ocean o Solange) o Cigarettes After Sex, metadona cinco estrellas para nostálgicos de Broadcast o Mazzy Star. Tampoco jóvenes pesarosos como Hand Habits, Moses Sumney (¿el falsete del año?), Vagabon, Loyle Carner (rimador de desarmante aliento soul), Bedouine, Phoebe Bridgers y Kelly Lee Owens, la excepción digital entre tanta guitarra acústica. Por nuestro bien, que les dure la amargura.


De qué hablamos cuando hablamos de música urbana

Si ha habido un trending topic en 2017, ese ha sido la música urbana, ¿género? bastardo difícil de seguir (la producción de la escena, entre featurings y lanzamientos de todo tipo no necesariamente sujetos al concepto tradicional de LP, es inabarcable) y todavía más difícil de definir. Intentémoslo: hablamos de un cajón de sastre en el que caben rap, future beats, grime, influencias latinas y caribeñas y R&B, un popurrí ultramoderno que viene a ser algo parecido al nuevo pop de un tiempo a esta parte, especialmente en Norteamérica y Reino Unido.

El rey, claro, es Drake, un tipo con visión que ha allanado el camino para Future, Migos o Lil Uzi Vert, protagonistas de un año en el que, en clave urban, también han brillado Vince Staples (mucho más que un MC en el enorme “Big Fish Theory”), Stormzy, Kehlani, Mura Masa (ese alumno aventajado de Jamie xx que ha convencido a Damon Albarn, A$AP Rocky o NAO para que canten en su debut) o un Frank Ocean que no se ha aburrido pese a no publicar disco: un par de estupendos singles y sus estelares colaboraciones en los trabajos de Tyler, The Creator y Calvin Harris sirven para que le disculpemos su plantón en la pasada edición del Primavera Sound.

Aquí, en territorio patrio, anduvimos a vueltas con el fenómeno trap (merecedor de un informe en el número de julio-agosto), y, para cuando nos quisimos enterar de qué iba la película, C. Tangana, Bad Gyal, Bejo, One Path o la crew de Los Santos (ex PXXR GVNG), tan influyentes como para colar un verso de “Ready pa morir” en “Islamabad”, ya se habían convertido en nuevos ídolos de toda una generación.


#Ellastambién

Quizá en un tiempo no haya que reservar un espacio para resaltar la aportación femenina al cancionero anual, pero la actualidad, con el mundo de la cultura sumido en un necesario proceso de purga bajo el hash-tag #metoo, hace especialmente necesario este punto. Por mucho que “Boys” de Charli XCX haya sido uno de los hits de 2017, apetece más estar orgulloso de ellas que de ellos. De Kelela y SZA, dos competidoras para el trono del nuevo soul ocupado por Solange. De Lorde, esa reluciente estrella pop con trasfondo. Del enorme paso adelante dado por Aldous Harding, Julien Baker y Julie Byrne en sus respectivos segundos discos. De Lana Del Rey, para la que sigue habiendo vida más allá del hype. De Björk (portada de noviembre), pionera en tantas cosas. De Rocío Márquez (portada de junio), Laurel Halo, Linda Perhacs, Sílvia Pérez Cruz, Syd, Molly Burch, BFlecha, Girlpool, Amber Coffman... Who run the world?

 
Resumen 2017, Cayendo p'arriba

Ilustración: Carlos Corredera

 

Voces de los extremos

Con divas pop como Beyoncé, Rihanna, Nicki Minaj o Sia en relativo barbecho discográfico, y pese a los esfuerzos de Katy Perry o Taylor Swift, los charts generalistas han tenido un marcado acento latino en todo el globo durante 2017. Hasta hemos escuchado cantar en castellano a la misma Beyoncé y a Justin Bieber, reclutados respectivamente por J Balvin y Luis Fonsi en sendas nuevas versiones de “Mi gente” y “Despacito”, quizá los dos mayores hits planetarios (con el permiso de Maluma y su “Felices los 4”) de un año que ha vivido cierta estilización y rehabilitación de eso que hace no tanto llamábamos, no sin cierta retranca, simplemente reguetón.

En el otro extremo del espectro sonoro, propuestas abstractas, osadas, marginales o directamente extraterrestres como las de Jlin (nueva jefa de un movimiento tan tradicionalmente machote como el footwork), Kaitlyn Aurelia Smith, Children Of Alice, Exquirla (la alianza entre Niño de Elche y Toundra), Gas, Javier Díaz Ena, Converge, Ryuichi Sakamoto, LCC y Pharmakon han vuelto a demostrar que la realidad siempre supera a la ficción, y que, aunque creamos que lo sabemos todo, las sendas por explorar son infinitas. Dos mundos opuestos que, a decir verdad, parecen estar más próximos que nunca: ahí está el acercamiento pop de Arca (portada de julio-agosto), cada vez más afín a la estructura de canción tradicional, como prueba.


La resistencia

En un año marcado por la proliferación de texturas electrónicas y la asimilación de conceptos propios del rap aquí y allá, la verdadera transgresión ha llegado, paradójicamente, a partir de propuestas más o menos fieles a la tradición rock o punk, ya sea en cuarteto (Protomartyr), en trío (Metz) o a dúo (Cala Vento). Seguir confiando en el poder de un riff de guitarra ha sido nadar a contracorriente durante los últimos doce meses para gente como The New Pornographers (otros que no fallan ni aunque se lo propongan), Mujeres (definitivamente abonados al castellano con estupendos resultados) y King Gizzard & The Lizard Wizard, quizá la banda más prolífica de 2017. Ellos, además de Biznaga, The Big Moon, Futuro Terror y Downtown Boys, desfile de nombres con mucho en común a pesar de las particularidades de cada uno, han formado esa resistencia sin aditivos en tiempos ultraproducidos.


Nueva canción protesta

Para muchos, la duda en 2017 no ha sido elegir entre alzar la voz o no alzarla, sino elegir la injusticia a denunciar. La clase política, con diana en Donald Trump, y el neoliberalismo feroz se han llevado la palma (Run The Jewels, Maria Arnal I Marcel Bagés, Shabazz Palaces y Algiers han disparado con especial mala leche en los últimos meses), pero no han faltado voces en contra del heteropatriarcado (Dorian Wood, Pissed Jeans) y a favor del empoderamiento de la mujer (Princess Nokia), llamadas a la reflexión (Father John Misty) u orgullosas exhibiciones de raíces (Ibeyi). ANOHNI, Josele Santiago, EMA, Austra, Mavis Staples, Pablo Und Destruktion, Priests... La cosecha musical indignada del año da para montar un festival de altura.


El otro lado de la esperanza

Entre tanto presente apasionante que mira al futuro con entusiasmo, el inevitable recuerdo a aquellos que ya solo pueden ser entendidos en pasado. Quedan atrás doce meses en los que el rock’n’roll se quedó un poco más huérfano sin Chuck Berry (portada de abril) y Fats Domino y, en general, todos nos quedamos sin Charles Bradley, Tom Petty, Grant Hart (Hüsker Dü), Chris Cornell (Soundgarden), Holger Czukay y Jaki Liebezeit (Can), James Cotton, Mika Vainio (Pan Sonic), Gregg Allman, Frankie Paul, Pierre Henry, David Axelrod, Daniel Viglietti, Carles Santos, Johnny Hallyday, Z'EV, Ralph Carney y Lil Peep, entre muchos otros. Que en paz descansen.

Etiquetas: 2010s, 2017, resumen año
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