Una noche extrañamente gélida y un avión caído recibieron el único concierto en España de unos Cowboy Junkies que parece que ya no cuenten para nadie. Una lástima. Mientras el clasicismo soseras de los Jayhawks arrasa en sus largas giras, los sutiles misterios de los hermanos Timmins se quedan en un coto cerrado para los ajenos a modas (sería espeluznante calcular la edad media de los asistentes, entre los que, por cierto, a uno le informaron de que se encontraba la tenista Conchita Martínez). Y, claro, el contraste fuera-dentro resultó definitivo. En la sala, acompañó a estos malditos del neo-country un atrezo que incluía un florero artificial, una cámara de vídeo portada por Pete Timmins, una silla, una taza de té y varios carteles escritos a rotulador donde se rogaba al público que no fumara.
Secundados por Karin y Linford de OVER THE RHINE (a la sazón, grupo telonero), los Cowboy Junkies apostaron por lo más luminoso de su repertorio (por momentos, se subrayaron los parecidos con 10.000 Maniacs) y tardaron casi media hora en sacar los temas de su flamante “Open”. Cuando lo hicieron (con “Bread And Wine”, “I’m So Open” y, especialmente, “Beneath The Gate”), el flujo comunicativo adquirió tintes que bordearon la apoteosis, con algún móvil al aire incluido. Cuando adoptaron la línea más intimista (se llegaba a escuchar el zumbido de los grillos del equipo de música), la relación cuasi romántica entre público y banda se volvió aún más intensa, especial en “Witches” y en la lectura nudista del “Powderfinger” de su paisano Neil Young, en los devaneos psicodélicos –entre los Doors y Mazzy Star– de “Blue Guitar” y en su reinterpretación del “Blue Moon”. La pelirroja Margo, inclinando su melena despeinada y bohemia, con sus manos apoyadas suavemente sobre el micro, se reivindicó como una de las vocalistas con más carisma del rock norteamericano. Para muestra, unas cuantas palabras: “El adulterio es un gran tema”, “las multitudes europeas son muy calladas y sofisticadas”, “cuando formamos la banda hace dieciséis años (yo por entonces tenía 15, ja, ja...)”, “no aplaudan tanto, que me voy a poner colorada; mejor déjenlo para el final”. Sin duda, fue la placenta ideal para un día de mierda. ¿Quién decía que la música no es tan importante? Deliciosos Junkies. Cuanto más pequeños, más grandes. ![]()























