Una ocasión histórica: David Sylvian iba a actuar por primera vez en España y en una única ciudad. La expectación, claro, era grande, y eso que hasta el más fan reconocería que nunca ha vuelto a estar tan inspirado como en esa obra maestra absoluta que es “Secrets Of The Beehive” (1987). No obstante, entre sus actuales ejercicios de estilo seguimos encontrando clásicos que añadir a esa larga lista que –no lo olviden– incluye muchas de las más hermosas canciones que se hayan escrito. No era, por lo tanto, una inmersión en la nostalgia, sino el encuentro inesperado con uno de los grandes.
Tras el interminable ambient pregrabado de introducción, abrió con “The Scent Of Magnolia” –el último clásico– como lo hace en “Everything And Nothing” (2000), el recopilatorio que da nombre a la gira. El sonido fue perfecto, lleno de matices; sí, no tenía aristas: será eso que llaman madurez. En la batería y la percusión descubrimos a Steve Jansen, el hermano del artista, tan creativo y preciso como en Japan. El bajista y contrabajista no se hizo notar innecesariamente; las pintas del guitarrista (¡esos pelos!) y del teclista (doble de uno de los Backstreet Boys) hicieron temer lo contrario. Afortunadamente, sus salidas de tono –hasta poniendo caras– con inapropiados solos fueron más leves y menos de las esperadas; aun así, estropearon las canciones y nos distrajeron, y un tipo tan cool como Sylvian no tendría que haberlas permitido. La puesta en escena –con bonitas proyecciones y acogedoras luces (que fallaron un poco)– fue tan sobria y elegante como el traje blanco de Sylvian, cuya chaqueta –detalle revelador– no se desabrochó en ningún momento. Por cierto, se puede ser divo pero no maleducado: hay que dar las gracias tras los aplausos. Y estando casado con Ingrid Chavez, ¿qué tal un poquito de español?























