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FESTIVAL (2011)

Faraday A la virtud por la elegancia

Vilanova i la Geltrú, Molí de Mar
1-3/7/2011
 
Faraday, A la virtud por la elegancia

The High Llamas: gusto excelso. Foto: Ismael Llopis

 

No fallan: incluso en una edición que no ha sido de las mejores, hay mil motivos para seguir dando las gracias por la existencia de un festival como el Faraday. Y no solo por las ya famosas razones extramusicales, claro. El viernes empezó plácido con el pop amishimado de SAMITIER, la electrónica contemplativa de WOOKY y el folk mediterráneo de LITORAL (que en ocasiones recordó a la Bonet). Mientras, las bonitas canciones de ESPANTO se diluyeron con una puesta en escena espartana hasta el extremo.

El primer gran concierto de la noche llegó con AIAS: divertidas, frescas y con unas canciones que enamoran a la primera. Siguieron subiendo el nivel de la noche KLAUS & KINSKI: aunque por momentos no consiguen la intensidad de las guitarras de sus grabaciones, ofrecieron un señor concierto. THE HIGH LLAMAS lo bordaron: con un repertorio nada fácil, dando muestras de su incansable búsqueda del acorde imprevisto y de la progresión armónica menos previsible. Y todo ejecutado con un buen gusto excelso.

Tras aquello, el concierto de despedida de THE BLUETONES quedó en bien poca cosa. Empezaron dignos, tirando de las mejores canciones de su debut. Pero ni “Slight Return” salvó una recta final que dejó la sensación de que esta retirada llega años tarde. Y el pop bailable de POLOCK tampoco hizo demasiado para arreglar el asunto. Al contrario que ZA!, que incendiaron el escenario con su mezcla cromañona de africanismo, metal-core, free-jazz y post-todo. Jaume Ribell

 
Faraday, A la virtud por la elegancia

La emoción y la nula afectación de John Grant. Foto: Ismael Llopis

 

La tanda del sábado empezó con TOM WILLIAMS & THE BOAT, un grupo al que todavía le falta el aplomo y le sobra cierta épica para empezar a mirarse en el espejo de los Waterboys o los Go-Betweens. A DA CAPO se les ha asociado siempre con grandes nombres de los sesenta, de los que pillan trucos con los que luego no saben jugar. Al menos no ahora mismo. RON SEXSMITH sonó nítido y templado. Una pega: quizás el repertorio elegido no fuera el más adecuado para remontar el ladrillazo anterior. ARNAUD FLEURENT-DIDIER mezcló la horterada francesa –aberrante cuando no hay sombras– con delirios bailables nachocanistas y algún que otro susurro trasnochado. De sus letras mejor no hablar.

Con EMILIO JOSÉ se animó la noche. El principio de su set resultó algo confuso, con el gallego cantando sobre sus mezclas como un DJ achispado, pero al poco se ganó a los presentes endureciendo sus ritmos e intercalando mil y un comentarios. Su punto de vista es fantástico. Sin embargo, la música aún pesa. STANDSTILL sonaron contundentes, qué duda cabe, pero me da la impresión de que juegan demasiado sobre seguro.

A continuación, la tralla electrónica de THE SUICIDE OF WESTERN CULTURE resultó de lo más efectista. Los que se llevaron la palma de la noche fueron ELS SURFING SIRLES. Atrás quedan los conciertos en los que el alcohol los inutilizaba por completo. Ahora mismo le pegan fuertísimo. Y además, emocionan. Tropiezos, cuchillas y odas como la copa de un pino.

El domingo, NACHO UMBERT desgranó con extremada suavidad las canciones que le han devuelto al ruedo. Cierto que tanta contención acaba agarrotando, pero todavía no conozco a nadie que discuta el calado de su narrativa. El que sí nos dejó a todos petrificados fue JOHN GRANT. Con una voz, una presencia y unas letras que aprietan donde más duele, el estadounidense fue superior a todo lo visto el fin de semana. Además, Grant hace gala de una nula afectación, lo que multiplica por dos la onda expansiva de cada una de sus dianas. Adrián de Alfonso

Etiquetas: 2011
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