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FIB, Cómo no tropezar dos veces

El año del remonte.

Foto: Ismael Llopis

 
 

FESTIVAL (2011)

FIB Cómo no tropezar dos veces

Como cada año, una nueva edición del FIB. Con contrastados cabezas de cartel y con interesantes propuestas intermedias. Recuperamos la crónica del festival 2011, donde Portishead (sobre todo), Arcade Fire, Arctic Monkeys, Primal Scream, Congotronics vs. Rockers, The Streets y Big Audio Dynamite, entre otros muchos, centraron la atención de los focos en un evento que ya forma parte de nuestra memoria histórica musical. El FIB es siempre una experiencia a tener en cuenta. Ramón Fernández Escobar y Guillermo Z. del Águila nos explicaron la de 2011 en esta crítica.

Benicàssim
14-17/7/2011

De 31.700 espectadores diarios de media en 2010 a 50.000 en 2011: el añito en el infierno del FIB, por emplear términos rojiblancos, se ha quedado en eso. Vince Power, segunda temporada como único timonel, puede estar satisfecho: se igualan las cifras récord de 2009. Y no sorprende; esta vez, dos de los cabezas de cartel, Arctic Monkeys y Arcade Fire, lo reunían todo: calidad, atracción a gran escala y cariño especial del público español. Sus equivalentes artísticos, un año antes, eran minoritarios en comparación: Vampire Weekend y Gorillaz. El papel de primer espada pensado como imán british ha supuesto otra mejora: los revitalizados The Streets frente a Kasabian. Y comparar, pese a sus tumbos, el tirón de The Strokes con el de Prodigy, presentes hace doce meses, suena a risa.

Encima, se han añadido otros dos cabecillas oficiosos: Portishead, intachables, y Primal Scream con su “Screamadelica” (1991). Resuelto el problema en las alturas, tampoco se ha aflojado en esa clase media que salvó el año pasado el cartel. Y si alguien sentía nostalgia por la lección que dictó PiL, en 2011 se ha impartido por triplicado. A cargo de tres grupos con arrugas no musicales: The Undertones, Big Audio Dynamite y, sobre todo, The Stranglers.

El porcentaje de asistencia nacional ha crecido del cuarenta al cuarenta y cinco por ciento. Y no parece que Julieta Venegas haya tenido mucho que ver. Sí, en cambio, tanto el predicamento aquí de los figurones extranjeros contratados como el seguir contando con una representación española nutrida y más que aceptable. Entre ellos destacaría el reto de McENROE, a punto de grabar nuevo álbum, al abrir el sábado con nota el escenario Maravillas (guiño primigenio para el marco principal, en vista de la ruptura con Heineken). Y dos bandas más: Lori Meyers, imparables en directo, y el mundo aparte de ANTÒNIA FONT.

Para la próxima edición, de momento, coincidencia: el Bilbao BBK Live será del 12 al 14 de julio y el FIB, del 12 al 15. Ramón Fernández Escobar

 
  • Julieta Venegas. Foto: Ismael Llopis

  • Congotronics vs. Rockers. Foto: Ismael Llopis

 

Jueves

ANNA CALVI afrontaba un segundo examen, pasadas pocas fechas de su concierto del Día de la Música Heineken. Y si en Madrid el sonido resultó algo enmarañado, en esta ocasión, sin apenas variar el setlist, ganó en nitidez y rotundidad. La inglesa despegó con “Rider To The Sea”, el instrumental semiaflamencado de su único disco, y holló cumbre con “Desire”. No sé si la Calvi es lo mejor desde Patti Smith, como diría Brian Eno, pero el arranque de su carrera tiene buena pinta.

Y media hora después, llegó el morbo de ver debutar a JULIETA VENEGAS en el FIB. Sabemos que la mexicana no es Paulina Rubio, que pasó en su día de cantautora casi de culto a practicar un pop comercial digno, pero la primera mitad de su actuación se puede tildar de desastre. Tras la inteligente “Amores platónicos”, comenzó el caos: los metales de “Limón y sal” no se oían, tampoco el acordeón de “Otra cosa”... Vamos, que en algún tema solo llegaba con claridad la sección rítmica, y la voz de Julieta, no muy lucida, se perdía en una masa informe. La cosa remontó algo con el “Sin documentos” de Los Rodríguez y el arrebato rítmico de “Eres para mí”, ya con mejor sonido, aunque el paladar quedó amargo.

Bastante más sólido anduvo PAOLO NUTINI. El escocés, hasta hace no mucho adolescente, abrió con “Jenny Don’t Be Hasty” y “10/10”, ese ska de metales inflamados. Y a dicho inicio saltarín siguieron una franja slow (“These Streets”, “Growing Up Beside You”), momentos para sacar a pasear su garganta soul, mitad lija, mitad miel (“Coming Up Easy”, “No Other Way”), y, entremedias, un bache en forma de rock’n’roll de los cincuenta. En cualquier caso, show entretenido.

Las dos horas asignadas a CONGOTRONICS vs. ROCKERS no decepcionaron. El combo gigante que incluye sendas bandas de Kinshasa (Konono Nº 1 y Kasai Allstars), más representantes del indie como Deerhoof, Skeletons, Juana Molina o Wildbirds & Peacedrums, negó cualquier tregua a la audiencia. Y no se trataba de tocar los temas de “Tradi-Mods vs. Rockers” (2010) –solo “Masikulu Dub”–, el álbum doble de Crammed Discs en el que participaron además grupos tipo Micachu, Megafaun u Oneida, sino un repertorio diferente. En él había mayoría de composiciones africanas, pero también “Super Duper Rescue Heads!” de Deerhoof, por ejemplo. El sinfín de percusiones, el entramado guitarrero y la combinación vocal de Molina, Marian Wallentin y los cantantes congoleños cuajaron una marmita sin desperdicio.

Mientras, PLAN B, rapero londinense reconvertido a soulman en su segundo disco, “The Defamation Of Strickland Banks” (2010) –nº 1 en Reino Unido, para el próximo vuelve al hip hop–, agitaba al maremágnum de las islas. Etiqueta, como mandan los cánones del crooner, sedosas piezas, algo de rapeo, perversión del “Stand By Me” ayudado por un human beatbox y, en definitiva, añoranza de la garra del primer álbum. Por cierto, que su batería repitió con THE STREETS, cabeza de cartel esa noche. Mike Skinner, el factótum, estuvo desatado, ¡cualquiera diría que padece síndrome de fatiga crónica! Lo cuenta en uno de los temas de “Computers And Blues” (2011), el disco con el que ha recuperado algo la forma y que ocupó solo una tercera parte del setlist, pues enseguida recurrió a viejos emblemas como “Let’s Push Things Forward”. Contó con el apoyo soul en el otro micro de Kevin Mark Trail (hay quien lo compara con Donny Hathaway) y el ocasional de Rob Harvey, ex vocalista de The Music. “Going Through Hell” cerró un espectáculo pasable, pero no exento de franjas musicales pelín blandengues (“Never Went To Church”). Ramón Fernández Escobar

 
  • Herman Dune. Foto: Nacho Canós

  • Elbow. Foto: Nacho Canós

  • The Strokes. Foto: Ismael Llopis

 

Viernes

“No habla muy bien inglés, es de Derry”, soltó uno de sus compañeros a propósito de Billy Doherty, el batería de THE UNDERTONES. Y sirva de ejemplo esa coña para lo que es y resultó en el FIB la banda norirlandesa: un soplo de diversión y frescura imparables. ¿Qué habrá pensado Feargal Sharkey al ver a Paul McLoone suplirle como frontman con tanta solvencia en la última década? De todos modos, ninguno de los dos largos de esta segunda etapa sirvieron de fuente: inmersión total en el mítico debut homónimo de 1979 y algunas joyas de “Hypnotised” (1980)  –“My Perfect Cousin”, “Wednesday Week”–. A Paul se le enredó unos segundos el cable del micro cuando atacaron “Teenage Kicks”. No hubo interruptus: los puntapiés adolescentes provocaron la consabida comunión orgásmica. Todo lo contrario se le puede aplicar a la actuación de BRANDON FLOWERS, plúmbea y atildada, aunque no lo suficiente para que se echara de menos a The Killers. El de Las Vegas añadió temas de estos a los de “Flamingo” (2010), su estreno en solitario, y una versión del “Bette Davis Eyes” de Kim Carnes.

Con HERMAN DUNE, un rato más tarde, los oídos dejaron de sufrir, en una de sus mejores actuaciones recientes. David-Ivar (gran trabajo a la guitarra) y compañía alternaron momentos acústicos con eléctricos (“Be A Doll And Take My Heart”). Y lo mismo sonaron a folk, al pegamento fronterizo de “I Wish That I Could See You Soon”, la del anuncio cervecero, o a un Buddy Holly menos desvalido, como en “Tell Me Something I Don’t Know”, de su disco de este año, “Strange Moosic” (2011). Entre tanto, ELBOW, una banda cada vez menos minoritaria, se adueñaba del escenario principal, a pesar de que Guy Garvey no resulta el frontman más carismático del mundo. Su pop progresivo sí posee mérito, al aunar melodías ensoñadoras y gusto por estructuras poco previsibles, pero también puede dejar frío, según te pille. A la mayoría de los congregados pareció entusiasmarle el set, basado en exclusiva en sus dos últimos trabajos. Y sobre todo, el colofón: la orquestal “One Day Like This”, con las propias coristas manejando la sección de cuerda.

Incorporados por una baja de última hora, ART BRUT ofrecieron algo muy parecido a lo visto en el Castillo de Aínsa días antes (sí, Eddie Argos también se bajó a cantar entre el público). Sin echar demasiado mano del “Brilliant! Tragic!” (2011) que les acaba de producir Frank Black, su art punk entre lúdico y agudo tampoco aportó gran cosa. Aunque titular uno de los nuevos temas “Axl Rose” ya es un puntazo. En una noche de triunfo para talluditos, THE STRANGLERS brindaron un enorme concierto. Dado que ha pasado un lustro desde su último disco de estudio, “Suite XVI” (2006), optaron por la ristra de clásicos, de “(Get A) Grip (On Yourself)” a “No More Heroes”, pasando por “Peaches” o “Golden Brown”. Y, cómo no, su oscura profanación del “Walk On By” de Burt Bacharach. Más que cuarteto, engranaje perfecto, con Jean-Jacques Burnel al frente, voz aguardentosa y todo expresión con el bajo, aunque prime la voz de Baz Warne (¿quién se acuerda a estas alturas de Hugh Cornwell?). En las baquetas, un joven para el directo en lugar del tan achacoso como legendario Jet Black. Y la guinda distintiva: el teclado de David Greenfield, ese que los convirtió en mucho más que pioneros del punk.

Lo de salvadores del rock para THE STROKES, en cambio, suena a chiste desde hace ya demasiado. El que algún día vuelvan como compositores al nivel del primer disco dependerá de las musas, pero en vivo no tiene perdón su aire funcionarial. Un amigo lo definió con tino: “unos que parece que cantan por teléfono”. Y eso que el setlist era bastante granado. La gente bailó con JAMES MURPHY en las veces de DJ, recién disueltos LCD Soundsystem. Y en idéntico plan se presentó su compinche THE JUAN MACLEAN. Lástima, porque habría valido la pena verle defender en vivo un álbum de pop tan interesante como el que parió en 2009, “The Future Will Come”. El estrambote con instrumentos le correspondió a FRIENDLY FIRES: si aún quedaban fuerzas, su indie bailable hacía sonreír. Por el contrario, me temo que el falsete de Ed Macfarlane volvía uniformes las canciones de “Pala”, la entrega de la banda en 2011. Los metales, esos sí, sobresalientes en cualquiera de los dos supuestos. Ramón Fernández Escobar

 
  • Arctic Monkeys. Foto: Ismael Llopis

  • Big Audio Dynamite. Foto: Ismael Llopis

  • Beirut. Foto: Ismael Llopis

  • Primal Scream. Foto: Ismael Llopis

 

Sábado

En la tercera jornada, los londinenses BOMBAY BICYCLE CLUB ejercieron de sorpresa. De hecho, cualquier prejuicio (darse a conocer ganando un concurso televisivo, el hype que rodea a las bandas inglesas...) quedó devastado por una exhibición convincente, por encima del nivel de sus dos largos. El tercero, “A Different Kind Of Fix” (2011), está a puntito, ya casi fuera del horno, una reválida para su indie rock nada vulgar. Y es que los de Jack Steadman, que finalizaron con la muy aclamada por sus compatriotas “Always Like This”, no andan faltos de buen gusto: en “Flaws” (2010), el segundo disco, una colección de temas acústicos, versionaban tanto a Joanna Newsom como a John Martyn. Habrá que seguirles la pista.

Y para envidia de talento juvenil, la que provocan ARCTIC MONKEYS con sus 25 años de media y sus ya cuatro obras notables. Porque la última, “Suck It And See” (2011), con el giro hacia composiciones más sencillas y luminosas, también lo es. A Alex Turner casi todo parece sentarle bien (menos los breves intentos con el castellano en el FIB): ya sea su proyecto paralelo, The Last Shadow Puppets, o haber grabado el tercer disco con alguien de otra esfera como Josh Homme. De ese álbum apenas se escucharon dos temas (“Crying Lightning”, “Pretty Visitors”), y hubo casi equilibrio numérico entre los nuevos y los del segundo (“Fluorescent Adolescent” y “505” pusieron el broche). Mientras que “I Bet You Look Good On The Dancefloor” y “When The Sun Goes Down”, reliquias muy vivas, nos recordaron, dentro de un show irreprochable, que solo hace cinco años del lanzamiento de los cuatro de Sheffield. Bastante más lleva en el negocio Mick Jones, quien tras visitar el FIB en 2010 con Gorillaz, junto a Paul Simonon, otro ex Clash, se plantaba ahora liderando a los redivivos BIG AUDIO DYNAMITE. Hablamos de la formación original, con el gran Don Letts en los efectos y cantando junto a Jones. El quinteto que funcionó de 1984 a 1990, responsable, entre otros, de “This Is Big Audio Dynamite” (1985) y “No. 10, Upping St.” (1986), piedras angulares del actual repertorio (aunque acabaron con “Rush”, de cuando Jones ya había sustituido al resto). Y pese a que se reagruparon en enero, no pudieron sonar más engrasados. Una gozada. Ramón Fernández Escobar

Resulta chocante ver la juventud imberbe de TAME IMPALA y escuchar ese sonido impecablemente destilado a partir del “Revolver” (1966) de The Beatles y demás psicodelia vintage (casi de la época de sus abuelos). Pese al exigente paladar de su especialización, la frescura de sus canciones acabó resultando en el escenario grande, que abrieron a plena luz atrayendo a muchos curiosos. Siguieron LORI MEYERS, que en directo resultan rotundamente convincentes. Con un sonido impecable, ofrecieron una apabullante sucesión de hits con un dinámico entusiasmo tan contagioso como sus estribillos pop. La comunión con su numerosísima audiencia (reventaron el escenario grande, este año mayor) fue tal que muchos se sumaron a jalear al Granada C.F. También se escucharon cantos de “yo soy español, español”, pese a que había bastantes británicos y algunos hasta intentaban corear los estribillos.

Tenía curiosidad por ver por qué MUMFORD & SONS son tan vilipendiados por crítica y músicos del Reino Unido. No es solo que sean un zafio mínimo común denominador del country-folk (el opuesto vulgar y ramplón de The Felice Brothers), es que abusan de himnos a capela a beneficio del karaoke de estadio, con un empalago que resulta irritante. “Son como Take That con banjo”, escuché a mi lado, y entonces lo entendí todo.

En el segundo escenario y con un público más selecto, Zach Condon vino con la última encarnación de BEIRUT (vientos, acordeón, ukelele). Adaptando algunas canciones antiguas con un cambio de arreglos –hay quien echó de menos las cuerdas de “The Flying Club Cup” (2007)–, tal vez perdía algo de magia y agilidad, ganando en profundidad rítmica, pero su excelente repertorio resiste eso. El problema fue la excesiva contundencia de un bajo saturado de graves y casi dub (tal vez anticipándose a Big Audio Dynamite) que lo ahogaba todo. Pequeña decepción disipada por PRIMAL SCREAM al cierre del escenario grande, dando la impresión de ser capaces de mejorar “Screamadelica” si lo grabaran ahora. Quién iba a imaginar que desde la madurez y la sobriedad seguirían saliéndose con la suya y pareciendo justo lo que quieren ser. Con más consistencia psicodélica, las texturas absorbidas de Kevin Shields y el extraordinario bajo sísmico de Mani, salieron sobradamente airosos de todas las canciones del disco (y no es fácil). Un convincente espectáculo de psicodelia culminó en éxtasis de rock con alma sureña (“Country Girl”, “Jailbird” y “Rocks”) con un Bobby Gillespie estelar más cool que Jagger. De sus mejores conciertos. Guillermo Z. del Águila

 
  • Noah & The Whale. Foto: Ismael Llopis

  • Portishead. Foto: Ismael Llopis

  • Arcade Fire. Foto: Ismael Llopis

 

Domingo

Antes de los platos dominicales (y quizás del festival) más sabrosos hubo que enfrentarse a un par de medianías británicas. Aunque el término pueda ser exagerado para THE JOY FORMIDABLE (su shoegazing tiene un pase), daba no sé qué ver a Ritzy Bryan y los demás estirar tanto cada canción (tocaron seis) entre esfuerzos guitarreros y gritones. Lo de NOAH & THE WALE sí que no tiene nombre: haya acabado o no Charlie Fink de lamerse las heridas por Laura Marling, su folk-pop resultó patéticamente endeble en el escenario grande.

Menos mal que enseguida acudió PORTISHEAD al rescate, en perfecta coalición de música e imágenes. Ni siquiera la belleza de las proyecciones podía superar el calado de lo que componen e interpretan los de Bristol. El resultado fue superior incluso al de su célebre doble paso (Auditori y al aire libre) por el Primavera Sound en 2008, con “Third” recién nacido. Las gemas de esa obra maestra, difícil y absorbente, coparon el primer tercio y más de la mitad del concierto: cada vez parecen mejores. Y si, por ejemplo, angustiaba escuchar “Hunter” ilustrada con inquietantes pasos por un bosque, enseguida llegaba alguna de las glorias de “Dummy”, sabiamente distribuidas, para oxigenar la memoria y la sonrisa. Beth Gibbons estuvo, además, como nunca. Y prorrogó su hábito reciente de bajar a saludar antes de la despedida. Dolió decirles adiós. Por si alguien se quedó con mono, a Geoff Barrow y a Adrian Utley se les pudo ver después en la actuación de ANIKA, junto a cuatro gatos. Los chicos de Portishead sabían lo que hacían (Barrow es su mentor): el gélido pero imantado debut de la ex periodista promete. Y mola que versione a Yoko Ono o, con solo bajo y batería, el “Masters Of War” dylaniano.

THE GO! TEAM llegaron a su vez con nueva criatura, “Rolling Blackouts” (2011), repleta de alabanzas, aunque sigo convencido de que su diversión solo encaja en un horario más tardío. Y qué decir de ARCADE FIRE que no esté trillado por sus visitas a España en los últimos meses. La banda del momento, en el mejor de los sentidos, firmó otra noche memorable. Ya se sabe que con ellos la épica no molesta, y que su exhibicionismo en el intercambio de instrumentos, por natural, cae simpático. Partiendo de eso y con tres discos infalibles, todo fue rodado. Además, cuando uno se escapa para echar un vistazo a TINIE TEMPAH, la nueva sensación del rap británico, y varios hooligans (era tarde para el té) deciden aliviar su furia, a tu lado y a puñetazo limpio, los suburbios de Houston en los que se criaron los hermanos Butler se antojan el búnker más seguro. Así que mientras un llenazo british vibraba con las rimas de “Miami 2 Ibiza” o “Written In The Stars”, la masa patria lo hacíamos con “The Suburbs” (2010). De ROSKA y su mejunje electrónico, entre el dubstep y el house, secundado al micro por JAMIE GEORGE, poco se puede añadir, más allá de sus excelencias bailables. Teniendo en cuenta que, a esas alturas, la bombona de oxígeno y el acojone previo suponían cargas muy pesadas. Ramón Fernández Escobar

Etiquetas: 2010s, 2011, Benicàssim
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