Viernes
Con un “hola, amiguitos” se presentó Jorge Martínez al frente de ILEGALES, impertérrito el asturiano ante la competencia fashion de Julian Casablancas en el escenario grande. Y aquello fue un triunfo, con incorporación progresiva de público. Ya sabemos que Jorge es un gran guitarrista: sus solos no son pajilleros, más bien de hormigón armado, y vertebran canciones irreprochables, sin concesiones, con el apoyo en los últimos catorce años de Alejandro al bajo y Jaime a la batería. Ahora, dispuesto a reciclarse en Jorge Ilegal y Los Magníficos, la despedida se alarga hasta final de año y permite shows como el del FIB: una selección elegida por los fans, con el foco en sus pepinazos de los ochenta, desde “Tiempos nuevos, tiempos salvajes” hasta “Enamorados de Varsovia”, pasando por “Agotados de esperar el fin”. Él se quejó de las restricciones, pero con una hora dejó un sabor inmenso. Y ojo, porque debajo de “Soy un macarra” asoma Lewis Carroll.
De HOT CHIP se puede decir que subieron el listón respecto a su presencia en el Sónar. Primaron la calidez y la falta de abigarramiento de “One Life Stand” (2010), el último álbum de los londinenses, tocado casi al completo. Siempre con el poso melancólico de Alexis Taylor y el contraste de su voz aguda con la de Joe Goddard. Pero justo antes de los bises, “Hold On” provocó un crescendo. Lo continuó “I Feel Better”, una de las nuevas, inspirada (agárrense) por una interpretación de un tema de “Los miserables” a cargo de la televisiva Susan Boyle. Y con “No Fit State” y “Ready For The Floor” ya el baile fue apoteósico. Por cierto, no debe sorprender la dedicatoria postrera a Peter Hook: Hot Chip versionaron “Transmission” hace un par de años.
Y con el yuyu hemos topado: todos esperando a PETER HOOK con las armas en alerta, por la supuesta improcedencia, y el de Manchester va y brinda un espectáculo más que digno. No desentonó (el índice al cielo y algún saludo militar formaban parte del juego) al cantar las canciones de Joy Division, las anteriores al suicidio de Ian Curtis, del que se cumplen treinta años. Y el tributo pintó bien desde la larga intro instrumental del primer trallazo, “No Love Lost”. “Glass” y “Digital” también sirvieron de aperitivo para la gran promesa: trazar “Unknown Pleasures” (1979) de principio a fin. Hook, bajo en ristre, casi no tocaba: solo a veces reforzaba a su hijo, de guardia en las cuatro cuerdas. Y The Light, la banda de pipiolos detrás del veterano (ya coge carrerilla su nuevo proyecto, Freebass), aprobó el reto. Solo desentonó una desangelada “Love Will Tear Us Apart” en los bises, pese a que la gente seguía canturreándola cuando ya no quedaba nadie en escena. Ramón Fernández Escobar
JULIAN CASABLANCAS compareció vestido por su peor enemigo y cuajó un buen concierto, mostrándose comunicativo –abroncó a los que abuchearon su felicitación a los campeones del mundo– y zalamero: dijo que este era, de lejos, su festival favorito. Arrancó titubeante, con “Left & Right In The Dark”, y no tardó en tirar del cancionero de The Strokes. “Hard To Explain”, primero, y una apoteósica “Reptilia”, después, pusieron los puntos sobre las íes: su trabajo en solitario es más que digno, pero no le aguanta medio asalto a los clásicos del quinteto de Nueva York. Aun así, temas como “Out Of The Blue”, “11th Dimension” y “River Of Brakelights” convencieron al generoso público, que, ya en el bis, se lo pasó pipa con el numerito de “4 Chords Of The Apocalypse”, ensalada de clichés rockeros de pesada digestión.
Mucho nutriente, mayoría de principios activos y cero anabolizantes: esto es lo que ofrecieron VAMPIRE WEEKEND en un concierto especialmente indicado para seducir a sus detractores, que también los hay. Acertada puesta en situación –lo primero que sonó fue “Holiday”–, batería de hits sin réplica –“Cape Cod Kwassa Kwassa”, “I Stand Corrected”, “California English”, “Cousins”– y la impresión general de que funcionan mejor yendo al grano que defendiendo tesis sobre la permeabilidad entre géneros. Tras casi una hora en la cresta de la ola –“A-Punk” y “One (Blake’s Got A New Face)” también se salieron–, regalaron un bis para enmarcar –“Horchata”, “Mansard Roof” y la sensacional “Walcott”–, confirmando que su estelar condición está por encima del dictado de las tendencias. Suyos fueron algunos de los mejores minutos vividos en el Escenario Verde en la presente edición.
Hacía tres años que el gran Josh Davis, alias DJ SHADOW, no actuaba en directo, así que no extrañó que congregara a mucho público pese a estar emparedado entre CALVIN HARRIS y BOYS NOIZE. Su puesta en escena fue sencilla –realizó parte de su actuación dentro de una gran esfera sobre la que se proyectaban visuales muy estimulantes– pero efectiva: piezas de nuevo cuño y números clave de su magno repertorio, como “Walkie Talkie”, “Building Steam With A Grain Of Salt” y “Six Days”. Durante aproximadamente una hora, el californiano recurrió a todo tipo de géneros –desde el hip hop, abstracto o no, hasta el drum’n’bass en bruto, pasando por el electro y las andanadas de ruido digital–, invitó al público al coreo –de forma discreta– e hizo honor a su intachable reputación, aunque sin llegar a deslumbrar. César Luquero