¿Merece comentario el precio de las entradas en una crítica de directo? Seguramente sí, sobre todo cuando te has pasado la vida cantando sobre los excluidos y ahora excluyes de tu gira a quienes no tienen 35 euros para gastar en dos horas (que son muchos). Algo parecido nos hizo Billy Bragg el último otoño cuando cobró 24 eurazos por un concierto sin banda. Lo segundo destacable es que Gil Scott-Heron venía a presentar “I’m New Here” (2010) y solo tocó una canción del disco: la bonita “I’ll Take Care Of You”. El gesto da la razón a quienes han clasificado el álbum como una obra menor por estar construida con versiones y fragmentos de spoken word. Una lástima porque suena tan vivo, visceral y vulnerable como aquel “MTV Unplugged No. 2.0” (2002) donde se volcó Lauryn Hill (también en formato charla-canción-charla).
Sobre las tablas, Heron optó por sacar brillo a su pasado de leyenda de la música afroamericana, meciendo con maestría “We Almost Lost Detroit”, “I Think I’ll Call It Morning” y “Did You Hear What They Said?”, entre otras. Consiguió crear una atmósfera hipnótica con el Fender Rhodes en primer plano y tres músicos expertos poniendo un colchón soul-jazz (salvo el horrible solo de percusión final). Hubo chistes sobre el volcán islandés y sobre lo mucho que le han sampleado los raperos, pero evitó comentarios políticos, hasta el punto de presentar “Winter In America” como si fuera un canción sobre las estaciones del año.
Lo mejor fue comprobar cómo su voz no pierde expresividad aunque haya mermado su potencia. Diría que fue un concierto solvente y disfrutable, quizás con un punto extraño, sobre todo por esa conversión de “The Bottle” (canción sobre las adicciones) en un himno celebratorio para despedirse antes del último bis. ![]()

























