Los directos de José González suelen ser una experiencia estética dotada de un minimalismo espartano: una silla, una guitarra, un micro. Y canciones, claro, pequeñas piezas que, bajo el disfraz del folk, esconden un corazón de hielo seco que no deja de sublimar y expandir humeantes melodías que acaban por calar a uno, como suele decirse, hasta los huesos. A González no le hace falta más que sus cadenciosos punteos lo-fi y su intensivo tono vocal para llenar cualquier discoteca, teatro o liceo que se precie.
De ahí que el anuncio de una nueva gira –ignoro si “nueva” es la palabra adecuada para un músico cuyo último disco, “In Our Nature”, data de 2007; no incluyo aquí ninguno de los trabajos publicados por Junip, el trío que lidera González a modo de proyecto en paralelo– junto a la orquesta The Göteborg String Theory resultara, como mínimo, llamativo. Siendo el músico alguien tan dado a adecuar a su estilo temas ajenos (los conocidos covers de The Knife y Massive Attack suelen ser de lo más aplaudido en sus conciertos), no debía resultar demasiado problemático el adaptar su propio material a un formato seudofilarmónico que, o bien proporcionara nuevas relecturas de sus composiciones, o bien implementara la hendidura cualitativa de las mismas.
Visto lo visto (y entendiendo que las más de mil personas que vitorearon al músico no estarán de acuerdo conmigo), considero que la experiencia orquestal fue poco menos que una filigrana de escaso interés. La aportación musical se redujo a unos alargados arreglos introductorios, que iban de lo ambiental a lo soporífero, así como a potenciar el tono epifánico de temas como “Cycling Trivialities” o “Teardrop”. El experimento sonaba bien porque los añadidos no restaban la capacidad de González como emocionante ejecutor de canciones; ahora, ni rastro de intimidad y/o conexión con el artista. Ya se sabe lo que se dice del ruido y las nueces. ![]()


























