Siempre que veo a James Murphy tengo la sensación de que, a pesar de que LCD Soundsystem son la máquina de bailar más efectiva de los últimos años, el mismo concepto de “baile” es para él una idea extraña. De hecho, su discografía podría leerse como un desplazamiento por la pista –ergo, por el sonido– hasta encontrar el ángulo que le permita observar con claridad a la masa palpitante y averiguar, por fin, el secreto de las fiestas.
Su perenne cara de “yo solo pasaba por aquí” no arroja luz sobre la resolución del enigma, pero lo cierto es que bastó con llegar al clímax de “Dance Yrself Clean” para que la banda estableciera con el respetable una sintonía que ya no perdería en toda la noche. Murphy y compañía apenas se permiten parones, convirtiendo el concierto en un monstruoso continuum que no duda en alterar el ADN de sus partes en beneficio del todo: la electrificación de “Daft Punk Is Playing At My House” parecía subrayar el nonsense de la canción (muchas de las letras de Murphy son, en el fondo, misivas de alguien desconcertado por lo que sucede a su alrededor), “All My Friends” cambió épica por elasticidad, mientras que los interludios de “You Wanted A Hit” invocaban a Brian Eno; pero no al cómplice del Bowie berlinés –clave para entender su “This Is Happening” (2010)–, sino al chiflado que cortocircuitaba a los primeros Roxy Music.
Cuando los de Nueva York atacaron “Yeah” algunos creímos que daban por cerrada su tesis, llegando a la conclusión de que el baile depende del poder de una simple onomatopeya. Pero desafiaron la lógica atreviéndose a rizar el rizo con “Someone Great”, “Losing My Edge” –tal vez LA canción de la pasada década– y “Home”. Triunfaron, claro, y aunque Murphy diga que esto es el fin de LCD Soundsystem, el sudor en su camisa demostró que al capo de DFA todavía le encanta ensuciarse las manos en público. ![]()

























