Escueto, conciso y perfecto. Así lució Nick Lowe su excelso talento y su probada veteranía en la barroca sala donde se celebraba el concierto, sumergiendo a su público –a modo de cápsula atemporal– en oleaje del rock'n'roll de los años cincuenta bañado con el pop lumínico de los años sesenta; afuera, mientras tanto, las cenas de empresa tomaban la ciudad. Lowe lo hizo muy fácil: ni siquiera tuvo que llegar a los noventa minutos de concierto para revalidar su condición de leyenda viva surgida de la orfebrería del pop. Reconvirtió su cancionero hacia las raíces de donde surgió: el country & western, el blues y el rock’n’roll (ni rastro de espíritu nuevaolero); adaptando nuevas y viejas canciones a un lujoso corsé que invitaba tanto a la abstracción melódica a lo Nat King Cole –“Lately I've Let Things Slide”, “I Read A Lot”–, al rockabilly partecaderas –“Ragin’ Eyes” y el cover “Go Away Hound Dog”– y, claro, al hit pop de toda la vida –“Cruel To Be Kind”, “I Knew The Bride When She Used To Rock'n'Roll”–.


























