Si en 2007 Paolo Conte fue el encargado de levantar el telón del Festival Internacional de Jazz de Barcelona, en esta edición, ya la 43ª, se le reservaron los honores de la clausura, con un concierto que repitió la especial química del autor de “Genova per noi” con el sector gauche divine de la clase pudiente de Barcelona, seguramente por aquello de que toca todas sus fibras sensibles: el jazz como símbolo de distinción (“pochi capivano il jazz”, como volvió a recordar en “Sotto le stelle del jazz”), la vieja Italia pre-Berlusconi y la historia del “abogado con inquietudes”.
Pero, más allá de las posibles divergencias con dicha recepción (“yo ya solo como la pasta al dente”, una de las perlas que escuché entre el público), lo cierto es que, a punto de cumplir 75 años, se nos antoja un lujo poder seguir disfrutando con veladas de este nivel, y más si vienen avaladas por unos últimos trabajos –sobre todo “Psiche” (2008), pero también “Nelson” (2010)– que, si bien han pasado algo desapercibidos, están a la altura de sus mejores producciones. Prueba de ello fue la interpretación de “Jeeves”, del segundo, con todos los ingredientes de un clásico contiano y ambientación a lo Django Reinhardt.
Pero volvamos a regocijarnos con una puesta en escena bellísima de puro lujo piamontés: tres guitarristas rasgueando al unísono en la cúspide del escenario, en el centro; el batería, a la derecha, bajando en ocasiones para tejer a cuatro mazas intrincados laberintos con la marimba; y a la izquierda, la sección de vientos, espléndida como no podía ser de otra forma. Paolo vestía en esta ocasión de sport, siempre cerca del piano pero no siempre tocándolo, con la presencia a su derecha de un violinista que, como en “Come di”, introdujo nuevos matices en un sonido de por sí riquísimo y que, ayudado por la acústica del Auditori, convirtió la noche en un festín también para los audiófilos. Fueron muchos los grandes momentos y pocas las concesiones (“Via con me”), pero uno se quedaría con “Alle prese con una verde milonga”, milagro inconsútil que desearíamos que no hubiese terminado nunca. ![]()


























