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Primavera Sound, Contra el frío, música

El carrusel de sonidos que, año tras año, nos vuelve a sorprender. Foto: Juan Sala

 
 

FESTIVAL (2013)

Primavera Sound Contra el frío, música

Por Rockdelux

A pesar de las bajas temperaturas, hecho inusual a finales de mayo, el Primavera Sound 2013 volvió a mostrarse pletórico en cuanto a sus infinitas posibilidades musicales con cientos de propuestas que reconfortaron a miles y miles de espectadores venidos de aquí y de allí. Y, un año más, Rockdelux estuvo en el Parc del Fòrum para catalogar todas las sensaciones de esos tres días nuevamente gloriosos y ofrecerlas en esta crónica multicolor. Musicalmente, parece difícil encontrar un festival mejor que este: Dexys, Phanta du Prince & The Bell Laboratory, Nick Cave & The Bad Seeds, Death Grips, Swans, James Blake, My Bloody Valentine, Mulatu Astatke, The Knife, Sean Nicholas Savage, Neko Case y Omar Souleyman, entre otros, fueron algunos de los mejores momentos de la edición 2013.

Barcelona, Parc del Fòrum
23-25/5/2013

Venía el festival precedido por dos acontecimientos: el anuncio en diciembre de la suspensión para 2013 del Primavera Club en España y una eufórica gala celebrada el 23 de enero donde se desveló el cartel definitivo. Un furor que, a la postre, desembocaría en la venta de todos los abonos. Desde varios sectores se preguntó: ¿sería esta 13ª edición la mejor de todas? Atendamos primero a los números: 170.000 asistentes (sumando los cuatro días del Parc del Fórum y las actuaciones del Primavera a la Ciutat), 235 conciertos y 1.995 profesionales acreditados de 41 países.

A nivel de infraestructura, y pese a la masiva asistencia (con un cuarenta por ciento de extranjeros), nunca hubo sensación de excesivo agobio. La atractiva programación paralela (actuaciones en bares, proyecciones del In-Edit, conferencias) se completó con la emisión de 27 conciertos en directo a través de Primavera TV. Sí se percibió cierta invasión comercial mayor que la de otros años (como los coches que iban de un escenario a otro) y alguno se preguntó qué demonios hacía aquella noria ahí en medio, pero son episodios que no pasan de la anécdota, como el inesperado frío.

Pese a las bajas de última hora de Fiona Apple, Band Of Horses y Rodriguez (que actuará el 8 de julio en el Poble Espanyol de Barcelona), la abundancia y calidad de los grandes nombres sació a todos. Nick Cave recuperó su esencia macarra y ruidosa y no dudó en andar por encima de los hombros de un público entregado; Blur demostró que sus canciones envejecen bien y provocó la lágrima de algún nostálgico, y Phoenix defendió su destacada posición en el cartel con una actuación potente y hedonista.

La apuesta por el hip hop se tradujo este año en el esfuerzo que supone traer a Wu-Tang Clan. Aunque no pareció que se entregaran al máximo, su show fue uno de los más espectaculares por el imponente carisma que desprenden de cerca. Y hablando de rimas, ¡qué grandes Death Grips y Killer Mike! Lo cierto es que el Primavera Sound se ha convertido en el único sitio en España donde se puede ver a los nuevos talentos del rap internacional. Un aplauso, también, por el compromiso con la música africana: la atención que suscitaron Tinariwen o Mulatu Astatke confirman el interés de estas propuestas.

Grandes momentos hubo muchos: James Blake abarrotando el escenario principal con sus píldoras narcóticas, Tame Impala escupiendo chorros de psicodelia, el llenazo en la performance terrorista de Crystal Castles, Daphni mezclando virtuosismo y jarana a los platos y Omar Souleyman haciendo bailar a una muchachada poseída más allá de las tres de la madrugada. Cada uno tendrá, evidentemente, sus decepciones (The Knife, Los Planetas y Savages para quien esto firma), pero parece que se puede asegurar, sin miedo a exagerar, que hemos asistido a una estupenda edición del Primavera Sound. ¿La mejor? Bueno, esperemos que esa sea la del próximo año. José Fajardo

 
  • Savages. Foto: Juan Sala

  • Daughter. Foto: Ismael Llopis

  • Nick Cave. Foto: Óscar García

 

Peleas contra el espacio y el tiempo

Pese a una interesante puesta en escena con imaginativas luminarias, GRIZZLY BEAR dudosamente consiguieron nuevos fans, porque sus texturas necesitan atención y sufren en la distancia y la multitud. Todo lo contrario que OM, aunque a la luz del día pierdan algo de poder. Tocaron en formato trío con Robert Lowe (Lichens) aportando colores a los mantras congelados en hielo con los que hacen sus canciones.

También THE JESUS & MARY CHAIN gustaron más a los que los veían por primera vez. Nunca han sido músicos extraordinarios, así que sin su volcánica tensión interna y sin speed resolvieron mejor la densidad grávida que la propulsión sónica. Extraordinarias canciones luchando contra la artrosis y el viento del escenario Heineken. Con Eric nunca falta eso, así que LOS PLANETAS presentaron “Una semana en el motor de un autobús” (1998) con una solidez apabullante pese al fiasco visual. Y es que, quince años después, la fiabilidad es general: Florent y Banin añaden estupendos matices, Julián aporta unos descomunales bajos, J canta mejor y transmite más (“Toxicosmos” fue una sinfonía de ruido, “Línea 1” se acercó al dream pop). Antes tenían inspiración e intuición, ahora maestría. Guillermo Z. del Águila


La idea de lo retro y la paradoja de la madurez

Las tendencias son aburridas y cumplen bucles infinitos. Lo subraya la presencia de SAVAGES como propuesta energética y oscura. Envidia a quienes, con veintipocos, descubran a través de este cuarteto femenino a Ian Curtis y Siouxsie Sioux. A los demás, creo que nos deslumbran los cinco primeros minutos. El caso de los ubicuos (tocaron hasta en tres ocasiones) DEERHUNTER es un proyecto sólido cuyo directo es siempre una experiencia, pese al teatrillo de Bradford Cox y su outfit transgénero. Pero, sin duda, lo que más ilusión hace es encontrar en la filia retro experimentos de la talla de DEAD SKELETONS. Los islandeses, sin quererlo, hacen, ojo, krautrock del de toda la vida. Pero, como seguramente no lo saben, les sale como elaborado en un sótano. Algo que genera una hipnosis de música trascendente y que importa.

Algo que no pasará con DISCLOSURE, con su revisitación del house de fiestón de la década de 1990. La rotundidad de la fórmula generará singles en las listas del año, pero ¿durará como debe durar la música? ¿Durará como durará la sensibilidad teenager de DAUGHTER con sus guitarras minimalistas, arrebatos rítmicos y tratamiento vocal de R&B entre Adele y la literatura juvenil de vampiros? Esta banda dio uno de los mejores conciertos del festival, por calidad y cantidad de emoción: hizo que volviera toda aquella agitación, tristeza y sentimentalismo adolescente. Si con un repertorio en el que apenas despuntan cuatro o cinco singles son capaces de eso, hay que imaginarse cosas grandes. Y de la adolescencia a la juventud hedonista con GLASS CANDY, una fiesta con una diva sobre el escenario y muchas entre el público, donde, entre las primeras filas, se vivía el verano del amor, glamour mediante.

THE SEA AND CAKE ofrecieron un concierto con corrección, vacile tímbrico y sin fastos. Puro disfrute neuronal. Cosa de la veteranía. Como la de NICK CAVE & THE BAD SEEDS. La rotundidad de su actuación, en la que vendía disco nuevo, se vio reforzada por la fiereza escénica y el repertorio que importa. El de unos Bad Seeds (con Barry Adamson en sus filas) clásicos que aún hoy, cuando enseñan colmillo, asustan. Un jefe de jefes a quien da igual que le pesen las entradas y el tinte, y que se sigue acordando de cómo se hace pese al baladismo. Rock orgánico, todo lo contrario al de CRYSTAL CASTLES, pura violencia e iconoclasia digital. Esta vez sin escándalos y con el pop escondido en la provocación. Más manso, pero igualmente poderoso. Son un grupo de punk de guitarras que han decidido utilizar otras herramientas, pero hasta usan los mismo clichés escénicos del punk transgresor. Acabarán con guitarras. DJ COCO ofreció nuevamente repertorio top on the top para terminar. Un final de fiesta de cumpleaños, solo que esta vez fue más difícil encontrar a los amigos entre el público. Ramón Ayala

 
  • Thee Oh Sees. Foto: Alfredo Arias

  • Phoenix. Foto: Alfredo Arias

  • Swans. Foto: Alfredo Arias

 

En la variedad está el gusto

Orgullosos de haberse ido “De palmas y cacería” en su último disco y tocándolo casi en su totalidad, PONY BRAVO se entregaron a sus mutaciones poslolailo con la colaboración en el tramo final de Za! También a temprana hora, GUADALUPE PLATA le tomaron el pulso a su blues corrosivo con certeros disparos como “Baby me vuelves loco”, cuajando un espectacular set con el que estuvieron obligados a salir de nuevo a escena.

WOODS, desde Brooklyn, cubrieron con dignidad ese espectro que siempre se reserva a la parroquia más folk y, aunque se perdieron en algún desarrollo instrumental, engancharon a golpe de melodías y algún que otro efecto en un escenario menor. Por su parte, THEE OH SEES ratificaron con creces que son una de la bandas de esta década. Sin tocar un solo tema del espectacular “Floating Coffin” (2013) hasta el séptimo trallazo, John Dwyer imprimió a base de fuzz y riffs intravenosos un ritmo de infarto al concierto, increpando incluso a los miembros de seguridad para que dejaran volar al público a su antojo; porque eso es lo que consiguieron: que la gente entrara en un descomunal éxtasis vía psicodelia bastarda, garage desvergonzado y un pop redondo a lo B-52’s con el que se han coronado como uno de los grupos más en forma del momento. María Baigorri


Swans y diez más

Pese a que anteriores exponentes de su mismo rock espídico han demostrado versatilidad suficiente para triunfar en la distancia larga y en la corta, a METZ les restó pegada pasar del club a la sombra del panel solar del Fórum. PHOENIX, en cambio, aprobaron holgadamente en empatía, sobre todo gracias a una inteligente secuenciación de su actuación: trufada de hits en el arranque y con un colofón en el que le dieron la segunda dentellada de la noche a su “Entertainment”, con cameo de J Mascis incluido. A la misma hora, FUCK BUTTONS también pulsaron todos los resortes para complacer a una logia de fans muy distinta a la de los franceses; en el caso de la dupla de Bristol consagrada al bombo y a su rugosísimo noise, armado con un sample por aquí y un grito por allá y con cumbre en “Surf Solar”.

El viernes, la payasada de GHOSTIGITAL hacía presagiar lo peor. No alcanzo a adivinar qué valen en 2013 las credenciales de haber militado en los Sugarcubes, pero Einar Örn derrochó entero ese dudoso capital invocando a la vez –y sin la gracia de los originales– a Suicide y a Chiquito de la Calzada. Luego, ni MERCHANDISE ni DAUGHN GIBSON cumplieron con las expectativas de sus respectivos debuts discográficos; si a los primeros les lastró la egolatría y la cortita destreza vocal de su cantante, al segundo la mezcla de country & western y sampledelia solo le funcionó en dos canciones de la terna con que arrancó.

Por suerte, redimió la velada –y, para muchos, el festival– el concierto total de SWANS, tras el cual sus dos anteriores visitas a Barcelona se erigieron en perspectiva como dos dignísimos ensayos: simple y llanamente, ninguna banda de rock en activo puede brindar hoy una experiencia tan física y desasosegante como la de Michael Gira y sus acólitos interpretando íntegro “The Seer” (2012). El daño lateral de tan inmensa actuación fue que el resto de la noche dio apenas para recomponer el aliento y la compostura, y por eso (o por ser las cuatro de la mañana) el pop garagero de KING TUFF resultó de una tenuidad insoportable.

El sábado, a la hora en que el cuerpo de más de uno empezó a decir basta, HOT CHIP se conjuraron para que muchos prorrogáramos nuestra retirada: la banda liderada por Alexis Taylor es, sin duda, la mayor factoría de hits del pop electrónico de la última década, una credencial que convierte los festivales en su hábitat natural y que garantizó un concierto de subidón ininterrumpido. Iván Carballido

 
  • Animal Collective. Foto: Òscar Giralt

  • Solange. Foto: Juan Sala

  • Pantha du Prince. Foto: Òscar Giralt

 

Lecciones de precisión

Aunque siempre intensos, SHELLAC en el Primavera Sound son algo así como el día de la marmota. La diferencia es que no nos despertamos con cara de asco como Bill Murray, sino que jaleamos otra incursión del grupo de Steve Albini en ese rock denso y, esta vez, menos incendiario.

JIM JARMUSCH y JOSEF VAN WISSEM –con Carter Logan, batería de la actual banda del cineasta, Sqürl, antes Bad Rabbit– empezaron en acústico, pero The Jesus & Mary Chain en el escenario contiguo les hicieron pasar rápido a lo eléctrico. Rasgueos abruptos, blues psicodélico, Hank Williams y la certeza de que Jarmusch se ha recuperado para la música tras tantos años desde The Del-Byzanteens. Quim Casas


Conciertos y contextos

En el maremágnum de un festival, pocos son los artistas que mantienen intacto su atractivo. Por otro lado, también es una ocasión para fijarse en aspectos que quizá no saldrían a la luz en un un bolo en sala. Por ejemplo: ANIMAL COLLECTIVE estuvieron soberbios, jugando con unas composiciones ya muy rodadas que circulaban por sus instrumentos como material líquido. Sin embargo, el éxodo de público a medida que ellos se sumergían en su arte hizo dudar acerca de si, pasado ya su pico de popularidad, siguen siendo el grupo idóneo para cerrar un escenario grande a las tres de la madrugada.

En cambio, DEAD CAN DANCE negaron a quienes auguraban que su propuesta pincharía al aire libre y ante una audiencia no necesariamente devota. Su travesía por los ecos mediterráneos resultó tan mística como corpórea gracias, en buena medida, a un robusto entramado rítmico.

NEUROSIS sonaron brutales, como es de ley, pero en esta ocasión el resuello que daban los interludios ambientales entre cornada y cornada limitó la sensación de tener una bota aplastando el cuello.

Si en disco el R&B de SOLANGE gusta de lo sofisticado, su directo resultó correcto pero poco imaginativo (pese a que la banda contaba con el productor Dev Hynes), limitándose a reproducir las dinámicas zalameras del mainstream. El futuro tendrá que esperar.

Para NICK WATERHOUSE, la tradición del rock’n’roll y el rhythm’n’blues primigenio parece un fardo ligero, desenvolviéndose como un intérprete con clase, al que solo le falta ese óxido mítico que el tiempo ha dado al género del que mama.

A su manera, GUARDIAN ALIEN también pertenecen a un canon, aquel que entiende el rock como un vehículo de trance, pero su viaje suena estéril. Mucho más precisos, los lisboetas PAUS crearon afición al convertirse en una jovial máquina de ruido matemático, con la proporción justa de cerebro y de músculo.

TITUS ANDRONICUS venían a revalidar su fama de directo inflamado, pero su actuación será más recordada por las constantes chanzas en castellano macarrónico que por los aislados brotes juerguistas de la música.

En el Auditori, APPARAT recreó su grave partitura para “Guerra y paz” sin perder enteros respecto a la versión en estudio (lo que ya es mucho), pero sin añadir tampoco relieves inéditos a la empresa. Algo que sí logró la ambiciosa experiencia de PANTHA DU PRINCE & THE BELL LABORATORY, dando pleno sentido a su disco conjunto y creando un flujo en el que costaba dilucidar si reinaba la electrónica o los delicados sonidos producidos por un impresionante carillón. Una duda (¿baile o contemplación extática?) que selló los minutos de oro de este Primavera Sound. Gerard Casau

 
  • Blur. Foto: Ismael Llopis

  • The Breeders. Foto: Òscar Giralt

  • Dexys. Foto: Òscar Giralt

 

¿Qué hay de nuevo, viejo?

DOPE BODY interpretó con fuerza “Natural History” (2012; segundo largo, primero para Drag City, grabado con J. Robbins de Jawbox), mezcla indefinible de punk, funk y grunge sostenida por Andrew Laumann, mejor showman (entre Ian Curtis, Jim Morrisson e Iggy Pop) que cantante. NILS FRAHM también sabe combinar ingredientes del pasado y presentarlos de modo que parezcan nuevos; él lo hizo en el Auditori, de espaldas al público y frente a su muro de piano, piano eléctrico y sintetizador. Su minimalismo para neófitos levantó el teatro en aplausos.

BORED SPIES es el nuevo grupo del que fuera líder de Seam, Sooyoung Park, que se mantiene en un segundo plano con sus sabios punteos. Al frente, la joven Cherie Ko (de Singapur) hechizó con su voz y dejó claro por qué con solo un single ya están de gira mundial. Otro grupo de chico y chica, THE BABIES, con las voces y las guitarras de Cassie Ramone (Vivian Girls) y Kevin Morby (Woods), demostró que no es igual recortar y pegar que inspirarse en lo mejor de cada época para crear nuevas canciones que emocionan y hacen saltar de alegría. Esteve Farrés


Clásicos, diletantes y resucitados

“Esta es una canción nueva. ¿Esperabais los ‘hits’? No tengo ese problema”. Humor y maneras british: con ellas abrió el viernes ETHAN JOHNS el Auditori. A la guitarra, alternando el picking acústico y la eléctrica, el folk y el blues, el productor-cantautor de Surrey defendió su único disco con clase y regusto a clásico.

DANIEL JOHNSTON firmó uno los mejores conciertos que puede ofrecer, superior por ejemplo al de La Casa Encendida de Madrid en 2012. Más empastado con el mismo trío español de instrumentistas, solvente a capela, emocionó con su vaca, su moto y su vida y amores en vano.

Mucho más profesionales, claro, unos BLUR que, desde el pistoletazo de “Girls And Boys”, agitaron el gallinero con Damon Albarn proclive a los falsetes y Graham Coxon rebozándose asido a la guitarra. Coristas, metales y una ración de hits de manual: al fin y a la postre, se trataba del reclamo menos especializado.

Antes, THE BREEDERS comenzaron sonando en su abordaje íntegro a “Last Splash” (1993) de una forma tan diletante que ese aire amateur que los caracterizó en su momento y en el que residía parte de su frescura se antojaba propio de una filarmónica. La cosa mejoró sobre la marcha, incluida la versión del “Happiness Is A Warm Gun” de The Beatles.

Y el sábado, corroía la pregunta: ¿dónde demonios se habían metido Kevin Rowland y sus DEXYS todos estos años? Sobre todo, tras verles encandilar al Auditori con el soul teatral de su notable álbum de retorno y de clásicos reivindicables como “Geno”. Todo un lujo que se convirtió en uno de los momentos inolvidables del festival. Ramón Fernández Escobar


Frescor californiano

Resulta curioso cómo unas armonías y unas instrumentaciones tan ricas y complejas como las de Cayucas pueden generar tanta frescura. El proyecto de Zach Yudin entregó un pop inconfundiblemente californiano con magníficas voces y arreglos impecables, pero algo faltó en escena para contagiar al público de esta otra orilla. Susana Funes

 
  • Tame Impala. Foto: Juan Sala

  • Hidrogenesse. Foto: Juan Sala

  • Wu-Tang Clan. Foto: Óscar García

 

La vieja y nueva trova festivalera

Dos hombres (CHRISTOPHER OWENS y HOW TO DRESS WELL) y un destino (ejercer de trovadores contemporáneos). El primero (maximalista), parapetado en el regio Auditori por una banda bien pertrechada y desgranando ordenadamente el folk-pop de su (corto) álbum de debut, completado con guiños a clásicos (Cat Stevens, Simon & Garfunkel, Dylan). Pulcro y formal, aunque previsible. En cambio, Tom Krell (minimalista) se bastó con dos micros, un portátil y un músico de apoyo para desarrollar un R&B aletargado y de alto voltaje sentimental, ascendente y bailable en su punto final. Increíble el silencio sepulcral del público en algunos pasajes. Menos es más (again).

El contrapunto hedonista lo pusieron Jack Tatum y sus WILD NOTHING con ese indie pop ochentero y afectado de flequillos de revista de tendencias ejecutado sin tacha (pese al viento que arreciaba) y con buena aceptación entre las masas. Fede Guerrero


Ritmos del final de la noche

Salvo una excepción, ubicada en la hora bruja del final del día, esta es una crónica nocturna, la del barrendero (¡a mucha honra!) que recoge los ritmos esparcidos en las últimas horas de la noche. La excepción diurna la ponen los australianos TAME IMPALA. El grupo de Perth actuó al lado de la noria del festival, perfecto emplazamiento para su masticable psicodelia chicle, sus lisérgicas melodías de baratillo y su hippismo de diseño, que cobró todo su sentido en ese irresistible hit que es “Feels Like We Only Go Backwards”, algo así como una versión psicotrópica de The Korgis. Su aparición resultó tan refrescante como un buen polo de kiwi. Y su sabor duró más o menos lo mismo: o sea, casi nada.

Kieran Hebden, bajo su alias FOUR TET, también conectó en ocasiones con una cierta lisergia electrónica, pero lo suyo fue más bien un laboratorio dance donde experimentó con ritmos quebrados, texturas sugerentes y reflexivos momentos ambient, lo cual, en un festival endiabladamente frenético como el Primavera Sound, tiene su mérito. La dulce progresión de su directo fue balsámica.

En cambio, a SIMIAN MOBILE DISCO se les han visto mejores actuaciones. Sus ritmos cuadrados, niquelados hasta el extremo, resultaron quizá demasiado asépticos. Lo mejor llegó cuando se sumergieron en el fango del acid. El final de la primera noche se lo repartieron entre dos campeones, cada uno en lo suyo. JOHN TALABOT, solo ante el peligro, sin la ayuda de Pional, facturó un DJ set alejado de cualquier concesión, basado en ritmos tan esqueléticos como magnéticos, con ecos tribales y redobles marciales a lo Plastikman y con un ascetismo fascinante. Justo lo contrario de JACKMASTER, que decidió transformar su sesión en la perfecta raverbena: divas a porrillo (Madonna, Cyndi Lauper), jitazos disco-funk y la explosión cuando llegaron “Love Sensation” de Loleatta Holloway y “Good Life” de Inner City.

Si DOLDRUMS no se convierten en estrellas de aquí a poco, es que algo anda mal. Este jovencísimo proyecto canadiense, que acaba de lanzar su primer disco, fue capaz de demostrar que es posible aunar las más bellas melodías surf a lo Beach Boys con el lado más aventurero de Animal Collective, la bass music más disruptiva y la electrónica más avanzada. Una música arriesgada y libertaria. Y DAPHNI (álter ego del también canadiense Dan Snaith, o sea Caribou), con su pinta de profesor universitario, hizo honor a la excelencia de su primer álbum, pero prefirió derivar su sesión hacia una cascada de juguetones y sexys ritmos house con detalles kitsch y ecos de disco vintage.

“Como en el extranjero se enteren del mal tiempo que está haciendo en España, a este país ya no lo va a levantar nadie”. Fue la frase de la noche (fría, gélida noche del Invierno Sound), pronunciada por un, como siempre, inspirado Genís, de HIDROGENESSE, quienes, a pesar de las inclemencias, cuajaron una actuación tan chispeante, genial y desconcertante comme d’habitude. Compitiendo a la misma hora con My Bloody Valentine por ver quién hacía más ruido, en el escenario de al lado ganó la partida NURSE WITH WOUND, la célula de terrorismo sonoro de Steven Stapleton, que desató un apocalipsis sónico, a caballo entre la atronadora orgía noise y el océano de drones introspectivos. Fulminante.

Finalmente, Raekwon y Method Man no asistieron a la celebración del 20º aniversario de “Enter The Wu-Tang (36 Chambers)” (1993), mítico álbum de debut de WU-TANG CLAN del que, con un omnipresente RZA al frente, repasaron sus éxitos y con el que pusieron a botar a todo el mundo, hipsters incluidos, alucinados ante su revisión del “Come Together” de los Beatles. Un contundente despliegue de hip hop verdadero, acrobacias turntablistas y shaolin skits que dieron paso a una trasnoche en clave de electrónica de baile de calidad: el house & bass de un SCUBA magistral, sobre todo en su parte final con piano raver, ritmos funk y bajos extragordos; el cóctel de future soul, nu-disco y pumpin’ house de un elegante THE MAGICIAN ataviado con traje y pajarita; y el finísimo set de DJ KOZE a base de house líquido y burbujeante, sexy minimal, acid con campanitas (¡como el genial Pantha du Prince!) y exquisitos gimmicks a destajo. Una forma muy cool de echar el cierre. Luis Lles

 
  • Manel. Foto: Óscar García

  • The Drones. Foto: Alfredo Arias

  • Meat Puppets. Foto: Ismael Llopis

 

Tratado de aves taciturnas

En el apartado de confirmaciones esperadas, MANEL se destacaron como un fenómeno que va lanzado y todavía posee el beneficio del factor sorpresa. Lo que hace un tiempo se entendía como una propuesta de intenciones medio intimistas dentro de la escena folk-pop se desveló, en plena presentación de su tercer álbum, como una banda plenamente preparada para el gran formato en directo. Formación sin ukelele y, ante todo, pop a lo bestia en los temas nuevos, contemporáneo y audaz, atacando de frente sobre miles de espectadores –da igual si eran propios o extraños– con la confianza de quien sabe que sus temas aguantan y enganchan. Aquí hay figura para rato.

Las canciones de ANTÒNIA FONT son igual de buenas, pero resisten menos al aire libre, fuera de un auditorio. De todos modos, los mallorquines llenaron su escenario y encendieron el ánimo con hits como “Wa yeah!”, pero el viento se llevó lejos aquella mezcla de textualidad incisiva y sutileza en las formas, sus factores fuertes.

Y, de repente, llegaron DULCE PÁJARA DE JUVENTUD, banda a la que se podría ejecutar por la mera lectura del nombre, pero si Tennessee Williams te la suda y te va más el pop marciano de antes, con guitarras apoyadas en un combo bajo-sintetizador que tanto le da a los aires enrarecidos como a la marchita estilo Haçienda, pues estabas de enhorabuena.

Entrada la noche, ante la dictadura de lo estrictamente electrónico, LIARS fueron una apuesta ideal para buscadores de pop igualmente bailable, pero con voz divina al frente. Fue fácil dejarse llevar ante ellos, tanto en sus subidones más rítmicos como en los pasajes de entretiempo. Siguen en forma. Ramon Llubià


El ruido, la furia y la locura

THE DRONES empezaron su actuación ante poco más de cincuenta personas. Y a pesar de la furia ígnea de la inicial “I See Seaweed”, la intensidad se fue apagando, dejando un amargo sabor de boca a quienes teníamos grabada, indeleble, su comparecencia de hace un par de años. Al contrario de lo que ocurrió con MEAT PUPPETS. Pese a la fama de majaras irremediables de los hermanos Kirkwood, los asistentes se vieron recompensados por un concierto que desbordó virtuosismo, locura y una encadenación de estilos (country, hard rock, metal, funk, pop luminoso) que, en lugar de flaquear, se fue enroscando sobre sí misma con fuerza férrea, cual pitón triposa. “Plateau” y “Lake Of Fire”, aplaudidas a rabiar, derivaron en jams gozosas. Y como un guiño a la locura creativa, culminaron con una angelical versión de “Sloop John B”.

TARÁNTULA, también pese a la poca asistencia de público, sacaron pecho y un repertorio mayúsculo, a medio camino entre la copla y Stiv Bators: quien crea que son un grupo de broma se equivoca de medio a medio. Y la inclusión de CHUCHO cubriendo la baja de Rodriguez recordó a los asistentes que la actual escena indie española debe mucho a la versatilidad y furia de Fernando Alfaro. Ricard Martín

 
  • Neko Case. Foto: Óscar García

  • Jessie Ware. Foto: Ismael Llopis

  • Tinariwen. Foto: Juan Sala

 

Raíces y puntas

Pequeña decepción inicial. Se esperaba a una NEKO CASE avalada por su fama de belleza y elegancia en el circuito country, y sobre el escenario aparece una figura con cierto aire desaliñado que bien podría habitar en una autocaravana nómada. La música, sin embargo, responde a todas las expectativas. Lección de country resabiado amparándose en la experiencia de nombres como Kelly Hogan y Jon Rauhouse. Matthew Houck (PHOSPHORESCENT), en cambio, apareció con la misma indumentaria negra que la vez anterior (2011) para aportar esos nutrientes tan personales formados por la riqueza melódica y su vocalización dulcemente sufrida. Teniendo en cuenta que presentaba álbum, su set se hizo corto.

Tampoco CAMERA OBSCURA se prodigaron más tiempo que el estipulado. Escuetos y poco animosos, aunque profesionalmente impecables, dividieron su actuación en una primera mitad dedicada al nuevo trabajo para, a continuación, soltar las piezas clásicas. En cambio, MENOMENA, menos conocidos y previsibles, entusiasmaron a quienes apostaron por ellos en vez de hacerlo por Grizzly Bear. Siguen atípicos e ingeniosos, combinando bajo y/o guitarra con saxo, y la sequedad de sus formas contrasta con la variedad de soluciones en un mismo tema; entre Flaming Lips, Tame Impala y Morphine.

Dos nombres sorprendieron por la buena acogida del público. Parece que el álbum de JESSIE WARE –también completamente de negro– ha tenido más repercusión de la prevista, con esos seis singles –grandísimo “110%”– a modo de sostén; aterciopelada como una Sade que hubiese gozado en su época de la tecnología actual. También las piezas emblemáticas de LOCAL NATIVES se corearon a lo grande entre sus seguidores. Su pop-rock accesible se dignifica con las composiciones más sentidas: a mí “Colombia” me puso la piel de gallina. David S. Mordoh


Mirando hacia atrás sin ira

Uno es bastante escéptico con la tendencia actual (hola, Simon Reynolds) de mirar hacia el pasado con los ojos llenos de lágrimas, pero ante conciertos como los de HOT SNAKES o BOB MOULD no queda más remedio que hacer una excepción. Los primeros demostraron que el rock'n'roll todavía puede ser interpretado de manera vibrante y alejada de cualquier tipo de cliché. Mould, por su parte, resumió en su fantástico show nada menos que treinta años de hardcore, punk y rock melódico en un puñado de canciones catedralicias (Sugar y Hüsker Dü, sí, pero también las que está haciendo ahora) que nunca envejecerán.

Otro concierto que fue celebrado con entusiasmo por el público asistente (impagable la imagen de una chica recreando los pañuelos tuaregs con una camiseta de The Jesus & Mary Chain) fue el de los malíes TINARIWEN, que se presentaron en Barcelona con una formación liderada por el carismático Ibrahim Ag Alhabib: espirituales y expansivos. CHRIS COHEN confirmó que es un músico con todas las letras. Su primer disco (lleno de referencias a Dennis Wilson y a Van Dyke Parks) es una obra difícil de llevar al directo, pero Cohen saldó la prueba con notable éxito.

BETUNIZER siempre ganan. Da igual que sea en un festival como el Primavera Sound a las siete de la tarde o en el escenario de La Residencia de Valencia. MOUNT EERIE, en cambio, tuvieron que lidiar con unos problemas técnicos (se escuchaba más a Adam Green que a los de Olympia) que acabaron hiriendo de muerte su concierto. Una verdadera lástima, porque los primeros diez minutos del show fueron absolutamente sobrecogedores. Manel Peña

 
  • Kurt Vile. Foto: Óscar García

  • James Blake. Foto: Óscar García

  • Killer Mike. Foto: Ismael Llopis

 

Volumen y sutileza

Aunque esta vez no acompañó el volumen, la agresión sonora nunca ha sido el único argumento de MY BLOODY VALENTINE. Intercalando sin que se notase prodigios pasados con repertorio nuevo, MBV abrieron una grieta en la realidad a través de la que se adivinaban otros estados de conciencia. Eso sí, si su propuesta es un milhojas de pop hiperelectrificado, aquí solo nos sirvieron quinientas.

Algo parecido podría decirse de FUCKED UP. Su directo es de esos que deja grogui... siempre y cuando suenen las tres guitarras que hay sobre el escenario y no solo media. El sobrepeso de carisma de Damian Abraham, sin embargo, sigue intacto.

MAC DeMARCO podría también completar este trío de agraviados por los altavoces. Aunque, en su caso, combinar su campechanismo slacker con las filigranas de guitarra a lo Vini Reilly ya es más cuestión de sutileza que de volumen.

KURT VILE engastó el cantar melindroso de J Mascis o Stephen Malkmus en un rock sin coartadas ni prejuicios. A veces parecía el Lou Reed pos-“Berlin” y en otras, glups, el Bruce Springsteen de los noventa. Y no pasaba nada. De hecho, se cascó varias canciones de casi diez minutos, con solos de siete, y allí no se movía nadie.

A DO MAY SAY THINK el post-rock le sigue funcionando igual que quince años atrás. Siguen encastillados en un rock instrumental y cerebral en el que creen tanto que casi te obligan a creer a ti también.

Cuando DJANGO DJANGO tengan un par o tres de discos y puedan escoger solo los temas fuertes de su cancionero para el directo, habrá que ponerse serios. Ya hay que ponerse ahora, que su memorabilia Madchester no es ninguna tontería. Pero aún hay algo, aunque poco, de filfa.

JAMES BLAKE es otro que de hype nada, tú. ¡Qué graves! ¡Qué nitidez! ¡Qué canciones! ¡Qué voz! Esquivando a Antony y frotándose con el R&B, el niño prodigio reclamó la atención de la horda primaveral con un despliegue de exquisitez y detallismo para el que, a esas horas, quizá el público parlanchín no estaba in the mood. Joan Pons


Ritual de lo excepcional

Poca ayuda necesita KILLER MIKE para llenar un escenario. Apenas con un DJ (no era, snif, El-P) pluriempleado a los coros, su verbo adiposo y su arenga política hacen vieja escuela: hip hop minimalista que crea comunidad. Una comunión muy similar, pero expresada con una añeja reunión de psicodelia, blues y hard rock con largos desarrollos jazzísticos, propició MATTHEW E. WHITE y su virtuoso sexteto. Le falló algo la voz, pero su evangélica actuación redimió unas cuantas almas. Una espiritualidad diferente fue la que invocaron GOAT, un fabuloso ritual con máscaras, plumas, maracas, pasamontañas, chilabas, océanos de wah-wah y mucho misterio para su hechizante psico-funk progresivo. No sabemos a qué dios rezan, ni si es pagano o divino, pero su culto produce una energía mística superior.

ADAM GREEN & BINKI SHAPIRO hacen buena pareja. Él, look sesentero, improvisando grotescos pasos de baile y atreviéndose hasta con el crowdsurfing. Ella, su Nancy Sinatra, coqueta y divertida con los chapurreos en castellano-italiano de él, un dulce complemento para un pop-folk cada vez menos anti. Pero si hay alguien que puede trascender preposiciones y prejuicios ese es DAN DEACON, quien, además de administrar con entusiasmo anfetamínico su cada vez más complejo y policromado hiperpop, fue capaz de organizar a la masa en insensatas coreografías. Ruben Pujol

 
  • Dinosaur Jr. Foto: Alfredo Arias

  • El Inquilino Comunista. Foto: Ismael Llopis

  • The Postal Service. Foto: Juan Sala

 

Clásico Jr ¿y futuros clásicos?

Un año más, el festival ha sido un perfecto muestrario de algunas de las bandas catalanas más dispares e interesantes. Y buena muestra de ello son LA BRIGADA. El grupo de Vilanova i la Geltrú hizo gala de su sobrio cancionero, que igual remite a The Kinks que a Gram Parsons. De los mejores de esta penúltima hornada.

Otro ejemplo son FRED I SON, los Prefab Sprout barceloneses. Su delicado trato de la melodía y sus nítidas guitarras dan a sus domésticas letras el envoltorio perfecto para su pop trajeado. Lástima que los solapes les restaran público.

Muy distintos, pero igual de interesantes, son L’HEREU ESCAMPA: un dúo de post-core screamo de Manlleu cuya esquelética propuesta (batería, guitarra y voces dobladas) no quita un ápice de intensidad a su punk urgente y asilvestrado.

Fuera de este bloque catalán estuvieron DINOSAUR JR. Con sus muros de Marshalls y las sempiternas melenas de J Mascis, empezaron repasando su temario más reciente, levantaron a la masa encadenando “Feel The Pain” y “Out There”, la acabaron de incendiar con su versión del “Just Like Heaven” de The Cure y terminaron con Lou Barlow reivindicando sus raíces hardcore. Incombustibles. Jaume Ribell


Llamadlo otoño sound

Oficialmente era el Primavera Sound, pero este año tal vez hubiera sido más acertado llamarlo Otoño Sound. ¡Qué frío hizo! No fueron los encargados de inaugurar el festival, pero sí los primeros en congregar a una parroquia considerable. Grato ejercicio de nostalgia, EL INQUILINO COMUNISTA repasaron su colección de clásicos del indie estatal: “Charlotte Says”, “Pastis 91”, “Wild Life”...

Presentados como una de las posibles sorpresas del jueves, WHITE FENCE no defraudaron, ganando, a buen seguro, más de un adepto a su causa: rock psicodélico a baja fidelidad. Parajes sonoros que, aunque con más propensión por la distorsión, frecuentan asimismo DEGREASER. Los de Brooklyn lo intentaron, pero se vieron lastrados por todos los problemas que puede sufrir un grupo en escena.

Hace diez años THE POSTAL SERVICE editaron “Give Up” (2003), su primer y único disco, emotivo ejercicio de indietrónica. Acompañados de Jenny Lewis y Laura Burhenn, el binomio conformado por Ben Gibbard y Jimmy Tamborello volvía a reunirse para conmemorar este décimo aniversario. Una gira que los trajo hasta el Primavera Sound para, destacando momentos como “The District Sleeps Alone Tonight”, “Such Great Heights” o “We Will Become Silhouettes”, reconstruir un trabajo que el paso del tiempo ha elevado al estatus de obra casi de culto. Y en una hora no apta para cobardes, TOUNDRA desvelaron su último disco, “III” (2012). Post-rock expansivo, a instantes visceral, perfecto punto final para la jornada inaugural.

El viernes aún hacía más frío que el día anterior, pero PEACE no fueron brasero. Si encapsulados convencen, en directo su indie rock con ramalazos britpoperos rozó lo anodino. ¿Next big thing? Tal vez next time. Oriol Rodríguez

 
  • Death Grips. Foto: Juan Sala

  • The Knife. Foto: Ismael Llopis

  • Roll The Dice. Foto: Juan Sala

 

Mejor retumbar como las rocas que tintinear como el jade

Bigotillo a lo John Waters, falsete poco modulado y organillo barato atacando torch songs extremadamente almibaradas y cursis. Una propuesta provocadora y divertida, la de SEAN NICHOLAS SAVAGE, que seguramente sería aún más estimulante en la distancia corta de un piano bar.

Estoy seguro de que cuando me llegue la muerte no veré un esqueleto con túnica y guadaña, sino a Stefan Burnett, cantante de DEATH GRIPS, con el torso desnudo y gritando con todo el dolor del mundo. Fue una ceremonia vudú en toda regla. Y dadá y gagá: un alarido demoledor sobre un beat disonante. Una macumba agresiva y sexual. Un escrache musical.

Mala sonorización. Un pop naíf, con reminiscencias indies noventeras y del Donosti Sound, entre muchas otras (hicieron una versión de Daniel Johnston). Canciones sin altibajos. Un directo blando. Al menos me permite hacer el chiste de que en el Primavera este año hizo más frío que en KIEV CUANDO NIEVA.

Hay debate con THE KNIFE. Algunos dicen que su show con playback parecía “Lord Of The Dance” y “El rey león” (eso es malo), y otros que era un espectáculo de la categoría de Björk y Matthew Barney (eso es bueno). Yo defiendo que fue una representación hierática, extática, que contenía elementos de paganismo, ópera china, “West Side Story” y, sí, también “Lord Of The Dance”.

Con la soltura que da haber estado juntos durante décadas, ORCHESTRE POLY RYTHMO DE COTONOU animaron la tarde del sábado con su descarga afrolatina. Cálidas armonías vocales, bongós con tumbao y una extensa sección de viento en la que sobresale la trompeta nos hicieron bailar funk, afrobeat, salsa, son montuno y hasta capoeira. Muy grandes.

Uniformados con pantalones y camisa gris y tirantes, y retorciendo los botones de su aparato analógico, los suecos Malcolm Pardon y Peder Mannerfelt, o sea ROLL THE DICE, parecían obreros protagonistas de una distopía orwelliana. Empezaron con un drone-rugido, siguieron con un sonido austero, monocorde, grave, luego un bleep industrial y pesadillesco, y terminaron con una lenta y simple melodía triste aliñada con erupciones de ruido inclemente.

Gran sorpresa la de HEADBIRDS, nombre de guerra de Daniel Guijarro, un joven productor de aquí capaz de tratar de tú a tú a deadmau5 y Skrillex. Un túrmix de techno, dubstep, electro, planeadores pasajes de house de diva... Sonido limpísimo, estentóreo, con bajos levantamuertos. En la parte final me aguó la fiesta la irrupción de un vocalista que alargaba mucho las notas, a lo Bunbury.

Los conciertos de THE SUICIDE OF WESTERN CULTURE consisten siempre en una base de beats rocosos recubierta de melodías tristes, enfundado todo ello en una vorágine de distorsión y ruido. En este superaron problemas anteriores con la voz y sorprendieron pinchando el himno republicano “¡Ay, Carmela!” (puños levantados entre el público). Y el cansancio de los tres días de festival, las proyecciones de paisajes en movimiento y el cielo que clareaba ayudaron a crear un clima de desasosiego y jet lag. Llorenç Roviras

 
  • La Bien Querida. Foto: Ismael Llopis

  • Melody's Echo Chamber. Foto: Óscar García

  • Omar Souleyman. Foto: Ismael Llopis

 

Sacar partido a la situación y satisfacer las expectativas

Los barceloneses EXTRAPERLO sacaron todo el partido de la no siempre tan ingrata labor de abrir un escenario, coincidiendo su despliegue de pop sofisticado reminiscente de los ochenta, que sonó más luminoso que nunca, con uno de los pocos momentos en los que brilló el sol durante el festival. También triunfó el cuarteto de Mataró THE FREE FALL BAND, ampliado a quinteto para la ocasión. A pesar de su juventud, tienen un directo inmaculado, y la euforia por el estreno en el Primavera lo hizo más poderoso que nunca, con el frontman Jan Bosch muy desinhibido.

No tuvieron la misma suerte LA BIEN QUERIDA, a quienes los problemas técnicos –hasta tres veces su sonido se vino abajo– jugaron una mala pasada. Pero su voluntad de levantar cabeza resultó en una de las interpretaciones con más fuerza de la habitualmente hierática Ana Fernández-Villaverde, que se desfogó de la frustración aporreando la percusión electrónica y sacudiendo la melena.

Menos creíble resultó el mismo gesto al día siguiente por parte de la elegante Melody Prochet de MELODY’S ECHO CHAMBER. Pero la cantante francesa y su banda reprodujeron con un sonido transparente el pop atmosférico de tintes psicodélicos de su debut homónimo. Prometían ser una de las sorpresas agradables del festival y así fue, como el sirio OMAR SOULEYMAN con su pop sintético festivo e hipnótico y una presencia escénica arrolladora a la cual bastaba con pasearse arriba y abajo por el escenario, sin buscar el contacto visual con el público. Marta Salicrú


Lección magistral

Mulatu Astatke triunfó en un Auditorio lleno a rebosar. Acompañado por siete músicos, el padre del etiojazz impartió una lección magistral, mezcla de mood exótico y efluvios latinos, alternándose al vibráfono y a la percusión. Con las partes solistas a cargo de trompeta y saxo, piano y chelo, recordó el material de la banda sonora de “Flores rotas” (Jim Jarmusch, 2005) y preestrenó temas del que será su nuevo disco, “Sketches Of Ethiopia”. Ramon Súrio

Etiquetas: 2010s, 2013, Barcelona
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