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Primavera Sound, Días de brillo y purpurina

Solange, en estado de gracia. Foto: Sergio Albert

 
 

FESTIVAL (2017)

Primavera Sound Días de brillo y purpurina

Por Rockdelux

El Primavera Sound ya está aquí: llega el festival de los festivales. Cientos de posibilidades con músicas de todo tipo y condición. Uno de los mejores eventos del mundo para testar la actualidad y recordar el pasado con fundamento. Rockdelux, como en cada edición, colabora con un escenario, el del Auditori. Mientras te preparas para escoger tu ruta preferida por el recinto del Parc del Fòrum, te refrescamos la edición del año pasado, en la que más de 200.000 espectadores repartidos entre los distintos espacios rubricaron una vez más la condición del Primavera Sound como cita imprescindible para los amantes de la música. ¿Quién no recuerda los conciertos de Solange, Swans, The Magnetic Fields, Elza Soares, The xx, Grace Jones, Aldous Harding...? Este año, más.

Barcelona, Parc del Fórum
31/5-3/6/2017

Un evento cuyas enormes y crecientes proporciones lo hacen prácticamente inabarcable: resulta agotadora la caminata entre el escenario Heineken y el espacio Primavera Bits, cuyos dos escenarios dedicados a la música electrónica y cuyo acceso a la playa lo convierten, de facto, en un festival dentro del propio festival.

Extendiendo sus tentáculos cada vez más lejos (ahora también hasta los barrios de Barcelona), Primavera Sound corre el riesgo de convertirse en un monstruo incontrolable. Como incontrolables parecen ser también muchas de las grandes figuras del rap y el R&B norteamericanos, siempre proclives a dar la espantada. En esta ocasión, la dio el muy esperado Frank Ocean, que propició la proliferación de camisetas con el lema “Fuck Ocean”. La buena noticia es que esta última edición, una de las mejores de los últimos años, ha deparado una gran cantidad de momentos inolvidables, sobre todo los protagonizados por una serie de mujeres fuertes, creativas, levantiscas y rompedoras como Grace Jones, Weyes Blood, Rosalía, Elza Soares, Kate Tempest, Annette Peacock, Angel Olsen o la enorme Solange y su deslumbrante espectáculo. Ha sido, sin duda, el año de las mujeres.

Otro de los alicientes del Primavera Sound 2017 ha sido la creación de una nueva sección, Unexpected Primavera, que ha propiciado conciertos sorpresa como los ofrecidos por Arcade Fire, Mogwai o Haim. En resumen, han sido días de brillo y purpurina. La purpurina la ha utilizado una gran parte del público, que la ha convertido en el elemento estético definitorio de esta edición. Y el brillo lo han puesto, sin duda, todas esas grandes mujeres, jóvenes y veteranas, transformadas en amazonas de una nueva realidad que amenaza con dar un golpe de mano en el hasta ahora demasiado masculino panorama musical. Luis Lles

 
  • Miguel. Foto: Ismael Llopis

  • The xx. Foto: Òscar Giralt

  • Broken Social Scene. Foto: Ismael Llopis

 

Estrellas globales

MIGUEL apostó por una puesta en escena simple y eficaz, basada en el poderío de una banda que sonaba con una calidad de mezcla y producción cercana al estudio. Dilató la longitud de sus temas a base de improvisación y energía. Esto último es algo que también le sobra a THE AFGHAN WHIGS, que ofrecieron de nuevo la mejor y más potente versión de sí mismos. Su rock infectado de soul no tiene fecha de caducidad.

SINKANE, por su parte, nos brindaron su mezcolanza de ritmos africanos y soul en un cóctel que sobre el papel se antoja deseable, pero que, pese a la energía, se queda en un lugar sin personalidad. Algo que no les falta en absoluto a THE xx. Ofrecieron un concierto soberbio. Minimal, como de costumbre, pero desde sus inicios se aprecia una evolución escénica que suma en las bases y, si cabe, se ha acercado un poco más al pop musculoso. El único problema es la escala: tres contra una legión como audiencia. La percepción de los matices y la intimidad se pierde. Claro, sería deseable verlos en una sala o en un espacio más adecuado, pero asumámoslo: ya son estrellas globales.

La sorpresa vino con POND, unos hermanos pequeños de Tame Impala, pero con una personalidad propia muy cercana a los primeros y ruidosos Mercury Rev y agitados con psicodelia y sentido del humor. Las melodías, el modo de atacar cada riff, la estructura de las canciones, la actitud sobre el escenario: todo favorecía el bautismo al sol de una banda en estado de gracia. KING KRULE, por su lado, ofreció un concierto gris y monocorde que dejaba en evidencia su excelente voz, sí, pero también su falta de dotes compositivas. Ramón Ayala


De rock efectivo y querencias psicodélicas

CYMBALS EAT GUITARS demostró que es una de las bandas que mejor ha asimilado el sonido de los noventa mediante un set vivo que basculó entre la herencia de Pavement y el rock norteamericano sin profilaxis. Por su parte, BROKEN SOCIAL SCENE se hicieron acompañar de dos vocalistas que, más que añadir, restaron punch al concierto, desluciendo en ocasiones el repertorio de los canadienses; cuando estas pasaban a un segundo plano, el ecléctico combo daba más de sí y sacaba lustre a esas canciones de rock tan efectivas. BELAKO llegaron, vieron y triunfaron, repasando sus dos discos con actitud, sonido poderoso y una combinación de pildorazos que toman el rock como núcleo para moverse a placer por todas sus órbitas más jugosas.

La expectación que KING GIZZARD & THE LIZARD WIZARD habían creado no se vio satisfecha al 100%. Los australianos ofrecieron un show irregular y ni la doble batería consiguió aportar el empuje preciso. Quizá esperábamos una sobredosis de improvisación y locura, y encontramos un grupo de un incómodo hieratismo. THE BLACK ANGELS tiñeron de psicodelia abrasiva el cielo del Fòrum. Apoyándose en unas proyecciones envolventes, construyeron un muro de sonido poderoso, sucio, garagero y a tope de fuzz, sobre todo cuando cuatro de sus miembros tomaron las cuerdas al mismo tiempo. Y psicodelia madrileña con ecos de Triana de la mano de MELANGE en un corto y bien medido recital que hizo guiños al western, al folk y a esos intensos, coloristas y magnéticos años setenta. María Baigorri

 
  • Swet Shop Boys. Foto: Ismael Llopis

  • This Is Not This Heat. Foto: Ismael Llopis

  • Aphex Twin. Foto: Óscar García

 

Del pogo de Londres a las atmósferas de Sídney

Una exquisitez como “Odessey And Oracle” (1968) jamás trascenderá ni en directo ni amplificada. Por esos derroteros estridentes transcurrió un ejercicio nostálgico donde la agilidad de Rod Argent en el teclado chocó con la voz de Colin Blunstone, no apta para muchos falsetes. THE ZOMBIES nunca fueron los Beach Boys.

A Dave Vanian tampoco le sobran facultades; con un escudero como Captain Sensible no las necesita: el frenético músico se basta para derribar muros con sus guitarrazos. THE DAMNED silencian conversaciones baldías con su fuego devastador. Contemplar al público bailando pogo al ritmo de “Love Song” eleva el ánimo, recrea añoranzas y fortalece el presente.

Carisma no le falta a Brooks Nielsen, líder de THE GLOWLERS. Ese look Del Toro-Guevara y una voz dylanesca te atrapa al instante, al igual que el órgano a lo Ray Manzarek. Sin embargo, el repertorio se muere al tercer tema por monótono: un breve impacto. Lo contrario sucede con SWET SHOP BOYS. La conexión musulmana-hindú, cercana a los manidos moldes del hip hop en el inicio, se torna fértil cuando Himanshu Suri y el MC y actor Rizwan Ahmed sacan a relucir su toque autóctono. Un corrosivo speech de Ahmed removió las entrañas.

Desde las antípodas, el alto y desgarbado australiano ALEX CAMERON puso patas arriba el Auditori Rockdelux. Irreal serpiente de brazos infinitos, el atípico crooner creó una atmósfera oscura y bailable, dulce y agria: un universo por explorar. Futuro. Barracuda


Retorno al pasado

This Is Not This Heat, en forma de octeto sobre las tablas, ofrecieron un show soberbio. A pleno sol, la batería de Charles Hayward devolvió al grupo a su estatus más innovador: post-punk de largos sets que se descomponían en oleadas de distorsión y arrebatos de free jazz.

El alborotador Aphex twin volvió a hacer de las suyas en un bolo de hora y media en el que repartió leña en todos los palos. Un crescendo imparable de bpms que partió del IDM y del dubstep desembocando en trallazos de gabber y breakcore hasta construir un muro de ruido blanco ensordecedor que, literalmente, echó atrás a las primeras filas del público. El de Skinny Puppy fue otro concierto de órdago. Bases industriales, psicodelia a borbotones y lazos bien atados a la parafernalia circense acorde con Gwar o The Residents. Eso sí: faltaron decibelios.

Jennifer Herrema salió al escenario ebria como una rata mientras que Neil Hagerty ponía orden con su guitarra. En Royal Trux todo sigue igual: rock destartalado, drogas y ruido en imperfecta armonía. Mucho más decente fue lo de Phurpa, que se recordará como una de las propuestas más radicales de las que hayan pasado por el festival. Mantras, oraciones y una puesta en escena rotunda abrieron una puerta al más allá (del Tíbet) a través de ejercicios vocales infrahumanos: toda una experiencia.

Majestuoso de principio a fin. Wolfgang Voigt y su proyecto GAS se desenvolvieron como unidad inseparable. Techno allende el ambient y ambient sinfónico serpenteando a través de proyecciones de bosques cerrados en cromáticos intensísimos. Memorable. Matías Bosch

 
  • Slayer. Foto: Laia Buira

  • Annette Peacock. Foto: Óscar García

  • The Magnetic Fields. Foto: Juan Sala

 

El horario de los Estrigiformes

La única banda de esta ruta que nos acompañó antes de la puesta de sol fue MOGWAI en un show secreto dentro del Unexpected Primavera. Haciendo honor al título de su próximo “Every Country’s Sun”, que tocaron en exclusiva, musicaron la entrada del crepúsculo con unas canciones que retomaban su post-rock analógico original de los noventa.

Ya en la hora de las brujas, con Gary Holt y Paul Bostaph de Exodus asentados desde hace años en la formación –una reunión de gigantes del thrash metal–, SLAYER reservó para el final su tríada de piezas cumbre: ”Raining Blood”, “South Of Heaven” y “Angel Of Death”. Del mismo modo, FRONT 242 dispararon la metralla más añeja, con “Welcome To Paradise” y los hits esenciales de la EBM, para cerrar el setlist. Suman las décadas, pero ambas propuestas conservan el músculo. Y su filia por la nocturnidad.

PREOCCUPATIONS aún no tienen un repertorio de clásicos, pero se las arreglaron para asestar la tunda post-punk de solsticio de velada con una improvisación marcial que fue cortada por la propia organización. No había quien los bajase del escenario: mantuvieron su actitud firme hasta el final.

El capataz de Northern Electronics, ABDULLA RASHIM, podría haberse lanzado al techno agreste, pero se decidió por ritmos sincopados, líquidos y distantes; conectó así con la propuesta electrónica más suave de TYCHO –hay quien equiparó su sesión a una dosis de morfina– y consiguió anonadar al espectador donde S U R V I V E fallaron. Su sci-fi pop no se vio totalmente representado a falta de unos visuales o un escenario más recogido que los respaldaran.

Sin embargo, FLYING LOTUS sí supo capturar los ambiguos matices de la noche: ofreció abrigo y también espacio al baile, mezclando el paisajismo con el grime y con unos visuales pensados para dilatar pupilas. Utilizó todas las triquiñuelas de su amplia paleta electrónica para atraer a los búhos que aún quedaban en la pista, regalándonos hasta una canción inédita que había compuesto ese mismo día y que rapeó en nuestro viaje au bout de la nuit. Aïda Camprubí


Personalidades sin accesorios

En la penumbra del Auditori Rockdelux, ANNETTE PEACOCK demostró que no ha perdido el brillo, pero sí cualquier atisbo de radicalidad jazzística. La reflexión existencial ha sustituido al paradigma de la free music, que dio sentido y trascendencia a su extensa carrera. La sobriedad definió un concierto correcto y emocional a medio camino entre su estándar jazzístico, la poetry urbana y el mismo reciclaje del pop de autor de Arto Lindsay. Un órgano electrónico y unos beats inofensivos tapizaron el ocaso experimental de la artista.

“Odio escribir canciones autobiográficas”, aseguró con ironía Stephin Merritt a las primeras de cambio. La tragicómica versión mayestática de THE MAGNETIC FIELDS, en dos actos diferenciados, puso en entredicho las “fobias” de su único autor: presentó cincuenta canciones autobiográficas que repasan los 50 años del genio del Lower East Side. El primer acto estuvo dedicado al período entre 1966 y 1990; el segundo, de 1991 a 2015. Dos partes de un todo conceptual en forma de opereta pop de cámara que enalteció la inigualable figura de Merrit. Un extraordinario alarde creativo y narrativo.

El retorno a los escenarios de THE MAKE-UP no se salió del guion: histrionismo inteligente, el de Ian Svenonius y su sempiterno estado de excitación; y rhythm’n’blues pegadizo, pero falto de intensidad. Recuperaron sus mejores canciones y actitud, sin más.

El escueto show de WEYES BLOOD supo a poco, porque la voz y la personalidad de Natalie Mering representan mucho. Sola, emulando a Enya o a Joni Mitchell, o acompañada de su grupo, la californiana impactó con una rotundidad y talento difíciles de igualar. Dedicó un tema a Van Morrison y ribeteó la actuación con una “sorpresa especial”: una portentosa versión de “Vitamin C”... de Can. Jaime Casas

 
  • Seu Jorge. Foto: Óscar García

  • Van Morrison. Foto: Óscar García

  • Elza Soares. Foto: Òscar Giralt

 

Clásicos y mixturas

Volvieron SHELLAC. Como cada año. Una edición del festival no sería lo mismo sin sus ráfagas de acero, los soliloquios de Steve Albini y las preguntas al público (solo dos esta vez) de Bob Weston. A Todd Trainer no le quitaron al final su set de batería.

Volvió THURSTON MOORE, realizando con la guitarra acústica el mismo tipo de acoples y efectos que con la eléctrica. Estuvo acompañado solo por el versátil batería John Moloney. Noise, noise pop y zumbido ácido.

Regresaron también SWANS. Descomunales. Letanía free y muralla eléctrica de proporciones devastadoras para su gira de despedida: post-punk, post-rock, hardcore, noise, industrial, gótico, experimental, y los gestos de Michael Gira como si expulsara demonios desde el escenario.

SEU JORGE tocó sus particulares adaptaciones al portugués del temario de David Bowie concebidas para “Life Aquatic” (Wes Anderson, 2004). De “Ziggy Stardust” a “Queen Bitch”, intenso y delicado, dejando que la gente cantara el estribillo de “Space Oddity” o el de “Life On Mars?”. Precioso.

De Tel Aviv vinieron VAADAT CHARIGIM: densidad post-punk, voz monocorde, líneas monolíticas de bajo, guitarras en abismo. Potente, pero nada nuevo. Y de Euskal Herria y la Alcarria, la excelente mixtura de KEPA JUNKERA & LOS HERMANOS CUBERO. “Buscar los puntos de encuentro entre las diferencias”, dijo Enrique Cubero. Los hallaron: folk vasco, jota, blues, mandolina y txalaparta, con aportación del catalán Manuel Sabaté a la gralla tocada como un instrumento de jazz.

Casi tres décadas contemplan a TEENAGE FANCLUB. Las guitarras sonaron tan vigorosas como amables, y Norman Blake transmitió su optimismo escénico, a veces, también, un punto melancólico. Quim Casas


Acero y solera

En el escenario Primavera, GOJIRA y SLEEP hicieron lo que se esperaba (y deseaba) de ellos: desparramar decibelios. Los de Bayona, aunando bestialidad y aliento empático, con el carisma aplastante del gigantesco lagarto en cuyo honor se bautizaron. Por su parte, el trío de Al Cisneros trajo al Fòrum un peregrinaje por la aridez doom que, en pleno sábado noche, golpeó como una tormenta de arena.

Tampoco hubo sorpresas con VAN MORRISON: traje, banda y sonido impecables, repertorio girado hacia el swing leve, y una presencia escénica huraña, que delega toda responsabilidad comunicativa y evocadora en las canciones. Superando en veteranía al irlandés, ELZA SOARES se presentó en el Auditori Rockdelux sentada en un trono de escombros desde el que derramó la voz arrugada en ángulos post-punk, reivindicando su negritud y condenando el machismo. Memorable y teatral imagen final, con la banda (enteramente masculina) contemplando a una cantante llegada del Planeta Hambre y hoy convertida en La Mujer del Fin del Mundo. Gerard Casau

 
  • El Petit de Cal Eril. Foto: Òscar Giralt

  • Mac DeMarco. Foto: Laia Buira

  • Mitski. Foto: Óscar García

 

Cosas del directo

La violenta liturgia de DEATH GRIPS cuaja en el directo. Es en la fricción irresuelta de la performance donde su hip hop-metal-thrash-punk-industrial puede materializarse y aprehenderse en toda su densidad. Fue una hora sin respiros ni escapatoria, una catarsis contra un muro de sonido, que cobró corporalidad en el fraseo y en la brutal presencia de MC Ride, en la descarga y tino desafiante de Zach Hill y Andy Morin. Sus temas no sonaron; golpearon en la piel para calar en la sangre.

Efecto opuesto tuvo la chilena SOLEDAD VÉLEZ con su “Dance And Hunt” (2016). El giro al pop sintético apenas cristalizó como saturación, con secuencias pobremente articuladas, pretensiones vocales a lo Nina Hagen y una instrumentación que no llenó el escenario a pesar de lo nutrido de la banda. Mejor resolvió MISS GARRISON. Un tanto planos en el repertorio, atrajeron con un pop electrónico de atmósfera trip hop y reminiscencias new wave.

Así se presentaron BILLY CARTER: “Somos coreanos, somos hijos de puta”. Si venían del blues, el trío se decantó por la vitalidad y frescura del k-pop, apuntalándolo con rockabilly y psychobilly. Frenéticos y bien acoplados hasta en los exigentes cambios de ritmo y voz. Enérgica llegó Laura Jane Grace al frente de AGAINST ME!, encadenando desde el punk más clásico hasta el más melódico, con un discurso de reivindicaciones de género e identidad. Aunque irregulares, THE MOLOCHS destacaron cuando guitarra y batería cogieron fuelle, con histrionismo, riffs expresivos y frescura californiana para articular su protopunk y psicodelia a lo The Kinks.

El inicio juguetón de EL PETIT DE CAL ERIL conquistó al público de padres y bebés de esas horas. Su folk con vuelos de psicodelia sonó a veces más naíf, a veces más místico, con juegos interesantes entre guitarra y percusión, aunque con fallos en el punteo. MUSELESS sonó desangelada a pesar de los músicos y el par de bailarinas con que quiso llenar la escena. Demasiada caña para su electropop, desvirtuado por la saturación que impedía sumergirse en las sutilezas ambient y trip hop. Susana Funes


Slackers masivos, heroínas alternativas y punks vitalistas

Lo de MAC DeMARCO es de una naturalidad tan desacomplejada y de un carisma tan incuestionable como difícil de asimilar cuanto más lejos estás de los 30. Por el contrario, si eres uno de sus fervientes seguidores, el show que planteó, con un batería nudista, lucimiento de tanga y vello axilar en llamas, es como la más loca de las fiestas universitarias. Entre acrobacias percutivas e inflamadas armonías vocales se ubicaron LOCAL NATIVES, que con cada álbum pretenden dar un paso más hacia la sofisticación. Pildorazos de funk, rock tórrido y hasta una versión de Kanye West evidenciaron que resultan más estimulantes cuando más negros se ponen.

MITSKI tiene esa rara habilidad de sonar a la vez entrañablemente romántica e intensamente desesperada. Aunque se desenvuelve en el formato trío, acompañada de guitarrista y batería, en un solitario acústico es como mejor luce. Su interpretación final de intensidad punk fue desgarradora. Como la norteamericana, la israelí NOGA EREZ canaliza los traumas del pasado en un pop electrónico exuberante y de rítmica caótica. Puso banda sonora en el escenario playero a un presente distópico. Será cosa de las distancias cortas, pero NÚRIA GRAHAM parece haber ganado la confianza y el desparpajo necesarios para entrar en las grandes ligas del rock alternativo estatal.

Tarea desagradecida, la de abrir una jornada, pero despachada con intachable solvencia por unos KOKOSHCA que, con su habitual nervio, demostraron que su colección de himnos generacionales funciona tanto a primera hora de la tarde como en prime time. NOTS y LES CRUET proponen distintas aproximaciones al punk, pero ambas vienen a reivindicar que el género no es coto privado de chicos. El cuarteto de Memphis saquea los sonidos más afilados de los últimos cincuenta años, del garage al riot grrrl pasando por el hardcore. En coordenadas parecidas, pero encuadrado en un registro más melódico, está el fichaje de Bankrobber, rabia e insolente vitalidad con la voz cazallera de Laura Crehuet como revelación. Álvaro García Montoliu

 
  • Aldous Harding. Foto: Laia Buira

  • Sleaford Mods. Foto: Óscar García

  • Grace Jones. Foto: Ismael Llopis

 

De todos los colores

La jornada del miércoles arrancó con unos ANÍMIC desarbolados, que se dedicaron a aniquilar todo el magnetismo atmosférico de sus últimos LPs a base de una combustión de tintes industriales para la que, por ahora, aún no están preparados. Muchos más convincentes estuvieron 7 NOTAS 7 COLORES, que trasladaron la plaza del MACBA al Parc del Fòrum, en un escenario con skaters, ritmo old school y un Mucho Muchacho que comandó la resurrección de “Hecho, es simple” (1997). Como momento más exótico del día, los ex-Pulp JARVIS COCKER y STEVE MACKEY presentaron “Dancefloor Meditations”, una sesión didáctica sobre los orígenes del bass y la búsqueda del mantra perfecto que, poco a poco, fue derivando en una generosa celebración con clásicos disco, reivindicaciones a Steely Dan y un tramo final imbuido de house policromático.

El jueves, ALDOUS HARDING se doctoró como nueva reina del folk espectral. En directo, la proyección onírica de su canto se balancea entre la soberanía de Nico y la niña interior que quiere hacerse notar. Enfundada en un hipnótico blanco sport, nos regaló una actuación ideal para la duermevela.

IT’S NOT NOT fueron de los más tempraneros el viernes. Su fórmula reminiscente de Rites Of Spring, aunque también de los Jesus Lizard más melódicos, contagió a su parroquia y a algún despistado. Mucho más originales fueron SLEAFORD MODS, quienes, pese a ciertas adversidades técnicas, se vinieron arriba en una actuación atómica, con un Jason Williamson exultante, propulsado por una colección de bases plenas de matices, del dancehall al synthpunk. Para el tramo final no faltó la enorme “Tweet Tweet Tweet”. Centrados en sus dos últimos trabajos, THE RADIO DEPT. se hicieron grandes en el Hidden Stage con su exquisito tacto electroacústico y un ramillete de canciones que, pese a esquivar el temario de “Lesser Matters” (2003), evidenciaron su inconfundible pop de celofán.

Ya el sábado, SURFIN’ BICHOS dieron un vibrante repaso a “Hermanos carnales” (1992) que sonó a gloria. Ni en los momentos más calmados aflojaron la intensidad de una hora torrencial de pop-rock crudo y poético. Imposible lo contrario, contando con munición como “Mi hermano carnal” y “Viaje de redención”. Superiores. En cuanto a AGORAZEIN, el éxito les empieza a sentar mal. La originalidad de su trap soulero sonó cansina, personalizada en un C. Tangana que se ha comido las jugosas variables pasadas. Por lo que respecta a JARDÍN DE LA CROIX, destilaron poderío, pero a costa de un batiburrillo post-rock escuela Mogwai repleto de subidas aturulladas y con una gestión predecible del punch noise.

Quien sí estuvo colosal fue GRACE JONES. Misteriosa, sexual, ataviada con apenas un corpiño tribal y reivindicando su ADN caribeño, la pantera post-disco brindó al respetable un espectáculo imperial, desbordó con su carisma y dejó para el recuerdo su interpretación de “Slave To The Rhythm” a ritmo de hula hoop. Ni un gran SKEPTA pudo igualar semejante exhibición, y eso que lo suyo fue una lección magistral de grime, coronada por himnos como “That’s Not Me” y “Shutdown”. Marcos Gendre

 
  • Arcade Fire. Foto: Òscar Giralt

  • Haim. Foto: Óscar García

  • Angel Olsen. Foto: Òscar Giralt

 

Más de lo esperado

El escenario montado ante el Primavera hacía presagiar que algo acontecería. Si no grande, sorprendente. A las 20:30 del jueves, ARCADE FIRE se adueñaron de él ante un millar de espectadores, bien conectados o intuitivos, que pudieron acceder al pequeño recinto preparado para la ocasión. Mientras otros correteaban para hacerse con la mejor posición, todo un cabeza de cartel se entregaba con encomiable empuje, el mismo que en la grandilocuente actuación del sábado, y regalaba los estrenos de “Everyhing Now” y “Creature Comfort“ durante la hora que duró el primer Unexpected Primavera. No fue el único. Las HAIM protagonizaron la tercera de las actuaciones no anunciadas. Aquí el factor sorpresa disminuyó. Algunas pistas en las redes sociales y un mensaje en las pantallas en el que se leía “We’ve got something to tell you” marcaron el camino. Las de L.A. disfrutaron de una de las mayores aglomeraciones, exhibieron carisma y un directo abrumador para recuperar canciones de su debut y presentar tres adelantos de “Something To Tell You”.

En las antípodas del glamur californiano, KATE TEMPEST trasladó al directo la misma furia que desprenden sus versos. Hip hop comprometido, momentos de puro spoken word y una tormenta eléctrica sobre el escenario de la londinense, merecedora de un puesto en el Flag Club de John King. Si Tempest es la furia, ALEXANDRA SAVIOR es el encanto y la seducción. Gana en las distancias cortas: entiéndase el envoltorio sonoro de la sala Teatre del CCCB, donde tocó el viernes resarciéndose de su desangelado paso por el Fòrum el día anterior. No le hicieron falta dos intentos, en cambio, a ANGEL OLSEN para encandilar con la gélida delicadeza, la ternura y el carácter que ella y sus canciones desprenden. Cállate y bésame.

En turno de DJ (04:00 AM), PINEGROVE saldaron el trámite con la mayor intensidad que les permite su propuesta. Nueva canción para abrir el set y repetidas bromas sobre el horario doce horas después de su primer showcase. Intensidad que les sobra a JAPANDROIDS: en el escenario siguen explosivos, a pesar de la marcha menor en el estudio. Y la autosuficiencia pop de ARIES, su habitual encanto y el fantasioso repertorio sonoro son un valor seguro.

SAINT ETIENNE cerró el miércoles una jornada de puertas abiertas mucho menos multitudinaria que la del año anterior con Suede. Los londinenses, sobrados de maneras, se sobrepusieron al entorno con la retahíla final que abrió “Only Love Can Break Your Heart”. Antes, GORDI, con la etiqueta de la esperanza de las Antípodas, exhibió maneras y un directo en el que el folk gana peso a la electrónica. Cesc Guimerà


Fuego de día, ritmo de la noche

A primerísima hora de la tarde del viernes aparecían en escena SLIM CESSNA’S AUTO CLUB con ganas de impactar al personal a base de folk eléctrico y sónico, cargado de sana mala baba y buenas ideas. En apenas tres cuartos de hora se metieron al público en el bolsillo. Ya por la noche, ARAB STRAP llenaban el vacío dejado por la ausencia de Grandaddy, quienes cancelaban su presencia en el festival tras la repentina defunción de Kevin Garcia, bajista y cofundador del grupo. El dúo escocés, que se separó en 2006 y se reunió de nuevo el año pasado para celebrar el vigésimo aniversario de su fundación, supo estar a la altura. Con un Aidan Moffat acaparador de miradas y pletórico en su papel de rock star apática, estuvieron enormes.

El sábado, bajo un sol de justicia, SONGHOY BLUES refrescaron el ambiente con una actuación ante la que no hubo más remedio que dejarse llevar y bailar sin descanso. Una gozada al borde de la lipotimia. Horas después, ya de noche, LVL UP saltaban al escenario con pose destartalada y ganas de agradar, pero sus canciones se quedan a medio camino de ninguna parte. Mucho mejor resultó la propuesta de NO METAL IN THIS BATTLE. Como unos Battles acelerados, su post-rock tiende hacia el hedonismo de la pista de baile, y el resultado fue una fiesta en la que público y grupo gozaron por igual. Después, WILD BEASTS lucieron un deslumbrante despliegue de recursos estéticos y visuales, perfecto complemento a un concierto tan correcto que a veces pecó de demasiado encorsetado. JuanP Holguera

 
  • DJ Coco. Foto: Óscar García

  • Rosalía & Raül Refree. Foto: Òscar Giralt

  • Junun. Foto: Óscar García

 

Carisma y oficio

NIKKI LANE tiró de carisma escénico y de un impecable registro vocal para abrir la jornada del jueves en el Auditori Rockdelux. Madrugadora, su reciente “Highway Queen” (2017) se ajustó como un guante a la acústica del recinto, brindando una de esas citas que le dejan a uno con ganas de más. Como estar en Las Vegas.

Más que cómodos estuvieron BERRI TXARRAK, notables en su repertorio y disfrutables en las versiones que regalaron mediado el concierto. El guiño a MGMT enlazando con “Oreka” tomó por sorpresa a los menos habituales y alzó el sentido lúdico de un torbellino épico para la parroquia clásica, entregada a la fiesta en una comunión con tintes de épica.

JULIE DOIRON se presentó en el escenario Adidas para dar salida a su nuevo trabajo en castellano y derrochó simpatía, aunque brillase más sin las autoimpuestas ataduras idiomáticas cuando optó por el inglés. Pese a ello, dejó un buen sabor de boca, algo que repitió en la jornada del domingo en el Teatre del CCCB, donde el setlist encajó mejor.

En el tramo final del viernes los que cumplieron con los pronósticos fueron los ascendentes WAND. La suya no era la mejor hora, pero se las apañaron para brindar un set trufado de espirales hipnóticas con las que cosecharon un triunfo más que rotundo, merecido. Su concierto apuntó a retorno cercano, seguramente en un mejor tramo horario.

Los caprichos del calendario exiliaron también a MANNEQUIN PUSSY, en su caso a la madrugada del sábado al domingo. Poco les importó a los de Filadelfia, elevados sobre las píldoras enrabietadas sobre las que construyeron su set, brindando otra buena dosis de carisma en la última descarga de guitarras del festival.

Convertido en un cierre ya icónico, el ritual del adiós se cumplió con la clausura de DJ COCO reuniendo a la parroquia antes del amanecer. El broche llegó con la ya clásica “Don’t Stop Believin’” de Journey. El año que viene, más. Rubén Izquierdo


Contra el patriarcado

La edición más feminista del Primavera Sound ha contado con mujeres sobradamente preparadas. Como ROSALÍA, que, acompañada a la guitarra por un inspirado y libérrimo RAÜL REFREE, desmenuzó el repertorio contenido en su disco “Los Ángeles” (2017), guiándonos con su voz-que-no-es-de-este-mundo en un escalofriante paseo por el amor y la muerte que concluyó, con el público conmocionado y postrado a sus pies, con el “I See A Darkness” de Bonnie Prince Billy. Desde luego, no se puede ser más fiel y, al mismo tiempo, más radicalmente libre al acercarse al gran legado flamenco.

Pero si con alguien se puede hablar de un antes y un después en la concepción de la música en directo es con SOLANGE, que, decidida a rubricar la máxima de Rimbaud de “il faut être absolument moderne”, ofreció el concierto más impactante, visionario e inolvidable de esta edición. Todo, absolutamente todo, estaba coreografiado, iluminado y escenografiado hasta el último detalle, con una precisión inaudita, en gran medida por cortesía de la directora de arte barcelonesa Carlota Guerrero. Fue un fascinante espejismo, el epítome de lo cool. El pop del siglo XXII. Con elegancia estratosférica y arropada por una banda superlativa, realizó un recorrido por su deslumbrante cancionero que finalizó con “Don’t Touch My Hair”, el tema que le produjo SAMPHA, quien, por cierto, protagonizó uno de los conciertos más multitudinarios del escenario Ray-Ban. Recibido con honores de estrella, confirmó lo que se adivina en su disco de debut: que es bastante más convencional como artista que como productor. Su soul sofisticado atesora muy buenos temas, pero están necesitados de un punch adicional en directo.

El espacio Primavera Bits contó en las primeras horas del jueves con un JACKMASTER que, consciente del ambiente distendido de esa franja horaria, optó por su faceta más previsible, a base de disco, funk y house en su vertiente más groove y soulful. Ese día el cierre le correspondió a BEN UFO, un DJ culto y técnico donde los haya, que tiró de acid, tribal beats, gimmicks exóticos, Baltimore y minimal funk. Algo muy distinto a lo que dos días más tarde ofreció HUERCO S., con su envolvente e inquietante ambient noise, oscuro, ensimismado y depresivo, sobre todo porque enfrente tenía solo a dos o tres decenas de espectadores. Por su lado, TALABOMAN, la entente que forman John Talabot y Axel Boman, comenzó su set en clave cósmica y misteriosa, para zambullirse después en un revoltoso rito de ritmos afro y frecuencias ácidas.

JUNUN, el ensemble hindú impulsado por Jonny Greenwood (Radiohead) y liderado por el israelí Shye Ben Tzur, regaló una colorista fiesta qawwali sin perder nunca el groove. En el limbo de la nostalgia de los ochenta se movieron tanto los canadienses OPERATORS con su punk-funk de nuevo cuño como los islandeses FUFANU con su reinterpretación más bien anodina de la cold wave. Y KEVIN MORBY entrelazó de forma magistral los ecos de Dylan y la inspiración de la Velvet en una excelente actuación que se cerró, precisamente, con una versión del “Rock & Roll” de la banda de Lou Reed. Luis Lles

 
  • Whitney. Foto: Laia Buira

  • Bon Iver. Foto: Eric Pàmies

  • Mishima. Foto: Òscar Giralt

 

El agua clara de Wisconsin

La veta frugal británica tuvo en dos grupos a sus mejores valedores, aunque hubiesen gozado de mayor proyección de haber actuado sobre la medianoche. La entrada con percusión eufórica de “Life Itself” de GLASS ANIMALS merecía un escenario mayor, y no paró la excitación ni siquiera en los tiempos medios, con sus tres cuartos de hora sonando a "grandes éxitos" entre el delirio de los asistentes. ¿El sonido de la felicidad?

Menos contundentes, aunque con mayor elasticidad, METRONOMY arrancaron tirando de “Summer 08” (2016) –cuatro de los cinco primeros temas–, para después descargar los clásicos. Quienes sí estrujaron al máximo su primer y delicioso álbum fueron WHITNEY. Tan solo ensayaron una canción nueva, además de la versión de “Magnet” de NRBQ, y contaron con un solo molón de Mac DeMarco en “Red Moon”.

Otra convidada fue Meg Duffy de Hand Habits (y de Kevin Morby) en el último corte del set del excelso WILLIAM TYLER, estudioso de la tradición musical norteamericana. También gustó la australiana JULIA JACKLIN, ni tan profunda como Angel Olsen ni tan dotada vocalmente como Mary Margaret O´Hara, pero muy envolvente optando por lo eléctrico lento.

Un aplauso merece el riesgo de BON IVER. A no todos los seguidores ha gustado el giro electrónico, dejando tan solo en el esqueleto sus vestigios acústicos. Llámese folk de capilla, country ceremonial o góspel con Auto-Tune, lo único cierto es que, para quienes le prestamos atención, fue impresionante y nos  transportó a parámetros sensoriales nuevos. Justin. VERNON. GOD. David S. Mordoh


Primavera punk

MISHIMA llegaban con el muy reciente “Ara i res” (2017) bajo el brazo. A pleno sol, David Carabén y cía se sentirían como un esquimal en el Sahara, y aun así ofrecieron un bolo soberbio en el que entremezclaron su nuevo repertorio con sus ya muchos clásicos. Otros que no disfrutaron de las circunstancias más propicias para su propuesta fueron TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO. Nada de lo que no puedan sobreponerse. Miembros de la nobleza del indie estatal, tomaron el escenario Mango para destripar lo bueno y mejor de su discografia.

Con un haber en el que se encuentran atentados sónicos del calibre de “Jane Doe”,  lo de CONVERGE debería haber sido un ejercicio de trepanación auditiva masiva. Pero no tuvieron su mejor noche, especialmente un Jacob Bannon insípido.

“Mort i futur” fue uno de los mejores discos de hardcore punk y sludge metal publicado por estos lares en 2016. REBUIG le hicieron justicia a su repertorio y se marcaron un bolo que fue pura dinamita. 

DESCENDENTS relucen calvos y gordos, pero son una de las formaciones imprescindibles del hardcore melódico californiano. Atacaron su último (y muy decente) “Hypercaffium Spazzinate” (2016) y revivieron deliciosos pildorazos acelerados como “I Don’t Want To Grow Up”. Oriol Rodríguez

 
  • BADBADNOTGOOD. Foto: Ismael Llopis

  • Run The Jewels. Foto: Òscar Giralt

  • !!! (Chk Chk Chk). Foto: Óscar García

 

(De) todo, ahora

Muchos fueron los que arrancaron el festival a la vera de JENS LEKMAN. Al menos, los que cupieron en el Hidden Stage, espacio casi clandestino cuya decoración discotequera casó perfectamente con la macedonia rítmica que propone el sueco en su último trabajo.

BADBADNOTGOOD se dejaron su vertiente más retorcida y sesuda en casa, y en una sabia decisión pusieron el acento en la más festiva, esa que los convierte en una especie de charanga de pueblo híper-cool. No se cantó ni una palabra, pero ni falta que hizo.

Mientras Aphex Twin llenaba de láseres la explanada principal, JOY ORBISON pasaba algunos de sus preceptos por un filtro más amable, aunque nunca obvio. Hay relevo. Otros que animaron el cotarro electrónico fueron DJ TENNIS y BICEP. El primero arrancó su set con aire rutinario, abonado al bombo a negras hasta que pareció acordarse de su origen italiano: Thursday Night Fever; los segundos naufragaron en su intento de mostrarse oscuros. Se quedaron en opacos, que no es lo mismo.

Dieron ganas de haberse topado con la singular propuesta de IOSONOUNCANE en la oscuridad del Auditori Rockdelux en lugar de a cielo abierto. Los escalofríos que despertó su mezcla de noise, folk, ambient, jazz y mil cosas más, banda sonora para un apocalipsis, se hubieran multiplicado.

Con tanta energía asaltaron RUN THE JEWELS uno de los escenarios principales que el sonido hizo crac al poco de arrancar su actuación. La potencia de El-P y Killer Mike, dos metralletas, es difícil de sostener. El fugaz parón, amenizado con un duelo de baile, sirvió para ver que son dos guasones, aunque su discurso cada vez esté más politizado.

El power pop-punk militante de PRIESTS llama al alzamiento popular a voz en grito, objetivo estimable en tiempos de acomodamiento y directamente heroico a las 04:00 AM. Lo consiguieron a base de mostrarse más acelerados y contundentes que en su versión de estudio, que ya es decir. Algo que les hubiera venido bien a los mexicanos CLUBZ. Su pop electrónico suena deliciosamente anacrónico y, por lo tanto, rabiosamente actual, pero también inofensivo.

Hace unas ediciones, antes de la apertura definitiva del festival a sonidos hip hop, el vitaminado show de JOEY PURP hubiera quedado como una entretenida anécdota. Ahora ya tenemos bagaje para afirmar que el de Chicago marcó un hito dentro del género en la historia del Primavera Sound.

HAMILTON LEITHAUSER siempre tuvo una banda, una estupenda llamada The Walkmen para ser más exactos, pero ahora parece más frontman que nunca, como liberado de la solemnidad de su exgrupo. Se nota en su actitud; se nota en sus canciones, que quizá no sean mejores que las de su antiguo proyecto, pero sí más desenfadadas, casi taberneras en algún caso.

ARCADE FIRE retomaron el asunto justo donde lo dejaron tres años atrás en el mismo escenario: haciendo corear “Wake Up” a una masa entregada. Inicio con sabor a despedida que acabó convirtiéndose en un arma de doble filo. El pico de intensidad que se marcó nada más arrancar fue difícil de superar de ahí en adelante, pese a bazas ya probadas y nuevos trucos como la prácticamente inédita “Everything Now”, nueva incorporación a un repertorio de infinitas velocidades.

Lo de !!! (Chk Chk Chk) fue de todo menos una experiencia #unexpected. El chiste sigue teniendo su gracia, ahora aliñado con una segunda vocalista que logra sacar de foco a Nic Offer más de una vez. Su confirmada deriva dance ha convertido sus conciertos en un maratón sin pausas a la manera de una sesión de DJ, pero siguen sonando orgánicos, “a banda”. Lo esperado y, en realidad, lo deseado. Víctor Trapero

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