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Primavera Sound, Llegar lejos

La gran ceremonia de PJ Harvey. Foto: Óscar García

 
 

FESTIVAL (2016)

Primavera Sound Llegar lejos

Por Rockdelux

Cuando falta poco para que llegue el Primavera Sound 2017 (del 31 de mayo al 4 de junio; ver aquí), te recordamos lo mejor de la edición de 2016. Con las entradas de todo tipo agotadas semanas antes de abrir puertas, el Primavera Sound cerró su decimosexta edición reuniendo 55.000 personas por jornada en el Fòrum de Barcelona. Una multitud que supo mantener la boca cerrada cuando tocaba escuchar la música, que bailó desde el mediodía en la nueva área de clubbing diurno y que llenó los cada vez más y más suculentos conciertos gratuitos en el barrio del Raval. Fue el año de PJ Harvey, pero también de Kamasi Washington, LCD Soundsystem, Suede, Savages, John Carpenter, Current 93... Aquí te lo explicamos para que lo revivas.

Barcelona, Parc del Fòrum
1-5/6/2016

Puede parecer un contrasentido, pero si algo ha marcado el Primavera Sound 2016 ha sido el silencio: ese que tantas veces se echa de menos entre el público en los conciertos, sobre todo cuando han devenido un fenómeno más allá de lo musical; cuando, como en el caso del Primavera, se han convertido en eventos de prestigio social y atraen tanto a melómanos como a gente a la que la música, plin. Pero en el Primavera Sound 2016 el silencio permitió apreciar las sutilezas de “Pet Sounds” (1966), obra maestra de The Beach Boys, recuperada en directo por un voluntarioso Brian Wilson (en el que, a pesar de las críticas negativas, fue su mejor concierto en Barcelona), e hito en el recorrido del pop de entretenimiento a forma de arte, algo que no se cuestiona ante muchas de las propuestas del cartel del festival. El silencio respetó a artistas que daba un poco de miedo ver en ciertos escenarios y a ciertas horas, como Sigur Rós y Julia Holter (lamentablemente, menos a Animal Collective), y respetó a Radiohead en los momentos más delicados de “A Moon Shaped Pool” (2016): ellos lo compensaron generosamente con una ristra de clásicos.

El Primavera Sound 2016 también fue el del estreno del Beach Club, con sesiones de DJs diurnas y hedonismo a la luz del sol como en el Sónar de Día y el Piknic Electronik. La triunfal nueva área, con llenazos a primera hora de la tarde para ver pinchar a ídolos como Todd Terje y que cerró la madrugada del domingo un John Talabot de incógnito, estaba espacialmente en las antípodas de los dos escenarios reservados a cabezas de cartel como Tame Impala y PJ Harvey, zona popularmente conocida por su lejanía como Mordor –allí donde Frodo fue a deshacerse del anillo–, y no hizo más que enfatizar lo lejos que ha llegado el festival en su edición más exitosa, con absolutamente todo el pescado vendido semanas antes de tomar el Fòrum. Aunque quedarse sin entrada debe doler un poco menos cuando se puede ver a Robert Forster, Cass McCombs, Suede y Black Lips sin pagar un céntimo, en la cada vez más generosa y ambiciosa programación paralela gratis del festival. “¡No hace falta ir al Primavera!”, soltó el ex The Go-Betweens durante su concierto bajo la solana en el Primavera al Raval. “Esto es mucho mejor”. Marta Salicrú

 
  • Kamasi Washington. Foto: Óscar García

  • The Last Shadow Puppets. Foto: Alfredo Arias

  • LCD Soundsystem. Foto: Alfredo Arias

 

Un pasado muy presente

Puro jazz en el universo indie, rara inserción, KAMASI WASHINGTON acarreaba la expectación del artista que llega en el momento justo de su explosión. La onda expansiva fue tremenda: jazz fusión muy 70s, funk arrollador, espiritualidad amorosa y unos solos alucinantes que no rompen el concepto grupal. Brutal. Demasiado breve, una hora; prometió volver. También dejó con ganas de más el corto pero impecable set emocional de BEN WATT, muy cómodo en su distinguida vía de rock clásico con la que sigue produciendo grandes canciones, escudado en la guitarra aullante de Bernard Butler. Y que no desentonan con sus inicios: tocó “Some Things Don’t Matter”. Para distinción, ironía y excelencia, las de ROBERT FORSTER y su fabuloso concierto con magnífica banda joven. Muchos temas de The Go-Betweens, pero no los más obvios, un prodigio de armonías vocales en “Clouds” y la evidencia de estar ante uno de los más agudos compositores e intérpretes del pop-rock, señor juvenil en actitud y perspicacia.

Atardecía en el Fòrum cuando RICHARD HAWLEY entonaba la desarmante “Open Up Your Door”. Momento emocionante inigualable. Pero fue la vena rockera (un modelo de guitarra para cada canción) lo que predominó en una densa y potente atmósfera sobre la que emergía la voz siempre majestuosa del que es también (lo demostró) un gran guitarrista. Ejerciendo de latin lover hortera con sorna, Alex Turner arrastró el divertido y pasional espectáculo de THE LAST SHADOW PUPPETS sin dejar de lado a Miles Kane. Con credenciales de superbanda (cuarteto de cuerda incluido) y su irrefutable colección de melodías recreadas en la máquina del tiempo, jugaron a favor con el exceso y remataron con un “I Want You (She’s So Heavy)” (The Beatles) tan inesperado como poderoso.

HOLÖGRAMA derrocharon entusiasmo en sus viajes de O.M.D. al krautrock y otras electrónicas vintage. La disposición en círculo cara adentro de VIVA BELGRADO concentra la inagotable energía hardcore y la voz histérica (con interludios dulces) que sus fans celebraron con ahínco. En las antípodas, el baladismo quedo de ANDY SHAUF, con inevitables reminiscencias del Neil Young melancólico que resultaron muy hermosas, pero bastante monocordes. INSPIRA desplegaron con buen gusto su elaborado pop a pleno sol, muy adecuado a la calidez de sus canciones. Ricardo Aldarondo


Las ganas

El principio del concierto de LCD SOUNDSYSTEM nos hizo pensar que venían en plan funcionariado. Pero como una olla a presión fueron avanzando sofisticados a lo Talking Heads y con ruido bailable del que todos ya conocemos. Una máquina infernal de encender pistas y de transmitir esencias de modernidad con un pie en la tradición y otro en la vanguardia. Sólidos. No así AUTOLUX, una banda de noise-shoegazing que hace un reset en su carrera bajo el auspicio del productor Boots. Sin duda, la gema es la sensibilidad femenina de la batería y su modo de disponer lírica frágil sobre mantos de ruido; las canciones que venían de los otros dos miembros de la banda sonaban a déjà vu. Algún tema estaba al borde del plagio de “Kool Thing” de Sonic Youth.

Quienes le echaron ganas y reivindicaron el origen latino de su música fueron PXXR GVNG. Dieron un caótico directo con una banda de salsa y disfrazados de Tony Montana. Libres, felices y siempre al borde del desastre. Una obra viva y cambiante que palpita verdad. HO99O9 llevan el punk y el rap en cada mano con un corazón industrial y ofrecieron uno de los directos más crudos y peligrosos del festival. Ramón Ayala

 
  • Har Mar Supestar. Foto: Laia Buira

  • Los Chichos. Foto: Rocío Garrido

  • Fasenuova. Foto: Óscar García

 

Música como disfrute

Emilio Saiz, ideólogo de NOTHING PLACES, potenció la experimentación de sus grabaciones multiplicando los efectos de su pedalera para moldear un puzle sónico bastante más rugoso y contundente que el que construyen unos Grizzly Bear, con quienes han sido comparados. Otro que ha nacido para gozar y predicar con el ejemplo es HAR MAR SUPERSTAR, quien, aunque con la voz poco amplificada, tiró de su pegadizo y resultón cancionero enraizado en la parte más festiva de la música negra y el soul más fogoso.

Aunque para fiesta, la que montaron TY SEGALL AND THE MUGGERS, que con el mono de faena bien calzado repartieron stoner rock a diestro y siniestro, protagonizando una de las anécdotas del festival al dejar participar a un espontáneo en su brutal descarga de fuzz y riffs. María Baigorri


“Libre, libre, quiero ser”

Para muchos la presencia de LOS CHICHOS era una boutade; para otros, síntoma de apertura. Y para los presentes significó una fiesta. Los madrileños no fueron a pasar el rato, ni ejercieron de figuras de cera. Con el apoyo de un combo notable, protagonizaron un show robusto, nada retrógrado, en el que sonaron la mayoría de sus himnos. Lo suyo no fueron ilusiones, sino realidades de música imperecedera.

Doblando la esquina y ensamblado con la rumba callejera, tropezamos con PUSHA T, el enérgico rapero del Bronx. Flanqueado por dos luminosas cruces con el lema “sin will find you out”, y únicamente con la ayuda de su selector, sorteó el peligro de la soledad sacudiendo al personal. Kanye West no se equivoca apostando por él.

NEON INDIAN, guiados por el texano Alan Palomo, navegan de blanco impoluto por las aguas del pop electrónico con reminiscencias ochenteras, desvirtuando estilos como el reggae sin pedir perdón. Divertidos y poco más.

En la hora gamberra de fin de fiesta, DJ RICHARD salió trasquilado: solo unos pocos optaron por su selección de beats directos al estómago de tono cansino y repetitivo. La pericia no lo es todo. Barracuda


Para todos los gustos

Alessandro Cortini fue el encargado de honor de abrir el telón del Auditori Rockdelux. A través de espesas brumas de ambient techno, horror soundtrack, ataques de digital noise y una imaginería gráfica heredera de Boards Of Canada, generó un estado hipnótico del que costó recuperarse. Floating Points no tardó en consolidarse como uno de los directos de la jornada. Espectacular en su puesta en escena y preciso en el desarrollo de su show: una síntesis de jazz retrofuturista, pinceladas de AOR (esos solos de guitarra a lo Pat Metheny) y electrónica IDM de primer orden. Con  los asturianos Fasenuova llegó el despiporre: dignos herederos de Coil, desataron la furia industrial sobre una creciente masa de público entusiasmado por el aquelarre sónico a altas horas de la madrugada. 

La sesión de Optimo (Espacio) fue una lección de virtuosismo dance calibrado con maestría. Comenzaron a fuego lento, con calurosos retales de ritmos latinos y música disco, para acabar llevando la pista al estado de ebullición, con miles de personas sudando al ritmo de house-techno.

Los que seguían de cerca a NAO sabían que los temas de su excelente EP “So Good” (2012) iban a triunfar sobre las tablas. En tres cuartos de hora se metió al público en el bolsillo a golpe de R&B, confirmándose como diva del soul electrónico con nuevo LP bajo el brazo.

De otra galaxia fue la actuación de Six Organs of Admittance en el Auditori Rockdelux. La subversiva psicodelia de “Hexadic” (2015), fundida a rojo: un Ben Chasny en estado de gracia ofreciendo un show melancólico quebrado por intensos latigazos de energía eléctrica. Lección de guitarra total. Matías Bosch

 
  • Vince Staples. Foto: Rocío Garrido

  • Dinosaur Jr. Foto: Juan Sala

  • Boredoms. Foto: Juan Sala

 

Desde la frontera

Pudimos ver a artistas consagrados en los escenarios grandes, pero también propuestas que abren brechas genéricas y que se sitúan, física y metafóricamente, en los bordes, cerca de los muros que hay que romper. Estas fueron las actitudes en la periferia del festival, donde, más que a colmar expectativas, se va a sorprender y experimentar. ¿Lo consiguieron?

En un set minimal, SUUNS se sirvieron de la violencia física de los graves para presentar un ya de por sí agresivo “Hold/Still” (2016). Solo les faltó el carisma de Michael Gira para defender la frialdad de sus composiciones, pero sonaron contundentes.

Casi en paralelo, VINCE STAPLES, encabezando las listas del hip hop californiano más directo y menos ostentoso, nos instó a usar los famosos mocasines azules para saltar vallas y escapar de la policía. En peor forma, su vecino JAY ROCK cayó en el mismo escenario al competir con los cabezas de cartel. Prometió llevarnos a la Costa Oeste y se sirvió de Kendrick Lamar y Ab-Soul, pero a los veinticinco minutos se marchaba con su rap taciturno, marca black hippie, a otra parte.

SHEER MAG también optaron por la estrategia de breve ataque frontal. Tina Halladay, a medio camino entre Debbie Harry y Nina Hagen, desmenuzó su compacto repertorio en media hora. Pero los verdaderos intrépidos fueron JENNY HVAL, con su meditativa performance pro LGBT, y el británico EVIAN CHRIST, quien se ocultó tras una humareda mientras convertía hits EDM en estructuras IDM en una muestra contemporánea de alquimia sonora. Aïda Camprubí


Capas de sonido

DINOSAUR JR. demostraron estar en plena forma: pre-grunge pastoso y envenenado, ráfagas de metralla eléctrica sin concesión; incluso cuando “ensuciaron” aún más el “Just Like Heaven” de The Cure con wah-wah y efectos de J Mascis.

También parecían estar a gusto ANIMAL COLLECTIVE con su ración de electrónica tribal ejecutada de un tirón, aunque el exceso de elucubraciones vocales de Panda Bear y compañía tendió a la fatiga.

Algo de más intensidad no le iría mal al pop solipsista de AIR. Ejecutaron con estilo sus hits y crearon el esperado electro ambient pijo con sintetizadores y moduladores. Nunca se traicionan, pero quizá ya pasó su tiempo.

BOREDOMS volvieron al festival (y triunfaron) con su post-rock y free noise tan particular: baterías, barras metálicas, teclados, gritos de Yamantaka Eye, objetos metálicos sobre las membranas de altavoces caseros... En sus momentos de baja intensidad lograron que no se oyera ni una mosca, algo difícil en los escenarios al aire libre, aunque fuera a media tarde. Quim Casas

 
  • Radiohead. Foto: Óscar García

  • Selda Bağcan & Boom Pam. Foto: Óscar García

  • John Carpenter. Foto: Juan Sala

 

Humanidades

No vi a RADIOHEAD en el Primavera Sound. Sí me deslumbró su intenso aparato lumínico, y aprecié el impecable sonido con que proyectan un presente esmeradamente esquivo. Pero a ellos, a los componentes del grupo, no logré encontrarlos en la lejanía de un escenario bloqueado por una tupida marea de espectadores. Por eso, desde mi ubicación, la humanidad del concierto recayó en las miles de gargantas que entonaron sus himnos más tangibles. El público también fue decisivo en el pase de Selda Bağcan & BOOM PAM: la veterana cantante turca fue jaleada por sus compatriotas, con los que estableció un diálogo directo, dando relato a una protesta festiva que no dejó de sumar adeptos.

Desafortunadamente, nadie quiso perder la compostura durante la actuación de ANGEL WITCH; aunque la banda sonó a gloria, el desvirgue del Auditori Rockdelux con el heavy metal confinó el headbanging a las butacas. En ALGIERS, los códigos gestuales son producto de la banda: mientras Franklin James Fisher se retuerce, el bajista Ryan Mahan asume el rol de coreógrafo histrión, enseñándonos cómo se baila el petróleo de su post-punk sureño. En cambio, todo el mundo supo que con ROOSEVELT tocaba contonearse sin mucha pasión, alimentándose de marca blanca a falta de nombres propios del dance-pop. Gerard Casau


Dark Stars

No es complicado encontrar tu propio nicho en un festival tan desbordante como el Primavera Sound. Hablando precisamente de nichos, los amantes del terror vieron la tumba abierta con un socarrón JOHN CARPENTER, quien, rodeado de cinco músicos (hijo y ahijado entre ellos), se dedicó a revisar su tecno ochentero (badana incluida) con fragmentos de las películas originales como telón de fondo y un público rendido ante su horror de serie B.

Espanto de verdad el que mostró Richard H. Kirk, actual tercio de CABARET VOLTAIRE –parapetado tras un rack de dispositivos, la oscuridad de un escenario que no le vio entrar ni salir y un set de electro-funk industrial sin nostalgia bajo un tríptico de paneles– que sirvió a velocidad de vértigo buena dosis de la ignominia humana, desde Hirohito hasta Gadafi.

BABY DEE inauguró la tarde patrocinada por David Tibet con su cabaret afectado y besucón, culminando la velada los bellísimos CURRENT 93 con un concierto que rozó las dos horas del mejor éxtasis apocalíptico.

Pero fue PJ HARVEY quien realmente caminó sobre las aguas al sexto día a base de saxofones callejeros, tambores marciales, góspel pagano y una presencia magnética que transformó la noche de sus dos últimos álbumes y alguna concesión pretérita en irresistible alquimia rock. José Manuel Caturla

 
  • Savages. Foto: Juan Sala

  • Action Bronson. Foto: Òscar Giralt

  • Julien Baker. Foto: Òscar Giralt

 

De tensión, goce y furia

El perfecto cálculo de BATTLES no está solo en la implacable cadencia de su math rock, sino en el manejo de la tensión y el goce, en ese estirar y extender el éxtasis hasta el momento justo, hilvanando temas que emergen de su propia disección. Ni ciertas fallas de sonido hicieron mella en ese fuelle de maquinaria pesada y, aun así, tan orgánico y juguetón. “Atlas”, la explosión.

Las SAVAGES llegaron desafiantes, y no solo por su rabioso post-punk: “¿Por qué estáis aquí? ¿Porque no queréis aburriros?”, inquiría su frontwoman con deje cínico, para luego sumergirse una y otra vez entre el público hasta lograr la foto del día: la estrella arrebatada, erguida de rodillas, sostenida por la red de brazos de sus fans.

Lo de ACTION BRONSON no es rap, sino poesía e historias con banda sonora: bases de gangsta, éxitos o clásicos melodiosos que cabalgan y contrastan con lírica insidiosa, llenos de matices y atmósferas al borde del soul y el trip-hop. Interesante fue WHITE FENCE en su mix de psicodelia californiana y aires de Velvet Underground, aunque a su show y repertorio les faltó solidez. Susana Funes


Lo cerebral, lo emotivo, lo ebrio

Lee Ranaldo abrió el selvático Hidden Stage con su peculiar trío ibérico, El Rayo (con Cayo Machancoses y Refree): primer directo y estreno de varias canciones ancladas en la guitarra acústica, aunque con un marcado componente eléctrico (y un hincapié molesto en los ruidejos electrónicos). Intrigante nueva dirección en proceso de rodaje.

Thee Oh Sees, en su enésima visita, volvieron con su formato de doble batería, una contundencia de relojería sobre la cual John Dwyer tejió su esquizofrenia guitarrera y masculló incógnitas. Psicodelia asfixiante, reiterativa pero extrañamente adictiva.

Dos baterías también, ahora enfrentadas, las de TORTOISE. La seminal formación de Chicago venía presentando un disco bastante blandengue; por supuesto, la versatilidad y el tráfico de los miembros –alternando entre máquinas, baquetas y xilófonos– nunca deja de impresionar; y recuperaciones de clásicos como “Seneca” salvaron un show que podría haber ido tediosamente a la deriva.

Entre los nuevos nombres, muy destacable el sentimiento de la introvertida Julien Baker en su estreno europeo, un folk emocional que aprovecha al máximo su penetrante voz, verdaderamente expansiva (impuso el silencio en un público anonadado). También dignos de mención los marchosos Beach Slang. Los de Philly, en proceso de definirse, sirvieron con cierto nerviosismo (frontman parlanchín inclusive) su punk honesto repleto de emotividad americana a lo Replacements; no fue casualidad que los versionaran.

Pero en cuestión de tralla, nada comparable a la apisonadora de UNSANE. Los veteranos engorrados repasaron su trayectoria de sablazos noise rock en un show un tanto monocromo –alternación entre lo pantanoso y lo hidráulico–, aunque estruendoso. Una cogorza metalizada: ritmos borrachos y los restos macabros de sus cuerdas vocales desparramados sobre el escenario. Xavier Gaillard


Cuestión de intensidad

La propuesta de pop delicado que factura PÁJARO JACK se reveló en exceso reposada para este festival. Aunque el asunto mejoró en el tramo final, a su actuación le faltó empaque e intensidad. Nada que ver con THE CHILLS. Los neozelandeses se impusieron como historia viva del indie rock a golpe de doloroso guitarreo, con ese deje ochentero/noventero que los caracteriza. Demostraron que, a pesar de todo, el tiempo los ha cuidado, a juzgar por el vigor exhibido en clásicos como “Pink Frost”.

Lo vivido con MUERAN HUMANOS rozó la épica. Combinando sintetizadores y bajo, los argentinos firmaron una rave hardcore a media tarde. Una función atronadora a base de techno, post-punk, psicodelia, distorsión... Tanta presión acumuló la caldera del cajón/escenario Ray-Ban Unplugged que Tomás acabó tocando fuera, aclamado entre el público. CHAIRLIFT se postuló como la mejor bisagra para digerir los entrantes pop de la tarde y atacar la electrónica nocturna. Escoltados por batería y saxo, el dúo derrochó elegancia y carisma. Andrés García de la Riva

 
  • Deerhunter. Foto: Alfredo Arias

  • Richard Dawson. Foto: Óscar García

  • Bob Mould. Foto: Alfredo Arias

 

La cantidad no importa

MOSES SUMNEY demostró que solo en el escenario se puede sonar como una orquesta. Sus serenas canciones conviven armoniosamente con el bullicio. Entre las palmas y esas voces angelicales proyectadas sobre tres micros, parece un Dirty Projectors más. Con BEIRUT, en cambio, ocurre lo contrario. Su fanfarria (seis músicos en total) no llena una inmensidad ansiosa por el gran reclamo del cartel, Radiohead. Mejor en distancias cortas.

Seis también eran DEERHUNTER, que después de múltiples cambios de formación parecen haber encontrado el plantel definitivo. Con saxo, teclados y buen despliegue de percusión, suenan a banda total que muta las canciones en vivo y las acerca a ese funk con el que recientemente han coqueteado. Y lo de Bradford Cox, ya se ha dicho mucho, es de un carisma natural portentoso.

Primera jornada, sol achicharrante y grupo estatal: suena tópico, pero ya es intrínseco del festival. AUTUMN COMETS cumplieron como primer plato de la bacanal con un post-rock entre lo atmosférico y lo feroz, siempre lujosamente instrumental. A WILD NOTHING le tocó abrir el escenario principal y lo hizo con solvencia y con un pop sofisticado que, se ha comprobado ya varias veces, funciona perfectamente para empezar esta montaña rusa indie. Álvaro García Montoliu


Reencuentros estelares

Lo más destacado de la jornada inaugural en el Fòrum fue un Sr. Chinarro cum laude. El apoyo instrumental de Pájaro Jack le ha proporcionado robustez y atmósfera a sus canciones, certificando su plena vigencia mediante el clímax de “El progreso”. Un cierre de altos vuelos para una actuación tan redonda que lo de Goat se quedó en una broma anémica, sin la menor gracia. Su trasiego estándar entre adecuaciones lisérgicas de Black Sabbath y cierta africanidad tribal no dio ni el pego.

Ya en la tarde del jueves, Beak> no ofrecieron opción a desviar la mirada. Lo suyo fue una celebración kraut policromática, magnética. Capitaneados por el Portishead Geoff Barrow, su poderosa oscilación entre deriva espacial y bajos hercúleos los confirmó como un punto y aparte del festival. Quien también llegó a la fibra fue Richard Dawson, que, no contento con haber sido lo más destacado del Primavera Club 2015, amplió el espectro emocional de una actuación donde hubo de todo: monólogos, recuerdos a Shirley Collins y sentidas demostraciones a capela sin micrófono.

Dentro de la contrastada oferta hip hop, C. Tangana no tuvo más que hacer de sí mismo y dejarse empujar por un sedoso trap exuberante. Así, tras algún titubeo primerizo, conectó de lleno con el público en una segunda parte que fue hacia arriba. Definitivamente, nuestro Drake ibérico.

Para el sábado por la mañana, Bob Mould se encargó de ponerle ruedas disco-funk a su divertidísima sesión de DJ. Aunque por lo que verdaderamente será recordado es por su volcánica aparición en solitario en el Hidden Stage. En menos de una hora, tuvo tiempo de condensar todas las etapas de su carrera en un recorrido enfilado con inercia taquicárdica. Y con “Hardly Getting Over It” resplandeciendo desde lo más alto. Por poco le sacan a hombros. Y, como viene siendo habitual, clausuró el Primavera un DJ Coco menos festivalero que en otras ocasiones, reduciendo su dieta de mash-ups y acercándose más a una auténtica sesión dance. Marcos Gendre

 
  • Sigur Rós. Foto: Rocío Garrido

  • Beach House. Foto: Ismael Llopis

  • Manel. Foto: Alfredo Arias

 

Del iceberg a la mandolina

SIGUR RÓS nos congeló el aliento con su puesta en escena. Ocultos tras un cautivador andamiaje de proyecciones visuales y efectos oníricos en 3D, el trío islandés avanzaba despojándose los velos, creando una embriagadora montaña mágica de luces y sonidos hirientes. Poderosos y etéreos. Como el sonido de un iceberg que se resquebraja de emoción.

BEACH HOUSE salieron victoriosos de su misa cósmica. La cantante Victoria Legrand oficiaba como un monje galáctico con reverb. Sin sorpresas en el setlist, desplegaron un sinuoso manto de shoegazing y dream pop con algunos de sus enormes éxitos. Como “Myth”, en el olimpo de las mejores canciones de la historia del pop.

Lo de TITUS ANDRONICUS fue una farra poco conceptual y muy tabernaria. Efluvios de The Pogues, The Clash, Ramones y Green Day. Es básico pero contagioso escuchar cómo se desgañita Patrick Stickles. El giro sintético de MANEL no les restó credibilidad ante un público volcado. Con temas nuevos y antiguos hits formaron una elegante fiesta con final feliz. Y es curioso el buen recibimiento de una propuesta folclórica como la de LOS HERMANOS CUBERO en este medioambiente pop. Además de mandolina y de orgullo, de efluvios de La Alcarria y del bluegrass, una selecta imagen y simpatía a raudales ayudan mucho. Marcos Gualda


Nostalgia, un estreno y buenos hábitos

El primer baño de masas para el Primavera más multitudinario fue para SUEDE, encargados de cerrar la jornada del miércoles. Aunque fue precisamente el carácter gratuito del estreno en el Fòrum el que dejó a gran parte del público algo indiferente ante un Brett Anderson entregado que, a base de hits, sí logró conectar con su habitual séquito de nostálgicos, muchos acompañados por sus retoños. Es año de dobletes en Barcelona y los londinenses no quisieron ser menos y repitieron al día siguiente ante sus fans en un Auditori Rockdelux que agotó tiques para presenciar la peculiar propuesta del grupo, que interpretó al completo “Night Thoughs” (2016) escondido detrás de una gran pantalla en la que se proyectaba el filme (un dramón) que Roger Sargent creó especialmente para el disco.

Entre camisetas de Spiritualized y los Mary Chain, A.R. KANE lució su estela de mito fundacional ruidista, mezcla de Sun Ra, Love y Bad Brains, en un concierto donde la electrónica fue cediendo paso a las atmósferas y en el que en los apenas cuarenta minutos no fallaron “When You’re Sad” y “A Love From Outer Space”. Sin tanta aura pero igual de esperados por la ola nostálgica del festival, los retornados LUSH, los shoegazers repescados de la temporada, tiraron de sus clásicos tan melódicos como enmarañados en un Hidden Stage del que volaron las entradas en minutos. Por el escenario escondido también pasó CAT’S EYES. El grupo paralelo de Faris Badwan estrenaba, literalmente, el sábado las canciones de “Treasure House” (2016), editado el viernes. El parking escondido se rindió al ambiente hechizado generado desde la introducción con la canción de “Twin Peaks”.

DUNGEN y JOANA SERRAT lucharon ante la adversidad de dar el pistoletazo de salida a sus escenarios, pero manejaron la situación con igual solvencia. Los suecos desplegaron su rock psicodélico con la misma soltura tanto cuando la sombra hippie acechaba como cuando las guitarras ganaban fuerza, mientras que la catalana plasmó en directo con igual encanto que en estudio su folk-pop, todavía más al alza en “Cross The Verge” (2016), con Neil Halstead. Cesc Guimerà

 
  • Steve Gunn. Foto: Òscar Giralt

  • Tame Impala. Foto: Òscar Giralt

  • Mbongwana Star. Foto: Laia Buira

 

Círculos concéntricos

Hay una clase de música que parece estar diseñada para inducir al trance al espectador. Pues bien, esta edición de Primavera Sound anduvo sobrada de propuestas en ese sentido. Baste como primer ejemplo la larga sinfonía de una hora, sin interrupción, del ucraniano LUBOMYR MELNYK, quien, con su pinta de santón a lo Moondog o Arvo Pärt, consiguió que su ensimismado pianismo, tan arrullador como vertiginoso, sirviera de eficaz complemento a la siesta de algunos. Minimalismo a la enésima potencia. Una oda a los círculos concéntricos. Casi una experiencia religiosa. En esa misma onda, pero en el extremo opuesto, se situó la propuesta de ISLAM CHIPSY & EEK. ¿El sonido de la primavera árabe egipcia? Más bien el resultado de unir a Za! con un teclista contratado para animar un banquete de boda en El Cairo. ¡Brutal! Absolutamente narcótico.

DJ KOZE comenzó su sesión de forma dubitativa, con un sonido apagado, oscuro y como con sordina, pero a partir del “Vermillion” de Damian Lazarus su minimal comenzó a despegar, creando un espacio sonoro palpitante y misterioso. Lo de KIASMOS, la entente entre el neoclásico Ólafur Arnalds y Janus Rasmussen, no pasó de lo cutáneo. Su intelligent trance es agradable, sobre todo cuando se acerca a los gimmicks de la IDM, pero no trasciende debido a su excesiva levedad.

PANTHA DU PRINCE presentaba nuevo disco (“The Triad”, 2016) y no defraudó: sutil, hipnótico, espectral, lisérgico, minimalista, envuelto en subgraves y efectos dub, y tan inquietante como las máscaras con las que aparecieron él y su banda. Ya saliendo de la esfera de la hipnosis, HOLLY HERNDON volvió a jalear a Ada Colau, como el año pasado en el Sónar, y se mostró reivindicativa (“Gender is over”, rezaba la camiseta de uno de sus colaboradores) y exploratoria, como una curiosa mezcla entre Laurie Anderson y Matmos. DÂM-FUNK combinó en su actuación el DJ set (desde himnos post-disco de Young & Company y Starshine hasta el g-funk de Eazy E, Snoop Dogg o 2Pac), cantando encima de los temas en ocasiones, con un semidirecto en el que interpretó algunas de sus cimas, como “Hood Pass Intact” y un “Fadin’” atiborrado de efectos flanger.

La sorpresa llegó con Rory Phillips, sustituto de Hudson Mohawke, caído del cartel por problemas aéreos. Inició su set de DJ con un homenaje a Prince (“Erotic City”) y continuó con un potaje de disco, electro, funk y garage: de Hercules & Love Affair a Sylvester, pasando por Shit Robot, Geraldine Hunt o el mismísimo Gino Soccio. Más que círculos concéntricos, el eterno retorno. Luis Lles


Bailar en silla de ruedas

En los escenarios modestos se mueve la parte más atractiva para la facción inquieta del festival. ALEX G, optando por una formación indie clásica con sonido tipo Pavement –amparado en su relación con Title Fight–, resultó más monótono que la vertiente slacker de sus discos. Mejor recibida es la evolución de STEVE GUNN en su nuevo trabajo, renunciando a su vertiente exploradora con la acústica: ahora huele a máquina engrasada de americana, con menos sutilezas y más músculo. Aunque de distinta cilindrada, la máquina creada por Tim Gane en CAVERN OF ANTI-MATTER como alternativa instrumental a Stereolab también funciona a pleno rendimiento. El ritmo teutón es la base, siempre con opciones plausibles a mano, tanto escorándose a lo seco como a lo dulce. Y la máquina de punk’n’roll de ROYAL HEADACHE está dejando la fase de rodaje para conseguir un sonido de gran banda. Poderosa. Plena. Honesta y australiana. Le faltó una segunda guitarra en “Garbage” para obtener la sucia contundencia del original.

En los escenarios mayores, EXPLOSIONS IN THE SKY demostraron que se puede mantener la concentración de la audiencia si esta es capaz de percibir los matices en una formación instrumental. Más esperada era la visita de DESTROYER. Con ocho músicos en tarima, Dan Bejar, desgarbado por fuera y palpitando por dentro, ha vestido todo su repertorio con el traje de “Kaputt” (2011). Espectaculares juegos de trompeta y saxo, con un lujo crepuscular único a juego con el atardecer.

No tan positivo fue lo de TAME IMPALA. Respecto a su visita anterior, más de lo mismo en lo visual y un paso atrás en lo instrumental (parón de quince minutos por fallo técnico aparte). Cierto, las canciones de “Currents” (2015) son adorables y femeninas, pero han trasladado la sensación de sonido enlatado al resto de su repertorio. Menos mal que, a continuación, MBONGWANA STAR demostraron poder compaginar la tecnología –menos prominente que en disco– con el pulso congoleño. Salvo en los cortes de talante más rock, hicieron vibrar de lo lindo gracias a esa guitarra afilada, obsesiva e hipnótica empujada por la vitalidad de sus dos líderes. Y es que resulta tan paradójico como maravilloso ver a dos músicos veteranos parapléjicos en silla de ruedas haciendo bailar con semejante entusiasmo a los asistentes. Como también bailaron al son (y a la cumbia y a la rumba) de veteranos más ilustres, la ORCHESTRA BAOBAB, una enciclopedia de nobleza musical africana. David S. Mordoh

 
  • Moderat. Foto: Òscar Giralt

  • Cass McCombs. Foto: Ismael Llopis

  • US Girls. Foto: Juan Sala

 

Cachorros, semiavalanchas y maquinaria teutona

Difícil resistirse al encanto y la naturalidad de Empress of sobre las tablas, contagiosa como el efluvio de pop electrónico y R&B que corre por su sistema sanguíneo. Con un repertorio clónico, en la sala BARTS estuvo más cómoda y fresca que en su show de la siguiente jornada lidiando con el sonido del escenario Pitchfork. Misma ubicación que vio debutar en suelo español a Car Seat Headrest, otra de las revelaciones yanquis de los últimos meses. De nuevo, el sonido ínfimo de Pitchfork lastró el repertorio íntimo de Will Toledo; sin embargo, logró recomponerse con las embestidas rockeras con regusto a Wire, Pavement e incluso Strokes.

A los pogos calentados por White Reaper les sobró energía y actitud para una propuesta que, al fin y al cabo, resulta de lo más encarrilada. Decepcionante resultó la esperada cita con The Avalanches. Hubo avalancha, pero contados fogonazos del cut’n’paste irresistible de los australianos. Sorprendieron planteando un DJ set donde su atino con el sampler dorado fue intermitente, y la generosidad para escuchar sus temas insignia se limitó a breves fragmentos de “Frontier Psychiatrist”. Al menos cerraron su batiburrillo prefabricado presentando por primera vez un jugoso tema del inminente LP.

Maceo Plex cogió el relevo en el escenario Ray-Ban y mantuvo vivos los ánimos de los trasnochadores con su techno fornido derritezapatillas. La maquinaria de Moderat en la explanada Mordor se tradujo en un rodillo devastador que absorbió toda la energía restante a esas horas de la última jornada. Con precisión de cirujano se adueñaron del ánimo y el espinazo de los presentes con ese clima de tensión sostenida que da paso a estallidos orgiásticos. Una eficiencia germana para saltar de los parajes atmosféricos y epidérmicos al éxtasis enloquecedor. Marc Muñoz


Folk feliz, hombres afilados y mujeres desafiantes

Se le veía muy mejorado a CASS McCOMBS respecto a otras visitas anteriores. Gafas oscuras, calma en las formas, casi simpático (habló con el público un instante, algo insólito en él), tocó además temas bastante conocidos (“County Line” al final, hermosísima). Pero le faltó el punch que suele mostrar cuando anda alicaído o mosqueado por algo. También felices, incluso entusiastas, aparecieron los italianos C+C = MAXIGROSS con su folk psicodélico enfocado hacia muchas direcciones, casi todas interesantes. Viven en las montañas y lucen look –y sonido– muy Devendra Banhart, pero eso no debería echar para atrás. Al contario: dan ganas de investigar más.

¿Cómo reseñar otro show más de SHELLAC en el Primavera Sound? Pues apuntando a los detalles, supongo: volvieron a estar impecables una vez más (no es noticia), con un Albini si acaso más afilado y cínico que de costumbre y con un repertorio que sigue impresionando, de “Riding Bikes” a “The End Of Radio”, recuperada (el año pasado creo que no la tocaron) como colofón casi místico. En las antípodas, pero igualmente brillantes, U.S. GIRLS (Meghan Remy más acompañante) lucieron personalidad y un asombroso catálogo de miradas desafiantes, además de canciones estupendas y un guitarrista-cowboy que parecía teletransportado directamente del casting de “Mulholland Drive”. Carles Novellas

 
  • Venom. Foto: Rocío Garrido

  • Daughter. Foto: Alfredo Arias

  • Brian Wilson. Foto: Óscar García

 

¿Cómo debe sonar una guitarra?

“¡Está desafinado!”, “¡Qué mal toca!”, decían tres ilusos del público. Diez metros más allá, J Mascis cabeceaba afirmativamente todas y cada una de las canciones de THE HOWLING HEX (un aseado Neil Michael Hagerty se anunciaba así, como parte de un grupo). Rock sarnoso a machetazos. Un chispún-chispún de batería muy Minutemen, una voz perezosa y dos guitarras free rock que sonaban tan voluntariamente mal que en realidad estaban muy bien.

PROTOMARTYR se saben de pe a pa el manual del joven castor guitarrista indie de Joey Santiago. Crepitan, pero les falta gancho pop. Tampoco parece que lo quieran.

“Let’s party!”, gritaron PARQUET COURTS. Y durante los cuatro primeros temas, los del manoteo Feelies, la fiesta realmente empezó. Después, sus derivas eléctricas entre Sterling Morrison y Tom Verlaine quizá se espesaron demasiado. Tracklist acaso mal ordenado.

Fuertes, densos y oscuros, VENOM sonaron maravillosamente cafres. No piden excusas por su rudeza, están convencidos de ella. También convencen con ella. Cerraron con “Black Metal”, timbrando un marchamo de autenticidad heavy que, visto su vigor y vigencia, más que necesario, era asertivo. Joan Pons


Alguien tiene que empezar

Y le tocó a ALBERTO MONTERO. Hora terrible, las cinco y media de la tarde, para una propuesta tan delicada y bella como la suya. Aun así, la brisa que llegaba de la playa cercana y que acariciaba el escenario acentuaba esa declinación mediterránea de la propuesta del valenciano.

Sudor, mucho sudor, el que derramaron THE JAMES HUNTER SIX atacando su soul de regusto clásico. Los británicos se entregaron a fondo con un repertorio en el que predominaron los fogosos salmos de su último largo, “Hold On!” (2016).

Su visita de 2013 fue una reivindicación. Tres años después, DAUGHTER retornaban al Primavera Sound para acabar de certificar su talento. Dibujándose como algo más que el proyecto de Elena Tonra, tintaron el ambiente con toda la gama emotiva escondida en su onírico pop vaporoso.

A ALIMENT les da igual ser de los primeros o de los últimos. El trío gerundense salió a degüello y atacó sin remilgos ni contemplaciones su arsenal de balazos punk garageros. Santa hostia sónica para empezar el viernes.

Otros de esos adorables jovenzuelos que han irrumpido con descaro en nuestra escena musical. Crapulillas que no se cortan a la hora de apretar el fuzz. En la última jornada del festival, a golpe de pildorazos distorsionados, THE SAURS fueron el mejor recargador de pilas para aguantar hasta el final. O cuando menos hasta el bolo de DRIVE LIKE JEHU. Vale que los tipos se han mantenido activos con proyectos como Hot Snakes u Obits; pero, recuperando lo más mejor de sus dos álbumes en su modalidad más volcánica, recordaron por qué se les considera santo y seña del post-hardcore. Oriol Rodríguez


Buenos recuerdos

La frecuencia con la que se ha podido ver a BRIAN WILSON en directo en el invierno de su vida nos ha dado alegrías (FIB 2007) y decepciones (Poble Espanyol, 2005 y 2012), pero la actuación del alma de The Beach Boys en el Primavera Sound con una docena de músicos, entre ellos Al Jardine, Beach Boy original, dejó buen recuerdo, con un Wilson parapetado tras un piano que no toca, pero comunicativo. Celebración del 50º aniversario del influyente “Pet Sounds” (1966), repasaron el álbum, además de interpretar otros éxitos, sobre todo de la etapa más playera del grupo californiano. Nostalgia con final feliz.

Aún mejor estuvo JULIA HOLTER. Apasionada y magnética, al frente de un cuarteto y con un repertorio centrado en su último LP, el pop de vanguardia de la norteamericana sonó cautivador y sensual en condiciones (un escenario grande y de madrugada) que no le parecían favorables. La nocturnidad sí jugaba a favor de la joven británica SHURA: su naturalidad suma en una propuesta de pop electrónico infeccioso defendido con artesanía. Algo que también le sucedió a DOBLE PLETINA, abriendo el festival con sus ácidos melodramas de pop sintético. Lástima que el sonido no acompañase a EL ÚLTIMO VECINO: sonaron mejor en la carpa Ray-Ban que en el escenario Primavera. Marta Salicrú

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