Planetas raros 2
Ganan credibilidad en directo SIAN ALICE GROUP, que cuentan con la vocalista Sian Ahern, aunque sin el carisma o la presencia de Beth Gibbons o una Trish Keenan (Broadcast). Pero justo cuando empiezan a surgir esas comparaciones en tu cabeza, aparece la banda para salvarla, volviendo más turbio y crudo el sonido de su repertorio. Carlos Barreiro
A modo de bisagra entre la sesión de tarde y de noche, los púberes THE xx, en formato de trío, salieron a defender su disco de debut frente a un escenario Ray-Ban abarrotado. Lo obvio se hizo tangible: sus (buenas) canciones se dispersaron y perdieron entre el murmullo global, el escenario abierto y un sonido irregular. La próxima vez, al Auditori.
La escasa media hora en que SLEIGH BELLS estuvieron en el escenario despacharon suficiente ruido y energía para dar por excesiva una sesión donde reconvirtieron los temas de “Treats” (2010) –¿M.I.A. bajo el filtro del nu metal?– hacia un extraño set donde las bases pregrabadas ametrallaban sin ningún tipo de rigor ni pudor. Lo mejor: el cierre con “Rill Rill”. Lo de BEACH HOUSE fue otro cantar. Tan expansivos como milimétricos, alzaron, de la mano de un sonido pluscuamperfecto y una pletórica Victoria Legrand, su dream pop de nuevo cuño como uno de los momentos álgidos (= inolvidables) del festival. Exquisita caza y captura de la epifanía –de “Walk In The Park” (principio) a “10 Mile Stereo” (fin)–, lo vivido fue puro éxtasis.
PANDA BEAR fue, para muchos (hubo deserciones continuas), el concierto-gatillazo del festival. La verdad es que Noah Lennox no tuvo suerte –fallaron samplers y audiovisuales–, pero tampoco lo puso fácil: a excepción de “Ponytail”, todo fueron temas de su próximo álbum. Aun así el concierto creció paulatinamente convirtiendo lo raro en audaz, lo experimental en pura emoción. ¿Demasiado exigente para las masas?
El hype, vía Pro Tools, de la temporada sonó a la hora en que los DJs dominan el Fòrum para dejar en evidencia, una vez más, que lo que YEASAYER parecen buscar es ser una versión coolest de, por ejemplo, Scissor Sisters. Y es que sin faltarles buenas canciones –“Tightrope”, “Ambling Alp”–, sigue fallándoles la actitud y la puesta en escena.
Bradford Cox, en su vertiente ATLAS SOUND, salió al escenario como si un Neil Young de Saturno se tratara: armado únicamente con guitarra, armónica y un juego de pedales donde mecer sus caleidoscópicas canciones. Exquisitez diametral, minimalista y absoluta, el de Deerhunter tocó techo con “Shelia” y “Walkabout” (nadie echó de menos a Panda Bear).
Unos inmensos GRIZZLY BEAR, situados todos a la misma altura del escenario, abrieron las puertas a su tan exquisito como sutil barroquismo pop. Los neoyorquinos dieron una lección musical donde cabían todo tipo de polifonías vocales y juegos instrumentales, un delicioso set plagado de melodías ensoñadoras, intensidad sonora y alguna que otra nube eléctrica. Simplemente perfecto. Alejandro G. Calvo
En la quiniela sobre las hechuras del concierto de BEN FROST se especulaba con pianos, cuerdas y portátiles permutados en combinaciones al límite de lo audible, pero en cambio el australiano se presentó cogido al mástil de una guitarra y enfocado en imitar a Fennesz con un nivel de decibelios apto para ancianas; en una palabra, bajón. Iván Carballido
Con su pinta de profesores universitarios, THE BOOKS sirvieron el momento más intensamente poético de toda esta edición gracias a su fino entrelazado de folktrónica, música de cámara, visuales inteligentes y textos de matrícula de honor. Otra cosa es que sus gemas sonoras, registradas para esa escudería exquisita que es Tomlab, tal vez habrían sido mejor degustadas en la intimidad del Auditori, pero aun así fue un regalo. Luis Lles
Will Cullen Hart, de CIRCULATORY SYSTEM, sale –sombrero de paja campesino, prendas anchas, pinta de Antony despistado– ejecutando estupendamente sus canciones de estructuras intrincadas, con constantes cambios aunque siempre con una tonada escondida en el capazo: psicodelia dulzona quebradiza e instrumentos nobles (viola, violín) para acompañar brujas de Blair en ruta a un baile de jigs presbiteriano en Dogville.
La oferta de UI, instrumental, parte de la rítmica convulsa del post-rock, con elasticidad acerada disimulando la vertiente plomiza. Van de lo sugerente a lo agrio, de la simplicidad al vértigo, aturdiendo con las partes más prog y embrujando en las más cálidas. Más solvente se muestra Geoff Barrow en su proyecto BEAK>. Pulso alemán en el ritmo –percusión Neu!, reverberación Can– con profusos arabescos de bajo y guiños sueltos a la guitarra de The Velvet Underground y a los teclados de The Doors. Muy vistosos los retortijones del guitarrista al final.
Dos bandas con discos populares: WILD BEASTS, aunque faltos de chicha, respondieron a las expectativas despertadas por su rock teatral que conjuga el pulso de los ochenta con falsetes operísticos. También THE BIG PINK, cuya fórmula –demasiado trillada, sí: componer canciones pop y trufarlas de guitarras ruidosas ya lo hacían The Jesus And Mary Chain– en directo es tremendamente efectiva con la muralla sonora avasallando. Los muy pillos dejaron “Dominos” para el final ante el delirio de sus fans.
La receta de A SUNNY DAY IN GLASGOW, dream pop con oleaje shoegazing sin descartar andanadas tipo My Bloody Valentine, se ve aderezada por las vocalistas femeninas, monísimas con sus vestiditos. Entretenidos (y generosos regalando camisetas). En cambio THE ANTLERS apuran al límite sinfónico unas composiciones, las de “Hospice” (2009), revoloteando la misma melodía, con un hándicap: la temática escalofriante –álbum destripando las miserias de una pareja con un miembro diagnosticado con cáncer– no es la ideal para darle a las palmas y mover el culo. Mientras unos bailaban, otros tragábamos saliva con el final apoteósico y la frase “don't ever let anyone tell you you deserve that”. David S. Mordoh