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San Miguel Primavera Sound, Una fiesta superpoblada

Emociona ver Barcelona convertida por unos pocos días en cauce de toda esa expresión desatada e incorregible.

Foto: MJ Prieto-Puga

 
 

FESTIVAL (2010)

San Miguel Primavera Sound Una fiesta superpoblada

Por Rockdelux

Aquí, la crónica del Primavera Sound 2010, gentileza del staff de colaboradores de Rockdelux. Fue el año de Pet Shop Boys, Beach House, Van Dyke Parks, Diplo, Fuck Buttons, Roddy Frame, Pavement, Superchunk, The xx y The Fall, entre muchos otros. Y fue, como siempre, una ventana abierta al mundo de la música más interesante en un intenso fin de semana. Como de costumbre, nivel superior.

Barcelona, Parc del Fòrum
27-29/5/2010

Las noticias sobre Grecia y Hungría amilanan a cualquiera, pero nadie quiso faltar al décimo Primavera Sound, y el festival batió así su récord de asistentes, 101.200 frente a los 86.000 del año anterior. El jueves, nada menos que 32.000, cifra inaudita para una noche en principio menos concurrida que las siguientes por motivos corrientes y cotidianos. Pero, ¿quién iba a dejar pasar la oportunidad de reencontrarse con Pavement o cotillear por la actuación de los tan comentados The xx? ¿O probar con Pony Bravo, Él Mató A Un Policía Motorizado, Monotonix...?

La masiva respuesta de público al festival –lleno casi total, según la organización– es una prueba de justicia poética y la enésima muestra, señores de noticiarios, radios y demás, de la emergencia de un espectador que no se rige por las voluntades de las grandes potencias del entretenimiento. Mientras Paulina Rubio cancela giras, el Primavera se desborda, pero por algún extraño motivo ella obtendrá mayor presencia en los medios cuando saque disco que, digamos, cualquiera de los cinco artistas más frecuentados en este festival, con la salvedad, quizás, de Pet Shop Boys, ese insólito grupo capaz de vestir ideas y conceptos de alta cultura con los trajes del pop más radiante y radiable. Su presencia no debería extrañar a nadie: en realidad, era uno de los grupos clásicos que faltaban por venir al festival. Mezclan lo mejor de dos mundos: la inteligencia highbrow con el despiporre lowbrow.

Su elección como grupo de traca final parece inapelable: solo hacía falta el feliz caos humano que acompañó su actuación, en una estampa que rubricaba con elocuencia la calidad intergeneracional del Primavera. Junto a Pet Shop Boys y algunos otros tótems, caso del gran Van Dyke Parks o Lee “Scratch” Perry –un saludable ápice de color en un encuentro orientado sobre todo al indie rock blanco–, el festival volvió a servir de lanzadera para un selecto puñado de bandas jóvenes que, desde ya, cuentan con un gran gancho en su currículo. Las promesas saludaban desde todas partes: desde un escenario apostado en la arena –el PrimaveraPro– hasta una pequeña carpa para epifanías unplugged, pasando por el Parc Joan Mirò o, previamente al fin de semana, en el vestíbulo del mismo metro.

Pese a quien pueda quejarse, algo ingenuamente, de la presencia de patrocinadores, el Primavera Sound celebra la música y no el dinero, igual que Steve Jobs persigue el producto perfecto antes que la jubilación dorada. Y emociona ver Barcelona convertida por unos pocos días en cauce de toda esa expresión desatada e incorregible. Juan Manuel Freire

 
  • Marc Almond. Foto: Óscar García

  • Gary Numan. Foto: Óscar García

  • Roddy Frame. Foto: Òscar Giralt

  • The Fall. Foto: Óscar García

  • Wilco. Foto: Òscar Giralt

  • Tortoise. Foto: Óscar García

  • Condo Fucks. Foto: Ismael Llopis

  • Van Dyke Parks. Foto: Òscar Giralt

  • Pet Shop Boys. Foto: Òscar Giralt

  • Orbital. Foto: Òscar Giralt

  • Lee “Scratch” Perry. Foto: Óscar García

 

Veteranos

Como en una revisión médica, desfilaron nombres de los primeros ochenta. Excelente salud, con una excepción. MARC ALMOND estuvo pletórico. Estupenda voz, sin exceso de afectación, sólida banda, un repertorio con clásicos propios (“Open All Night”), ración Brel (“Jacky”), temas nuevos de altura (“Nijinsky Heart”) y traca Soft Cell (“Bedsitter”, “Tainted Love” y “Say Hello, Wave Goodbye”), todo brilló.

GARY NUMAN resultó lo contrario, en plena forma física, pero desnortado en lo musical. Un metal-tecno-siniestro-petardo que el público que no huía celebró con interés, aunque esperaba viejos éxitos como “Cars” y “Metal”, que Numan racionó. A su lado, el buen gusto de RODDY FRAME se veía aún más benefactor. En el escenario, nada; solo el pie de micro. Con su acústica y su dulce voz, desgranó algunas de sus mejores creaciones (“Western Skies” a la cabeza), bromeó con inteligencia y se arrimó a los primeros Aztec Camera (“Oblivious”, “Walk Out To Winter”). Delicioso concierto de salón.

Menos contundentes que en 2007, pero igualmente altivos y cohesionados, THE FALL soltaron su descarga en la vena troglodita de “Your Future Our Clutter” (2010). Mark E. Smith oscureció los cielos con sus proclamas atonales: tocaban “Weather Report 2” y empezó a llover. Ni eso ni nada alteró su carácter infalible. WILCO empezaron con un sonido espantoso. No problem. “Vamos a cantar algo juntos”, dijo Tweedy, y entonó un “Jesus, Etc.” susurrado que tornó la desesperación en calma. Y ya todo fue como la seda. Cartas ya conocidas pero todas convincentes.

A uno le sorprende que quienes huirían de bandas como Weather Report, Gong o los Soft Machine de “Fifth”, por demodés, se emocionen con la puesta al día de esos grupos que hace TORTOISE. Su incuestionable técnica, su exhibición de virtuosismo y su multiinstrumentismo giratorio dejó en éxtasis a un amplio personal. Otros, en cambio, nos quedamos más impasibles ante la fría filigrana. Ricardo Aldarondo

La presencia de Yo La Tengo en 2009 y su recientísima gira llevaron a los de Hoboken a presentarse como CONDO FUCKS. Sus versiones con filtro garagero (de Small Faces al “So Easy Baby” de los Zantees) se hacen duras de tragar en disco, pero poseen en vivo cierta gracia por la mezcla de intensidad y desaliño. Mayor intensidad, claro, ofrecieron SHELLAC y sus demoledores trallazos. Pero aunque el trío esté encantado con su presencia fija en el Primavera, aquello (notable, sí) supo a déjà vu. Al menos, antes de aullar “The End Of Radio”, el hiperactivo Albini confesó que su película favorita es “Mi vida como un perro”.

Clare Muldaur presentaba a VAN DYKE PARKS en el Auditori Rockdelux como “lo más grande del festival”. Y no anduvo lejos: el maestro (con sandalias) se zambulló en la tradición musical norteamericana y picoteó en “Song Cycle” (1968), “Discover America” (1972) y “Jump!” (1984), sus tres obras mayores. El apoyo de parte de Clare And The Reasons (violín, guitarra, chelo) bastó para un gran debut en España.

BUILT TO SPILL y su habitual combinación de melodía y guitarras irreprochables (tres en escena) alcanzaron niveles excelsos. Doug Martsch y compañía no exprimieron “There Is No Enemy” (2009), el discazo nuevo: de él solo se oyó “Hindsight”. De haberlo hecho, en vez de tirar de clásicos suyos de los noventa, los resultados habrían sido idénticos.

En el escenario principal, lo de PET SHOP BOYS acabó en apoteosis (“It’s A Sin”, “Being Boring”). En realidad, la tónica de un show festivalero, lleno de bailarines-coristas y hits aptos para todos los públicos. Emocionante el homenaje a Dusty Springfield, y entrañable Chris Lowe, fuera de su trinchera de teclados, moviéndose a lo Popotxo en “Why Don’t We Live Together?”.

Y el colofón de ORBITAL, resucitado el dúo en directo el año pasado, no se puede decir que resultara vibrante. O al menos no mucho más que sus obras del presente milenio. Ni sus beats, ni sus vídeos de cariz político ni sus gafas-linterna: el único momento de comunión llegó al samplear los hermanos Hartnoll (en “Halcyon And On And On”) el “Heaven Is a Place On Earth” de Belinda Carlisle. Ramón Fernández Escobar

Lo habrá inventado todo en el dub, pero a Barcelona fue por el camino más corto. Con solo bajo, guitarra, batería, teclados, un speaker y LEE “SCRATCH” PERRY, repite conmigo, Lee “Scratch” Perry. Clasicazo. Acabó con “Exodus” y casi conmigo. Juraré no haber bailado durante una hora. Bendito negro. Iago Martínez

 
  • Bis. Foto: Ismael Llopis

  • Superchunk. Foto: Òscar Giralt

  • The Slits. Foto: Óscar García

  • Sunny Day Real Estate. Foto: Ismael Llopis

  • Pavement. Foto: Òscar Giralt

  • Pixies. Foto: Ismael Llopis

  • Polvo. Foto: Òscar Giralt

  • Liquid Liquid. Foto: Óscar García

 

Segunda vida

Después de tres años, resulta lícito preguntarse por qué BIS han vuelto a los escenarios, porque nunca fueron una banda de culto, apena verles hacer el teenager con 40 años, han perdido espontaneidad y siguen tirando de “Eurodisco” para cerrar. No, el suyo no ha sido el más memorable de los retornos.

Por el contrario, SUPERCHUNK están exactamente igual que en los noventa: pletóricos. Estrenaron temas del inminente “Majesty Shredding” (2010), revisaron hits como “Slack Motherfucker” y terminaron invitando a Tim Harrington para que cantara con ellos un “Precision Auto” que ya había versionado con Les Savy Fav.

Otros para los que no pasa el tiempo son MISSION OF BURMA. Ira Kaplan y James McNew (Yo La Tengo) se saltaron a Pavement para ver cómo el trío de Boston ofrecía un show de idéntica contundencia al de hace un par de años, pero con diferente repertorio, incluyendo temas de “The Sound The Speed The Light” (2009).

La leyenda de WIRE lo es menos sin Bruce Gilbert. Relacionado con el abandono del guitarrista o no, el caso es que su directo resultó demasiado errático en la primera media hora, y aunque cuando quisieron remontar lo lograron con bastante facilidad (su repertorio es imbatible), ya era demasiado tarde.

“¡The Slits exist!”, gritaba la mítica Ari Up. Le sobraban motivos. “Trapped Animal” (2009) ha resucitado a THE SLITS veintiocho años después de su anterior LP, y su colorista directo demostró que al Primavera Sound le sigue faltando reggae y dub. Están en plena forma, y bordaron “I Heard It Through The Grapevine” (Marvin Gaye).

Era uno de los comebacks más esperados, y SUNNY DAY REAL ESTATE no defraudaron. “In Circles” cayó en segundo lugar, y el trío de Seattle fue haciendo crecer la tensión progresivamente hasta llegar a un “J’Nuh” que ratificaba su vigencia actual y culminaba una intensa hora de emocore de la vieja escuela. Eduardo Guillot

Resignados a que la nostalgia sea la divisa que más se negocie en el parqué musical, lo determinante debe ser la actitud con que se afronta la crisis de valores. Sí, existe una hiperinflación preocupante y las burbujas revientan a menudo, pero asistir a un concierto de PAVEMENT le puede reconciliar a uno con el capitalismo más salvaje: “Cut Your Hair” para empezar y el espectador más escéptico se olvidará de todos los condicionantes circunstanciales: es pop y es eterno, jarabe de gratitud para la epidemia de nostalgia. Algo parecido sucedió con los PIXIES, que si ya demostraron su inmaculada profesionalidad en este mismo festival en 2004 –tal vez no se hablen, pero cuando se juntan son un solo hombre–, arrancaron su hora y media con un sonido impecable y la actitud de una apisonadora. BROKEN SOCIAL SCENE, en cambio, llegaban con material fresco, pero el pretencioso indie stadium rock de su banda-comuna, que se viste como siete Bob Dylans y un Joe Strummer –con fedoras y flautas traveseras–, apenas transporta gestos vacíos.

THE CLEAN, en cambio, portan la dignidad de quien nunca triunfó. Los hermanos Kilgour continúan arrastrando su muy ochentera concepción del punk-pop, adalides de esa exótica cantera neozelandesa que comparten con The Chills y The Bats, aplaudidos por dos tercios de Yo La Tengo entre el público. Hay otros valores, como POLVO, que si nunca estuvieron al alza es porque se mostraron siempre obtusos, gustosos de la insignia semiintelectual que otorga el indie pero hechizados por los vicios y aspavientos del prog rock. De manera similar, LIQUID LIQUID, que presentaban unas credenciales muy no wave y hasta pueden enorgullecerse de haber contribuido al surgimiento del dance-punk, acabaron por resultar apolillados y repetitivos, lastrados por un vocalista algo cargante. Ruben Pujol

 
  • Bigott. Foto: Ismael Llopis

  • Pony Bravo. Foto: Ismael Llopis

  • Standstill. Foto: Óscar García

  • Delorean. Foto: Ismael Llopis

  • Lidia Damunt con Hidrogenesse. Foto: MJ Prieto-Puga

 

De aquí

Estrenándose en el Primavera Sound, BISCUIT emplearon toda su artillería pesada ante los más madrugadores con una descarga inspirada en los clásicos del rock. Menos protagonismo para el power pop de “Dance And Sing” o “Breakdown” y explosiones continuas a lo Sonics con “R’N’R Exile” y homenaje final incluido a Roky Erickson. María Baigorri

El sol castigaba a la temprana (y resacosa) hora de las cinco de la tarde cuando Borja Laudo arrancó su referencial y cachondo cancionero frente al puñado de valientes que no quisieron perderse su tan fresca como tronchante actuación. Con un pie en la pachanga y otro en el folk-rock estival, BIGOTT triunfó y sorprendió, entre otras, con el cover de “Dancing In The Dark” de Bruce Springsteen. Alejandro G. Calvo

Se acabó lo que se daba: el cuarteto pamplonica HALF FOOT OUTSIDE, dispersado por la península, se hartó del puente aéreo y dijo adiós a los fans en un concierto sentido y emotivo con el que repasaron por última vez el repertorio de “Heavenly” (2008), su –ahora ya sí, seguro– último disco, hecho codo con codo con The Posies y, claro, también el más pop.

En el actual panorama nacional, PONY BRAVO no tienen rival, y no porque sean muy originales: no ocultan sus influencias –de The Doors a Triana o Smash–, pero su desparpajo y soltura en directo, su idiosincrasia festera, sí los hacen únicos, y lo volvieron a demostrar con otro sarao sin fin, que culminó de nuevo con la gloriosa “La rave de Dios” (leído tal cual).

Por fin alguien confió en ellos y puso a abrir un escenario grande al trío barcelonés NUEVA VULCANO, abanderado de una forma de entender la vida y el rock que muchos comparten, a tenor del numeroso público que no se quiso perder la enésima presentación de “Los peces de colores” (2009) y coreó sentidamente cada estribillo. Lo diré claro: “Ellos son níquel, son canela”.

A STANDSTILL les pierde la ambición: el espectáculo audiovisual que presentaron en el Auditori Rockdelux –estructurado en tres actos y un epílogo, como su flamante triple CD “Adelante Bonaparte” (2010)– se hace largo (¡una hora y cuarenta y cinco minutos, por el amor de Dios, ni que fueran Wong Kar-wai!), y los grititos jevilongos no cuelan entre tanto minimalismo de libro. Esteve Farrés

A pesar de un inicio dubitativo con algún que otro problema técnico, MUJERES volvieron a demostrar por qué su propuesta va más allá de las referencias a Black Lips y el garage teen. Versiones como “Run Run Run” (The Velvet Underground) o “Demolición” (Los Saicos) probaron una versatilidad no reñida con la diversión (impresionante final con invasión de chicas en el escenario). Ferran Llauradó

EMILIO JOSÉ empezó con media hora de retraso (petó un generador), con lo que apenas tocó veinticinco minutos. Tiempo de sobras para meterse al personal en el bolsillo con sus brillantes letras y su marciana mezcla de hip hop, bossa nova y electrónica. Con tanta jeta como talento. Su “Rosa Díez paredón” fue una de las frases del día. Jaume Ribell

Sorprendentemente, DELOREAN tocaban por primera vez en el Primavera Sound. Eso sí, auspiciados por el subidón internacional de su EP “Ayrton Senna” (2009) y su álbum “Subiza” (2010), lo hicieron a una hora privilegiada en el escenario Pitchfork, donde su fina, moderna y ecléctica visión de los sonidos de baile funcionó a la perfección.

LIDIA DAMUNT abrió el Escenario Pitchfork en la última jornada con sorpresa: por primera vez, no actuó en solitario con su guitarra, sino secundada por Genís Segarra y Carlos Ballesteros (Hidrogenesse), que transformaron completamente el cancionero de la murciana para reconvertirlo en una fantasía electrónica. Quedó francamente bien. David Saavedra

 
  • Joker featuring MC Nomad. Foto: Óscar García

  • Diplo. Foto: Óscar García

  • The Field. Foto: Ismael Llopis

 

Electrónica

La música electrónica en el festival sigue siendo un espacio sin consenso, al que no ayuda la política de la organización de ofrecer una entrada más barata para este tipo de artistas. Entre la ombliguista sesión de BOY 8-BIT y la revoltosa actuación de MAJOR LAZER, hay hueco para muchos géneros con un espíritu más festivalero. Probablemente, si el primero hubiera sido colocado al comienzo de la noche en lugar de cerrar el escenario Vice, su pase de electrónica detallista –nada que ver con sus maxis y remezclas, que trituran de forma despreocupada sonidos analógicos, rap o funk– habría lucido más. En cambio, el último proyecto de Diplo desplegó un surtido de ritmos jamaicanos y humor bakala, con bailarinas y un MC sin presencia pero que animaba el cotarro, festivo y solvente. Su conexión con el público le hubiera venido bien a MODERAT, que faltos de volumen hicieron de la contención que suele caracterizar sus conciertos algo anodino. Carlos Barreiro

Si en el apartado de pop-rock el Primavera Sound cumple los dos objetivos a que tiene que aspirar todo buen festival (la excelencia y la sorpresa), en la electrónica se limita, y no siempre, al primero de esos objetivos. JOKER ensambló con precisión y buen gusto dubstep, R&B, drum´n´bass, bassline y UK funky, pero al escuchar a su MC NOMAD se echaron de menos toasters como los de antes (Rebel MC, Tenor Fly y tantos otros), que ejercían su papel y no el de vulgares charlatanes de feria.

En cuanto a DIPLO, si lo de Monegros es la raverbena, la suya es la verbena global. Consciente de que Flying Lotus está a punto de arrebatarle el título de productor más cool, el cada vez más populista Diplo decidió apostar a tope por un fiestón sin fin en el que se sucedieron M.I.A., Hot Chip y AC/DC sin solución de continuidad, en medio de una gozosa orgía de baile funk, kuduro, bocinas, crack house a lo Deadmau5 y renacido espíritu rave.

Por su parte, THE FIELD recorrió el camino que va de lo introspectivo a ese terreno en el que el proyecto de Axel Willner logra sonar como si Neu! se hubieran ido de verbena. Equidistantes del emotechno y el neo-prog, no desplegaron todas sus posibilidades.

Y FAKE BLOOD hizo lo que se esperaba de él. Adorado por el público más fashion, combinó el electro-rave con la bass music más retorcida (esta vez los subgraves funcionaron a la perfección) y tocó el cielo con su remezcla de “Stuck On Repeat” de Little Boots. Luis Lles

 
  • Low. Foto: Óscar García

  • Michael Rother. Foto: Óscar García

  • The Charlatans. Foto: Òscar Giralt

  • “La leyenda del tiempo”. Foto: Óscar García

 

Al completo

Parece que suenen exactamente igual que en disco, y más cuando interpretan únicamente uno de sus trabajos, “The Great Destroyer” (2005), en riguroso orden de las canciones, pero no es así. LOW hicieron “On The Edge Of” no tan Neil Young, la descarga eléctrica de “When I Go Deaf” resultó más intensa y el crescendo de “Broadway (So Many People)”, sobrecogedor.

Teniendo en cuenta que medio mundo está en deuda con el krautrock, nada mejor que ver a MICHAEL ROTHER, una de las dos mitades de Neu!, recuperando su metronómico temario junto a Steve Shelley (Sonic Youth) y Aaron Mullan (Tall Firs). ¡Y además no necesitaron tocar “Hallogallo” para convencer o sorprender a nadie!

THE CHARLATANS fueron siempre actores secundarios de la escena Madchester, una banda a rebufo de sus contemporáneos. En el Primavera Sound de este año, sin embargo, asumieron por horario y escenario los modos de un grupo estelar y no demostraron más virtudes que antaño con el repaso a su primer disco, “Some Friendly” (1990).

“El Duende” lo dijo al empezar: esto es un homenaje a CAMARÓN yLA LEYENDA DEL TIEMPO” con mucha alegría y energía. Hubo las dos cosas, pero también altibajos. Duquende estuvo inmenso y Silvia Pérez Cruz estremeció con la “Nana del caballo grande”, pero el flamenco-jazz se impuso al flamenco-rock y el sintetizador, clave en el sonido del disco, brilló por su ausencia. Al final, apareció Kiko Veneno para cantar el totémico “Volando voy”. Quim Casas

 
  • No Age. Foto: Óscar García

  • Titus Andronicus. Foto: Òscar Giralt

  • Japandroids. Foto: Óscar García

  • Dum Dum Girls. Foto: Òscar Giralt

 

Calambres en el garaje

Uno de esos grupos post-Weezer a los que les encantaría habitar en las bandas sonoras de las películas de Wes Anderson y que se mueven en el triángulo de las Bermudas que hay entre “Gossip Girl”, la Ivy League y la herencia de Vampire Weekend es SURFER BLOOD. Por lo pronto, tienen buenas canciones y una imberbe juventud. De directo, normal. Aún justitos.

Todo lo contrario que HARLEM, un trío que sobre el escenario derrocha energía y pasión. Despliegan un tratado de pop rápido que mira a los años noventa sin nostalgia pero que nuevamente no deja de ser, por ahora, un one hit wonder a la espera de que su garage de “uhhs!!” y “sha lalas” se convierta en algo tan serio como lo que hacen THEE OH SEES. Agazapados tras su psicodelia de ultratumba hundida en reverb y fuzz, los de John Dwyer viven gobernados por un Syd Barrett que resucitó en algún momento de esplendor del hardcore. Experimentos sonoros metiéndose el micro en la boca, escupitajos al cielo recuperados con maestría y el cuelgue del acople de doce cuerdas y el delay llevados al trance. Brutales.

La propuesta de los ya veteranos ENDLESS BOOGIE es tan radical que es moderna, una especie de comunidad de amigos de la Les Paul, Jimmy Page y Lynyrd Skynyrd, pero también de Spacemen 3. Convencidos de que el minimalismo reside en la longitud de las canciones y la capacidad de sostener un solo acorde durante más de diez minutos, fueron unos de los secretos mejor guardados de este año.

NO AGE eran las estrellas indie noise de la edición. Venían con la victoria decidida pero aun así tuvieron los arrestos de llevarla más allá. Son ya referente de hacia dónde debería ir el rock de guitarras y cuán multitudinaria y divertida puede llegar a ser la experimentación. Eso sí, desde donde se estuviera en el escenario Pitchfork el concierto tenía matices maravillosos o sonaba como una gran pelota sonora del todo informe.

Lo del gospel made in “gamberrismo alla Vice” de THE ALMIGHTY DEFENDERS, formado por miembros de Black Lips y The King Khan & BBQ Show, no pasa de una broma que parece graciosa, pero maldita sea si no le falta un repertorio más riguroso. Anécdota: uno de los guitarras estaba tan borracho que a punto estuvo de pegarse con uno de los técnicos por un “levántame aquí el micro”. Ramón Ayala

Cinco sensaciones distintas que pueden experimentarse en uno de los muchos itinerarios que ofrece el Primavera Sound:

1) Exaltación. Comparten algo TITUS ANDRONICUS en directo con The Pogues, supongo que sin querer. Exageran los sentimientos de la misma manera que se enardecen cuando se va borracho: perdiendo el control sobre ellos. Sus canciones alcanzaban la fogosidad cuanto más largas eran. ¿Contradictorio para un grupo que, aunque leído, pasa por punk? Alguien a mi lado dijo Arcade Fire. Yo respondí que sí, pero liderados por Billy Bragg. Ahora pienso que debería haber dicho Ted Leo.

2) Tedio. A los garabatos sixties de CROCRODILES les faltaban sacos de sal. Sosísimos cuando rondaban las travesuras pop, merecedores de una nueva oportunidad cuando zumbaban largas piezas monocordes.

3) Ardor. JAPANDROIDS tienen un arranque de ole. ¡Qué carácter! Su rock bravo tenía una materialización sobre el escenario muy agradecida: se mueven bien y le echan huevos. Son todo punch. Y además, funcionan como recargador de energía (muy necesario en cualquier festival).

4) Risa floja. Uno parecía un rey azteca pasado de forma y el otro, un émulo de Terry Jones cuando hacía de mujer. Así salen a escena el dúo THE KING KHAN & BBQ SHOW. ¿Un chiste? No, un show. Un show de rock destartalado, de serie B, y mínimo como era el de, por ejemplo, The Cramps.

5) Indiferencia. Me temo que DUM DUM GIRLS enseñaron más cacha que talento. Sí, tienen melodías de girl group añejo, pero ni idea de lo que es el gracejo, la picardía, que debe acompañarlas. En disco aún cuelan, pero sobre las tablas son amateurs y estáticas hasta la caricatura indie. Para eso me quedo con The Pipettes. Joan Pons

 
  • The New Pornographers. Foto: Òscar Giralt

  • Dr. Dog. Foto: Ismael Llopis

  • Scout Niblett. Foto: Ismael Llopis

  • CocoRosie. Foto: Óscar García

  • Owen Pallett. Foto: Òscar Giralt

 

Del sinfonismo a la crudeza

La versión de carretera y manta de THE NEW PORNOGRAPHERS que suele visitar nuestros lares, sin el fulgor de Dan Bejar ni el de Neko Case, se mostró atinada en un repertorio con representación de su insuperable primera trilogía de álbumes; lo mejor del lote, sin duda, la inicial y climática “Sing Me Spanish Techno” y “Testament To Youth In Verse”. SPOON, dos peldaños por encima, desperdiciaron sin embargo un escenario perfecto para desplegar en todo su loor su lado más rock, y brillaron más fuerte con las aliteraciones kraut de “Small Stakes” y “The Ghost Of You Lingers”.

Por detrás de estas dos instituciones del indie con más appeal comercial, DR. DOG firmaron un concierto desigual, salvado in extremis por los rescates de “Fate” (2008) y, muy especialmente, por la tonada de clausura, una “My Friend” que hizo que el respetable se olvidara de los sonrojantes paralelismos entre el despliegue de los de Philadelphia en el escenario San Miguel y el de sus gemelos secretos en Vermont: Phish. Iván Carballido

SCOUT NIBLETT es real. Lo suyo no son canciones, son estaciones de un vía crucis. Grita, se calla, canta, habla, aporrea la batería, araña la guitarra. Da igual, todo duele. Hacía mucho tiempo que no veía a nadie sonreír así al suturar un estribillo. Cada tema suyo es una victoria. Los monstruos pierden.

COCOROSIE fue el reverso de Panda Bear o cualquiera de las bandas devoradas por la escala del Primavera. A las hermanas Casady no se les quedó grande el Ray-Ban. Todo lo contrario. ¿Es posible jugar al “Hopscotch” con miles de personas? Sí, claro. Bajos, beatboxing al cuadrado y a correr. Iago Martínez

La parquedad de su puesta en escena no impidió a OWEN PALLETT reproducir las volutas, la vitalidad y el dramatismo de su música. Teclado y violín eléctrico en mano, y pedal de sampler en pie, el ex Final Fantasy nos cautivó con su magnífica voz y su creatividad instrumental. La guinda fue que hiciera una versión de “Odessa” de Caribou, el tema de 2010 para quien esto suscribe.

Alt. country enmarañado, baladas shoegazing, slowcore turbio, interludios hauntológicos... HOPE SANDOVAL & THE WARM INVENTIONS deberían estar publicando en Kranky. La de Mazzy Star estuvo tímida (el concierto se desarrolló a oscuras y ella se marchó antes de que encendieran las luces), lánguida, sensual, inocente, perversa. Como siempre.

La propuesta de JUNIP, la banda eléctrica de José González, cae en tierra de nadie. Bongos y lirismo a lo Donovan. Moog y guitarra acústica. Soft rock y krautrock. Stereolab y Arthur Russell. Hippie y groovy. Pese a los contrastes, no resulta extremista, sino monocorde y gris. Se queda en el término medio. Llorenç Roviras

 
  • The Wave Pictures. Foto: Ismael Llopis

  • The Drums. Foto: Ismael Llopis

  • The Bundles. Foto: Ismael Llopis

  • Here We Go Magic. Foto: Ismael Llopis

 

Melodía de juventud

Propusieron un retorno al indie rock lo-fi de los noventa más angular y retorcido, pero su poso de pop psicodélico quedó algo anémico en directo a causa de un cantante poco agraciado en cuanto a voz y garra. Hablamos de SIC ALPS, que mejoraron al explotar su vertiente más cercana a las piezas experimentales de bandas como Sebadoh o Trumans Water.

Por su parte, y a pesar de su extenuante producción discográfica, THE WAVE PICTURES continúan siendo un valor estable en directo por su complicidad con el público más allá de lo acertado que tengan el día. Puede que sobren sus solos guitarreros y que falte variedad y más canciones como “I Love You Like A Madman”, pero tuvimos que rendirnos ante momentos como “Now You Are Pregnant”, la confesión a lo “Alta fidelidad” del batería Jonny Helm.

Entre la marea de grupos norteamericanos adscritos a la estética del garage rock adolescente, THE SMITH WESTERNS eran los más jóvenes pero no resultaron ni mucho menos los más descerebrados. Mucho más cerca del aullido con sustancia de Jacobites o Gun Club que de sus influencias confesas, ofrecieron más consistencia que tontería.

La revisión preciosista y en formato de cámara del legado de George Gershwin y compañía que practican CLARE AND THE REASONS brilló especialmente en el Auditori Rockdelux. A falta de un poco más de carisma, Clare Muldaur destacó en el apartado vocal con “All The Wine”, “Pluto”, “That’s All” y especialmente en la versión de Harry Nilsson, “He Needs Me”, con acompañamiento al piano de Van Dyke Parks.

A NANA GRIZOL, por su parte, todavía les queda un trecho para rivalizar con los míticos Neutral Milk Hotel, de quienes derivan la esencia de su sonido, pero las canciones de Theo Hilton y los acompañamientos de trompa, trompeta e incluso dos baterías dejaron un buen sabor de boca.

Con un ascenso tan meteórico como el suyo, THE DRUMS lo tenían todo para decepcionar pero saldaron con alta nota el envite. Su alegre revitalización del sonido new wave sonó tan pulcra como vigorosa, hasta el punto que cuando atacaron “Let’s Go Surfing” la algarabía era tal que apenas podía escucharse la voz de Jonathan Pierce. Ferran Llauradó

THE BUNDLES sin Kimya Dawson no son lo mismo, y más aún cuando ella es el cincuenta por ciento de este superdúo (más que supergrupo) formado junto a Jeffrey Lewis, quien salvó la papeleta lo más dignamente que pudo. Él mismo bromeó sobre el asunto cuando arremetieron una versión de los Traveling Wilburys: “Eso sí era un supergrupo”. Habrá que verlos al completo, cuando Kimya no tenga ataques de pánico aéreo de última hora...

La que no tuvo pánico fue Bethany Cosentino, alias BEST COAST, quien con tan solo un EP se reivindicó en el Pitchfork con su formato power trio. Como The Julianna Hatfield Three, a la que tanto recuerda a ratos. Sin ofrecer nada espectacular, únicamente acelerando sus temas más conocidos, consiguió salir a hombros. Muy jefa.

Algo parecido hizo Brian Kelly, alias SO COW, quien con algo más de repertorio pero bajo las mismas premisas ofreció uno de los pequeños grandes sets del festival. Indie punk a toda hostia, headbanging teenager (le volaron hasta las gafas) y mucha gresca. Como ocurre cuando estás dando un buen concierto en un festival, acabó con el triple de público que con el que empezó.

Lo mismo les ocurrió a HERE WE GO MAGIC, que fueron unos de los mayores damnificados por el drama de los solapamientos en la programación: coincidían con Beach House, Wire y CocoRosie. Así que eran pocos los que optaron por ellos. Pero también pasaron la prueba del algodón festivalero: a medida que avanzaban sus desarrollos repetitivos, se iba sumando público. Y ya para cuando atacaron “Fangela”, el personal estaba rendido ante la evidencia: conciertaco. Y de los inesperados, que son los mejores.

Otros que dieron un conciertaco inesperado fueron MATT & KIM, que pusieron patas arriba el Vice con su punk-pop de sinte tan patillero como efectivo. Su actitud de “Oh God, I can’t believe it” ante las ovaciones olía a pose por todos lados. Pero aunque lo fuera, la liaron bien parda. Y con las cartas boca arriba, versiones de “The Final Countdown”, “Sweet Child O’Mine” y del hit eurobeat “Better Off Alone” incluidas. Music for the masses. Jaume Ribell

 
  • Chrome Hoof. Foto: Òscar Giralt

  • Health. Foto: Óscar García

  • Fuck Buttons. Foto: Óscar García

  • Les Savy Fav. Foto: Ismael Llopis

  • Cold Cave. Foto: Ismael Llopis

 

Planetas raros 1

Una inclasificable banda de funk enrevesado, libre y musculoso liderada por el bajista Leo Smee (de los metaleros Cathedral) y Lola Olafisoye (Spektrum), los ingleses CHROME HOOF, ofrecieron una actuación entretenida, tanto por su imagen como por lo imprevisible de su música. Un ejemplo de que lo experimental no tiene por qué estar reñido con la diversión. Carlos Barreiro

Si no nos dejamos engañar por los grupos que disimulan su falta de ideas tras un aparato escénico, entonces tampoco deberíamos permitir que MONOTONIX nos cuelen el gol de la supuesta juerga padre cuando lo que entró por la oreja durante su concierto-correcalles fue una retahíla de berridos y riffs en plan machaca. Más interesante resultó ver a THE PSYCHIC PARAMOUNT, otra propuesta de ascendencia setentera y digestión pesada –en el buen sentido– sobrada de pericia instrumental (sus miembros provienen de Laddio Bolocko y Sabers), convincente en todo momento e incluso más abrasadora que la solana que caía en el Fòrum. No hubiera estado mal poder disfrutarlos en la nocturnidad que benefició a BLACK MATH HORSEMAN, quienes arrastraron sus composiciones de poso stoner entre la humareda que cubría el escenario (y que a ratos incluso parecía molestarlos) capitaneados por la magnética bajista-vocalista Sera Timms.

“Esto de las voces con eco es a la música alternativa lo que el Auto-Tune al ‘mainstream’”, me dijo un amigo durante la actuación de GANGLIANS. Atinada observación que explica lo bien que encaja el grupo en el panorama actual a la vez que plantea interrogantes acerca de su relevancia pasado mañana, sobre todo viendo sus dificultades para llevar al directo esa psicodelia destilada en garajes de la que hacen gala en estudio.

También HEALTH nos dejaron con dudas: si antes solían atronar con unos bolos de ruido reconcentrado, en esta ocasión intentaron ampliar sus registros –cosa que les honra– y por momentos perdieron el pulso del concierto. ¿Noche de impasse o es que simplemente aquí no hay más cera que la que arde? Gerard Casau

El turno de FUCK BUTTONS pudo descolocar a quienes se acercaban de madrugada a lo que claramente parecía una propuesta electrónica (que lo es, y lo fue). Tampoco es que sean lo que se espera tradicionalmente de una banda de Bristol, pero por mucho que parezcan los chicos raros de la clase, se esforzaron en que no se les notara demasiado y se propusieron repartir cartas para todos: los que solo querían bailar y los que les pudieran exigir ese ataque masivo, cruel, de ritmos sin una rutina clara, aparte de una nueva especie de ruido inquietante o, si se prefiere, “inteligente”. Un hallazgo lo suyo. Ramon Llubià

Todavía coleaba la descacharrante actuación de LES SAVY FAV en la edición de hace dos años, lo que probablemente contribuyó a que el escenario ATP se desbordase de gente para volver a ver en acción a Tim Harrington y los suyos. Esta vez, el líder de la banda salió disfrazado de yeti para, a partir del segundo tema, volver a trascender los límites del espacio escénico con incursiones entre el público a lo largo de todo el recinto. Su show sigue vivo.

Alineados con sus tres sintetizadores y un batería al fondo, COLD CAVE abrieron y cerraron su concierto recreándose en líneas de ruido, aunque el grueso de su actuación se centró en el tecno-pop gótico de su álbum “Love Comes Close” (2009), glorioso en el tema homónimo o en “Life Magazine”, la única en que vimos desmelenarse a una hierática Jennifer Clavin (también en Mika Miko y sustituta en la banda de Caralee McElroy).

Envueltos en cuero y luciendo sus máscaras de Venom, THE BLOODY BEETROOTS DEATH CREW 77 demostraron ser mucho más que una alternativa italiana a Justice. Auténticas bestias pardas apoyadas por la batería de Edward Grinch, ofrecieron un show contundente de electrónica terrorista, que empezó arriba y terminó aún más arriba. Fue escandalosamente intenso.

REAL ESTATE se mostraron como la presencia perfecta para un domingo a las seis de la tarde. Desde Nueva Jersey, Martin Courtney y los suyos sonaron celestiales en su aproximación al pop clásico y la búsqueda de la armonía y la melodía perfectas. Su concierto fue balsámico y acariciador. Realmente, el sonido de la primavera. David Saavedra

 
  • The xx. Foto: Òscar Giralt

  • Sleigh Bells. Foto: Ismael Llopis

  • Beach House. Foto: Òscar Giralt

  • Panda Bear. Foto: Òscar Giralt

  • Atlas Sound. Foto: Ismael Llopis

  • Grizzly Bear. Foto: Òscar Giralt

  • Ben Frost. Foto: Ismael Llopis

  • The Books. Foto: Óscar García

  • Circulatory System. Foto: Ismael Llopis

  • Beak>. Foto: Óscar García

  • The Antlers. Foto: Óscar García

 

Planetas raros 2

Ganan credibilidad en directo SIAN ALICE GROUP, que cuentan con la vocalista Sian Ahern, aunque sin el carisma o la presencia de Beth Gibbons o una Trish Keenan (Broadcast). Pero justo cuando empiezan a surgir esas comparaciones en tu cabeza, aparece la banda para salvarla, volviendo más turbio y crudo el sonido de su repertorio. Carlos Barreiro

A modo de bisagra entre la sesión de tarde y de noche, los púberes THE xx, en formato de trío, salieron a defender su disco de debut frente a un escenario Ray-Ban abarrotado. Lo obvio se hizo tangible: sus (buenas) canciones se dispersaron y perdieron entre el murmullo global, el escenario abierto y un sonido irregular. La próxima vez, al Auditori.

La escasa media hora en que SLEIGH BELLS estuvieron en el escenario despacharon suficiente ruido y energía para dar por excesiva una sesión donde reconvirtieron los temas de “Treats” (2010) –¿M.I.A. bajo el filtro del nu metal?– hacia un extraño set donde las bases pregrabadas ametrallaban sin ningún tipo de rigor ni pudor. Lo mejor: el cierre con “Rill Rill”. Lo de BEACH HOUSE fue otro cantar. Tan expansivos como milimétricos, alzaron, de la mano de un sonido pluscuamperfecto y una pletórica Victoria Legrand, su dream pop de nuevo cuño como uno de los momentos álgidos (= inolvidables) del festival. Exquisita caza y captura de la epifanía –de “Walk In The Park” (principio) a “10 Mile Stereo” (fin)–, lo vivido fue puro éxtasis.

PANDA BEAR fue, para muchos (hubo deserciones continuas), el concierto-gatillazo del festival. La verdad es que Noah Lennox no tuvo suerte –fallaron samplers y audiovisuales–, pero tampoco lo puso fácil: a excepción de “Ponytail”, todo fueron temas de su próximo álbum. Aun así el concierto creció paulatinamente convirtiendo lo raro en audaz, lo experimental en pura emoción. ¿Demasiado exigente para las masas?

El hype, vía Pro Tools, de la temporada sonó a la hora en que los DJs dominan el Fòrum para dejar en evidencia, una vez más, que lo que YEASAYER parecen buscar es ser una versión coolest de, por ejemplo, Scissor Sisters. Y es que sin faltarles buenas canciones –“Tightrope”, “Ambling Alp”–, sigue fallándoles la actitud y la puesta en escena.

Bradford Cox, en su vertiente ATLAS SOUND, salió al escenario como si un Neil Young de Saturno se tratara: armado únicamente con guitarra, armónica y un juego de pedales donde mecer sus caleidoscópicas canciones. Exquisitez diametral, minimalista y absoluta, el de Deerhunter tocó techo con “Shelia” y “Walkabout” (nadie echó de menos a Panda Bear).

Unos inmensos GRIZZLY BEAR, situados todos a la misma altura del escenario, abrieron las puertas a su tan exquisito como sutil barroquismo pop. Los neoyorquinos dieron una lección musical donde cabían todo tipo de polifonías vocales y juegos instrumentales, un delicioso set plagado de melodías ensoñadoras, intensidad sonora y alguna que otra nube eléctrica. Simplemente perfecto. Alejandro G. Calvo

En la quiniela sobre las hechuras del concierto de BEN FROST se especulaba con pianos, cuerdas y portátiles permutados en combinaciones al límite de lo audible, pero en cambio el australiano se presentó cogido al mástil de una guitarra y enfocado en imitar a Fennesz con un nivel de decibelios apto para ancianas; en una palabra, bajón. Iván Carballido

Con su pinta de profesores universitarios, THE BOOKS sirvieron el momento más intensamente poético de toda esta edición gracias a su fino entrelazado de folktrónica, música de cámara, visuales inteligentes y textos de matrícula de honor. Otra cosa es que sus gemas sonoras, registradas para esa escudería exquisita que es Tomlab, tal vez habrían sido mejor degustadas en la intimidad del Auditori, pero aun así fue un regalo. Luis Lles

Will Cullen Hart, de CIRCULATORY SYSTEM, sale –sombrero de paja campesino, prendas anchas, pinta de Antony despistado– ejecutando estupendamente sus canciones de estructuras intrincadas, con constantes cambios aunque siempre con una tonada escondida en el capazo: psicodelia dulzona quebradiza e instrumentos nobles (viola, violín) para acompañar brujas de Blair en ruta a un baile de jigs presbiteriano en Dogville.

La oferta de UI, instrumental, parte de la rítmica convulsa del post-rock, con elasticidad acerada disimulando la vertiente plomiza. Van de lo sugerente a lo agrio, de la simplicidad al vértigo, aturdiendo con las partes más prog y embrujando en las más cálidas. Más solvente se muestra Geoff Barrow en su proyecto BEAK>. Pulso alemán en el ritmo –percusión Neu!, reverberación Can– con profusos arabescos de bajo y guiños sueltos a la guitarra de The Velvet Underground y a los teclados de The Doors. Muy vistosos los retortijones del guitarrista al final.

Dos bandas con discos populares: WILD BEASTS, aunque faltos de chicha, respondieron a las expectativas despertadas por su rock teatral que conjuga el pulso de los ochenta con falsetes operísticos. También THE BIG PINK, cuya fórmula –demasiado trillada, sí: componer canciones pop y trufarlas de guitarras ruidosas ya lo hacían The Jesus And Mary Chain– en directo es tremendamente efectiva con la muralla sonora avasallando. Los muy pillos dejaron “Dominos” para el final ante el delirio de sus fans.

La receta de A SUNNY DAY IN GLASGOW, dream pop con oleaje shoegazing sin descartar andanadas tipo My Bloody Valentine, se ve aderezada por las vocalistas femeninas, monísimas con sus vestiditos. Entretenidos (y generosos regalando camisetas). En cambio THE ANTLERS apuran al límite sinfónico unas composiciones, las de “Hospice” (2009), revoloteando la misma melodía, con un hándicap: la temática escalofriante –álbum destripando las miserias de una pareja con un miembro diagnosticado con cáncer– no es la ideal para darle a las palmas y mover el culo. Mientras unos bailaban, otros tragábamos saliva con el final apoteósico y la frase “don't ever let anyone tell you you deserve that”David S. Mordoh

Etiquetas: 2010, 2010s, Barcelona
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