Pavor expectante, entusiasmo contenido, emoción en potencia. ¡¡¡Public Enemy en acción!!! ¡¡¡Public Enemy en España!!! Se pusieron en funcionamiento y todos enloquecimos, o casi. Literalmente. Bienvenidos a la cúpula del terror. Terminator X tras los platos (máquina generadora de inconcebibles retales sonoros triturados al milímetro), Chuck D liderando tablas, propulsión y movimiento (voz de barítono rapeando con un fuste ilógico rimas que parecen dislocadas pero son simplemente animales, salvajes, terribles, entre la lucidez y la arrogancia, entre el panfleto y el ¡¡¡peligro!!!) y Flavor Flav confirmándose como el showman más eficaz en la industria del entretenimiento desde la desaparición de Marty Feldman (look de fábula, prometedora estrella infantil de “Barrio Sésamo”, amigo del alma con risa perversa/metálica).
Pasión y vocación militante en un público adolescente invadido de proclamas callejeras y badges reivindicativos que les animaron a expresar su devoción juvenil, a expresarse como integrantes de un movimiento cada vez más amplio, pero, tristemente, tomado al pie de la letra desde nuestro refugio hispánico, cada vez más cartoon, más tópico y pobre. Suele pasar con todo. Pero ahí estaban Public Enemy para remediar lo que fuese. En este caso, para confirmar que ellos, por descontado, no son MC Hammer ni Snap! Public Enemy son la cumbre del momento.
Ellos han inventado el sonido terminal para la música de baile sin ceder a la tentación de la dance music indocumentada; son el rock absoluto con sentido de presente, sin fisuras rockistas que desestabilicen su poder y energía; son el caos en la vanguardia, el free del funk, el riesgo en las calles, el triunfo del gueto, el puñetazo en el estómago… Negros, orgullosos, radicales y, para que no falte de nada, ambiguos ideológicamente, confusos pero no penosos. La cultura del hip hop tiene unos reyes y éstos son Public Enemy.
Desde 1987, nada ni nadie les puede hacer sombra. En Madrid sentaron cátedra. “El concierto del año” (Tomás Fdo. Flores). “Estoy traspuesto” (Carlos Monty). “Increíbles” (Luis Lles). “No hay nada igual” (Juan Cervera). Exacto: lo mejor. ![]()

























