Pese a que su mejor momento ha pasado hace mucho, Red Hot Chili Peppers agotaron las entradas para sus conciertos españoles con la suficiente antelación para asegurarse de que iban a tener un público expectante y ansioso ante su nueva visita. FOALS fueron los encargados de abrir la noche. Un año después de la edición de “Total Life Forever” (2010), los británicos aprovecharon sus tres cuartos de hora de concierto para hacer una selección de lo mejor de sus dos álbumes, despachando un repertorio mucho más efectivo de lo que podría parecer de cara a una audiencia tan amplia. Sonaron estupendos, y temas como “Cassius” llegaron incluso a levantar a un público cuyo mayor deseo era ver a los cabezas de cartel.
Red Hot Chili Peppers arrancaron con “Monarchy Of Roses”, el tema de apertura de su nuevo álbum, “I’m With You” (2011), pero fue con “Can’t Stop” cuando los mares de brazos empezaron a llevar en volandas a los californianos. Unas proyecciones discretas pero efectivas apoyaron las canciones, resaltando el carácter icónico de los miembros del grupo, incluido su nuevo guitarrista, Josh Klinghoffer, quien, pese a no tener el carisma y la técnica de John Frusciante, mostró una conexión con sus compañeros de banda que fue más que efectiva. Sonaron realmente bien, tan profesionales como vigorosos y dinámicos en el escenario, dejando el factor sorpresa para un repertorio que a lo largo de esta gira está siendo mutante, y con dos miembros adicionales (un percusionista y un encargado de las programaciones) apoyando desde la retaguardia.

























