PSI Love You
Frustración por un principio de set en el que no se escuchaban ni las cajas ni la voz de Heather Marlatt, contratiempo siempre grave y mucho peor en el caso de SALEM. Se solucionó, pero seguía faltando volumen y entrega. La experiencia no fue todo lo envolvente que debería. La máquina de humo no basta para hacer un buen concierto.
¿Qué viene después del mash-up?, se preguntan algunos. Pues el mash-up elevado al cubo de GIRL TALK. El de Pittsburg crea patchworks frenéticos en los que se ven retales de Aphex Twin, Van Halen, Vampire Weekend y un millón más de nombres, y además es un estupendo showman y comunicador. Nos pegamos una fiesta loca con coartada cultural, un despiporre con fundamento.
El habitualmente sofisticado JAMIE xx tiró por la vía fácil, por un house noventero salpicado de dub. No es el colmo de la modernidad ni lo que se esperaba de él, pero el sonido era limpio, rutilante, cromado. Luminoso y lúdico, ofreció una visión idealizada del balearic sound.
Otro que no puso toda la carne en el asador fue LINDSTRØM. Menos cósmico de lo que cabría suponer, se recreó en un sonido disco amable y pasteloso, tipo Scissor Sisters, con eventuales escapadas a Jean-Michel Jarre. El concierto tuvo un ritmo cambiante y ágil. Entretenido y nada más.
ORNAMENTO Y DELITO se pusieron eléctricos y ruidosos. El mazacote sonoro dificultó la comprensión de las letras; una lástima. Salvando eso, su directo es exultante y estimulante. Te sacude, que es de lo que se trata. Y conserva el tono meditabundo, rencoroso y descreído que caracteriza a la banda madrileña, a medio camino entre Lagartija Nick y Nacho Umbert.
MONEY MARK, el que fuera teclista de los Beastie Boys, atrajo cierta atención con sus primeros discos en solitario, allá en los noventa, pero su propuesta electrolatina suena ahora casi incorpórea, de tan ligera, y de pega, de animador de cruceros por el Mediterráneo.
Que Kylie y Lady Gaga monten espectáculos granguiñolescos, se entiende: de algún modo tienen que disimular la vacuidad de su música. Que lo haga DJ SHADOW es otra cosa. Y esconder al artista dentro de una esfera es una idea nefasta: lo aísla, nos aísla. Aunque quizás no sea solo eso: su música no parece haber envejecido bien.
Los fans de Galaxie 500 tenemos que armarnos de valor para ver a DEAN WAREHAM (o a Damon & Naomi, para el caso) interpretar temas de la banda. Y encima luego resulta que el punteo de guitarra de Wareham es a ratos lento y dificultoso. Aun así, brillan las canciones: dosis hirientes de arrebato, fragilidad y congoja. Llorenç Roviras