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San Miguel Primavera Sound, Crecer y crecer (sin desmerecer)

Sufjan Stevens: luz y color.

Foto: Òscar Giralt

 
 

FESTIVAL (2011)

San Miguel Primavera Sound Crecer y crecer (sin desmerecer)

Por Rockdelux

En 2011, como siempre, el Primavera Sound fue un festival de propuestas interesantísimas que ahora puedes recordar aquí en este extenso reportaje. Una propuesta amplia, diversa y sorprendente que tuvo algunos de sus momentos más destacados en los conciertos de Sufjan Stevens, Swans, James Blake, PJ Harvey, Caribou, Fleet Foxes, Battles, Animal Collective, Einstürzende Neubauten, Pulp, Deerhunter, Big Boi, Grinderman, Javiera Mena, Odd Future... Pasen y lean. La Brigada de Colaboradores de Rockdelux trabajó para perpetuar este casi inabarcable ejercicio de memoria histórica sonora, la que se ganó con creces, un año más, este evento musical de rango internacional (casi) insuperable.

Barcelona, Poble Espanyol y Parc del Fòrum
25-29/5/2011

Como era de prever, con tal cúmulo de calidad artística, el Primavera Sound ha vuelto a batir récords, tanto en los tres días del Parc del Fòrum –123.300 asistentes frente a los 101.200 del pasado año– como en el cómputo global con los 9.200 asistentes al prólogo y al epílogo del Poble Espanyol. Un total de 132.500 a los que hay que sumar los 5.000 que se pasaron por el apéndice Primavera a la Ciutat. El PrimaveraPro, la nueva iniciativa para propiciar el encuentro de la industria musical, también tuvo gran dinamismo al reunir a más de mil profesionales de treinta y seis países y mil doscientos periodistas, que pudieron asistir a showcases de artistas emergentes y a un programa de conferencias y encuentros. Todo ello sin renunciar a la filosofía de que no se cuele un gramo de paja en un cartel compuesto por doscientas veintiuna bandas, seleccionadas por criterios artísticos y sin hacer concesiones a los intereses que se mueven alrededor de un evento con un presupuesto que supera los seis millones de euros.

Cabe remarcar que este triunfo, con una participación del cuarenta por ciento de público extranjero, se logra a través de canales no convencionales. Una vez más ha sido definitivo estar asociado a la webzine ‘Pitchfork’, al prestigioso All Tomorrow Parties y, por supuesto, a esta revista que tienes entre manos (o no). Ahora Rockdelux no solo crea opinión de manera impresa, sino también a través de su flamante web. Es justo pues que diese nombre a uno de los escenarios más exclusivos del festival, un Auditori en el que se vivieron conciertos memorables y, para el que esto firma, el mejor del festival, que no fue otro que el de Sufjan Stevens, reivindicando su genio como autor superlativo y ofreciendo un gran espectáculo.

Otro momento inolvidable fue ver a John Cale reproducir con esmero su clásico “Paris 1919” (1973) junto a la aplicada orquesta bcn216. Aunque para revival, nada como el concierto de Pulp, convertido en el mejor epítome pop del festival. Su ristra de clásicos elevó la temperatura del superpoblado escenario San Miguel hasta límites de puro orgasmo emocional, con la guinda de la dedicatoria del “Common People” a los indignados apaleados.

Como no todo podía ser maravilloso, la gran afluencia de público provocó, sobre todo el jueves, cuando las tarjetas de compra dejaron de funcionar, que se formaran colas estratosféricas. Un mal, que en menor medida, fue la tónica negativa de un festival que si aspira a seguir creciendo, sin dejar de ser cool, tiene que plantearse aumentar infraestructuras para que esta celebración de la música no se convierta en sinónimo de masificación y agobio. Ramon Súrio


 
San Miguel Primavera Sound, Crecer y crecer (sin desmerecer)

Luminosos BMX Bandits.

Foto: Juan Sala

 

De Messi al maestro del kazoo

GAF sonaron contagiosos y electrizantes trasladando la contundencia y accesibilidad de “GAF y La Estrella de la Muerte” (2011) al directo, una orquesta sónica capaz de recordar los momentos más ácidos de Spiritualized.

¿Por qué fichamos futbolistas argentinos y no bandas como ÉL MATÓ A UN POLICÍA MOTORIZADO? Apabullaron sucediendo melodías, ruido y letras en castellano con gran calidad y veneno planetario para delirio de unos cuantos compatriotas.

DM STITH tuvo poco tiempo en el Auditori, pero le bastaron cuatro temas para encandilar con todas sus facetas, acústica desnuda, multiplicando su voz con el pedal de loops o tocando con el resto de la banda de Sufjan Stevens.

WARPAINT sorprendieron con un directo muy cocido, vertebrando sonidos shoegazing y la oscuridad psicodélica de The Cure o Cocteau Twins con un irresistible pulso rítmico que honra su conexión con Red Hot Chili Peppers desde el espíritu orgánico de una jam de los Grateful Dead. En cambio, a TENNIS el repertorio les quedó muy por encima de la interpretación, excesivamente sosa y ramplona, sin encanto.

El domingo, el concierto de ME AND THE BEES deslució por la resaca o la dimensión, que deslabazó su interesante mezcla de influencias folk, pop y rock norteamericanas. MY TEENAGE STRIDE vinieron reclamados por su éxito en el underground pop de Barcelona. Cerraron sonando a Frank And Walters tras un breve repaso a sus canciones con mayor agresividad, quizás más new wave de Stiff Records que indie.

BMX BANDITS encantaron con un repertorio de pop cuasi-perfecto y luminosidad naíf. Duglas T. Stewart transmite una ingenuidad tan sincera y emotiva como la de Daniel Johnston, pero desde la plena lucidez, con una aguda inteligencia, un fino sentido del humor y una bondadosa ironía autoparódica. Un maestro del kazoo que bebe té y come plátanos y manzanas mientras canta sobre amor y sexo. Guillermo Z. Del Águila


 
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Jarvis Cocker: vaselina Pulp.

Foto: Juan Sala

 

Excesos para la gente común

Entre tantos regresos, el de PULP fue vaselina: no había pasado el tiempo sobre tanto hit inmaculado (mucho “Different Class”). Banda sólida, Jarvis barbudo y superstar, comunión total. La dedicatoria de “Common People” a los indignados coronó el sueño de muchos. SUICIDE hicieron soñar a algunos que su desafío permanecía intacto, pero lo suyo fue “Suicide deforms the first LP”. Mucha dejadez, con un Alan Vega tratando de decir con fiereza unos textos que su figura de abuelo vencían, y un Martin Rev empeñado en tocar con los puños feos sonidos modernos que diluían la seca tensión del original.

SUFJAN STEVENS, siempre al borde del exceso y el delirio (nos recordó al “Utopia” de Todd Rundgren), hizo un show de pop cósmico, mistico-humorísitico, colorista, festivo y poético, irresistible en todos sus aspectos, en base a un “The Age Of Adz” (2010) que gana mucho en directo. AVI BUFFALO pueden parecer otro grupo de pop indie, pero el carisma, la aguda voz y la calidad compositiva de su líder les lleva por buen camino. Ricardo Aldarondo


 
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David Thomas: el baile moderno de Pere Ubu. Foto: Ismael Llopis

 

Una de cal y otra de arena

Para los que creímos ver en BLANK DOGS una rara avis dentro del pop más o menos gótico, nada peor que asistir a uno de sus directos, en los que se delatan como el típico ejemplar de género sometido a la dictadura del chorus y el delay corto. Poca tensión para que algo tan básico cobre vida.

La verdad es que lo de CONNAN MOCKASIN me dejó gloriosamente descolocado. Te lo explican y no te lo crees: neozelandés con timbre de pitufo y exquisitas cualidades guitarrísticas –imagina un cruce de Vini Reilly, Syd Barrett, George Harrison y Jimi Hendrix– deja a la audiencia boquiabierta durante tres cuartos de hora. El concierto fue tan bueno que hasta los acoples con los monitores tuvieron su gracia.

THE WALKMEN era el grupo que más ganas tenía de ver. Sobresaliente en presencia, notable en arrojo y aprobado pelado en la selección de repertorio. Se les nota el rodaje en cómo dejan respirar cada canción, pero también en lo resabidos que son con el público, al que por lo visto consideran un animal sediento de épica.

La reconstrucción que PERE UBU hicieron de “The Modern Dance” –plagada de feedback, samples y ráfagas de Theremin– fue tan orgánica, reptante y vigente como el concierto que en ese mismo momento llevaba a cabo James Blake sobre el escenario Pitchfork. A destacar el extra de abrasión servido por Keith Moliné.

El soporífero concierto de KURT VILE & THE VIOLATORS sirvió para ratificar las carencias de “Smoke Ring For My Halo” (2011) respecto a su fantástico predecesor. Sin rastro de un bajo con el que dar cuerpo al conjunto, los largos desarrollos de Vile nos dejaron a todos con el cuerpo aplatanado. Solo “Freak Train”, con su caja de ritmos y ese chicleteo a lo Neil Michael Hagerty, consiguió levantar el concierto en el tramo final.

El sábado fue la noche de la testosterona. Si Swans son la cara atávica y Odd Future la gamberra, PISSED JEANS serían la más enferma, aquella que babea y sale a cantar con bolsas de plástico en la cabeza. ¿Alguien dijo Arab On Radar? Bramaron como nadie sobre el ATP, pero se dejaron en el tintero esas letanías que tanto nos gustan. Adrián de Alfonso


 
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Javiera Mena: estrella.

Foto: Juan Sala

 

Reino latino sobre cenizas anglosajonas

MOON DUO tiran de kraut y de la herencia de rock’n’roll maquinista de Suicide, pero también de psicodelia a base de guitarras bañadas en fuzz y delays. Una propuesta contundente que debe crecer en distancias cortas pero que se antoja monocroma en un espacio tan abierto. Aunque para oscuridades herederas de Suicide en medio de la inmensidad, el concierto de THE SOFT MOON, un chorro Joy Division pasado por cajas de ritmos y reverbs sintéticas a las cinco de la tarde en el escenario Llevant. Una propuesta fría a la que el contexto no ayudaba.

Las canadienses NO JOY también juegan a resucitar sonidos, en este caso el shoegazing distorsionado y ensoñador con volumen a porrón. Quizás les falta la presencia escénica de THE FRESH & ONLYS, que se comen las tablas desde el minuto cero a base de garage. Otros motivos para no huir a cualquier otro sitio los ofrecían INCARNATIONS. Además de la presencia de Bart Davenport entre sus filas, era un reto ver cuánto tiempo se sostenía el pastiche soft-rock y arreglos de peli porno chic. Estaba tan cerca de una parodia rollo Flight Of The Concords que a veces sorprendía la sofistificación y calidad de la broma.

Pero si hay algo que hay que tener claro de esta edición del festival es que fue aquella en la que vimos a JAVIERA MENA en un espacio reducido dando un conciertazo. Esta tía es una estrella como la copa de un pino. Escribe bien, tiene presencia escénica y sus temas son música de baile encarnada en inteligencia. Si no vende millones de discos, es porque el sistema está podrido. En el extremo opuesto, la encarnación del underground madrileño, cada día más interesante: LA DÉBIL hacen un rock agresivo y visceral que traza un arco desde el primitivismo hasta la metafísica pasando por la canción miliciana.

TUNE-YARDS ofreció una lección de virtuosismo en la creación en directo de loops de batería cerca del espíritu de la IDM, una propuesta que desborda entusiasmo pero que a la vez deja una sensación de ser la enésima propuesta con voz rara que hace que no acabe de cuajar. Lo que sí cuajó y fue uno de los mejores directos sottovoce del festival fue el pase de DAVILA 666: un fiestón de padre y muy señor mío de garage y rock’n’roll con acento puertorriqueño y el turbo metido hasta el fondo con la mirada en The Ramones. Fue salir al escenario, pasarnos por encima a todos y arrasar.

Se podía combinar con el desangelado concierto de los boloñeses A CLASSIC EDUCATION. Ante una treintena de personas y curiosos ocasionales, ofrecían nocturnos de verano junto al mar para paladares exquisitos. THE BLACK ANGELS, tras la invasión de escenario post-Odd Future, tenían un papelón: les dio tiempo a tocar la mitad del repertorio de una supuesta herencia velvetiana que debe quedar bien en alguna banda sonora de peli indie pero donde no se atisban ni elegancia ni transgresión. Ramón Ayala

 

 
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Mogwai: reyes post-rock.

Foto: Alfredo Arias

 

Los diversos tiempos del rock

Dos velocidades opuestas para dos proyectos made in USA. La marcha corta la metieron SONNY & THE SUNSETS bamboleando a la audiencia más madrugadora con su retro-pop soleado; sin embargo, la propuesta de CLOUD NOTHINGS aceleró al público con una urgente mezcla de guitarras nerviosas, pop infeccioso y subidón adolescente. Y recordando en ocasiones a Band Of Horses, PHOSPHORESCENT gustaron gracias a ese cruce entre melancolía folk, americana y algunas guitarras heredadas de Neil Young, teniendo mucho que ver en la ovación final los excesos de un hiperactivo teclista.

Hermano pequeño y hermano mayor del post-rock se vieron las caras en el Fòrum. Aunque el sentido melódico, el virtuosismo instrumental y la pegada de EXPLOSIONS IN THE SKY no les dejan acercarse a los padres del género, demostraron que no hay tanta diferencia de edad entre ellos. Palabras mayores fue lo de MOGWAI. Creando un muro de tensión acústica, comunicativos, agresivos y con un Stuart Braithwaite que parecía querer comerse al público a cada rasgado de su guitarra, los escoceses demostraron que son los reyes cuando entran en esos bucles de distorsión infinitos. Espectacular fue la trilogía con la que despidieron su sesión: “Mogwai Fear Satan”, “Auto Rock” y “Batcat”. María Baigorri

 

Infecciosos y aguerridos

Con un sonido excepcional para lo que sueles encontrarte a primera hora en un festival, AIAS dieron un concierto radiante, donde su actitud alegre e infecciosa se puso por encima de aspectos técnicos. Una forma de subirse a un escenario por la que también optan los DUCKTAILS de Matt Mondanile, músico que divide su tiempo entre proyectos en solitario como este y Real Estate. De hecho, su directo recordó mucho al del grupo de New Jersey, pero con composiciones pop con las venas hinchadas, cambiando las referencias a The Byrds por TV Personalities o Comet Gain.

THE FIERY FURNACES ofrecieron una lectura rock de sus canciones entre lo cálido y lo estridente, empujadas por una base rítmica que por momentos tenía el músculo y la potencia de bandas tipo Shellac. Los hermanos Friedberger tal vez no estén muy inspirados en sus últimas grabaciones, pero todavía tienen cosas que decir en vivo. Como TY SEGALL, que hace que su garage-punk gane enteros y no debería costarle demasiado hacer suyos a los fans del desaparecido Jay Reatard. Carlos Barreiro

 

 
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Ariel Pink’s Haunted Graffiti: actitud. Foto: Òscar Giralt

 

Cuestión de actitud

Poca gente presente en el directo de THELEMÁTICOS. Una pena, pues Sergio Pérez dio buena prueba de lo aprendido en su viaje a través del pop (vía El Guincho y Joe Crepúsculo) con un continuo disparo de brillantes canciones-píldora con tanta seriedad como posthumor. A Alan Sparhawk se le vio con los indignados de Plaça Catalunya horas antes de transformar el escenario ATP en una congregación litúrgica repleta de devotos de LOW. La banda cumplió con su cometido bañando / arrasando a los fieles en un torrente de intensidad y misticismo.

Vaya, toda una epifanía, teniendo en cuenta que veníamos del set extraño de ARIEL PINK’S HAUNTED GRAFFITI, un queer show que fue de lo hortera a lo brillante, del leather rock setentero al pop discotequero de los ochenta. Cuestión de actitud, algo que precisamente le sobra a ANIMAL COLLECTIVE, uno de los conciertos más criticados a pie de escenario: la gente se indignó al reconocer únicamente cuatro de los once temas volcados; y que, sin embargo, volvió a resultar una experiencia estética mayestática. Parece que los de Baltimore se lo pasan mejor que su público en sus directos (y puede que sea verdad), pero aun así lo vivido fue un derrame de lujuria pop tan incontenible como desbordante. Alejandro G. Calvo


 
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Seefeel: muy dub.

Foto: Alfredo Arias

 

Suerte desigual en los experimentos

SEEFEEL presentaron una configuración mucho más analógica de la que prefiguraba su último álbum, pero en su concierto no destacó ni la abundancia de instrumentos ni su adscripción original al shoegazing, sino otra de sus piedras angulares mucho menos ponderada: el dub más vacilón.

Por su parte, Daniel Lopatin trajo al ATP la versión más aguerrida de ONEOHTRIX POINT NEVER, exigua en sintetizadores de vocación paisajística y muy activa en cambio en el departamento rítmico, orillado en un cut and paste que amenizaron los mejores visuales del festival.

EINSTÜRZENDE NEUBAUTEN no se dejaron achicar tras la lección de veteranía que Suicide habían impartido un día antes, e integraron con el dúo de Nueva York y los redivivos Swans el tridente más peligroso del festival. Su concierto fue visceral pero también lúdico, de la mano de un Blixa Bargeld en perenne estado de gracia.

GANG GANG DANCE aparcaron el viraje hacia el formato canción que tan buenos resultados les ha dado en sus últimos dos álbumes para enroscarse en una jam insoportable con un despliegue sobre el escenario más propio de Ojos de Brujo en un rally antisistema. Iván Carballido

 

 
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Tremendo Big Boi: el legado OutKast. Foto: Juan Sala

 

De novatas y veteranos

Con NISENNENMONDAI descorchando el Poble Espanyol a las cinco de la tarde se cumplió la ley no escrita según la cual los conciertos a la luz del día nunca serán redondos. Aun así, las japonesas solventaron la papeleta mediante una sesión de hipnosis con deje kraut. El sol también dejó en evidencia lo verde que está el garage de LAS ROBERTAS, desinflando cualquier posibilidad de entusiasmo hypista.

Quien sí logró un buen feedback fue BIG BOI. Se notaron las tablas, se notó el nivel de su nuevas canciones y, sobre todo, se notó el legado de OutKast, protagonista de un bolo resuelto a lo old school (dos MCs y un DJ), tremendamente efectivo pero sin espacio para la inventiva sónica que asociamos al ex compinche de Andre 3000.

La sorpresa sí acompañó a THE ALBUM LEAF. Nadie dudaba de su calidad, pero sí de cómo fluiría la preciosa música de Jimmy LaValle al aire libre. Milagrosamente, todo encajó: el entorno, con el mar colándose tras las bambalinas del ATP, la sintonía con el público, el detallista sonido... Incluso el fútbol, que se retransmitía en el contiguo Llevant, fue cortés. Gerard Casau

 

 
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Darkstar: gótico dubstep.

Foto: Ismael Llopis

 

En otra división

El renovado panorama electrónico dejaba algunos de sus mejores detalles. Si GOLD PANDA brillaba en el difícil terreno que une la pista de baile con la contemplación electrónica, moviéndose sinuoso entre lo acuático y emocional y los ritmos 4x4, el californiano BATHS, incansable sobre su controladora táctil, superaba lo mencionado con un derroche de imaginación, rapidez e intuición, retorciendo cualquier sonido al instante. Sus temas (algunos cantados al micro) fundían el hip hop abstracto con toques de glitch pop, acercando esa elegante instrospección suya a la improvisación y la diversión.

Más oscuro y siniestro, aunque igual de interesante, resultó el formato del trío DARKSTAR, un cruce entre Burial y This Mortal Coil, más próximo a lo gótico que a lo inquietante y perverso, con ritmos lentos y arrastrados, voces desde la lejanía y bajos que se acercan muy tangencialmente al dubstep, donde prima la atmósfera que se crea con el conjunto sobre la vocación pop, caso de HOLY GHOST! Los de DFA calcaron el contenido de su debut, canciones cuya médula se nutre del tecno pop de los ochenta salpicado con toques disco de melodías saltarinas y bases trotonas. No fueron una sorpresa, pero tampoco desmerecieron. Ese sería más el caso de FORD & LOPATIN, con un set monótono, con largos desarrollos, en su viaje por la ciberdelia, lo planeador y lo oriental

Lo del dúo femenino PRINCE RAMA fue mitad directo, mitad performance mística y con toques tribales, invocando a base de percusión (africana y caribeña) a los mismos demonios que inspiran a sus colegas Animal Collective. A veces llegan a hipnotizar con sus cánticos y ritmos, pero la mayoría de ocasiones no dejan de parecer algo excéntrico. Mantra real más que espiritual fue lo ofrecido por LICHENS, un non stop de repeticiones y krautrock, reutilizando su voz y usándola como un instrumento más.

Volviendo a la psicodelia, los brasileños GAROTAS SUECAS la tiñeron de un funk con escasas pinceladas cariocas. Resultó estimulante, entretenido y hasta bailable seguir las evoluciones del sexteto, pero les queda todavía camino por recorrer, lo mismo que a ISLET, una locura en la que a veces se muestran brillantes y otras parecen completamente poseídos y perdidos, con cambios contantes en los instrumentos y una anarquía estilística total. DAN MELCHIOR UND DAS MENACE tampoco se casa con un único género y su rock bebe por igual del blues marciano como del antifolk o la electrónica extravagante. Faltó un poco más de nervio e intensidad, pero sus ideas dejaron buenas sensaciones. Julio A. Cuenca

 

 
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The Tallest Man On Earth: trovador dylaniano. Foto: Òscar Giralt

 

Orden y aventura

AINARA LeGARDON salió armada con su guitarra eléctrica y acompañada de un trío que a veces crecía a cuarteto para conjurar toda la furia y la rabia contenidas que encierran “We Once Wished” (2011), su último trabajo. La cantautora bilbaína golpeó y arañó como una leona y nos dejó la sangre helada con su rock arisco y abrasivo. El punk-rock melódico de los londinenses MALE BONDING invitó a un público joven a poguear de lo lindo. Si en sus temas más rápidos suenan a The Jesus & Mary Chain, en los más lentos llegan a recordar a Teenage Fanclub. Sangre joven para cachorrillos.

Lo de LES AUS es otra cosa: su experimentación instrumental a dúo, guitarra y batería, se ha ido consolidando como una de las más firmes de estos lares. Uno nunca sabe si improvisan o no, pero Mau y Arnau se las traen, y están pero que muy compenetrados. Y lo mismo se puede decir de ZA!, que cada vez que salen al escenario exorcizan sus fantasmas a golpe de ritmo, ruido y melodías de su propio mundo. Su megaflow marronero style rockeó la plaza y la puso patas arriba.

THE TALLEST MAN ON EARTH salió a defender sus canciones de trovador dylaniano él solo, aunque luego se le juntaron dos tipos a los que dijo haber conocido el día anterior. Su música es romántica, con un punto dulzón excesivo. PAPAS FRITAS es el típico caso del grupo que en su día parecía tener su gracia y al cabo de los años, cuando los ves en directo, se ha desvanecido toda. ¿Es cosa suya o mía? Esteve Farrés

 

 
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Nick Cave: imponente Grinderman.

Foto: Juan Sala

 

Cafres, exquisitos, alegría, bajonazo

No sé si Nick Cave echará de menos The Birthday Party tanto como parece, pero con GRINDERMAN no puede estar más a gusto. Él, frontman imponente, Jim Sclavunos y Martyn Casey en plan hormigón y un Warren Ellis salvajemente hiperactivo dieron un máster de rock y blues cafre. Maná para una multitud frente al secretismo (ni media entrada) con el que actuó ARTO LINDSAY un día después en el Auditori. El neoyorquino-brasileño destiló clase con las seis cuerdas, aunque el amplificador le boicotease. Y aliñada por la provocación de llamar guapo a Mourinho, su alianza de civilizaciones obtuvo el bis (“Beija-me”).

En cambio, el primer concierto de FIELD MUSIC en 2011, de nuevo como cuarteto y con apenas dos ensayos, significó un bajonazo. No mostraron su álbum en preparación y, por mucho que los Brewis intercambiaran instrumentos (batería, guitarra, piano), aquello quedó por debajo del excelente “Measure” (2010). Una sensación que para nada afectó a BATTLES: el ahora trío permanece inmune, tanto en disco (“Gloss Drop”, 2011) como en vivo, a la marcha de Tyondai Braxton. Los vocalistas invitados que le suplen en el álbum participaron vía vídeo. Y la banda convenció con su extra de alegría.

Otro clima rodeó a un sublime JOHN CALE en su vuelta a “Paris 1919”, con banda de rock y orquesta (la BCN216). El galés, aferrado a las teclas, estuvo hipnótico, y solo se saltó el orden para culminar con “Macbeth” antes de una prórroga variopinta y más guitarrera que casi sobraba. Ramón Fernández Escobar

 

 
San Miguel Primavera Sound, Crecer y crecer (sin desmerecer)

Cults: muy amateur.

Foto: Juan Sala

 

Tarde sin gloria

Desolador inicio: un videoclip ultra-cool en HD precedido por un hype mayúsculo nos hizo pensar que la tarde del jueves debía pasar por ver a CULTS, el dúo neoyorquino (reconvertido en quinteto en directo) cuyo revival de los girl groups de los sesenta pasado por filtros se quedó en una propuesta torpísima y amateur. ¿No tenían Le Pianc disco nuevo? Mejores prestaciones ofrecieron, entrada la noche, SMOKE FAIRIES y su reivindicación de la Inglaterra folk, ocultista y pagana. Aunque sin pasarse; los aires misteriosos en estudio declinaron en una puesta en escena normalita que recordó el folk gótico de segunda de All About Eve o incluso Clannad.

Ya el viernes, JULIAN LYNCH al menos se guardó el beneficio de la duda con una propuesta de lo más desconcertante, en las antípodas de las brumas ambientales de “Terra” (2010): quejidos shoegazing impenetrables, algunos aullidos y un noise-rock divagante que olía a gato por liebre. Visto lo visto, los ingleses WOLF PEOPLE y su flash-back hard-folk-rock de 1972 fueron agua de mayo: como unos Led Zeppelin sin frontman pero con buenas tablas. Ferran Llauradó


 
San Miguel Primavera Sound, Crecer y crecer (sin desmerecer)

La grandeza de James Blake. Foto: Juan Sala

 

Salpicón de drones y subgraves

Los veteranos han ido ganando no solo espacio, sino también importancia en los últimos años de Primavera Sound. Lo de GLENN BRANCA con su academia para jóvenes experimentadores fue un torbellino de hardcore posminimalista. Su Ensemble, por el que han pasado miembros de Sonic Youth y Swans, estaba compuesto en esta ocasión por cinco guitarras y batería, que alumbraron toda una epopeya de drones repetitivos siguiendo el esquema de improvisación dirigida. Lo mejor, su emblemática “Symphony Nº 3”, que dedicó a Steve Reich. Por su parte, DAMO SUZUKI parece haber encontrado en los barceloneses CUZO la horma de su zapato. Juntos desataron un vendaval de ruido y furia. Mientras la voz del ex cantante de Can se encallaba en un cántico obsesivo, mántrico y alucinógeno, Cuzo le arropaba con su hipnótico manto neo-prog.

La noche final del Fòrum se clausuró con dos propuestas de bass music: CASPA, al contrario que en su set del Sónar 2010, no hizo ninguna concesión al UK funky ni al bassline, y se enfangó, junto a su magnífico MC Rod Azlan, en una oscura ciénaga de dubstep minimalista y duro. Y KODE9 hizo tongo al hurtar la presencia de The Spaceape y convertir su esperado directo en una sesión de DJ, pero a cambio se escapó de las redes del dubstep para construir una excitante arquitectura rítmica a base de fidget house, UK funky, garage y bassline. El día de antes, sin embargo, se había marcado un set Burial (no, no aceptamos Kode9 como Burial de compañía) más bien plano en el que repasó sin mucha inspiración el material del genio oculto.

DAS RACIST recordaron alternativamente a Beastie Boys, De La Soul y The Pharcyde, pero no ahuyentaron esa sensación de broma que les acompaña. Salpicaron su actuación de gritos de “fuck Plataforma Per Catalunya” y, lo mejor, dejaron que su hip hop extraño se contaminara de kuduro y ghetto tech. En una similar onda anárquica, pero mucho más hardcore, GONJASUFI se pegó la primera parte de su actuación homenajeando a su manera a Bad Brains y convirtió su segunda parte en una imprevisible y caótica mezcla de witch house, dubstep y guiños a PiL en la que no faltó su genial “Kowboyz&Indians”. La actuación de MATTHEW DEAR fue de menos a más: sus referencias a Yello, Talking Heads y los Simple Minds de “Sons & Fascination” (¡pero con groove!) desembocaron en el estimulante electro-mambo del soberbio “Black City”.

Pero uno de los principales descubrimientos de esta edición ha sido comprobar que JAMES BLAKE no solo ha grabado un álbum magistral, sino que lo ha sabido trasladar a un directo francamente sublime. El escenario Pitchfork se vio colapsado para asistir a la puesta de largo de este Aaron Neville del siglo XXI que ha conseguido aunar gospel y dubstep, jazz y bass music, y convertir los subgraves en pura poesía. Su “Limit To Your Love” sonó magistral. Y por si fuera poco, es un excelente DJ, que al día siguiente nos obsequió con una magnética sesión a base de hip hop, R&B, garage, dubstep y dancehall, con espacio para Lil Wayne, Africa Hitech o Digital Mystikz. ¡Magia! Luis Lles

 

 
San Miguel Primavera Sound, Crecer y crecer (sin desmerecer)

John Lydon: PiL de acero.

Foto: Alfredo Arias

 

Happy!

Por su estrafalario vaivén, Kevin Barnes se convirtió en uno de los personajes más visibles del fin de semana y, una vez sobre el escenario, con OF MONTREAL, llevó la sección happy del festival al primer clímax. A estas alturas tiene repertorio para dos o tres conciertos de nivel alto, canciones que elevan el ánimo si consigues mantener la atención más allá de la gente disfrazada que revolotea sin cesar a su alrededor. Aun así, le queda mucho para llegar a lo de THE FLAMING LIPS: espectáculo ya conocido de dos visitas anteriores a la misma plaza, poco ha cambiado desde la gira de “Yoshimi Battles The Pink Robots” (2002). A pesar de que sus discos siguen dando razones para pensar en ellos, el directo resulta previsible: por la puesta en escena, por la concentración de extras entusiastas, por la obsesión de Wayne Coyne con la fiesta y el reprise de estribillos (divertirse parecía obligatorio) e incluso por la pulsión floydiana de cada acorde que le daba a la acústica.

Si Coyne avanza hacia el divismo, John Lydon sigue de antiídolo. La última vez que pisó el Fòrum hizo que le partieran la cara al líder de Bloc Party por sugerir que más valía revivir a PIL que a los Pistols. Darle ahora la razón no hace más que engrandecer su leyenda de bribón. Genio y figura, parecía disfrutar pensando que nos tomaba el pelo, pero, en cualquier caso, quien mejor se lo pasó fue Lu Edmonds armando follón con su colección de artilugios de varias cuerdas.

JON SPENCER BLUES EXPLOSION sí que dieron cera punkarra, por lo menos en el sprint final acompañados por un Money Mark totalmente pasado de vueltas (al final casi se rompe la crisma de un salto mortal). Sobre las tablas, el trío neoyorquino es leyenda viva, algo demostrado con la tanda de clásicos que fueron subiendo la temperatura para cerrar el set muy, muy arriba. Ramon Llubià


 
San Miguel Primavera Sound, Crecer y crecer (sin desmerecer)

Mercury Rev: en su nube.

Foto: Juan Sala

 

El triunfo de la tradición

En el dia primaveral más pop, M. WARD planteó un balsámico y enérgico viaje por la tradición norteamericana, y demostró que su figura es lo más similar a Neil Young que el público indie puede degustar. Fue uno de los grandes triunfadores de la jornada, apeándose en el folk, el country-rock y con parada final en Chuck Berry.

MERCURY REV encandilaron a todo el Auditori con una revisitación barroca, excesiva y deliciosa de “Deserter’s Songs”. Su reputación de banda de directo irregular quedó pulverizada con un concierto inapelable, rozando lo histriónico desde lo puramente pasional. Ricard Martín

 

 
San Miguel Primavera Sound, Crecer y crecer (sin desmerecer)

Atracón rítmico Caribou.

Foto: Juan Sala

 

Técnica contra emoción

No es muy normal que el primer concierto que uno ve en un festival sea también uno de los que más ha disfrutado, pero así son COMET GAIN: entrañables y altamente disfrutables. Los de David Feck, pura bullanga combativa agazapada entre pedazos de C86, punk e indie, firmaron una actuación tan destartalada como intensa y rabiosa

A ECHO AND THE BUNNYMEN, en cambio, les pudo el exceso de rigor histórico a la hora de desempolvar “Crocodiles” (1980) y “Heaven Up Here” (1981) con un pase tan impecable en lo técnico como carente de alma. La memoria, enladrillada entre The Doors y U2. Nada que no pudiese arreglar un Dan Snaith que, a punto de convertir a CARIBOU en el cruce perfecto entre Brian Eno, Animal Collective y Radiohead, transformó “Niobe”, “Odessa” y “Sun” en la mejor puerta de entrada al festival. David Morán

 

 
San Miguel Primavera Sound, Crecer y crecer (sin desmerecer)

Yuck: sin sutilezas.

Foto: Òscar Giralt

 

Sal y limón

Sale MARINA GALLARDO a pleno sol, con gafas, pelo recogido, vestido marino y medias negras. Su recato elegante contrasta con la mordedura de sus acordes. Durante unos instantes, cuando se le escapó un ramalazo de dulzura, percibí vulnerabilidad contrastando con las aristas. Y pensé que, ahora que PJ Harvey se ha escorado hacia el folk, la gaditana está bien posicionada para cubrir su hueco en la península.

Cameron Mesirow, alias GLASSER, se esfuerza más en mostrar su feminidad cual gata sobre tarima de Primavera. Combina el look de ciudadana bien de Los Ángeles de mediana edad con danza grácil tribal, corroborando la definición de su buen álbum “Ring” (2010) como una excursión de 4AD por la selva africana. Poco antes, en el mismo escenario, EMERALDS pugnaron por darle vida a la electrónica de Mego. Al menos, tocaron de pie con un guitarrista hiperactivo para no dar opción a más comparaciones recurrentes con Tangerine Dream.

Ganas había de ver a los YUCK avalados por la rotundidad de su primer álbum. Sacaron bien las piezas clave, potenciando el armazón robusto, aunque por el camino se dejaron los detalles sutiles que los hacen tan especiales. David S. Mordoh

 

 
San Miguel Primavera Sound, Crecer y crecer (sin desmerecer)

PJ Harvey: lección suprema.

Foto: Óscar García

 

Erráticos y angelicales

El directo de THE NATIONAL quedó por debajo de sus dos últimos y notables discos. Correctos pero difusos, débiles y algo erráticos, contaron con la complicidad de un público entregado. Su imperio pareció falso, sí. Más doloroso fue lo de BELLE AND SEBASTIAN, que deslucieron su buen repertorio con recursos festivaleros baratos. En busca de la magia perdida, rozaron lo pueril y resultaron pegajosos, inofensivos.

PJ HARVEY, auténtico ángel de esta edición, derrochó contundencia y sutileza, fuerza y ternura. Una voz que pellizca el alma, inmensas canciones y los sonidos certeros de John Parish, Mick Harvey y Jean-Marc Butty. Emoción suprema, mucho duende, belleza infinita y sin concesiones. No hacen falta si el talento es largo y el arte, sublime. Gabriel Núñez Hervás

 

 
San Miguel Primavera Sound, Crecer y crecer (sin desmerecer)

Tyler, The Creator: el follón Odd Future. Foto: Juan Sala

 

Dignidad, chasco, confirmación y juventud

Con HALF JAPANESE me sorprendí siendo más indulgente de lo que esperaba. Los hermanos Fair a veces sacarían los colores a Pavement; pero otras suenan demasiado a rocanrolillo. Frescos todavía, pero ya no afilados.

Le pedía también algo más a TWIN SHADOW. Concretamente, que no perdiese el encanto proto-indie (Orange Juice, Associates, Scritti Politti...) en directo. Pero todo flotaba más artificioso, hinchado y equivocadamente hortera que en disco.

A FLEET FOXES les suena todo: cuerdas, armonías, filigranas... Porque no son los escenarios, sino los grupos los que suenan bien o mal. Con semejante alta definición, cualquier pieza de su cancionero (incluido el nuevo) eriza el cogote al rasgarse el primer acorde. ¿Un hype? Aquí hay grupo para rato, amigo.

Como dijo Ramón Ayala, ir a ver SHELLAC en el Primavera es una liturgia. Una misa. Y sí, siempre es lo mismo. Claro: son nuestros AC/DC (a Albini le encantaría la comparación). Hasta cayeron temas nuevos.

¡Ojo, peligro! La pandilla de ODD FUTURE ha salido a armar la tremolina. Empiezan tirándose sobre el público y el público acaba tirándose sobre ellos. Son todo arrogancia, todo juventud, todo energía. Partículas aceleradas. Aunque la mitad de ellos parecen estar ahí por la bulla, su hip hop de línea dura, colores fríos y ceño fruncido escupe un mensaje alto y claro: “Esto está pasando ahora”. Joan Pons

 

 
San Miguel Primavera Sound, Crecer y crecer (sin desmerecer)

Michael Gira: Swans, campeones. Foto: Juan Sala

 

La veteranía, más que un grado

El viernes INTERPOL eran los teóricos cabezas de cartel. Y cumplieron bien con ese rol cuando atacaron sus canciones más inspiradas (las mejores de sus dos primeros discos), pero cuando se perdieron en sus cansinos medios tiempos demostraron que siguen sin tener ese algo (¿personalidad?) que les aleja de ser una banda especial. Todo lo contrario que los renacidos MONOCHROME SET, que pese a no haber superado su estatus de banda de culto –y pese a empezar reguleros por problemas de sonido–, acabaron trufando un concierto espléndido gracias a un setlist glorioso y a un recuperado Bid que tiró de carisma sin mover un dedo.

Por el contrario, DEERHUNTER empezaron muy arriba planteando un show nada acomodado cuyo riesgo jugó en su contra, diluyéndose poco a poco hasta acabar peor que hace dos años. Quienes sí estuvieron (muy) inspirados fueron SWANS, con uno de los mejores conciertos de esta edición. Por si alguien lo dudaba, Michael Gira no ofreció concesión festivalera alguna y nos dio una soberana coz sónica en toda la cara, mostrando la cara más bruta, primitiva y violenta de su música. Música neanderthal, con la percusión gobernando, y una banda poseída, en estado de trance, que provocaba auténtico pavor. Enormes. Jaume Ribell

 

 
San Miguel Primavera Sound, Crecer y crecer (sin desmerecer)

Faltó volumen y entrega en Salem. Foto: Ismael Llopis

 

PSI Love You

Frustración por un principio de set en el que no se escuchaban ni las cajas ni la voz de Heather Marlatt, contratiempo siempre grave y mucho peor en el caso de SALEM. Se solucionó, pero seguía faltando volumen y entrega. La experiencia no fue todo lo envolvente que debería. La máquina de humo no basta para hacer un buen concierto.

¿Qué viene después del mash-up?, se preguntan algunos. Pues el mash-up elevado al cubo de GIRL TALK. El de Pittsburg crea patchworks frenéticos en los que se ven retales de Aphex Twin, Van Halen, Vampire Weekend y un millón más de nombres, y además es un estupendo showman y comunicador. Nos pegamos una fiesta loca con coartada cultural, un despiporre con fundamento.

El habitualmente sofisticado JAMIE xx tiró por la vía fácil, por un house noventero salpicado de dub. No es el colmo de la modernidad ni lo que se esperaba de él, pero el sonido era limpio, rutilante, cromado. Luminoso y lúdico, ofreció una visión idealizada del balearic sound.

Otro que no puso toda la carne en el asador fue LINDSTRØM. Menos cósmico de lo que cabría suponer, se recreó en un sonido disco amable y pasteloso, tipo Scissor Sisters, con eventuales escapadas a Jean-Michel Jarre. El concierto tuvo un ritmo cambiante y ágil. Entretenido y nada más.

ORNAMENTO Y DELITO se pusieron eléctricos y ruidosos. El mazacote sonoro dificultó la comprensión de las letras; una lástima. Salvando eso, su directo es exultante y estimulante. Te sacude, que es de lo que se trata. Y conserva el tono meditabundo, rencoroso y descreído que caracteriza a la banda madrileña, a medio camino entre Lagartija Nick y Nacho Umbert.

MONEY MARK, el que fuera teclista de los Beastie Boys, atrajo cierta atención con sus primeros discos en solitario, allá en los noventa, pero su propuesta electrolatina suena ahora casi incorpórea, de tan ligera, y de pega, de animador de cruceros por el Mediterráneo.

Que Kylie y Lady Gaga monten espectáculos granguiñolescos, se entiende: de algún modo tienen que disimular la vacuidad de su música. Que lo haga DJ SHADOW es otra cosa. Y esconder al artista dentro de una esfera es una idea nefasta: lo aísla, nos aísla. Aunque quizás no sea solo eso: su música no parece haber envejecido bien.

Los fans de Galaxie 500 tenemos que armarnos de valor para ver a DEAN WAREHAM (o a Damon & Naomi, para el caso) interpretar temas de la banda. Y encima luego resulta que el punteo de guitarra de Wareham es a ratos lento y dificultoso. Aun así, brillan las canciones: dosis hirientes de arrebato, fragilidad y congoja. Llorenç Roviras

 

 
San Miguel Primavera Sound, Crecer y crecer (sin desmerecer)

Nosoträsh: “Popemas” en retrovisor. Foto: Alfredo Arias

 

En letra pequeña, al nivel de los grandes

TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO tuvieron el privilegio de abrir el escenario principal –también, de ser el único grupo nacional en tocar allí– y, pese a lo temprano de la hora, dieron lo mejor: sonido tan intenso y contundente como excelso a la hora de captar sus matices ruidistas.

Diría que EL GUINCHO ofreció el concierto de su vida. Con el acompañamiento al bajo y la guitarra de dos miembros de Extraperlo, otras dos coristas y una troupe de bailarinas que parecían sacadas de un filme tipo “Porky’s”, ofreció un show desmelenado y desacomplejado mientras abajo el público –mayoría internacional– lo daba todo. Hubo guerra de almohadas con lluvia de plumas incluida, besos lésbicos y un apoteósico “Bombay”.

Aún recuerdo cuando NOSOTRÄSH estrenaron “Popemas” en el festival en 2002. A pesar de venir ahora con el efecto retrovisor y con una formación diferente a la que lo grabó, sonó aún más a “Popemas”, enriqueciéndolo con unas bonitas proyecciones ad hoc, temas de su EP “Gloria” (2003), algún inédito de la época y las colaboraciones vocales de Nacho Vegas y Fernando Alfaro. Emocionante.

El directo de DISCO LAS PALMERAS! es demoledor, una máquina que escupe proclamas contra el poder establecido envuelto en diferentes escuelas del noise, desde Sugar a My Bloody Valentine. Fueron breves y fulminantes. Ojo con ellos.

El factótum de PERFUME GENIUS, Mike Hadreas, se presentó en el Auditori acompañado de otro músico, con el que llegó a tocar varios temas en el piano a cuatro manos. Atenuaron la belleza ingrávida del disco en beneficio de un preciosismo intimista más cercano a Antony que a, por ejemplo, Daniel Johnston. David Saavedra

 

Etiquetas: 2010s, 2011, Barcelona
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