Como era de prever, con tal cúmulo de calidad artística, el Primavera Sound ha vuelto a batir récords, tanto en los tres días del Parc del Fòrum –123.300 asistentes frente a los 101.200 del pasado año– como en el cómputo global con los 9.200 asistentes al prólogo y al epílogo del Poble Espanyol. Un total de 132.500 a los que hay que sumar los 5.000 que se pasaron por el apéndice Primavera a la Ciutat. El PrimaveraPro, la nueva iniciativa para propiciar el encuentro de la industria musical, también tuvo gran dinamismo al reunir a más de mil profesionales de treinta y seis países y mil doscientos periodistas, que pudieron asistir a showcases de artistas emergentes y a un programa de conferencias y encuentros. Todo ello sin renunciar a la filosofía de que no se cuele un gramo de paja en un cartel compuesto por doscientas veintiuna bandas, seleccionadas por criterios artísticos y sin hacer concesiones a los intereses que se mueven alrededor de un evento con un presupuesto que supera los seis millones de euros.
Cabe remarcar que este triunfo, con una participación del cuarenta por ciento de público extranjero, se logra a través de canales no convencionales. Una vez más ha sido definitivo estar asociado a la webzine ‘Pitchfork’, al prestigioso All Tomorrow Parties y, por supuesto, a esta revista que tienes entre manos (o no). Ahora Rockdelux no solo crea opinión de manera impresa, sino también a través de su flamante web. Es justo pues que diese nombre a uno de los escenarios más exclusivos del festival, un Auditori en el que se vivieron conciertos memorables y, para el que esto firma, el mejor del festival, que no fue otro que el de Sufjan Stevens, reivindicando su genio como autor superlativo y ofreciendo un gran espectáculo.
Otro momento inolvidable fue ver a John Cale reproducir con esmero su clásico “Paris 1919” (1973) junto a la aplicada orquesta bcn216. Aunque para revival nada como el concierto de Pulp, convertido en el mejor epítome pop del festival. Su ristra de clásicos elevó la temperatura del superpoblado escenario San Miguel hasta límites de puro orgasmo emocional, con la guinda de la dedicatoria del “Common People” a los indignados apaleados.
Como no todo podía ser maravilloso, la gran afluencia de público provocó, sobre todo el jueves, cuando las tarjetas de compra dejaron de funcionar, que se formaran colas estratosféricas. Un mal, que en menor medida, fue la tónica negativa de un festival que si aspira a seguir creciendo, sin dejar de ser cool, tiene que plantearse aumentar infraestructuras para que esta celebración de la música no se convierta en sinónimo de masificación y agobio. Ramon Súrio
















