En la jornada final en la Plaça del Fòrum, ZA! abrieron el escenario Ray-Ban, en cuya programación predominaban los artistas de sonido intenso y demoledor. El dúo dio un concierto estratosférico y demostró que tiene una energía y un sentido del espectáculo que le permite ser comparado con bandas como Shellac o Lightning Bolt sin ruborizarse.
En el auditori, JOHN CALE & BAND + BCN216 hicieron rejuvenecer el disco más exquisito del galés, “Paris 1919”, que conserva intacta la carga de emoción de su voz pese al paso de los años. Con minuciosidad, deshojaron sus románticas canciones y recuperaron temas de otros trabajos con los que completaron el tiempo que tenían marcado para su actuación, un remiendo habitual cuando se llevan a cabo este tipo de shows alrededor de una única obra. Los temas nuevos, en formato banda, cayeron en un rutinario sonido lindante con el AOR.
Por el contrario, FLEET FOXES no lograron alcanzar el esplendoroso sonido de sus dos trabajos: un encuentro entre el barroquismo del folk inglés y la música norteamericana. Algo que tal vez les hubiera sido más fácil alcanzar en un espacio más íntimo que el Escenario San Miguel, pero que parece una experiencia prácticamente imposible de vivir a medio plazo dada la gran cantidad de público que arrastran. En cualquier caso, consiguieron reproducir la atmósfera placenteramente retro de sus discos y brillaron en sus juegos vocales.
GONJASUFI trasladó al directo el interesante collage de su debut, “A Sufi And A Killer”, en formato banda: bajo, guitarra y batería. Pudo ser una forma de descubrir nuevas y sugerentes perspectivas de su creatividad, pero el de San Diego lo convirtió en una insustancial y rutinaria propuesta de hip hop mezclado con rock, a años luz de la intensidad de unos Rage Against The Machine. Así que mucho de su público se marchó a las primeras de cambio a ver el fútbol o a tomar posiciones para otros conciertos.
La mejor elección fue EINSTÜRZENDE NEUBAUTEN, porque los de Blixa Bargeld ofrecieron uno de los conciertos del festival. Se nota el rodaje de la gira que realizaron este invierno para celebrar sus treinta años de carrera: temas de diferentes épocas sonando como nunca, la banda funcionando perfectamente ensamblada y el carisma de sus miembros resplandeciente.
Pero para carisma, el de Michael Gira. A pesar de traer nuevo material bajo el brazo, el audible “My Father Will Guide Me Up A Rope To The Sky”, los SWANS plantearon su directo como un aquelarre sonoro, físico y violento, en el que todo el peso recaía sobre las percusiones y con el que pusieron a prueba la capacidad de resistencia de los espectadores. Algo así como la banda sonora para el fin del mundo. Es curioso, la mayoría de sus discípulos tienen un sonido más singular, pero no le llegan a la suela de los zapatos en cuanto a brutalidad.

























