Tres largas jornadas de festival en el Parc del Fòrum deberían ser suficientes para saciar cualquier apetito melómano, pero uno juraría que el Primavera Sound se resiste a desaparecer, alargando sus actividades (y, por extensión, su placentero estado de ánimo) durante más de una semana. Pero las despedidas son inevitables, y si hay que decir adiós, mejor que sea con música. El escenario elegido, como en el miércoles que sirvió de inauguración y precalentamiento, volvió a ser el Poble Espanyol (luego la fiesta continuaría en Apolo) y ME AND THE BEES, el grupo encargado de hacer sonar las primeras notas de la tarde. Siempre es difícil enfrentarse a un público en cuyo rostro se lee el cansancio (y la resaca), pero lograron transmitir frescura y sonar livianos sin caer en la intrascendencia.
Todo lo contrario que MY TEENAGE STRIDE, pop neoyorquino deslumbrado por los sonidos británicos, aunque incapaces de dar con una sola tonada adhesiva. Asesinar el “Rollers Show” de Nick Lowe tampoco ayudó a mejorar las cosas. Espero por su bien que se quedasen a ver el concierto de BMX BANDITS y tomasen buena nota de las clases maestras de pop que Duglas T. Stewart imparte tanto con su música como con una actitud de maestro de ceremonias pícaro e ingenuo. Que vuelvan cuando publiquen su nuevo disco, que llevará por título “BMX Bandits In Space” (como Duglas se encargó de recordar por activa y por pasiva en un humorístico ejercicio de publicidad “subliminal”).
Cerrando la noche, el segundo pase de MERCURY REV bañándose en la grandeza de “Deserter's Songs” (1998). Conscientes de la calidad del material que tenían entre manos, Jonathan Donahue, Grasshopper, Jeff Mercel y compañía idearon una puesta en escena de gestos fastuosos, quizás excesivamente subrayada por la gestualidad de Donahue pero sin duda poderosa. Parecían contentos, y aunque tenían motivos para estar más que satisfechos, uno espera que el autohomenaje también les haya servido para reflexionar acerca de su presente y de por qué, tras tocar alturas cósmicas, perdieron el rumbo de forma tan clamorosa. Cavilaciones que también acompañaron a un servidor de camino a casa, todavía digiriendo lo acontecido en estos últimos días de indudable riqueza musical, algo empañada por incidencias (ay, las tarjetas...) y sin duda marcada por la sensación, indefinible aunque palpable, de que en el Primavera Sound algo ha cambiado (como diría cierto grupo presente en el festival), seguramente para hacerse más grande. Demasiado, según el parecer de algunos. Yo no me atrevería a decir eso, solo espero que con el crecimiento también se haga más fuerte. Especulaciones que, quizás, se tornarán confirmación el año que viene. ![]()




















