USO DE COOKIES

Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros, para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, para mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, así como analizar sus hábitos de navegación. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web.

Aceptar Cómo configurar

Cargando...
San Miguel Primavera Sound, Gran fiesta de la música

The Cure, tres horas de historia viva del pop. Foto: Óscar García

 
 

FESTIVAL (2012)

San Miguel Primavera Sound Gran fiesta de la música

Por Rockdelux

Un recuerdo al Primavera Sound 2012. Por calidad, voluntad y dimensión totalizadora, el cartel volvió a ser la plasmación de un esfuerzo colosal y se convirtió, como siempre, en un abanico de posibilidades ilimitadas. ¿Cuántos grupos interesantes somos capaces de asimilar en un fin de semana cargado de nombres imprescindibles? Para dejar testimonio de una oferta inabarcable, ahí estuvo Rockdelux emitiendo en onda larga: el staff de colaboradores de la revista se lanzó a verlo todo para podértelo explicar de una manera resumida y directa: The Cure, Dominique A, Wilco, The xx, Beach House, Chromatics, Refused, Mazzy Star, Sharon Van Etten, The Afghan Whigs, Jeff Mangum, The Weeknd y decenas de nombres para la historia. ¿Quién te gustó más?

Barcelona, Parc del Fòrum y Arc de Triomf
30/5-3/6/2012

El San Miguel Primavera Sound ha vuelto a batir récords de asistencia y más si, a los 150.000 asistentes a la edición de Barcelona, les sumamos los 65.000 que pasaron por su nueva edición en Oporto. A la rotundidad de las cifras cabe sumar el éxito de la iniciativa de incorporar la ciudad de Barcelona al evento, con sendas veladas de conciertos de primer nivel gratuitos en un nuevo escenario del paseo del Arc de Triomf.

Incluso la cancelación a última hora de Björk no resultó ningún problema. Saint Etienne cumplieron con su papel de sustitutos improvisados, pero quienes saldrían beneficiados fueron Beach House, reivindicando su excelente dream pop ante una marea de fans que evidenciaron el tirón de popularidad que vive el proyecto de Alex Scally y Victoria Legrand. Fueron los grandes triunfadores del segundo escenario del festival, cuyo nombre de Mini parece una broma, dadas sus grandes dimensiones. Algunos, debido a su lejanía, ni se acercaron, pero fue a costa de perderse grandes conciertos y triunfos, como los de M83, Beirut, Spiritualized o unos The xx a los que luego se pudo ver escuchando la magnífica lección magistral que ofreció Robert Smith al frente de The Cure; tres horas de historia viva del pop en las que sonaron todos los grandes éxitos y temas que llevaban una eternidad sin tocar.

Otra constatación significativa es la voluntad del festival de sacarse gradualmente de encima el calificativo de indie para acercarse a otros estilos, que poco tiempo atrás hubieran parecido una herejía, como es el metal o la música étnica. En este sentido, fue una gozada ver al personal cimbreándose con los ritmos de AfroCubism y su all stars, liderado por Toumani Diabaté y Eliades Ochoa.

Fue emocionante despedirse del Auditori llevados en volandas por el magnetismo que desprende Jeff Mangum con la sola ayuda de tres guitarras acústicas sin amplificar y su voz. Realmente, el ex Neutral Milk Hotel demostró por qué sus paisanos lo han convertido en un mito del folk y, si bien no hubo fuzz, sus viejas canciones calaron hondo en un recinto que se quedó pequeño en los dos pases ofrecidos.

Hay que felicitar a la organización por el excelente sonido de los conciertos, la puntualidad y las mejoras introducidas a nivel de infraestructuras. Las colas, excepto para acreditarse, desaparecieron por arte de magia y la oferta gastronómica fue más variada que nunca. Si a eso unimos que el skyline del Parc del Fòrum es cada vez más urbano, no es de extrañar que la gran cantidad de aficionados extranjeros que acuden se queden boquiabiertos con este insólito espacio frente al mar.

Lástima que Gabi Ruiz, uno de los directores del festival, en vez de tener en cuenta la crítica constructiva –un artículo de opinión de Jordi Bianciotto publicado en ‘El Periódico’–, decidiera matar metafóricamente al mensajero a través de insultos en la red y retirada de una acreditación que, finalmente, fue restituida. Una reacción muy desafortunada, porque creer que el festival no se puede mejorar es equivocarse. Y si bien la escena nacional estuvo bien representada –con grandes conciertos de Lisabö, Refree o Grupo de Expertos Solynieve–, la idea de dar más visibilidad a la escena local, que era lo que solicitaba Bianciotto en su escrito, no es ninguna tontería dada la mejora que ha experimentado el pop catalán últimamente. Ramon Súrio

 
  • Mazzy Star. Foto: Juan Sala

  • Danny Brown. Foto: Ismael Llopis

 

Resucitados

Uno de los enigmas, resuelto: MAZZY STAR están muy vivos, David Roback con el ácido intacto en las cuerdas y Hope Sandoval con más recursos en la voz, como el vino. Greatest hits con una gran banda destilando un blues desértico de alta graduación con guitarra y slide, convertido en densa psicodelia pantanosa con pedal steel y teclado.

SPIRITUALIZED acudieron cargados de fuzz y overdrive, más directos, cambiando su narcótica parsimonia por agilidad y terrenal gravidez recordando el sonido de sus inicios. Sublimes. Guillermo Z. del Águila


Escenarios abiertos: la ruleta de la suerte

El jueves por la tarde un BAXTER DURY tirando a faltón despachó un repertorio que, incluso brillando en estudio, se explica mucho mejor en directo. No sabría decir si salió al escenario San Miguel tan puesto como se esperaba de él o si simplemente se lo hizo.

Condicionados por una absurda espiral de problemas técnicos sobre el escenario Pitchfork, ICEAGE se las vieron y desearon antes de rociar al personal con su refrescante (y poco novedosa) biela semigótica. Menos disfrutables que en disco, no pude por más que enternecerme ante un directo tan frágil y arrebatado.

El viernes, LOWER DENS y THE WAR ON DRUGS confirmaron lo que ya intuimos el día anterior con Iceage y Grimes: al Pitchfork se venía a sufrir. Como ocurrió con la canadiense, una enorme bola de graves anuló cualquier posibilidad de disfrute. Una pena, pues ambas bandas llegaban a Barcelona en estado de gracia. Lo que nunca entenderé es la tendencia de Adam Granduciel (The War On Drugs) a pasarse por el forro las inflexiones vocales que tan bien funcionan en disco. ¿Inseguridad? ¿Aburrimiento? Misterio.

En el contiguo escenario Vice, donde curiosamente todo sonaba nítido, DOMINANT LEGS no tuvieron ningún problema para airear su pop trotón ante un escaso pero regalado público. Refrendo mi postura: el LP palidece ante las demos. Eso sí, la derecha de Ryan Lynch sigue siendo finísima. Adrián de Alfonso


Superficies, buenas olas y fauna abisal

PURITY RING ofrecieron cata y promesa de intimidad: witch house y electrónica profunda, lámparas de papel como controladores midi y un bombo en medio del escenario. Sensibilidad a flor de piel y una excéntrica dulzura que puede llegar a cansar.

THEE OH SEES tienen uno de los mejores directos del mundo ahora mismo y uno de los mejores del festival: garage anfetamínico que se desarrolla como si fuera krautrock en la duración de los temas. John Dwyer chilla, aúlla, canta, escupe y se hunde en reverb hasta perderse en una psicodelia divertida hasta el fin. No hay que perdérselos nunca. Más o menos como MUJERES, a quienes a estas alturas sobra que se los trate con superlativos. Su directo se ha hecho fuerte y fiero, pueden tocar donde quieran y sin hipotecas. Tienen mejores canciones que muchos garageros yanquis. El pogo comienza en la primera canción y siguen así de frescos. En cuanto a DANNY BROWN, le sobra peinado y le falta carisma. O eso, o es que no se pilla la fina ironía que supone su flow gangoso. Demasiado personaje.

No estábamos preparados para el ataque sensorial perpetrado por HYPE WILLIAMS. Terror, electrónica brutal con una banshee de fondo, humo y luces estroboscópicas. Más oscuro que algunas propuestas metal. Por ejemplo, lo de LITURGY se debe entender como un ejercicio de estilo sobre el riff black metal, con Steve Reich y la exploración de la duración del tema en la línea de meta.

El principio de uno de los posibles fines de festival pasaba por escuchar como JAMIE xx retorcía R&B y soul con patrones dubstep y exploraciones underground altas en colesterol de graves. Ramón Ayala

 
  • Wilco. Foto: Òscar Giralt

  • Richard Hawley. Foto: Óscar García

 

Misión cumplida

Tres grupos; tres objetivos. El de WILCO estaba claro: superar la floja actuación que ofrecieron hace dos años aportando un poquito de riesgo (buen trueque al domesticar “Spiders”), mucha veteranía y, esta vez sí, con el sonido como gran aliado de sus tremendas canciones.

THE CHAMELEONS tenían otra misión: demostrar que su rock oscuro puede tener tintes siniestros aunque el sol te pegue directamente en la frente, poniendo la clave en sus guitarras y sin dejar hueco a la nostalgia, a pesar del baño de masas que Mark Burgess se regaló al final de su pase. Quedaba el objetivo de REAL ESTATE, montándoselo realmente bien para que no se note que “It’s Real” es el único tema por el que merecen ser recordados. María Baigorri


Metaleros al sol, crooners bajo la lluvia

Con el sol del cara, David Rodríguez se presentó acompañado por la banda que lo rodea en las últimas apariciones de LA ESTRELLA DE DAVID. Joël Iriarte, Ana Fernández-Villaverde y Jaime Pantaleón lo ayudaron a abrir el Fòrum a las cinco de la tarde con sus canciones de pop marciano cada vez más compactas.

La hora de la merienda no era el momento más favorable para meter la cabeza en el metal de A STORM OF LIGHT, pero Josh Graham logró acercarse a la fiereza de sus raíces (también milita en Neurosis, encargándose del aparato visual) gracias en parte a una de las sonorizaciones más terroríficas del festival. Tampoco decepcionaron NAPALM DEATH repartiendo lo que se esperaba (y deseaba) de ellos: grindcore costroso y supurante. Las orejas todavía escocían cuando, unas horas más tarde, ARAABMUZIK quiso sobrarse con su exhibición digital, cual Dr. Phibes del MPC. Costó un poco meterse, pero los allí presentes terminamos, si no bailando, sí en un estado de semitrance y cabeceo. 

Contraste generacional en el Auditori: la británica LAURA MARLING tiene voz, viste las canciones con gusto y saca partido de los músicos que la rodean. Puede que todavía esté lejos de ser una intérprete de las que tocan hueso, pero a sus 22 años se le intuye proyección y futuro. En cambio, a la veterana BUFFY SAINTE-MARIE se la vio muy perdida en su intento de rockear con un trío que otorgaba a su concienciado repertorio una credibilidad digna de un parque temático.

En el pase de NACHO VEGAS por el Arc de Triomf se reafirmó la solidez de las composiciones, pero se echó de menos alguna que otra escalada eléctrica que sirviera de toque de atención para el parloteo general. En cambio, el lesionado RICHARD HAWLEY (se presentó con la pierna rota) y su muy engrasada banda se impusieron sin despeinarse a los que estaban allí por estar, a la lluvia e incluso a un último disco poco memorable. Gerard Casau

 
  • AfroCubism. Foto: Alfredo Arias

  • The Olivia Tremor Control. Foto: Ismael Llopis

 

Amalgama de estilos

En un cartel tan heterogéneo, no es fácil encontrar algo que se salga tanto como la propuesta de AFROCUBISM con su fusión de raíces africanas y cubanas. Fue el triunfo de la música en estado puro, la que no necesita corriente para hacer latir los corazones. Trece músicos que parecían haber tocado juntos siempre en un show único, vibrante e intenso. Bienvenidos al Primavera Salsound.

Entre la maraña de estilos, el desgarbado KINDNESS aunó tanto lo hortera –con ese funk-pop tipo Level 42– como un soul ochentero cercano a The Style Council y un tecno-pop resultón que no paró de bailar, algo que hizo con mayor vigor y ritmo CADENCE WEAPON. El canadiense se mueve y rapea más como un funkmaster que como el típico MC, algo a lo que contribuye su hip hop de corte moderno con toques ragga. Fue a un ritmo endiablado, teatral y sudoroso, tan explosivo como HANNI EL KHATIB con su blues-rock garagero, a pesar de los eternos parones y de que se ahogaba entre sudor y cerveza.

Algo parecido les ocurrió a WAVVES, que se apoderaron del alma punk de los Buzzcocks, sonando guarros, duros y descarados como los de Mánchester, pero de tan acelerados se pasaron de vueltas. Lo de FRANZ FERDINAND es valor seguro: su directo no suele decaer y su rock dinámico cumple las expectativas. Sonó algún corte nuevo y se agradeció esa interpolación del “I Feel Love” de Donna Summer en “Can’t Stop Feeling”. Y en terreno totalmente contrario, el austríaco Bernhard Fleischmann parecía querer huir de aquel sonido indietrónico de Morr con un techno vocal y bailable manteniendo la misma esencia pop. Julio A. Cuenca


Decepción y placer

A$AP ROCKY fue, para algunos, la gran decepción. El rapero neoyorquino venía con la intención de emular a los brutales Odd Future en la edición pasada y se descubrió como un chaval sin actitud, cuyo show más bien parecía una discoteca cutre para guiris con ganas de magreo. 

JOHN TALABOT jugaba en casa y su actuación gustó, pero no arrasó. El problema fueron las paradas entre canciones, matadoras a esas horas de la madrugada. Sin embargo, su esfuerzo por ofrecer algo distinto a sus sesiones, incorporando voces y percusiones en vivo, fue de agradecer.

Algo le faltó al concierto de THE MEN. Hubo pogo en las primeras filas. Hubo ruido y electricidad, sonido sucio y guitarreo. Hasta hubo alcohol (el bajista se acabó él solito una botella de whisky). Y, sin embargo, la chispa no prendió.

Escuchar a GRUPO DE EXPERTOS SOLYNIEVE al aire libre mientras cae el sol es una sensación muy placentera. Es indudable que la inclusión de un teclista les ha hecho subir un peldaño. A destacar, el guiño a Pedro San Martín, con “Calles y avenidas” (La Buena Vida).

Al margen de las dos actuaciones de Jeff Mangum, el revival del colectivo Elephant 6 contaba con la esperada reaparición de THE OLIVIA TREMOR CONTROL tras suspenderse su actuación en el pasado Primavera Club. Se les vio disfrutar, bromistas y juguetones, y consiguieron abarrotar el escenario Vice. Sus cuarenta minutos de psicodelia y eufóricos coros se quedaron muy cortos. José Fajardo

 
  • Codeine. Foto: Juan Sala

  • The Weeknd. Foto: Òscar Giralt

 

El pop de aquí defiende su espacio

DOBLE PLETINA resultó una opción de lo más plácida para abrir el festival, con las voces masculina y femenina y el ukelele y los teclados en perfecta armonía. No faltó el toque de sierra musical.

Antonio Luque presentó a los nuevos SR. CHINARRO, con una banda joven y profesional, a años luz del desastrado encanto de sus inicios. De las viejas solo cayó “Quiromántico”.

ANÍMIC abrieron la tarde del sábado con su folk de cámara, y repasaron el estupendo “Hannah” (2011), pero pronto demostraron que pueden meter caña, y aquel era un buen lugar. ATLETA no es exactamente un grupo pop: instrumental, experimental, pero el dúo de José Roselló y Jaime Pantaleón tiene sus enganches melódicos y rítmicos para animar al personal.

Y si de similar sonido partía el norteamericano NEON INDIAN en su último disco, para el directo se transformó en banda y abrazó el tecno-pop de los ochenta: tras hacer vibrar el Ray-Ban de madrugada, declaró que sus grupos españoles favoritos son Aviador Dro y Azul y Negro. Esteve Farrés


Magia, lentitud, alma agitada, libre agitación  

El aura que rodea las contadas apariciones de JEFF MANGUM casi se echa a perder: parte del público con reserva para el Auditori seguía haciendo cola mientras acababa su primer tema, “Oh Comely”. El Víctor Erice del fuzz folk debió tomar nota, porque al día siguiente cerró con él su segunda actuación, retrasada además un cuarto de hora. Entremedias, siempre sentado y alternando tres guitarras acústicas, hipnotizó con otras joyas de los dos únicos largos de Neutral Milk Hotel (más “Ferris Wheel On Fire” y “Little Birds”, del boxset de 2011). Estuvo tan mágico como cercano: el sábado incluso pidió que la gente se arremolinara.

Y del entusiasmo por la asignatura al fin aprobada a otro cancionero de los noventa menos atemporal, el de los reunidos CODEINE. Aunque el slowcore que contribuyeron a parir ha desembocado en cierto cliché, aún pueden tocar la fibra. Será la voz frágil de Stephen Immerwahr, la guitarra de John Engle capaz de congelar el tiempo o la intensidad de Chris Brokaw como batería.

Menos convincente estuvo Abel Tesfaye, el canadiense detrás de THE WEEKND. Pese a superar una breve avería eléctrica, a su garganta y su falsete les queda trecho para confirmarse como sensación verista del R&B. Y si algo se demostró terso y vigente fueron las andanadas free de un THE POP GROUP en plena forma, pese a alguna alusión facilona de Mark Stewart a Lorca. Ramón Fernández Escobar

 
  • Saint Etienne. Foto: Juan Sala

  • Veronica Falls. Foto: Alfredo Arias

 

Vuelos de psicodelia, progresión y disco

Apenas un minuto antes de comenzar, los de FIELD MUSIC terminaron la prueba de sonido. Minuciosos, intercambiándose el protagonismo y los instrumentos, los hermanos Brewis ofrecieron pop de malabarismos progresivos, que destiló sensibilidad y texturas, además de vuelo. Presentaron temas de su flamante “Plumb” (2012).

PETER WOLF CRIER hizo de lobo aullador en el peor sentido: entradas en falso, rasguñando las notas altas; efectos de guitarra y juegos vocales destemplados deslucieron los arreglos por capas. DIRTY BEACHES no logró concretar en directo la magia que evocaba su distorsionada y onírica reconstrucción –deconstrucción– del rock y pop de los cincuenta y sesenta. La experimentación noise no llegó a cuajar, entre acoples y desafinaciones.

Ascendido a uno de los escenarios principales, aunque en inmerecida hora de sol inclemente, CUCHILLO dio otro pulido directo, si bien con deje más pop, sobre todo en temas del recién editado “Encanto” (2012). Los chilenos de THE GANJAS encadenaron peculiar psicodelia, dub in crescendo y fuerza rockera cual máquina incapaz de detener el fuelle. Impactó la psicodelia grunge de SLEEPY SUN, más dinámicos en vivo con deje post-punk y tino para acelerar.

Si en 2010 Pet Shop Boys inició la revancha, ahora le tocó a SAINT ETIENNE. El glamour candoroso de Sarah Cracknell dio un vuelco de estribillo pegadizo a la edición que por primera vez albergaba sonidos de metal extremo. Con su punto retro en temas y proyecciones, crearon el halo eurodisco seductor que se esperaba y el ambiente para “Words And Music” (2012), su nuevo disco tras siete años. Susana Funes


El (indie) pop ochentero nunca se apagará...

Un grupo que combina la chispa anfetamínica de Arctic Monkeys, las melodías agridulces de The Smiths y la inmediatez pop de The Strokes, junto al estudiado amaneramiento de su cantante, muy mal tiene que hacerlo para fracasar. Más acelerados que en disco, THE DRUMS desgranaron una ristra de hits que se llevó de calle al respetable.

Cruce entre la herencia C86 y el pop bostoniano de los ochenta, VERONICA FALLS consiguieron atraer a un público más que considerable (por escenario y horario) gracias a un álbum de debut que desgranaron metronómicamente y con versión del “Starry Eyes” de Roky Erickson incluida.

Pese a contar con fuertes hándicaps como tocar al aire libre y competir en horario con Beach House y Dominique A, la propuesta hauntológica de DEMDIKE STARE salió airosa gracias a sus largos e inquietantes desarrollos a base de drones cacofónicos y techno disonante. No llegaron al nivel de su actuación en marzo en CaixaForum, pero mantuvieron alto el pabellón. Fede Guerrero

 
  • Dominique A. Foto: Òscar Giralt

  • James Ferraro. Foto: Ismael Llopis

 

Lo nuevo y lo conocido

Tras la decepción por la cancelación del concierto de Sleep, la jornada del jueves se despedía en el escenario ATP con WOLVES IN THE THRONE ROOM y su renovada relectura del black metal norteamericano. Con una escenografía sobria y oscura, convencieron sin alardes de que su propuesta tiene todo lo necesario para hacer avanzar el género por el buen camino.

En la jornada del viernes, HARVEY MILK, otra de las propuestas de línea dura en esta edición del festival, cumplieron con profesionalidad y solvencia, pero su concierto terminó resultando largo y reiterativo.

Ya el sábado, TALL FIRS ofrecieron un buen set basado en la interacción de sus dos guitarras y sus dos voces que pasó con más pena que gloria por lo escaso y lo poco motivado del público. El veterano DOMINIQUE A llegó acompañado de grupo y quinteto de maderas y metales para ofrecer una excelente actuación centrada en su nuevo repertorio con escasas concesiones al pasado.

Pero para veteranos, los miembros de OFF!, que arrasaron ofreciendo una contagiosa lección de actitud punk en un concierto impecable, extenuante y muy divertido. Todo lo contrario a YO LA TENGO, quienes sufrieron problemas con el sonido y, con una discutible elección del repertorio, terminaron por aburrir al respetable, que abandonó en masa el recinto del escenario mucho antes de que concluyeran su actuación. JuanP Holguera


Heterodoxia al alza

Frente al tan extendido discurso único que parece dominar las distintas parcelas de nuestra existencia, la heterodoxia cotiza al alza en el mercado de valores musicales. El canadiense SANDRO PERRI (antes Polmo Polpo) lo dejó meridianamente claro con su AOP (adult oriented pop) envuelto en brisas de jazz, lounge y electrónica ligera. Una delicia que pasó casi tan inadvertida como el brevísimo set de poco más de veinte minutos de JAMES FERRARO, cuyo pretendido pop hipnagógico quedó reducido a excelsa chatarra electrónica en una de las actuaciones más desconcertantes y fascinantes de esta edición. Un perro verde. En la primera jornada brilló con luz propia la divertida y chispeante música de FRIENDS, combo brooklynita que exhibió fashionista pedigrí neoyorquino y evocó, en el mismo lote, a Prince, ESG y Tom Tom Club.

Y aunque ya es difícil sorprender, FASENUOVA consiguieron impactar con su rock’n’roll de octava generación: bestiales trallazos de electrónica sulfúrica que parecen concentrar en sí mismos toda la tensión de la crisis actual. Como unos Suicide filtrados por la cuenca minera asturiana. Por otro lado, es una lástima que la conjunción casi mágica de house, bassline y dubstep del primer disco de SBTRKT se difumine en un directo en el que sus grandes jitazos pierden fuelle y pegada. Y de repente... aterrizó la nave espacial de MAIN. La hipnótica y espectral nana galáctica de Robert Hampson nos condujo a un chill out como los de antes, con gran parte del público durmiendo en las gradas.

Aunque ha adquirido algunos de los males que aquejaron a la escena del drum’n’bass, BENGA supo equilibrar en su actuación la bass music ligeramente exploratoria con ese irresistible dubstep para las masas de los dos hits (“Icon” y “Pour Your Love”) que cantó Marlene. Por su parte, el colectivo NUMBERS, con Redinho y Jackmaster a la cabeza, ofreció un formidable repaso a la dance music más desprejuiciadamente hortera, con paradas en el latin freestyle, el tribal house, el electro y la bass music más hedonista. Y el madrileño PIONAL se postula definitivamente como uno de los grandes de la electrónica nacional gracias a un potaje de deep house, cosmic disco y chillwave que tuvo la valentía de llevar a un ambicioso directo plenamente real.

Y a JOSH T. PEARSON le cabe el ¿dudoso? honor de haber realizado la última actuación del festival en el recinto del Auditori, que al parecer ya no se podrá volver a utilizar. Muy próximo al espíritu del Club de la Comedia (pasó más tiempo hablando que cantando), contrastó la tristeza de sus hermosas canciones de desierto norteamericano con el tono jocoso que imprimió a un concierto que supo a poco. Luis Lles

 
  • Beach House. Foto: Óscar García

  • Mudhoney. Foto: Ismael Llopis

 

El diablo y la señorita Legrand

Para dar por empezados los conciertos en escenario grande, NO MORE LIES tuvieron el sol cayéndoles en picado sobre las frentes, pero supieron sacarle partido al creciente ambiente de fiesta gratis al aire libre y el repertorio de sus tres discos sonó como un trueno. Enormes composiciones emocore que siempre estarán vigentes mientras se toquen con músculo y tan claramente articuladas. Luego, JEREMY JAY saludó al Arc de Triomf y la gente no sabía si era Bowie, un Morrissey raro o Thurston Moore en plan new wave. Sus canciones, cantadas en castellano, hubiesen encajado en muchos discos post-movida, pero lo que sí hizo fue versionar el “Shayla” de Blondie con algo de timidez, sin perder la elegancia en un pop de tonos leves de color pastel en un atardecer que podía haber dado Martini y cada vez pedía más botellón.

De todas las reuniones improbables, THE AFGHAN WHIGS se llevaban la palma. Solo era cuestión de no creer, aunque fuese por el orgullo de Greg Dulli. O por cinismo. No encomendarse a Dios ni al diablo acaba reportando placeres mundanos, alaridos de amor a lo “Oooh, baby, oooh, baby!”, y él es de los que siempre acuden a la pelea mientras sea con sus propias reglas. Árido como nunca, pletórico como quien no quiere la cosa estaba para creer apenas en dos guitarras, un aire de piano envejecido y un sonido lo más robusto posible. Sin concesiones, casi tanto de jazz como de soul, si es que aún nos alcanza para metáforas así. Pulgares en alto, pues. Muy arriba.

Los primeros vasos de cerveza de la noche del jueves volaron en honor a REFUSED por descargar uno de los conciertos más memorables del festival. Y fue memorable de entrada para el propio grupo, que contó sus recuerdos de Barcelona y el Garatge Club como lo más álgido de su carrera, tal vez sin darle todo el mérito que merece al hecho de que su propuesta siga sonando tan brutal a década y media de haber ampliado las fronteras del hardcore con un esfuerzo físico y mental que podía haber acabado con cualquiera. Maquinaria pesada, de nuevo engrasada con la finura del artesano. La banda sueca repartió tanta euforia que la masa le agradeció con locura hasta dos bises y todos los discursos de Dennis Lyxzén que hizo falta.

BEACH HOUSE encararon la hora de la verdad del fin de semana bajo el crepúsculo de la jornada de cierre en el Fòrum. Los últimos colores del cielo aportaron una extraña magia a los primeros compases de lo que había de dar por bueno el más flojo de sus últimos tres trabajos. Y así fue. Debió ser la brisa marina lateral al escenario Mini, el hecho es que Victoria Legrand se esforzó por sonar más fresca que sonámbula, como una Beth Gibbons simpática o una Hope Sandoval con algo de pulso. Algo llevadero. Ramon Llubià


Labores de amor y plomo

Ahora que el Auditori se cierra (al menos, eso dicen) para el festival, sube aún mas la cotización de lo visto en BIG STAR’S THIRD. Bajo el comando del batería original, Jody Stephens, y los mariscales de campo Mike Mills, The Posies y Norman Blake, una comuna all star del indie rock y power pop redibujó a lo impresionista “Third / Sister Lovers” (1978) a mayor gloria del genio Chilton. Se vaciaron en escena Ira Kaplan, Sharon Van Etten y Jeff Tweedy, entre otros, con sonido inmejorable y emociones a flor de piel. Un “Último Vals” del rock norteamericano contemporáneo que provocó sonrisas de las que duran tres días.

MUDHONEY, o cómo desenterrar un pasado arisco a base de paletadas brutales. Bajo capas de engrudo sónico, “Touch Me I’m Sick” o “Suck You Dry” perviven como himnos generacionales propios de una época en que el rock significó alguna cosa a nivel masivo. Verlos en vivo rejuvenece el espíritu y arruina las cervicales.

Ningún escenario mejor que dunas de cemento y olor de cloaca para las atmósferas de plomo de GODFLESH. Los padres del metal industrial europeo escupieron un set opresivo y brutal en el que mandaron las canciones de “Streetcleaner” (1989), torturada obra maestra. Imposible acusarlos de nostalgia acomodaticia: en directo son puro sufrimiento. Ricard Martín

 
  • Chromatics. Foto: Òscar Giralt

  • The xx. Foto: Alfredo Arias

 

La escala cromática

Se esperaba más de FATHER JOHN MISTY, disfraz actual de J. Tillman, tanto por su caudalosa discografía como por su paso por Fleet Foxes. Desplegó pose, falsa modestia y algunos temas salpicados entre versos con chascarrillos más propios de un pub que de un escenario regio como el Auditori. Tampoco convenció la actitud de SHARON VAN ETTEN con el público local. Musicalmente excelsa –imposible fallar si publicas un álbum como “Tramp” (2012)–, en cambio, estuvo arisca cada vez que mencionó la palabra Barcelona. Grande también “Tamer Animals” (2011), que sirvió de base para que OTHER LIVES se postulasen como alternativa de Oklahoma a un supuesto elixir texano con aromas de Shearwater y Midlake. Profundos y sentidos.

GIRLS NAMES, menos versátiles, se obstinaron en hiperventilar los ritmos patentados por Joy Division con una pizca de electrónica. Quedan CHROMATICS como uno de los momentos álgidos del festival. Mezclando impasibles –cuando lo cool vence a las tendencias– lo descaradamente pop con tics venidos del rock. De su set solo se podía salir de una manera, y es pensando que “Kill For Love” será uno de los triunfadores de 2012. David S. Mordoh


El riesgo de lo eterno y la crisis de lo moderno

Receta anticrisis: THE xx demostraron que menos es más. Delicados y sutiles, sus ecos despertaron los sentidos mientras hacían soñar. Una deliciosa síntesis de alarmas y nanas. Reivindicaron el valor de la calma, evocaron a Gil Scott-Heron y dieron pocas pero sugerentes pistas sobre su próximo álbum.

Contra la prima de riesgo, un primo arriesgado: BIGOTT, desaliñado y resultón, ladrón de guante blanco (plastificado), remojó sus mostachos en copas añejas sin asco, miedo ni complejos y dio un conciertazo (dos: en acústico no perdió la gracia).

THE CURE no pensaron en recortes y lograron ser excelsos sin interrupción. Con un repertorio infinito e infalible, recuperaron teclados esenciales y pusieron de acuerdo a casi todas las generaciones y tendencias del festival: son históricos (para muchos incluso eternos, aunque hubo a quien el concierto le pareció una eternidad).

Para rescate, el de M83, que optaron por el derroche (audiovisual). Abrumadores, apabullantes, espectaculares, muy efectistas y con muchas tablas (electrónicas), certificaron que cuando este siglo se pone moderno siempre acaba sonando a los ochenta. Gabriel Núñez Hervás

 
  • Death Cab For Cutie. Foto: Alfredo Arias

  • Michael Gira. Foto: Juan Sala

 

Sombras diurnas para medianoches de neón

Nublar las tardes y acentuar el brillo lunar ha sido tendencia este 2012. En la pole adversa del Arc de Triomf, el macarrismo de salón de THE BLACK LIPS fue noqueado por la elegancia de THE WALKMEN, lejos ya del post-punk con las vocales cristalinas de Hamilton Leithauser, baterías precisas y nítidos punteos de guitarra. Menos finos en todos los sentidos estuvieron los “Bad Kids”; con mucho surf y poco garage, el cóctel de estas fierecillas domadas tiene ya escasa graduación si no se toma en local de techo bajo.

A pesar de la melancolía de muchos slots tempranos, el entorno le pudo al encanto boscoso de SISKIYOU y ahogó su folk doliente en un corsé demasiado rígido. En cambio, no les sobró ATP a I BREAK HORSES, deudores tanto del “Loveless” (1991) de My Bloody Valentine como del “Architecture & Morality” (1981) de OMD. Fascinantes, aunque la voz de Maria Lindén peligra ante tanta reverb y sintetizadores suntuosos.

Se prodigan tan poco DEATH CAB FOR CUTIE que era previsible que generaran el primer tumulto ante el Mini. Los flagrantes problemas técnicos llegaron a rajar “Doors Unlocked And Open”, pero salieron triunfantes gracias a un Ben Gibbard en estado de gracia y un repertorio generoso en nostalgia que supo aunar lo expansivo y la intimidad. Les siguieron BEIRUT, un auténtico “expediente X” del indie que doblega con sus vientos a los más envarados. Zach Condon, curioso antihéroe de brutal pulso escénico, indujo al baile folkie sin complejos. A quien nadie gana a seductor y pillo es a Hayden Thorpe y sus falsetes, focos del directo hipersensuado de WILD BEASTS; el tono turbio de “Smother” (2011) impregnó sus constantes y pícaros comentarios.

El monopolio nocturno de la electrónica se resquebrajó con las guitarras multiamplificadas de JAPANDROIDS, programadas con acierto mucho más tarde que en 2010. Por suerte para sus voces rotas por la gira, lo que se buscaba a tales horas era sudor, no sutilezas.

Sí cumplió el tópico de los beats un AEROPLANE pilotado ahora en solitario por Vito de Luca y sus trazos gruesos de electro y nu disco febril; pero la nocturnidad más salvaje la pondrían los megalómanos JUSTICE. Demiurgos electrónicos, dieron una lección de mecánica cuántica diseccionando sus canciones en una misa de samplers quizá poco espontánea, pero aun así perfecta para la liturgia del directo. Marta Pallarès


El (esperado) ritual de lo habitual

Quién nos hubiera dicho hace quince años que asistir a un concierto de Shellac sería algo tan habitual como los especiales de fin de año de Martes y Trece. Una vez más, el trío de Chicago logró prenderle fuego al escenario ATP (con unos cuantos temas nuevos, además) sin mostrar señales de cansancio.

Obits lograron sobreponerse a un horario adverso y cuajaron un buen concierto que fue de menos a más. Seguro que se ganaron un buen número de fans con su garage-rock de aires surferos. Michael Gira ejecutó un impactante e inolvidable show en el que nos mostró –al igual que hiciera el año pasado en el apoteósico pase de Swans– el lado más tenebroso del alma humana. Una hora de catártico folk y blues construidos alrededor de la portentosa voz de este predicador renacido que logró poner el Auditori a sus pies.

El estupendo concierto de Chavez nos recordó –algunos fans llevaban veinte años esperando a corroborarlo– que el math rock lo inventaron ellos; una lástima que casi nadie se enterara. Forest Swords pasaron la reválida del directo con un atmosférico y envolvente dub que nos llevó de viaje durante poco menos de una hora. Manel Peña

 
  • The Wedding Present. Foto: Juan Sala

  • Atlas Sound. Foto: Óscar García

 

Chicas con estrella y chicas estrelladas

Incluso siendo su obra maestra, no es el hosco “Seamonsters” (1991) el mejor disco de THE WEDDING PRESENT para un festival ni para la luz diurna. Y si encima la sonorización achata algunas canciones, pues podría parecer que no diesen un buen concierto. Estuvieron menos veloces, sí, pero más intensos que en sus últimas visitas.

Al caché de GRIMES lo de salir a defender “Visions” (2012) en directo le ha hecho pupita. La niña tiene gracia y tiene hits, pero su amateurismo enervante mengua el impacto de unas canciones que todos nos imaginábamos que eran mucho más.

WHITE DENIM son el prog-rock divertido. King Crimson versionados por Minutemen. Led Zeppelin resucitados por Touch And Go. Cuatro músicos explorando las posibilidades de sus instrumentos, de la compenetración, del virtuosismo con fondo.

De Ali Farka Touré a Tinariwen y tira BOMBINO porque le toca. Alguien dijo que tendría que haber hecho la banda sonora de “Los pasos dobles”, un western africano. Raíz y vanguardia. Junto a lo de AfroCubism, una de las más agradecidas excepciones del festival. Hipnótico.

Si en la mañana del domingo LORENA ÁLVAREZ Y SU BANDA MUNICIPAL habían seducido a los niños del Minimúsica, por la tarde sus jotas heterodoxas enamoraron a los abuelos del Arc de Triomf. No sé que es más original y sano en ella (las letras, su actitud, sus fuentes musicales...), pero sí tengo claro que esta chica tiene estrella. Joan Pons


Excéntricos S.A.

Buen ejemplo de la efervescente escena gallega, los pontevedreses UNICORNIBOT la liaron bien parda con sus marcianos cascos de papel de aluminio y su propuesta entre el math rock y el post-metal. Al igual que la lió Warren Ellis al frente de sus DIRTY THREE, donde el también Bad Seeds manda y dirige desde el violín o el piano mientras Jim White y Mick Turner imparten magisterio. No faltaron sus míticos bailes (ni sus no menos míticos lapos gigantes).

Estupendo estuvo también el “grecoriano” Bradford Cox con su proyecto en solitario ATLAS SOUND. El líder de Deerhunter se bastó de una guitarra y una buena pedalera de loops para crear un hipnótico muro sonoro entre el que las melodías iban apareciendo. Muy bello. Jaume Ribell

 
  • Lee Ranaldo. Foto: Óscar García

  • LFO. Foto: Óscar García

 

Perdidos en la inmensidad

Héroes del noise rock de los noventa de nuevo en activo, ARCHERS OF LOAF empezaron sonando como la peor de las cacofonías, algo de lo que supieron resarcirse a medida que fueron atacando su arsenal de melodías incontestables.

Con el futuro de Sonic Youth en el aire, LEE RANALDO se acercó al Primavera Sound, acompañado del baterista sónico Steve Shelley, para desgranar su última referencia en solitario. Y pese a la brevedad de su concierto, este tipo con pinta de profesor chiflado demostró que, efectivamente, es todo un maestro.

Presenciar una actuación a las siete de la tarde de ORTHODOX puede ser la más dura de las penitencias, pero ojalá todas las torturas sean como esta, un demoledor festín de riffs monolíticos.

Paradójicamente, el escenario Mini le quedó inmenso. La culpa no fue suya, sino de tener que compartir horario con los cabezas de cartel. CHRISTINA ROSENVINGE tiró de oficio y ofreció un bolo en el que sonó lo más florido de su repertorio.

Adalides del ese sonido valenciana que ellos mismo han patentado, SENIOR I EL COR BRUTAL se revelaron más compactos y enérgicos que nunca. Recuperaron lo mejor de su último largo, “Gran” (2011), y estrenaron un par de temas de su próximo álbum.

Los hubiéramos disfrutado mejor en un escenario más recogido, pero, pese a ello, KINGS OF CONVENIENCE –que dividieron su concierto en dos partes: una primera en que solo ocuparon el escenario Erlend Øye y Eirik Glambek Bøe, para después aparecer toda su banda– acabaron cautivando al público con la calidez de su indie folk. Oriol Rodríguez


Ruido y dulce, dulce música

THE FIELD certifica la teoría del goce demorado, la que dice que cuanto más pospones la realización de un deseo, más placer obtienes. El sueco Axel Willner nos lleva al paroxismo con sus largos y sutiles desarrollos y sus infinitesimales y escalofriantes samples vocales de helio. La madrugada eterna.

EROL ALKAN aparcó su coctelera pop para agitar esta vez la pista con un batido de techno, electro y breaks de bajos graves y trazo grueso que incluyó un homenaje a Donna Summer vía "I Feel Love". Entretenido pero no relevante.

Estándares, Broadway, soft rock, torch songs, formación de small band (con Teddy Thompson, invitado de lujo)... Da la sensación de que la música de RUFUS WAINWRIGHT no es de nuestro tiempo ni aspira a serlo, y precisamente por eso se hace un hueco en nuestros corazones. Entrañable.

Los pioneros del black metal MAYHEM decoraron el pequeño escenario Vice con cabezas de cerdo. Deben desconocer que en nuestros bares y casas colgamos patas de estos animales. Los noruegos tienen pintas chungas, son veloces y contundentes, combinan registros vocales chillones y graves, pero parece que hagan teatrillo, no provocan sensación de peligro alguna. Decepción mayúscula.

Lo malo que tienen MILAGRES, novísimo quinteto neoyorquino, es que no se definen. Dudan entre el dream pop, el pop de cariz británico (Pulp, The Divine Comedy), el pop épico y post-rockero... Lo bordan todo, pero no se salen del guión.

Mientras Justice ponían patas arriba el escenario San Miguel, su padre putativo, es decir, LFO, hacía lo propio en el Mini. Hace veinte años Mark Bell y su entonces socio Gez Varley iniciaron una revolución cuyos hallazgos aún no han sido superados. No hay música a la vez tan popular y tan extrema como esta. Vigentes. Clásicos. El tiempo les ha dado la razón.

El inglés SCUBA confeccionó una sesión de techno y tech-house dinámica, llena de subidas y bajadas, luminosa, disfrutable. También muy clásica, muy noventas, sin rastro del dubstep que cabría esperar de Paul Rose, creador del sello Hotflush. Se bailó mucho, eso sí. Llorenç Roviras

 
  • Lisabö: Foto: Óscar García

  • Marianne Faithfull. Foto: Óscar García

 

Los bellos y los bestias

Los mallorquines BEACH BEACH lidiaron con un público escaso y con un sonido deficiente que engulló sus canciones chispeantes de pop guitarrero noventero. Ellos lo dieron todo, eso sí.

GIRLS jugaban con ventaja. El escenario Mini se ajustaba perfectamente al quinteto, ampliado esta vez por el trío de coristas negras que faltaron en su visita al pasado Primavera Club. El resultado: un concierto redondo y bonito cuyo cénit fue una épica y emocionante “Vomit”.

Una palabra para definir a Lisabö: salvaje. Empezaron como si fueran a correr los cien metros lisos y lo siguiente fue un derroche de ruido, precisión y pasión. Terminaron emprendiéndola a golpes contra el equipo y dejando la sensación de que habrían triunfado en cualquier festival del mundo. Nacho Ruiz


Horarios extremos, sonidos distantes

El sudafricano SPOEK MATHAMBO cerró la programación del jueves del escenario Adidas Originals ante una concurrencia exigua pero altamente entusiasta. A su electro-rap añadió un inesperado saxofonista para dar más cuerpo a un sonido desenfrenado y montar un fiestón.

RUSTIE, en cambio, naufragó en un escenario Pitchfork más frío y desangelado de lo esperable. No se conformó con el repertorio de “Glass Swords” (2011): probó cosas diferentes, pero no pudo evitar que el grueso de los supervivientes le pusiesen los cuernos con Erol Alkan.

PICORE abrió el viernes el escenario Vice con una exhibición de post-core entregado, buen sonido y la carismática presencia de un vocalista de movimientos freaks y verbo inteligente.

En el Auditori, MARIANNE FAITHFULL alternó invocaciones a Nick Cave, Bob Dylan y Leonard Cohen (cerró con una decente versión de “Tower Of Song” diciendo suscribir su misma filosofía de vida) con su propio legado: no faltaron “The Ballad Of Lucy Jordan”, “Broken English” ni un “As Tears Go By” que puso al público en pie a mitad de concierto.

DEATH IN VEGAS cerraron el Mini apostando por una puesta en escena muy rock y su típico recurso de meter voces sampleadas, aunque Richard Fearless también cantó algunos temas. Sonaron potentes e hipnóticos.

Esperaba más de MATÍAS AGUAYO y REBOLLEDO, tándem latinoamericano de sonido germanófilo que salieron por separado y luego se juntaron, llegando a cantar por encima de algunos de sus tracks, pero sin calentar demasiado el ambiente.

El sábado fue abierto en el escenario Ray-Ban por un REFREE que, a pleno sol y ante muy poco público, dio lo mejor de sí con la misma banda con que ha grabado el reciente “Tots Sants”, entregado con el RDL de mayo. Su versión de “Gallo rojo” fue el momento más emotivo. David Saavedra

 
  • Nick Garrie. Foto: Ismael Llopis

  • The Rapture. Foto: Ismael Llopis

 

Malditos, bailables e hipnóticos

El dúo de Barcelona PEGASVS, encargado de estrenar el Fòrum el jueves, hipnotizó a un centenar largo de personas con su pop sintético de influencias krautrock.

Al día siguiente, fue emocionante ver a NICK GARRIE defender por primera vez el maldito “The Nightmare Of J. B. Stanislas” (1969) con una formación que hacía justicia al pop barroco psicodélico del álbum.

Un muro formado por una docena de amplificadores Marshall presagiaba que el directo de SLEIGH BELLS iba a ser potente. Convertidos en trío –dos guitarras afiladas y voz sobre bases grabadas–, de tanto ir arriba y abajo Alexis Krauss hizo sudar al técnico que vigilaba el cable de su micro, pero también al público.

La máquina de bailar de THE RAPTURE se mostró imbatible como cierre del escenario principal en la segunda jornada, orgullosos de hacerlo además con un repertorio muy basado en los temas de “In The Grace Of Your Love” (2011). No dieron respiro.

El sábado, a las 2 de la madrugada, WASHED OUT podían haber cargado las tintas dance de su directo, pero se mantuvieron fieles al espíritu chillwave de su debut con un directo hipnótico. Solo los intentos de animar a dar palmadas de Ernest Greene rompieron el ensueño.

En la última jornada dominical en el Arc de Triomf, JOE CREPÚSCULO hizo olvidar el cansancio con una descarga de hits, el mejor concierto posible en el contexto de casi fiesta mayor de la clausura gratuita del festival. Rufus Wainwright podría tomar nota.

Al frente de un sexteto de multinstrumentistas, YANN TIERSEN recompensó al público que había aguantado la lluvia entre conciertos con un directo intenso con gran peso de “Skyline” (2011) alternando pop épico y ruido. Marta Salicrú

Etiquetas: 2010s, 2012, Barcelona
Sónar, Todo cambia, todo permanece
Por Luis Lles y Llorenç Roviras
Primavera Sound Touring Party (y 14), Final de trayecto
Por Gerard Casau
Sónar, Como si no hubiera un mañana
Por Luis Lles y Llorenç Roviras
MTV Galicia, Pórtico de la Gloria
Por David Saavedra
Primavera Sound Touring Party (4), Redoble de tambores
Por Gerard Casau
Estrella Levante SOS 4.8, Crecimiento exponencial
Por Óscar García
Sónar, Buenos tiempos para la épica
Por Luis Lles y Llorenç Roviras
Sónar, El bucle melancólico

FESTIVAL (2010)

Sónar

El bucle melancólico

Por Víctor Lenore y Luis Lles
FIB Heineken, El centro de gravedad

FESTIVAL (2010)

FIB

El centro de gravedad

Por Ramón Fernández Escobar y César Luquero
Primavera Sound, Días de brillo y purpurina
Por Rockdelux
Primavera Sound, Contra el frío, música
Por Rockdelux
FIB, Cómo no tropezar dos veces

FESTIVAL (2011)

FIB

Cómo no tropezar...

Por Ramón Fernández Escobar y Guillermo Z. del Águila
Bilbao BBK Live, El chico pega el estirón
Por Joseba Martín
Faraday, A la virtud por la elegancia
Por Adrián de Alfonso y Jaume Ribell
PSM Festival, Fiesta para un amigo desaparecido
Por Asier Leoz
Primavera Sound Touring Party (9), Todas las fiestas del mañana
Por Gerard Casau
Sónar, Regreso al futuro

FESTIVAL (2013)

Sónar

Regreso al futuro

Por Luis Lles y Llorenç Roviras
Primavera Sound, Llegar lejos

FESTIVAL (2016)

Primavera Sound

Llegar lejos

Por Rockdelux
Arriba