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Sónar, Como si no hubiera un mañana

Hoy, más que nunca, la gente necesita evadirse de la realidad o, como diría Bryan Ferry, secarse las lágrimas bailando.

Foto: Juan Sala

 
 

FESTIVAL (2012)

Sónar Como si no hubiera un mañana

En 2012, casi veinte años de un evento único con denominación de origen electrónica, bailable y experimental. Recuperamos la crónica que escribieron Llorenç Roviras y Luis Lles. Una edición que, como siempre, nos dejó conciertos y sesiones para el recuerdo: The Roots, Azari & III, Kode9, DJ Spinn & DJ Rashad, Laurent Garnier, DJ Harvey, Richie Hawtin... Lean, rememoren.

Barcelona y L’Hospitalet de Llobregat, CCCB/MACBA y Fira Gran Via 2
14-16/6/2012

Hay quien se sorprende de que, con la que está cayendo, el Sónar haya alcanzado un nuevo máximo de asistencia: 98.000 personas, según la estimación de la propia organización. Claro que es fácil hacer predicciones a pelota pasada –de hecho, a mí también me sorprende–, pero le veo una explicación plausible, apoyada por el Primavera Sound, que también ha batido récords este año, y multitud de sociólogos: hoy, más que nunca, la gente necesita evadirse de la realidad o, como diría Bryan Ferry, secarse las lágrimas bailando. La música electrónica siempre ha tenido una elevada dosis de voluptuosidad. Incluso en su vertiente más experimental suele carecer de mensajes sociales o de ningún otro tipo y se caracteriza por la fe en el progreso y un ánimo lúdico. Lana Del Rey es pura fantasía, como lo son Eltron John o Esperit!, por poner ejemplos bien distintos. Aunque el festival no es una burbuja completamente aislada y hermética: cierta idea subversiva se coló en las proyecciones de The Suicide Of Western Culture (“Love your friends, hate the politicians”) y en la máscara de deadmau5, que se convirtió por unos instantes en anonymau5. Si el año que viene seguimos aquí, bailaremos todavía más. Llorenç Roviras

 
  • Flying Lotus. Foto: Óscar García

  • Daedelus Archimedes Show. Foto: Juan Sala

  • Mostly Robot. Foto: Juan Sala

 

Sónar de Día. En el nombre del funk

Nunca me ha gustado la fórmula de los showcases, porque si no quieres caldo, te ves obligado a tomar dos tazas. Por ejemplo, toda la tarde del jueves el SonarVillage estuvo sitiado por los representantes del sello Brainfeeder, y aunque su fundador, FLYING LOTUS, sí hizo una sesión apoteósica (que repitió al día siguiente) de bajos gravísimos, síncopa pronunciada y mucho sentido narrativo, sus secuaces no estuvieron a la altura. JEREMIAH JAE, por ejemplo, lanzó con su portátil un anodino combinado de funk, soul, ritmos pesados y ruidos abstractos y rapeó sobre ellos con escasa convicción. Tampoco le ayudó la sonorización, bastante mala en general en los escenarios exteriores diurnos (se libraron el SonarHall y el SonarComplex). THUNDERCAT (Stephen Bruner, bajista influido por igual por Jaco Pastorius y Les Claypoo), con una banda que mezcla jazz, rare grooves y crossover, tuvo algo más de originalidad y de enjundia.

El DAEDELUS ARCHIMEDES SHOW es el montaje de espejos móviles que acompaña al californiano. Mucho nombre para tan poca cosa (claro que el nivel escenográfico de esta edición era altísimo): la recreación, aparentemente, de una bola de cristales vista desde dentro. La música es otra cosa: house, ravera, planeadora, sobrecargada, melódica, desordenada. Mucho más potente que en disco, pero con la firma personalísima de Alfred Weisberg-Roberts.

La superbanda MOSTLY ROBOT nos hizo pasar otro buen rato: bacanal de scratches de DJ Shiftee, inflexiones vocales negroides de Jamie Lidell y versiones de “Rockit” (Herbie Hancock) y “Windowlicker” (Aphex Twin). Pero uno recuerda que es un proyecto concebido por Native Instruments para promocionar sus aparatos y se le rebaja la alegría (aunque sean trastos muy buenos).

Al inglés Orlando Higginbottom (TOTALLY ENORMOUS EXTINCT DINOSAURS) no le patrocina nadie. Él se coloca sus plumas de pavo real y se pasea, ajeno al mundo real, entre el pop electrónico y el house fino, con paradas en el romo, el french touch y la batucada.

El SonarDôme trotó ese día a ritmo de footwork: desnudo, huesudo, monótono y marcial, y con tonos oscuros cercanos al dubstep, en el caso del inglés OM UNIT, y espasmódico y rallante en el de DJ SPINN & DJ RASHAD, maestros del disloque oriundos de Chicago. Beats y alaridos, una fórmula simple hasta decir basta, pero que da suficiente juego para meter samples de James Blake.

 
  • Daniel Miller. Foto: Óscar García

  • Pional y John Talabot. Foto: Juan Sala

  • Diamond Version + Atsuhiro Ito. Foto: Juan Sala

 

El viernes no había que perderse a los dos veteranos músicos/propietarios de sellos que se ponían tras los platos. TREVOR JACKSON (Playgroup) estuvo elegante, aunque se quedó en un tempo medio que no satisfizo al personal. Sí se pudo bailar con DANIEL MILLER, que se marcó un set de house y techno correcto, pero que no daba pistas de que el selector era el hombre que creó The Normal y Mute Records.

En las catacumbas del Hall, mientras tanto, los noruegos SUPERSILENT rendían pleitesía a JOHN PAUL JONES. La intención debía ser buenísima, si bien la música, un átono fraseo del ex Led Zeppelin con un bajo de seis cuerdas sobre un discreto colchón electrónico, no iba a ninguna parte y acabó con la paciencia de muchos. MOUSE ON MARS tuvieron más en cuenta el contexto festivalero y sacrificaron la sutil caleidoscopia de sus discos para ganar en rugosidad electro y nervio funk (aunque no tengo claro que la operación tuviera un resultado neto positivo). El que con toda seguridad ganó enteros al pasar al directo fue JOHN TALABOT. El de Hivern Discs emocionó con su brillante electrónica cinematográfica. Cantó, PIONAL le hizo de escudero y el público bailó con el corazón en un puño.

Parecía que iba a ocurrir todo lo contrario con NINA KRAVIZ. La bellísima rusa empezó musitando de forma apenas audible sobre un soso ritmo house, pero poco a poco fuimos llegando entre todos a cierto acuerdo y empezamos a encontrarle la gracia a su aire decadente y glacial. Otra que parece tener a Nico en un altar es MARIA MINERVA. La estonia, una de las representantes en Sónar del oscuro sello 100% Silk, nos sumergió en una espiral sonora y visual: ecos, efectos, psicodelia lo-fi... marcianismo en general. Parecía ebria, de alcohol o de música.

Pasamos de puntillas por DARKSIDE, proyecto paralelo de Nicolas Jaar junto a Dave Harrington que camina por el blues fronterizo (fronterizo con el sopor total), y nos plantamos de nuevo en el SonarHall, en DIAMOND VERSION + ATSUHIRO ITO, un combinado mucho más estimulante de rock y electrónica. Por un lado, Alva Noto y Byetone convirtiendo chasquidos digitales en ritmos techno, y por otro, el susodicho japonés generando un ruido infernal con un fluorescente manipulado. Sí, señor, la trepanación. Chocante pero efectista, con tics heavies, traidor al discurso de Raster-Noton. ¿No habíamos quedado en que menos era más?

Red Bull se trajo a su amado DJ HARVEY: un pinchadiscos (residente del primer Ministry Of Sound y curator del sello Black Cock) hábil, culto, fiel al vinilo, sensual como pocos y, en resumen, más que bueno. Recorrió toda la historia del house hasta terminar en Nathan Fake. Como tiene que ser.

Como Talabot o Arbol, THE SUICIDE OF WESTERN CULTURE son artistas de aquí ubicados en prime time por méritos propios, dos encapuchados que emiten un feroz rugido analógico recorrido por una melancólica corriente de fondo. Fue bonito el detalle decorativo de las lámparas de mesita de noche. Y puso el broche de oro al Sónar diurno ARBOL. Su concierto en la Capella dels Àngels, con formación de batería, guitarra, violín, contrabajo y voz, fue estremecedor. Solemne, grave, conectó con la espiritualidad de Dead Can Dance y “El cant de la Sibil·la”. Ya se sabía por sus discos, pero quedó aún más patente. Llorenç Roviras

 
  • New Order. Foto: Juan Sala

  • Lana Del Rey. Foto: Juan Sala

  • Squarepusher. Foto: Óscar García

 

Sónar de Noche. Olvidar la crisis

El principal patrocinador del festival posibilitó una noche extra, la del jueves, que contó con un solo protagonista: NEW ORDER. A nadie se le escapa que los mejores tiempos de New Order ya pasaron. Pero también hay que reconocer que su concierto inaugural del Sónar nada tuvo que ver, afortunadamente, con la patética actuación de hooligans de vacaciones que ofrecieron hace unos años en el Primavera Sound. Tal vez la presencia de Gillian Gilbert (y la ausencia de Peter Hook) tuviera bastante que ver en el balance final, más bien satisfactorio.

Aunque el sonido no fuera todo lo bueno que sería de desear y a pesar de que Bernard Sumner ande ya corto de voz, lo cierto es que la banda sonó vibrante y cohesionada y volvió a emocionar con temas como el infalible “Blue Monday”, esa canción narcótica que desearías que no se terminara nunca y que querrías bailar hasta caer rendido. El final, catártico, llegó con “Temptation” y ese hermoso himno que habla de la tragedia del amor, “Love Will Tear Us Apart”. Puro sturm und drang, aunque ahora suene mainstream en manos de este Viejo Nuevo Orden.    

El glamour, claro está, lo puso LANA DEL REY, que contradijo a las malas lenguas, no desafinó (o muy poco) y ofreció un delicioso concierto de pop de cámara a caballo entre la estética eurovisiva y la nostalgia de la era Kennedy, acompañada únicamente por una guitarra, un piano y una sección de cuerdas. Su “Video Games” sonó esplendoroso en directo.

Y los exabruptos rítmicos llegaron de la mano de los dos mejores shows audiovisuales de esta edición: el de un AMON TOBIN enmarcado en unas piezas de Tetris (o en un Chillida pixelado, como dijo alguien) y dedicado a pintar paisajes sonoros llenos de erupciones rítmicas, y el de un SQUAREPUSHER felizmente recuperado, que ha dejado atrás afortunadamente su época de virtuoso clon de Jaco Pastorius para concentrarse en una furiosa mezcla de bajos asesinos y ritmos hiperquebrados con unos visuales que eran puro arte cinético.

De entre el resto de la oferta, hay que destacar el impecable set (una vez más) de RICHIE HAWTIN, que esta vez decidió prescindir de artificios visuales (solo un gran círculo al fondo que parecía evocar a Anish Kapoor) para ofrecer solo gran música, más sensual, tribal y lisérgica que nunca. En la batalla de los James DJs ganó JAMES MURPHY, con su combinado de afro-funk y post-disco, a un JAMES BLAKE en una sesión tirando a light en la que no faltó ni Beyoncé.

UNTOLD sorprendió al prescindir de su pedigrí future bass y apostar por el minimal. Lo de FATBOY SLIM fue más bien olvidable. Lo que se anunciaba como un live fue finalmente un DJ set populista y chabacano, que tuvo en todo caso sus diez minutos de gloria cuando mezcló “Strings Of Life” de Rhythim Is Rhythim con una versión makinera del “Mais que nada” de Jorge Ben y un a capela de Queen, seguido de un mash up de Donna Summer y Adele. Pero poco más.

 
  • The Roots. Foto: Juan Sala

  • Die Antwoord. Foto: Óscar García

  • Azari & III. Foto: Juan Sala

 

En el SonarLab lo mejor fue el set de los españoles MACHINE BEATS, repleto de excitante future bass, porque el resto fue más bien anodino: los DJs de BBC Radio 1 (JACK BEATS y ANNIE MAC) sonaron a pura radiofórmula, BRODINSKI vs. GESAFFELSTEIN fueron tan contundentes como previsibles, SIMIAN MOBILE DISCO no estuvieron tan inspirados como en otras ocasiones y lo de NICOLAS JAAR fue mejor que el año pasado, pero sigue sin saber trasladar la sutileza de su magnífico disco al directo.

Finalmente, el house con gordas líneas de bajo de JACQUES LU CONT, el ronroneo del techno melódico de la rusa Nina Kraviz, el hard techno de COYU o la ya cansina revisión del pop ochentero de FRIENDLY FIRES completaron una noche que no fue especialmente brillante.

Por el contrario, como viene sucediendo en los últimos años, la del sábado fue una noche gloriosa. En ella se enfrentaron dos concepciones radicalmente distintas del hip hop. THE ROOTS ofrecieron la visión naturalista y orgánica, en la que condensaron la historia del groove. El batería ?uestlove ejerció de poderoso motor de un combo estratosférico capaz de sonar como un grupo de math rock, una superbanda de jazz o la mejor máquina de hacer funk. Combinaron su formidable repertorio con guiños continuos a Kool & The Gang, Bo Diddley, Guns N’ Roses o Curtis Mayfield, y dejaron tras de sí una estela de autenticidad.

En el otro lado de la balanza, los sudafricanos DIE ANTWOORD también estuvieron enormes: su vigoroso zef (una mezcla de schranz, hip hop y voz bañada en helio) dejó claro que son unos magníficos fabricantes de hits de extrarradio y que es posible combinar lo cool con el chandalismo más barriobajero.

Pero, sin duda, la palma de la noche se la llevaron AZARI & III, que concentraron toda la mejor historia del house (deep, acid, underground, garage) en una actuación sublime, que se cerró con una apoteósica relectura del “No Way Back” de Adonis. Arthur Russell estaría orgulloso de esta sublimación de la dance music.

El pop electrónico, por otro lado, estuvo en manos de New Order (que repitieron, reducida, su actuación del jueves), unos poco inspirados METRONOMY y unos HOT CHIP con abundantes hits pero con más bien poco gancho en directo. Los sets de MAYA JANE COLES y MARY ANNE HOBBS, ambas dedicadas de lleno al house & bass, brillaron a gran altura. El mastodóntico show audiovisual de DEADMAU5 lleno de clímax y anticlímax, un cada vez más ibicenco y superfluo LUCIANO, unos trepidantes MODESELEKTOR (su “Evil Twin” sonó brutal), el mash up audiovisual de DJ2D2 y un LAURENT GARNIER tan camaleónico y magistral como siempre completaron una noche para el recuerdo que tuvo otro de sus highlights en el soberbio showcase del sello Hyperdub, con un gran DJ set de KODE9 y dos perturbadores directos: la espectral COOLY G y el fascinante dubstep soul de DVA. Bass is the place! Luis Lles

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