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Sónar, Regreso al futuro

En el Teatre del CCCB, Max Richter & BCN216 oficiaron su “recomposición” de “Las cuatro estaciones” de Vivaldi: broche de oro a la edición del veinte aniversario del Sónar.

Foto: Óscar García

 
 

FESTIVAL (2013)

Sónar Regreso al futuro

Preocupados más del presente que del pasado, en el 20º aniversario del festival fueron pocas las actividades destinadas a hacer balance de un evento universalmente consolidado. Pero sí hubo una gran novedad, que fue el paso de las actividades de día del CCCB y MACBA a la Fira de Montjuïc, paso saldado con notable alto. Luis Lles y Llorenç Roviras se encargaron de explicarnos al detalle lo más relevante de un Sónar en el que destacaron, entre otros, Kraftwerk, Chromatics, Jurassic 5, Laurent Garnier, DJ Branko, Richie Hawtin, Skrillex, Za!... Aquí, el extenso repaso a la edición de 2013.

Barcelona y L'Hospitalet de Llobregat, Fira Montjuïc y Fira Gran Via
13-16/6/2013

La nostalgia no está hecha para los directores del Sónar. En el 20º aniversario del festival han sido poquísimas las actividades destinadas a hacer balance o a contemplar viejas fotos. Quizá el único acto de recuerdo haya sido programar seguidos, y en el mismo escenario, a tres disc-jockeys que estuvieron en la primera edición: Zero, Angel Molina y César de Melero. El guiño es evidente, pero es solo eso, un guiño, y no ha estado acompañado de más parafernalia. Y además no ha habido que sacudirles la naftalina, sino que son artistas aún en activo y relevantes. Lo mismo ocurre con Kraftwerk y Pet Shop Boys, viejas glorias que siguen en el candelero (que sus actuaciones fueran más o menos afortunadas ya es otra cosa).

En cambio, se han hecho numerosas apuestas nuevas. La más notoria, seguramente, es el paso de las actividades de día del CCCB y MACBA a la Fira de Montjuïc, paso saldado con notable. Seguro que el año que viene se va a ir puliendo la distribución de espacios, como se hace todavía en el Sónar de Noche (cambió la ubicación de la entrada y la orientación del SonarPub). También es destacable la colaboración con la Fundación Barcelona Mobile World Capital, aunque el Sonar+D, la muestra de multimedia desarrollada conjuntamente por ambas instituciones, puede mejorar: el espacio me pareció algo oscuro e improvisado.

Preocuparse más del presente que del pasado le ha ido bien al Sónar. Así la asistencia ha ascendido a las 121.000 personas, casi una cuarta parte más que el año anterior. Un subidón, vaya. Y un récord histórico. El colofón a las dos décadas del festival se selló en dos de sus sedes históricas: en el Teatre del CCCB, MAX RICHTER & BCN216 oficiaron su “recomposición” de “Las cuatro estaciones” de Vivaldi. Y en el MACBA, LORENZO SENNI disparó sus espectaculares láseres mientras sonaban ritmos de rave deconstruido.

El futuro se presenta brillante para el certamen. Ya se han anunciado las fechas para las diversas ediciones internacionales de 2014. Apunta las de Barcelona: 12, 13 y 14 de junio. Llorenç Roviras

 
  • Pascal Comelade. Foto: Óscar García

  • Liars. Foto: Juan Sala

  • Mykki Blanco. Foto: Juan Sala

 

Jueves Día. Excitación

Cambiar el hábitat desarrollado durante diecinueve años causa una sensación extraña, mezcla de desconfianza y excitación. Así que la primera jornada del Sónar 2013 estuvo marcada por esas emociones contrapuestas. Los encargados de recibir a los más madrugadores fueron TGES con su tranquila IDM y ANY SHAPE con su house & bass. Y mientras TUTU agitaba su ecléctica coctelera de ritmos en el SonarVillage, C. TANGANA dejaba claro que es fiel continuador del excelso groovy rap instaurado por Freestyle Fellowship o A Tribe Called Quest.

Por su parte, WOOKY ha sabido actualizar el legado de la IDM introduciendo polirritmia y ecos de bass music en su concepción planeadora de la electrónica. Actuó con VIDEOCRATZ en el escenario del SonarComplex, un cómodo auditorio con asientos, que acogió también los ejercicios de estilo de la BARCELONA LAPTOP ORCHESTRA y a un FRANCESCO TRISTANO efectista y facilón que, quizá espoleado por un público fiestero, tiró en exceso de bombo y por momentos se marcó un “Nacho Cano”. El escenario más relajado se cerró con una de las mejores actuaciones del día, la de PASCAL COMELADE con RICHARD PINHAS, mito del rock experimental francés, que revalidaron los logros hipnóticos conseguidos en su día por Fripp & Eno, pero cambiando sintetizadores por piano.

Mientras tanto, el césped sintético del Village vibró al ritmo del house filtrado y el R&B de diseño de FANTASTIC MR. FOX, el soul acidorro servido por GLUTEUS MAXIMUS, la mezcla de chillwave y emotechno de GOLD PANDA y el electropop pomposo y decididamente gabacho de un SÉBASTIEN TELLIER tan carismático como excesivo. ROB DA BANK, el mejor DJ para animar una verbena donde haya ingleses, y LINDSTRøM & TODD TERJE, con su reconfortante mixtura de cosmic disco y jazzy house, despidieron al sol en el Village.

Pero, sin duda, lo mejor del primer día (y del segundo) se vio y se escuchó en el SonarHall, que, además de contar con el sonido más potente, acogió las mejores actuaciones, empezando por el salvaje COÀGUL, con su aluvión de ruido y subgraves y su toque de campanilla ¡de misa!, con guiños a Etant Donnés, EG y TG, pero en versión esotérica y medieval. Lo de EVOL fue realmente brutal, una descarga de energía monocorde (¡boing, boing!), puro gabba de arte y ensayo, envuelto en luces mareantes y con un conejo rosa dando saltos. Los neoyorquinos LIARS, cada vez más cerca de Suicide, hicieron una de las mejores actuaciones que se les recuerdan. Su intenso dub dark rock se enfangó en los barros del gótico tardío. Y aún faltaba la revelación del día, MYKKI BLANCO y su porno hop, apoteosis de la música más sucia del momento. Una colisión de ritmos desnudos y secos, bajos saturados y masturbaciones simuladas. El reverso oscuro de Dizzee Rascal.

Después de eso, la música inofensiva de KARL HYDE (Underworld) en solitario pareció algo así como la versión siglo XXI de Genesis. Ha pasado del house progresivo a las nanas progresivas. Y mientras, en el Dôme el techno denso y humeante de CASSEGRAIN (dignos continuadores de la estela Chain Reaction) precedió a una más bien decepcionante actuación del grupo JESSE junto a JIMI TENOR, que parece haberse apalancado en ese afrobeat de hilo musical que cada vez deja menos espacio a su faceta de techno-crooner freak. Al delicioso hip hop orgánico al estilo de The Roots de ODDISEE, ¡lástima!, le faltó punch. Y tras la hipnótica sesión de ULF ERIKSSON (sueco, pero muy alemán) y el sinuoso disco-funk de unos METRO AREA atiborrados de handclaps, el SonarDôme se cerró con el perreo brutal que los espectadores de la primera fila se montaron al ritmo infeccioso de BRANKO, DJ de Buraka Som Sistema a cuyo fiestón kuduro se unió el infatigable Mykki Blanco. Luis Lles

 
  • Jamie Lidell. Foto: Óscar García

  • Za! Foto: Óscar García

  • Christeene. Foto: Juan Sala

 

Viernes Día. Pasión

El viernes se despertó con los compases del “Promised Land” de Joe Smooth que puso fin a la sesión de deep house de WE LIKE TURTLES. Allí, en el Dôme (hogar de la Red Bull Music Academy), siguieron los abstract beatz sumergidos en ambient bass de ANENON, el dream pop anodino de UMA, el dubstep épico del ruso DZA, la psicodelia electrónica de PALMBOMEN y el avant funk de unos ELEKTRO GUZZI que siguen paseando su orgullo de hacer música electrónica sin aparatos electrónicos, solo con bajo, batería y guitarra... y muchos pedales.

El desajuste llegó después. El pobre bRUNA tuvo serios problemas con la tecnología en la que constituía la puesta de largo de su segundo disco, lleno de emotechno melódico y bonito. JJ DOOM salieron con más de media hora de retraso, con un gran Jneiro Jarel que hizo lo que pudo para mantener el show frente a un DOOM en estado semicatatónico, como un boxeador sonado, con su máscara y su carisma a pesar de todo. Y fue una pena que el turco BARIS K, que cubría su cara con un pañuelo en homenaje a los indignados de la Plaza Taksim, pinchara su evocador downtempo a la turca ante solo unas decenas de espectadores.

El Village asistió a una sucesión de sonidos distintos: los breaks inteligentes de XTRNGR, unos BeGUN que empezaron en clave de emotechno melódico para ir después hacia un tótum revolútum festivo y hedonista, la vertiente electropop de LA BIEN QUERIDA (con la guinda de ese adictivo “A veces ni eso”), el pop infectado de deep house de las islandesas SISY EY, el dubstep hop (que no grime) de los divertidos FOREIGN BEGGARS, el enciclopedismo electrónico de MATTHEW HERBERT y el future soul de uno de los triunfadores del viernes, JAMIE LIDELL: la apoteosis de la unión entre voz y máquina. En ese escenario puso el punto final el electrohouse crujiente y chispeante del DJ set de MODESELEKTOR.

Por su parte, en el Complex se sucedieron el electropop onírico y susurrante de JANSKY, el chill out camerístico y el ambient en onda Fax de CHRIS CARLSON (que hizo su directo con dos iPads), la sutil poesía electrónica de BRADIEN + EDUARD ESCOFFET (un lujo en un festival donde la palabra suele estar tan ausente) y la delicadeza de la corriente neoclásica del trío de ÓLAFUR ARNALDS: piano, violín y violonchelo envueltos en capas de zigzagueante dub.

Y de nuevo, el Hall nos dejó lo mejor de la tarde: la algarabía afro-punk-free-jazz-electro-metal de ZA! (“¿queréis zapatilla?”, decían, “pues métele bombo”) y el vodevil queer de la espectacular CHRISTEENE (algo así como un cruce entre Josmar y GG Allin), que dejó muy claro que todavía es posible sorprender al personal a base de ghetto bass bujarra, porno freak, perreo texano white trash y guiños a Technotronic en versión hardcore. Por su parte, ATOM TM se reivindicó como el perfecto heredero de Kraftwerk, con su mismo humor y esa capacidad para convertir la electrónica en puro divertimento pop, no exento de críticas a las multinacionales discográficas y de una apropiación de la estética sonora de Raster Noton, que quedó sublimada en los ritmos espartanos, secos y maquinales de DIAMOND VERSION. Y el cierre fue inolvidable: ADRIAN SHERWOOD (at the controls!) y PINCH ofrecieron el más alucinante experimento intergeneracional al mezclar dubstep de última generación con roots dub de la factoría On-U Sound. Luis Lles

 
  • Kraftwerk. Foto: Juan Sala

  • Skrillex. Foto: Óscar García

  • Richie Hawtin. Foto: Juan Sala

 

Viernes Noche. Vienen los reyes

Al llegar al recinto nocturno de la Fira Gran Via, se podía elegir entre la bass music de ALIZZZ, el house hedonista de THUG LADIES, las declinaciones discoides de ZERO (que completó la terna de mitos de la electrónica barcelonesa en el SonarCar junto al electrohouse antinostalgia de CÉSAR DE MELERO y el techno sin concesiones, a la manera teutona, de ANGEL MOLINA) y el sobrecogedor y sublime ruido catedralicio y oscuro de RAIME, que precedieron a los indiscutibles reyes de la noche: KRAFTWERK, que volvieron a repasar sus clásicos (de “The Robots” a “Music Non Stop”, pasando por todas las demás joyas de la corona), en el mismo orden de siempre, pero en esta ocasión envueltos en la alquimia tridimensional. Y tal como sucedía en “La invención de Hugo” (Martin Scorsese, 2011), aquí tampoco engañó el 3D, cuyo efecto amplificó la magia de un repertorio inmortal. ¿Más grandes que los Beatles? Al menos, tanto como ellos. El público, sin embargo, rehuyó la mitología y fue abandonándolos poco a poco para alcanzar otras costas: las de la folktrónica épica y a veces marcial de BAT FOR LASHES (algo más que una nueva Björk o Florence) o las del techno-house estricto y oscuro a la alemana de NICOLAS JAAR, que por fin se ha dado cuenta de que sobraban esos saxos de baratillo y que tuvo un final realmente apoteósico.

Tras Kraftwerk, el SonarClub se consagró al trap (derivación del crunk) de un BAAUER que apostó por todo a lo grande, al vibrante global bass teñido de dancehall de MAJOR LAZER (una glorificación del perreo en toda regla, incluido un espontáneo de Colorado, que casi acaba en pelotas en medio de un fiestón final con lluvia de confeti) y a la EDM (¿EDM? ¡Dubstep maquinero!) de ALVIN RISK y del inefable SKRILLEX, que, cual perfecto hooligan, salió a escena ataviado con camiseta del Barça y subido a un púlpito sci-fi desde el que ofició su misa negra a base de techno-manga, zapatilla, smash house y dubstep para las masas. Llámalo EDM, si quieres.

En el SonarCar solo SAN PROPER logró animar las últimas horas de la noche con su peleón funk de autochoque. En el SonarPub, se sucedieron una sesión de zapatilla & bass algo anodina de EATS EVERYTHING, la colección de hits electropop de TWO DOOR CINEMA CLUB (no tan buenas canciones como Hot Chip o Metronomy, pero mucho mejores músicos, que para eso son irlandeses), una MAYA JANE COLES más techno y menos house que antes y un PACO OSUNA en clave de trepidante techno-funk. Y en el SonarLab, tras el brillante R&Bass de ONEMAN (¡genial su mash up con “I Would Die 4 U” de Prince!) y unos rotundos C2C, en todo caso demasiado parecidos a sus compatriotas Birdy Nam Nam, el zapatilleo más machacón se apoderó del espacio sonoro con OBJEKT y KARENN, esta vez con unas gotas de refrescante acid.

Afortunadamente, cuando todo parecía comenzar a decaer, llegaron para saludar la luz del día tres grandes maestros que hicieron honor a su fama: un DERRICK MAY que no se olvidó del house ni del espíritu Detroit, un DIPLO que apostó (lógico a esas horas) por la vertiente más comercial de la bass music y un RICHIE HAWTIN que parece ya instalado definitivamente en un estado de gracia permanente: minimal elevado al cubo, aliento dub, utilización perfecta de silencios y tamborileos, pura magia electrónica. Hasta el éxtasis y más allá. ¡Maestro! Luis Lles

 
  • Chromatics. Foto: Juan Sala

  • AlunaGeorge. Foto: Juan Sala

  • Vatican Shadow. Foto: Óscar García

 

Sábado Día. Claroscuro

De unos años a esta parte está en auge la música que mezcla sabores exóticos de distintos rincones del mundo. SKIP & DIE es una nueva banda de Ámsterdam que se apunta a este juego, pero les veo dos grandes defectos. Uno es que se quieren modernos, pero, salvo en detalles superficiales, su propuesta es de lo más clásica. Y otro es que la cantante Cata Pirata se viste, canta y hasta baila como M.I.A. Que no nos embauquen.

En el polo opuesto a Cata Pirata se encuentra FATIMA AL QADIRI, una DJ kuwaití, nacida en Senegal, amante de los ritmos gordos y especiados a la que le gusta pasar desapercibida. Casi ni se le vio la cara; se diría que usaba el portátil como parapeto. Pero habló alto y claro con su música, una dislocada selección de temas globales con bajos potentes.

Estoy seguro de que CHROMATICS recordarán el Sónar 2013 como el festival que les cambió la vida. Su majestuoso concierto en el Village les habrá granjeado un buen número de nuevos fans que cantarán sus alabanzas allí donde vayan y harán que los de Portland (Oregón) alcancen pronto el estatus de The xx o Beach House. No propusieron nada nuevo, pero sus teclados algodonosos, sus guitarras almibaradas y la voz y mirada angelical de Ruth Radelet transmiten inocencia y desesperación.

FELIX KUBIN & JAMES PANTS son tal para cual. El alemán es un mordaz y patafísico manipulador de sonidos analógicos, y el norteamericano es un multinstrumentista y crooner creador de borrosas perlas dream pop. Del cruce entre ambos sale una propuesta insólita por exótica, gótica y marciana. Aunque en la práctica lo es menos de lo que cabría esperar. A Kubin se le vio muy comedido y el conjunto sonó algo desorganizado y apagado.

DINOS CHAPMAN y su hermano Jake forman parte de los YBA (young british artists), que es como se denomina a la generación de provocadores creadores plásticos de la que también participan Damien Hirst y Tracey Emin. A la luz de ese dato, los oscuros paisajes sonoros del inglés parecen menos oscuros, y las estructuras techno y house de sus temas sorprenden por convencionales. En cambio, si olvidamos este hecho, los fangosos y espesos ambientes industriales de Chapman ganan poder de evocación.

Decepcionante actuación la de ALUNAGEORGE en el Village. La pareja viene avalada por un maxi en Tri Angle, un cover de Frank Ocean, amistades influyentes y pegadizos temas a caballo del soul y la bass music. Pero dieron un concierto anodino, sin aliciente alguno. Insípida base rítmica sin apenas arreglos (solo el gomoso bajo copiado del dubstep, todo un cliché) y una voz R&B solo correcta. Puede que tuvieran un mal día, o puede que no haya más de donde rascar...

Jamás una banda se ha parecido tanto a otra como DARKSTAR a Animal Collective (salvo, quizá, Stone Temple Pilots a Pearl Jam). Aun así, lo que hace este trío inglés me resulta creíble. No tendría sentido que entonaran esos lamentos sostenidos sobre esas pesadillas sintéticas en espiral si no creyeran firmemente en lo que hacen, si no tuvieran la imperiosa necesidad de expulsarlo. En cualquier caso, resultan místicos, trágicos, poderosos. Envolventes y punzantes a la vez.

Con dos décadas de carrera a sus espaldas, el valenciano NACHO MARCO domina a la perfección el arte de ensamblar un discurso que lleve al oyente al paroxismo. Pero con lo ávido de música de baile que es el público del Sónar, sobre todo el sábado a última hora de la tarde, podría haber ido un poco más al grano. No nos quejemos: destiló un cálido y elegante deep house que dejó un estupendo sabor de boca.

Y mientras fuera se vivía todo este esplendor en la hierba, en la catacumba del SonarHall se desataba un infierno. Dominick Fernow, alma máter de VATICAN SHADOW, se agitaba, desquiciado, tras su ordenador, disparando ráfagas de techno marcial con bajos distorsionadísimos (se discute si a propósito o debido a un problema técnico). Estimulante, sin duda, pero sin cabida para las texturas y matices que los temas tienen en formato disco. Llorenç Roviras

 
  • Jurassic 5. Foto: Juan Sala

  • 2ManyDJs. Foto: Óscar García

  • Skream. Foto: Juan Sala

 

Sábado Noche. House is in the house

El problema de PET SHOP BOYS se llama hórror vacui. Tienen miedo, digo yo, al vastísimo espacio que deben llenar con su música (la gigantesca nave espacial del SonarClub) y a lo ligera e ingenua que puede resultar su propuesta en el contexto de los acelerados y vitaminados ritmos de baile actuales. Por eso hincharon su sonido con esteroides. ¿Resultado? Una media tinta que no satisfizo a nadie. A su edad y con su historial, Lowe y Tennant deberían tener mayor confianza en sí mismos. Aun así, las explosiones de júbilo del público al sonar “Suburbia”, “It’s A Sin” o “Domino Dancing” fueron bonitas de ver.

Quienes no trataron de enmascarar su rap de toda la vida en un envoltorio más moderno fueron JURASSIC 5, que así se llaman porque su propuesta ya sonaba clásica cuando empezaron, a mediados de los noventa, y porque ya sabían entonces que llegarían a ser tan grandes como un tiranosaurio. Los trajeados Cut Chemist y DJ Nu-Mark hicieron malabarismos a los platos mientras Akil, Zaakir y Mark 7even armonizaban sus voces para crear una ola expansiva de frescor y buen rollo. Ahí estábamos, en una bloc party, a salvo, con los problemas escurriéndose por el desagüe.

Fue un acierto programar a DELOREAN en el SonarLab, encajonado en un programa cien por cien house. Colindan con el género pero se acercan a él desde el post-punk y el pop, por lo que pueden abrirles las orejas tanto a los que vienen de un lado como a los que vienen del otro. La sonorización y los nervios, sin embargo, les jugaron una mala pasada, pues buena parte de su jubiloso y centelleante encanto se perdió en un marasmo de saturación y ruido.

2MANYDJs ya no sorprenden. En su momento maravillaron con su desprejuiciada amalgama de estilos, luego componiendo buenos temas como Soulwax, después incorporando la imagen a sus mezclas (crean animaciones con las portadas de los discos que pinchan). Por ese camino han tocado techo. Solo les queda seguir encontrando buenas combinaciones de joyas underground con hits olvidados, que es lo que hacen. Estos no fallan. Y tampoco falla COYU. El barcelonés va sobre seguro, pincha house clásico, con pocos adjetivos (con querencia por los redobles, eso sí), pero lo borda. Se le ve entregadísimo, sintiendo la música en cada poro de su piel, y lo transmite a la pista. Se bailó mucho. Auguro que le veremos en muchos Sónar más.

Cuesta distinguir una sesión de un directo de JUSTICE. El dúo francés lo pasa todo por su hipervitaminado filtro electro-house, que hace que el “Windowlicker” de Aphex Twin o el “It’s Tricky” de Run DMC parezcan canciones propias. Hicieron buena selección de temas e hilvanaron con ellos una velada trepidante y frenética, pero acaban resultando algo homogéneos.

La cantidad de gente que se agolpó en el SonarClub durante el concierto de PAUL KALKBRENNER fue tremebunda (ahora se explica lo de las 121.000 visitas de este año, récord de público histórico del Sónar). No sé si porque no encontraron buenas alternativas en los otros escenarios o porque el alemán se ha ido labrando una creciente y merecida fama. El autor de “Gebrünn Gebrünn” no teme a los silencios, deja respirar su música, es limpio, levemente trance y medianamente comercial. Y causó estragos.

SKREAM, en cambio, es sucio hasta decir basta. El otrora protegido de Mary Anne Hobbs pincha un house esquelético, anguloso y cortante, descarado, rebosante de soul, con bajos heredados del dubstep, que huele a futuro. Aunque todavía quedaban por ver Luciano, Laurent Garnier y Seth Troxler, nos pareció un buen colofón –y el “I Feel Love” de Donna Summer, una buena guinda– a un festival intensísimo. Ahí lo dejamos. Llorenç Roviras

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