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Sónar, Todo cambia, todo permanece

Un James Murphy con poca técnica, pero con mucho gusto, cerró una de las noches, ya a la luz del día: la fórmula Sónar en su máxima expresión.

Foto: Juan Sala

 
 

FESTIVAL (2011)

Sónar Todo cambia, todo permanece

Recuperamos la crónica del Sónar 2011 para no olvidar la actividad casi frenética de un evento siempre interesante que sigue siendo una referencia ineludible en el mapa mundial de festivales. Sónar de Día por Llorenç Roviras y Sónar de Noche por Luis Lles. Y según la selección de los críticos de Rockdelux que eligieron los mejores conciertos de ese año en el habitual resumen anual que aparece en el mes de enero, los tres triunfadores de este Sónar fueron: Janelle Monáe, Chris Cunningham y Actress.

Barcelona y L'Hospitalet de Llobregat, L'Auditori, CCCB/MACBA, Teatre Grec y Fira Gran Via 2
16-18/6/2011

El Sónar ha sido tradicionalmente un festival con dos caras, la diurna y la nocturna. Pero a lo largo de sus dieciocho años ha ido creciendo, y no solo hacia afuera, con un afianzado Sónar A Coruña y los diferentes SonarSound esparcidos por el mundo, sino también hacia adentro, ofreciendo nuevos conceptos y nuevas maneras de vivirlo.

Está el Sónar del astroturf, ese metonímico césped artificial que cubre la plaza de Joan Coromines: el césped como símbolo de verano, playa y placer. Y lo artificial como símbolo de lo tecnológico y avanzado. También está el Sónar de los completistas, de los que van arriba y abajo por todos los escenarios para tomarle el pulso a la actualidad musical; el Sónar nocturno, industrial y titánico; el sofisticado y cosmopolita –las instalaciones del OFFFmàtica, el ciclo del CosmoCaixa, el concierto de l’Auditori y la nueva noche Grec-Sónar–; el virtual –SonarRadio, la retransmisión en directo, la conversación en las redes sociales...–. Hasta tiene un miniyo, el SonarKids.

Este año la marca-paraguas Sónar ha dado cobijo a ochenta mil personas, cifra similar a la de las anteriores ediciones. El secreto de este éxito es que el Sónar es todos los festivales posibles en uno. Cambia, se adapta, se ramifica, se expande y se transforma. Así está, más fresco que una rosa. Llorenç Roviras

 
  • Daito Manabe. Foto: Juan Sala

  • Raime. Foto: Juan Sala

 

Sónar de Día. Sol y sombras

Llegar al Sónar el jueves y encontrarse una banda de pop suave y retro te hace saltar la alarma: ¿encaja esto aquí? Pero el rollo de los chicos de TORO Y MOI te va calando poco a poco: es funk y pop soleado, sí, pero de armonías esotéricas. Recuerdan a Van Dyke Parks. Están bien. En el SonarDôme constatamos que los sellos mellizos Ninja Tune y Big Dada siguen teniendo buen oído. En Montreal han descubierto a un DJ de pachanga que mezcla con desparpajo raggamuffin, cumbia y kuduro, asistido por un fluido rimador colombiano. POIRIER feat. BOOGAT, ya tú sabes.

En las catacumbas del SonarHall, mientras tanto, NICOLAS JAAR empieza a deshojar su disco de debut, “Space Is Only Noise” (2011). Lo hace con banda, gusto y aplomo. Suena neblinoso, minimal y noir. Poco después, el ex Battles TYONDAI BRAXTON hace loops con guitarrazos, y pese a lo áspero y aislacionista de su propuesta va dibujando un mundo propio de ruido y melodías simplonas que acaba por fascinar.

En el Complex, los japoneses DAITO MANABE y Motoi Ishibashi someten sus músculos faciales a los impulsos eléctricos producidos por la música del primero. Parecen Beavis & Butthead. Lástima que haya delay entre las notas y los gestos y que los temas sean tan anodinos. El dúo inglés RAIME trae estertores de muerte. La suya es una apuesta minimalista, de gris oscuro casi negro. Dubstep arrastrado con proyecciones en cámara lenta. Impasibilidad, desolación.

El viernes llegan de la cantera de Del Palo (Griffi) cuatro chavales jovencísimos con ganas de gresca. MATADOR ROCKERS son frescos, bombásticos, bailongos y humildes. “Volamos con los amplis, los bits y los bafles”, proclaman. Llega el relevo. En cambio, FACTO Y LOS AMIGOS DEL NORTE tienen tanto de raperos como Pepe da Rosa. Look Fiorucci, coreografías... Un chiste. Cuando se ponen serios parecen una copia sin gracia del anterior grupo de Marc Barrachina, Facto Delafé y las Flores Azules. En cambio, cuando desbarran, te partes. Hitazo, “El burrito catalán”.

Una de las mejores jugadas del Sónar 2011 ha sido traer a un grupo de tecno-pop justo cuando sacan disco con un quinteto de cuerda: ASTRUD + COL·LECTIU BROSSA. El conjunto instrumental lleva el temario del dúo barcelonés al terreno del pop barroco de Owen Pallett, aunque en versión castiza, gandula y atonal (será de lo mal que canta Manolo).

 
  • Holy Other. Foto: Juan Sala

  • Global Communication. Foto: Juan Sala

  • Shangaan Electro. Foto: Juan Sala

 

Con un rollo indie rap, ATMOSPHERE hilvanan un discurso impecable en el que caben ritmo y emoción, furia y belleza. Sean Daley deja un mensaje: “No se trata de los grupos ni de los DJs. Se trata de la música, se trata de ti”. Y si hablamos de música, hay que hablar de HOW TO DRESS WELL. Un individuo (Tom Krell) con un micro en la mano. Una pantalla con proyecciones psicodélicas. Arranca el sonido y Tom se pone a cantar en falsete. Soul, R&B crudo, desnudo, extremo. Cero pose, puro fervor. A Volker Bertelmann y su proyecto HAUSCHKA, en cambio, le perjudica la ambición. Con percusión, electrónica y un piano de cola preparado, busca la sublimación de la música contemporánea, el minimalismo y el techno, y no acaba de conseguirlo.

Por su lado, HOLY OTHER cumple con todos los tópicos del witch house: ritmos gaseosos, sonidos crepitantes, esconderse bajo una capucha en el directo... Pero cumple también en contundencia, profundidad y desasosiego. Anonadante. Despedimos el viernes día con la chillona DOMINIQUE YOUNG UNIQUE. La muchacha (19 añitos) te entra por la vista y por los oídos (flow estridente y nervioso, como unos Beastie Boys acelerados, sobre bases salvajes). Cuando crezca puede llegar a ser grande.

El sábado empieza fuerte con DAVID RODIGAN, un DJ y cantante de 59 años capaz de enardecer a las masas con un explosivo cóctel de reggae, dub y jungle. Cien por cien dinamita. En otra órbita, EVOL reúne lo mejor de dos mundos: el sonido más cheesy de la rave y el ruidismo más atronador. Bajo un haz de luz azul, Roc Jiménez de Cisneros dispara brevísimas y rotundas frases melódicas desde su portátil y vacía varias bocinas de aire comprimido. Entre la parodia, el terror y lo docto.

De ahí pasamos a la reunión de Mark Pritchard (Africa HiTech, Harmonic 33) y Tom Middleton (Jedi Knights). Momento nostalgia con la recuperación del proyecto ambient GLOBAL COMMUNICATION. Sonó muy noventas, no podía ser de otra manera. También resultó interesante EL TIMBE, padre de la dumbia: mitad electrónica, mitad folclore sudamericano. Descubrimos cómo sería el house si hubiera surgido en Venezuela: igual de hedonista y sensual, pero con otro patrón rítmico.

El silencio se podía cortar cuando Sascha Ring empezó a cantar. Veredicto de APPARAT BAND: avanza adecuadamente. El berlinés recorre el mismo camino que Radiohead pero en sentido contrario: de la electrónica al rock. Es bonito, pero no alcanza la belleza afilada de su música más sintética. En el exterior nos topamos con SHANGAAN ELECTRO, un grupo de bailarines de etnia tsonga que danzan al son de percusiones a muchísimos BPMs, lanzadas por un maestro de ceremonias. Van disfrazados y mueven las caderas a una velocidad de vértigo. Seducen.

Finalmente, en las últimas horas del sábado, algo de techno: ACTRESS, un músico inglés que traza la línea entre los puntos para facturar la música de máquinas más actual. Empezó creando texturas a lo Burial, pasó la apisonadora a lo Surgeon, se acercó al soul y al dubstep... Negro, denso, reluciente y asfixiante como el petróleo. Llorenç Roviras

 
  • Cyclo. Foto: Juan Sala

  • The Human League. Foto: Juan Sala

  • Aphex Twin. Foto: Óscar García

 

Sónar de Noche. In the beginning there was jack

La música, como la vida, da muchas vueltas. Y el house, ese género que ha sido despreciado durante años por la intelligentsia electrónica, ha recobrado toda su irreductible bravura en este 2011 en que muchos de los abanderados del drum’n’bass, el dubstep o la IDM, tal como se ha podido apreciar en esta última edición de Sónar, han vuelto a las raíces originales del viejo house. O como recitaba Chuck Roberts en “Can You Feel It?” de Fingers Inc., “in the beginning there was jack, and jack had a groove”. En definitiva, parafraseando a Juan Ruiz de Alarcón (siglo XVII), “el house que vos matáis, goza de buena salud”. Es paradigmático el caso de JACKMASTER, que, en su vibrante set del sábado noche, comenzó con clásicos del house y terminó con la bass music más palpitante del momento. 

Pero antes de llegar a ese punto, la velada del Auditori, sin Steve Reich y sin Carles Santos, gracias a la BCN216 y a las fabulosas SYNERGY VOCALS, resultó ser un prodigio. Si bien hubo algún error de coordinación en el aperitivo (“Sextet”), la interpretación de “Music For 18 Musicians” de Steve Reich, sin duda la gran obra maestra del minimalismo, fue precisa y magistral. Una pieza llena de intersecciones, contraplanos y subtextos, cuyos sonidos hipnóticos condujeron al público a ese “séptimo cielo que hemos engendrado en nuestra cabeza” del que hablaba Sisa. El influjo del gamelán balinés y de las selváticas percusiones africanas se hizo patente en una gozosa catarata de pianos, marimbas, xilófonos, vibráfonos, vientos, cuerdas, maracas y voces perfectamente conjuntados. Eso sí, con tanto movimiento circular, al final la sensación de mareo y de colocón era tremenda. ¿Para qué queremos drogas si tenemos a Steve Reich?

La noche del viernes comenzó con una jugosa novedad en el recinto de la Fira M2: la instalación del nuevo escenario SonarCar, inaugurado por CARLOS JEAN, ese campeón de la autopromoción, que presentó su Plan B, consistente en una efectista sesión a base de pumpin' house festivo. El SonarCar, enmarcado dentro de una divertida atracción de feria, vio desfilar después una sesión no demasiado estimulante de ANNIE y el elegante cosmic disco con toques dub de BJØRN TORSKE. Los rusos MUJUICE y DZA no hicieron gala de su pasaporte y pasaron más bien inadvertidos. La broma de la subasta del DJ Pass fue solamente eso: una broma. Y HENRY SAIZ destacó en el final de la noche con su fino techno psicodélico y spacey. La espectral y gélida conjunción de Alva Noto con Ryoji Ikeda en el proyecto CYCLO., con unos visuales tan simples como contundentes, sirvió de prólogo a la sublimación del synthpop que los inmaculados THE HUMAN LEAGUE vienen ofreciendo desde hace décadas. Las enseñanzas de ABBA y Phil Spector tan bien asimiladas dieron de nuevo como resultado una actuación casi perfecta que concluyó con tres perlas insuperables: “Love Action”, “Mirror Man” y “Don’t You Want Me”. Después, el hipnótico y martilleante sonido moombathon del holandés MUNCHI precedió a una M.I.A. un tanto desangelada. Como si se tratara de una “Madonna de los indignados”, montó su rave de favela y sacó toda su artillería flúor para acabar sonando demasiado embarullada y poco convincente. Sin duda, ha tenido días mejores. SCUBA cambió dubstep por house oscuro, y APHEX TWIN, fiel a si mismo, presumió de acidez corrosiva (¡ay!, con sabor a déjà vu) y terminó con una morrocotuda tormenta breakcore, como queriendo fulminar a un público al que, según sus propias declaraciones, odia. La despedida en el SonarClub llegó en clave ácida (pero menos) con DJEDJOTRONIC y BOYS NOIZE.

 
  • M.I.A. & Ms. Dynamite. Foto: Juan Sala

  • Underworld. Foto: Óscar García

  • Chris Cunningham. Foto: Óscar García

  • Ryuichi Sakamoto + Alva Noto. Foto: Óscar García

 

Por su parte, TRENTEMØLLER empezó onírico y terminó eufórico con un synth-surf rock muy próximo al sinfonismo puro y duro. El premio de la noche se lo llevó, de calle, DIZZEE RASCAL, en otra exhibición magistral de su brutal poderío callejero. Mezcló en su coctelera dubstep, R&B, pop, garage y grime, y rubricó su actuación con un arrebatador “Bonkers”, que terminó en delirio colectivo. El histriónico STEVE AOKI ofreció su anodino y vulgar techno para las masas, y los sudafricanos DIE ANTWOORD cumplieron de sobras con su imagen de bandarras chonis, rapeando sobre el “Orinoco Flow” de Enya y demostrando que su sonido zef es, en realidad, una revisión bajo el efecto del helio y con estética videojuego de los Beastie Boys más hedonistas. El cierre del SonarPub les correspondió a un A-TRAK con pajarita y una excelente técnica, y a un JAMES MURPHY con poca técnica pero con mucho gusto en su arqueología del underground disco. En el SonarLab, CUT COPY actuaron al mismo tiempo que al lado lo hacían sus maestros, The Human League. Y aunque los australianos tienen buenas canciones, no resisten la comparación y al final acabaron sonando como China Crisis. Y de todo lo que presentó BBC Radio 1, casi siempre tirando al bassline y el house, lo más interesante fue la actuación de REDLIGHT, con una recuperada MS. DYNAMITE (y M.I.A. de go-gó invitada), el directo de una KATY B convertida en diva choni de extrarradio y el potentísimo y demoledor set de future bass a cargo de TODDLA T. Por su parte, TIGA clausuró la jornada a ritmo de electropop.

La última noche fue la de JANELLE MONÁE. Como si se tratara de una mutación surgida a partir de Josephine Baker, Aretha Franklin, Grace Jones, Little Richard y James Brown, con la ayuda de una banda de auténtico lujo, nos trasladó a su particular Cotton Club futurista, sublimó el concepto de negritud y nos hizo ascender a los cielos con su revisión del “I Want You Back” de los Jackson 5 y su descomunal “Tightrope”. El final fue catártico. Todo lo demás se quedaba ya pequeño. YELLE volvió a cumplir con su papel de Lio del siglo XXI y nos dio a degustar sus deliciosos bombones electropop. UNDERWORLD comenzaron y terminaron con su himno “Rez”, dejando claro que siguen siendo los reyes del techno alucinógeno y progresivo. Y CHRIS CUNNINGHAM, precedido por un ANGEL MOLINA en su vertiente más experimental y oscura, ofició una maratón de cine de terror hecha de retales ya vistos de sus piezas, que hablan de sexo y muerte. El público aplaudía como si fueran fuegos artificiales. AFRICA HITECH estuvieron sensacionales en su combinado de dubstep-soul cósmico, y BURAKA SOM SISTEMA, ya habituales en Sónar, se volvieron a superar a sí mismos con su imparable kuduro. Por el contrario, la apuesta por el emotechno melódico de PAUL KALKBRENNER y por un JAMES HOLDEN casi sinfónico resultó un tanto anodina. SURGEON, en cambio, se destapó como un cirujano electrónico de gran precisión, con una técnica pluscuamperfecta. Sencillamente soberbio, con ecos del mejor technostep, el suyo quizás haya sido el mejor DJ set de este Sónar. Con permiso, claro está, del genial THE GASLAMP KILLER, capaz de convertir las declinaciones del groove en el carnaval más divertido y excéntrico. Del resto de la noche, habría que destacar el techno “bonito” de RONE, la hipnótica sesión afrostep de SHACKLETON, el salvaje set de THE ZOMBIE KIDS, el trippy house de LUCY, el dubstep masivo de MAGNETIC MAN, el bombástico zapp-bass de REDINHO, la sutileza de EGYPTRIXX, el comentado set de Jackmaster, el trepidante bassline de DEADBOY (que contó con el apoyo de la gran diva Jessie Ware) y la ecléctica y estimulante sesión de un CHELIS en estado de gloria que cerró, ya con el sol, esta nueva edición de un festival que, afortunadamente, sigue teniendo muchas cosas que contar. El broche final, el domingo en el Grec: ALVA NOTO + RYUICHI SAKAMOTO presentando “Summvs” en una hermosa alianza de piano y electrónica. Luis Lles

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