Con once ediciones a sus espaldas, la esencial cualidad del Tanned Tin sigue siendo esa innata capacidad para escuchar donde otros solo oyen. Una facultad que intenta contagiar a su público y que permite que su cartel –en esta ocasión, treinta y cuatro propuestas más fiesta de presentación– siga haciendo gala del equilibrio entre garantía y riesgo, entre previsión y sorpresa, para dar forma a su cotizada identidad.
Ni siquiera el retraso temporal –de noviembre a enero– generado por problemas de financiación distorsionó un ápice la filosofía de una edición que, pese al previo anuncio de cambio de ubicación, volvió a tomar el Teatre Principal de Castelló como base de sus conciertos nocturnos, desplazando el lugar para las matinales –El Aperitivo– desde el acogedor y céntrico, aunque restringido, Casino Antiguo hasta una espaciosa sala Opal en El Grao que permitió ganar otra zona urbana a la vez que se crecía en aforo y prestaciones.































