Menos público de lo esperado –media entrada, siendo generosos: la grada superior del Price ni siquiera se abrió– en el arranque del ciclo Heineken Music Selector, que inauguraba su nueva temporada con un cartel dispar aunque francamente apetecible.
Okkervil River podrían haber centrado su set en el todavía reciente “I Am Very Far” (2011) –algunas canciones de este, como “The Valley” y “Your Past Life As A Blast”, brillaron con luz propia–, pero eso podría habernos privado de piezas cimeras como “For Real” –primer punto álgido de la velada–, “John Allyn Smith Sails” o “Lost Coastlines”, auténtico derroche de inventiva con el que la banda texana certificó su versatilidad. El público supo apreciar el generoso planteamiento del sexteto y Will Sheff terminó viniéndose muy arriba, rematando su triunfante faena con “Unless It’s Kicks”. Ovación cerrada tras una hora mágica que supo a poco.
A The Drums les costó más meterse en harina. Los aplausos dispensados a “What You Were” y “I Need A Doctor” fueron tan fríos y mecánicos como su interpretación. “Portamento” (2011) todavía estaba en capilla y se intuye que parte del respetable allí congregado acudía a la llamada de las canciones incluidas en sus anteriores discos. Estas acudieron al rescate a renglón seguido –primero “Best Friend”, a continuación “Me And The Moon”– y Jonathan Pierce consiguió soltar su rubicunda cabellera. El nuevo álbum de los neoyorquinos sabe de buenos temas –“How It Ended” y “Book Of Revelation” descollaron entre las demás por derecho–, pero el entusiasmo solo llegó a dispararse con canciones como “Forever An Ever, Amen” o la oscura “Down By The Water” –aprende, Glasvegas–. Sesenta y cinco minutos después de su aparición en escena, el trío de Brooklyn decidió bajar el telón. Ni rastro del megahit surfero. ![]()
























