Este año se han visto cosas sobresalientes en directo, pero ninguna como esta. Superando a The Moldy Peaches en el Primavera Sound, a Mary Gauthier en La Boîte, a ESG en el Periferias oscense y a Bruce Springsteen (a pesar de la decepción de los temas de su último disco) en el Sant Jordi, Youssou N’Dour, el León de Dakar, se alzará probablemente con el premio al mejor concierto de la temporada. Fue sublime, créetelo.
N’Dour, la más grande superestrella africana, siempre en compromiso con la libertad desde un panafricanismo generoso, se ha situado de nuevo en lo alto con un disco notable y amigablemente cargado de buena voluntad, esperanza, amor y respeto: “Nothing’s In Vain (Coono du réér)”, su octavo álbum no recopilatorio, al que solo le sobran un par de tontas concesiones debidas a la firma de Pascal Obispo y sus amigos franceses.
Por fin parece haber dado carpetazo a su travesía mainstream occidental con una razonable vuelta a los orígenes; en Senegal, no obstante, continúa editando para el mercado local casetes siempre recomendables desde su sello Jololi y facturadas desde su estudio Xippi, en Dakar, donde reinvierte sus ganancias y crea riqueza autóctona gracias a su internacionalmente exitosa música senegalesa urbana. En “Nothing’s In Vain” hay instrumentos tradicionales presidiendo un acertado acercamiento al pop africano más rutilante y contagioso, pero sin perder la esencia mbalax que nadie mejor que él definió con el legendario “Immigrés” hace ya dieciocho años.
En Bikini descorchó ese estado de gracia que pocas veces se brinda desde arriba: más de dos horas de magia y precisión escanciadas por trece músicos y coristas entregando la felicidad con las manos abiertas para que la recogieran los levitantes espectadores de un domingo por la noche. La kora (arpa de veintiuna cuerdas), el balafón (xilófono), el xalam (laúd de cinco cuerdas) y el riti (violín de una cuerda) que nutren de vida su disco fueron sustituidos óptimamente por un sintetizador nada ofensivo que supo mantener el tempo requerido en todo momento, excepto en un innecesario “7 Seconds” donde N’Dour echó mano de su hermana Viviane, ya presente en las segundas voces, para sustituir a Neneh Cherry. Una anécdota que no empañó los logros de una noche inolvidable.























