×

USO DE COOKIES

Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros, para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, para mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, así como analizar sus hábitos de navegación. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web.

Aceptar Cómo configurar

Cargando...
EL “PLAN B” DEL PRIMAVERA
EL “PLAN B” DEL PRIMAVERA

Tendemos a ser benevolentes con las nuevas iniciativas. Otra historia totalmente diferente es la reválida: el segundo año de un proyecto toca responder al beneficio de la duda con contundencia. Y en esa tesitura se encontraba el Escenario BACARDÍ LIVE del Primavera Sound. Confirmación o retirada. Fue confirmación, y por todo lo alto: del jueves al sábado por sus tablas pasaron una selección de nombres tan potentes que no tuvo nada que envidiar al mejor de los escenarios del Fòrum. En su segundo año, el BACARDÍ LIVE se hizo un espacio en el Primavera Sound por méritos propios.

¿Recuerdan la escena final de Men In Black cuando un zoom out va retrocediendo desde el planeta Tierra hasta el espacio, el sistema solar, la Vía Láctea… y así hasta llegar a la revelación de que todo nuestro universo se contenía en la canica con la que jugaba un alienígena? Algo así ocurre cada año en el Primavera Sound cuando en algún momento pasas frente a un escenario de camino a tu concierto marcado y te das cuenta de que tu recorrido de conciertos solo es una pequeña parte de todo lo que ocurre en el Parc del Fòrum. Existen múltiples “Primaveras”: para los que prefieren los sonidos más indies, para los que buscan las propuestas más vanguardistas o para los que buscan las esencias guitarreras. Para los que disfrutan del gran espectáculo de los cabezas de cartel y para los que prefieren descubrir nuevos valores. Desde hace dos años existe también una nueva posibilidad: el plan B del Primavera. Y es que cruzando la pasarela que une el Parc del Fòrum con la playa nos encontramos el Primavera Bits, el amplio espacio que Primavera Sound consagra desde 2016 a las diferentes ofertas de la música electrónica. Un enclave privilegiado –con la playa siempre de fondo–, tres escenarios y diversas exhibiciones recreativas forman el espacio más desahogado, cómodo y refrescante del evento barcelonés. Césped, tumbonas, playa, conciertos y los mejores cócteles, un plan B para los que busquen vivir un festival más placentero sin renunciar a una agenda cargada de propuestas musicales de primer nivel.

Un festival dentro de un festival, un plan B con B de BACARDÍ. La casa del ron volvió a estar por segundo año consecutivo programando el escenario principal del Primavera Bits con un muestrario de propuestas musicales altamente eclécticas. Pero con sabor propio: con el componente electrónico como ingrediente base, los cócteles encima del escenario fueron tan diversos como los que BACARDÍ preparaba en su zona de barras a unos metros de los conciertos. Para abrir boca, los tonos intrigantes y brumosos de Nightcrawler, Karen Gywer o Essaie Pas, los trallazos house (Genius Of Time), el electropop sui generis y local de Playback Maracas o la perseverancia exótica de la canadiense RAMZi. Por el BACARDÍ LIVE pasaron también algunas de las propuestas de futuro más frescas, irreverentes e insultantemente jóvenes. Refrescantes como un Mojito Bacardí. Al estadounidense Knox Fortune se le conoce como precoz productor de la escena hip hop de Chicago, featuring para Chance The Rapper mediante. Pero en su presentación en vivo sorprendió con un concierto cargado de pop desmarañado, hedonista y buenrollero. De Chicago pasamos al universo slacker del cine de Linklater. Como si hubiera llegado al escenario Bacardí montado en patinete, hubo desafinaciones, acoples, bromas con el público y hasta intercambio de cigarrillos. “Let’s keep the party going, shall we?”.

Parecieron tomarle la palabra las chicas de Superorganism, quizá el grupo más rabiosamente contemporáneo de los que pasaron por esta edición. Multitudinario, con una actitud arrolladora y con el mestizaje al natural como bandera (de sonidos, de géneros, de razas de sus componentes), el concierto del colectivo comandado por la carismática (¡y adolescente!) Orono Noguchi fue pura fantasía pop, algo así como un cruce entre la vanguardia cool de Gorillaz y la energía entusiasta de The Go! Team. Coreografías anime, outfits coloridos y proyecciones a base de memes y estética vaporwave que por momentos llegaron a estar hasta integrados en el discurso musical. También como un ciclón de footwork de otra galaxia pasó Jlin. A ritmo de neo-R&B, los chicos de Majid Jordan convirtieron el Bacardí Live en lo que podemos imaginar que debe ser una fiesta suave en la mansión de Drake. Y en la misma línea comercial, el EDM inapelable de The Kitte String Tangle puso las primeras pulseras en el aire en la tarde del sábado. Poco antes, Gabriel Garzón-Montano reclamó nuestra atención antes siquiera de poner un pie sobre el escenario. Una muralla de ruido iba de los altavoces a nuestra caja torácica hasta que, vestido de blanco y con una torera sobre su pecho desnudo, el artista salió a escena decidido a seducirnos a base de su R&B primoroso y su actitud funk. Como un Justin Timberlake que abandonara las arenas para entregarse a la sensualidad del club nocturno más exquisito. Como un James Blake de sangre latina. Para cuando Garzón-Montano se decidió a terminar su repertorio con una cumbia a capela (“La candela viva”), al sol no le había quedado otra que rendirse a sus pies.

Absolutamente rendido quedó también el multitudinario público que acudió al encuentro de Jorja Smith, que se vistió de largo para ofrecer una noche classy. Un fondo rojo simulaba un telón con su nombre estampado en tipografía tarantiniana, y una banda de aires jazzísticos la arropó con generosidad mientras Smith desgranaba su ideario de soul sedoso y R&B, con atmósferas que iban del fatalismo canónico de Amy Winehouse al flow concienciado de Lauryn Hill. Carácter y despliegue vocal, versiones de TLC (“No Scrubs”) y Frank Ocean (“Lost”) y el público recitando sus canciones con devoción. Cuando Jorja anunció que precisamente una semana después del concierto saldría a la venta su álbum de debut, el relevo generacional se hizo incuestionable. 

Del Mojito al 8 años Old Fashioned, porque la veteranía no está rendida con la frescura. Si no, que se lo pregunten a James Holden, que parece haber encontrado ahora su razón de ser, veinte años después de haberse coronado como uno de los nombres esenciales de la electrónica. Y es que con The Animal Spirits, el ensemble de músicos de jazz que lidera en esta nueva etapa, Holden parece haber sublimado al fin su filosofía trance: no es un género, sino el intento de provocar un estado alterado de conciencia. El de Exeter se erigió tras sus sintetizadores como el chamán de una tribu de cuatro espíritus del bosque que lo rodeaban para invocar el trance a través de la fiebre analógica del free jazz. Su tecnología deviene en instrumento analógico, y los instrumentos de jazz arrojaban bits en un aquelarre progresivo que hizo pensar en Mogwai, en kraut y hasta en math rock. La apuesta orgánica de Holden encontró su sitio natural en la apertura de la noche al aire libre, con el mar de fondo, del escenario BACARDÍ LIVE. “What a lovely night”, se despidió Holden, y los búhos emprendieron el vuelo de vuelta.

Le tomó el relevo Floating Points, que siguió ahondando en el encuentro entre electrónica y jazz, aunque esta vez se presentó sin banda en un nuevo formato “solo live”, con el único acompañamiento de unas fantásticas proyecciones en vivo que le brindó el estudio de Barcelona Hamill Industries. También sin su grupo –¡qué remedio!–, se presentó Mike D, un tercio de los míticos Beastie Boys. Un Mike D al que solo le hizo falta un DJ para ofrecer un block party verdaderamente memorable. Un recorrido por la memoria sentimental del grupo neoyorquino por excelencia: sonaron desde Afrika Bambaataa hasta Jay-Z, pasando por Biggie Smalls, los Ramones o Kendrick Lamar. Desde los inicios hasta los ya clásicos inolvidables de los Beastie Boys e incluso jugando a la prospección (¿cómo habría sido una colaboración de Kendrick con los “intergalácticos”? Malas noticias para Trump, seguro). Le tomó el relevo Panda Bear, que aumentó la psicodelia haciendo centrípeta la energía. Loops, variaciones, proyecciones; las capas de Noah se van instalando en tu pecho a cada retumbe hasta que has absorbido todos los nutrientes de su amalgama cárnica. De sustancia también fue la cosa con Claro Intelecto: el mancuniano, figura de culto, empezó sin avisar, como se pinchan las inyecciones, y cuando nos dimos cuenta ya nos había inoculado el alquitrán techno de atmósferas densas y grumosas que articula “Exhilarator”, su último disco.

Para los cierres, BACARDÍ se reservó los Hemingway Daiquiri / Papa doble, un extra de ron y un poco de pomelo para cargar pilas: la fiesta a prueba de bombas de Chromeo, que venían a revalidar su electro-funk a pocas semanas del lanzamiento de su nuevo disco. La euforia ochentera de Carpenter Brut (¿se puede acabar más alto que con una versión de “She’s A Maniac” de Flashdance?). Una dupla colosal de electrónica cerebral y cinematográfica (Oneohtrix Point Never seguido de Jon Hopkins). Cuando Aleksi Perala y Vril pusieron punto y final a la edición de 2018, no cabía duda: el BACARDÍ LIVE tiene discurso propio, una línea de programación impecable y un enclave inmejorable. Solo queda brindar. Con ron BACARDÍ, claro.

Publicado en la web de Rockdelux el 12/6/2018
+
Arriba