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ALEIX SALÓ, En la crisis con humor

“Corrupción hay en todas partes, pero las cúpulas son incapaces de eliminarla. Incentivan a los que callan y relegan al ostracismo a los que señalan”. Foto: Óscar García

 
 

MANIFESTO! (2013)

ALEIX SALÓ En la crisis con humor

Aleix Saló (Ripollet, 1983) llegó a la cita visiblemente somnoliento. “Un tema de facturas”, se excusó el autor de “Españístán” (2011) y “Simiocracia” (2012), sus sarcásticas disecciones de la burbuja inmobiliaria y la crisis en forma de cómic superventas y vídeos de YouTube. Un café y cinco pitillos de liar después, Saló se lanzó a tumba abierta a analizar la crisis europea, eje de su obra “Euro pesadilla. Alguien se ha comido a la clase media” (2013). Quizá no salgamos de esta, pero Saló tal vez pueda ayudarnos a entender qué diablos está pasando. Julián García tomó nota.

¿La Unión Europea es un buen negocio o un mal necesario? Es una respuesta de los Estados al mercado global que empezó a abrirse con Margaret Thatcher y Ronald Reagan y que no ha tenido freno. La globalización nos ha aportado muchas cosas: ha acabado con los aranceles y ha abierto los mercados, pero ha expuesto a nuestras empresas a una competencia feroz que ha obligado a unir fuerzas. La UE es, en este sentido, una respuesta lógica a la hipercompetencia. Lo que pasa es que quizá se ha gestionado mal.

Has hablado de Thatcher. ¿Ves paralelismos entre ella y Angela Merkel? No creo. Ambas son mujeres, ambas tienen una gran capacidad para imponer sus políticas y ambas son líderes inamovibles con sus principios. Pero es en lo único en que se parecen. Thatcher era profundamente neoliberal y Merkel es profundamente estatalista.

“Estamos muy lejos de tener la capacidad de los países del norte. Cuando ves que Alemania ya estaba obsesionada con el desarrollo tecnológico y la innovación en el siglo XIX, que ya entonces tenía una cartera de premios Nobel brutal, y que pese a eso le ha costado mucho tirar adelante... ¿cómo pretendemos nosotros conseguirlo de la noche a la mañana, que somos un país de empresas totalmente dependientes del Estado, poco competitivos, poco imaginativos...?”

¿España es diferente en este contexto de crisis? España...Tiene sus rasgos específicos y este es uno de los problemas base de la identidad europea. La UE creció como un proyecto que quiso impregnar a la población de una identidad común, pero esa identidad no ha arraigado, porque España es España y Holanda es Holanda. Y cada Estado es cada vez más euroescéptico. De ahí mi obsesión en descubrir qué es la identidad europea. ¿Hay una dinámica común? Solo sé que España es el color naranja en una caja de lápices de colores en la que todos son diferentes. 

¿Crees que España se merece lo que tiene? En 2009 te podría decir que sí. Pero a estas alturas, no. La población está pagando una factura muy alta. La Eurozona está funcionando más como un ahorcamiento que como una ayuda. Si España fuera soberana a nivel económico, podría hacer lo que se ha hecho siempre: esos trucos fáciles como devaluar moneda, impagar alguna deuda a los inversores privados... E ir tirando, como ha hecho durante mucho tiempo.

El problema, además, es que Europa exige que, de golpe, pasemos a ser un país responsable. Claro... Y estamos muy lejos de tener la capacidad de los países del norte. Cuando ves que Alemania ya estaba obsesionada con el desarrollo tecnológico y la innovación en el siglo XIX, que ya entonces tenía una cartera de premios Nobel brutal, y que pese a eso le ha costado mucho tirar adelante... ¿cómo pretendemos nosotros conseguirlo de la noche a la mañana, que somos un país de empresas totalmente dependientes del Estado, poco competitivos, poco imaginativos...?

Y malgastadores. Nos cayó el dinero a espuertas de Europa y lo invertimos en aeropuertos vacíos y líneas de alta velocidad ruinosas. Son casos muy espectaculares que, además, enfurecen mucho a los países del norte. Pero la clave del desastre está en los detalles pequeños. Proyectos de Calatrava hay dos, diez, pero ejemplos como el de Manuel Bustos, que después de un caso de corrupción abandonó la alcaldía de Sabadell, pero al que enseguida se le encontró un sitio muy bien pagado en la Diputación de Barcelona, hay decenas de miles. Y aquí está el gran drama.  

Los partidos políticos, los políticos en general, viven una época de descrédito. El problema no son tanto los partidos, sino las dinámicas enfermizas que se dan dentro de ellos. Corrupción hay en todas partes, pero las cúpulas son incapaces de eliminarla. Incentivan a los que callan y relegan al ostracismo a los que señalan. ¿Cómo se deshacen dinámicas que vienen del siglo XIX? La Eurozona nos está forzando a acelerar esta transformación. Quizá será beneficiosa, pero a un precio muy alto. Aunque a veces me pregunto si la propia población quiere que se cambien estas dinámicas...

 
ALEIX SALÓ, En la crisis con humor

“En el sur luchamos contra las cosas de una forma catártica, teatral. Nos gusta el drama porque tiene épica y da sentido a nuestras vidas, pero eso no hace que resolvamos el problema”.

Foto: Óscar García

 

¿Qué quieres decir? A que de boquilla todos decimos que ojalá tuviéramos una clase política como la nórdica, pero luego ves ayuntamientos con el 40% de sus concejales imputados y que siguen ganando elecciones. O casos como los de Oriol Pujol. A mí me da igual que sea el hijo del ex President de la Generalitat de Catalunya: este hombre está imputado, pero no ha dimitido.

Hablando de Cataluña, ¿ves viable un Estado catalán en este contexto? Depende… En el escenario de la UE, ser grande es un plus. Te lo demuestra España; dentro de la espiral negativa, tiene la gran suerte de ser grande. El cortafuego del dominó de Grecia, Irlanda y Portugal fue España porque el norte de Europa se acojonó. “Too big to fail”. Y en este sentido, Cataluña sería una barquita en la tormenta más bestia. Podría salir a flote, sí, pero no sé si tenemos la clase política idónea...

¿El sarcasmo es la única salida que queda? Hemos metabolizado muy rápido el drama social en nuestras rutinas, ya sea desfogándonos en Twitter o convirtiéndolo en un programa de televisión sensacionalista. Estamos viendo la crisis como un espectáculo y hemos dejado de enfrentarnos a ella de forma resolutiva. En el sur luchamos contra las cosas de una forma catártica, teatral. Nos gusta el drama porque tiene épica y da sentido a nuestras vidas, pero eso no hace que resolvamos el problema. La sátira, en todo caso, es una forma de cinismo necesaria para enfrentarse a algo que es tan grande y que viene de tantos sitios que ya es imposible hacer nada.

“Desde los 15 años tengo la costumbre de leer un par de periódicos al día. Siempre he estado muy enganchado a la actualidad. Empecé a hacer viñetas con 17 años en la revista de Ripollet riéndome del alcalde. Pero he acabado haciendo cómics más por motivos profesionales que creativos. Yo quería hacer tiras en prensa. Quería ser un Toni Batllori, un Forges, un Kap, pero pillé mala época: empezó la crisis del sector periodístico y ya no fichaban a nadie”

En “Euro pesadilla. Alguien se ha comido a la clase media” (Debolsillo, 2013), hablas del grunge como la banda sonora del nihilismo de los noventa. Digamos que Manu Chao sería el sonido de la antiglobalización. ¿Cuál sería la música de nuestro tiempo? Clarísimo: David Guetta. Resume a la perfección la necesidad de la gente de evadirse de una forma muy pasada de vueltas. Pero no una evasión de pop-folk crítica y al mismo tiempo alegre tipo Manu Chao. Es que ves esas cadencias musicales del dance y es tralla dura. Como decir “quiero que revienten los oídos y olvidarme de mi vida”.

Ahora tienes 30 años. ¿Qué puede hacer tu generación en este embrollo? Somos una anomalía. Veníamos de muy arriba y hemos caído de bruces. Muchos jóvenes se han abandonado y se han encerrado en casa de sus padres tres o cuatro años sin trabajar esperando tiempos mejores. Pero también hay jóvenes que han sobrecompensado el drama trabajando, luchando y organizándose el doble.

¿Te incluirías en el segundo grupo? Bueno, no me atrevería a hacerlo... Sería un poco fachenda. Hago lo que puedo. La decisión de marcharme de casa de mis padres cuando hacía segundo de carrera fue por pura supervivencia. Tenía que trabajar y estudiar, pagar las facturas, el alquiler. Pero no creo que lo mío sea algo extraordinario. Esto está mal para todos. Cuesta mucho sacar adelante los proyectos “freelance”: batallar más los encargos, los pagos. Lo bueno, si es que puede llamarse así, es que me ha obligado a apostar más fuerte y hacer proyectos más grandes y personales...

Has estudiado Arquitectura. ¿Cómo has acabado haciendo cómics sobre la crisis? Desde los 15 años tengo la costumbre de leer un par de periódicos al día. Siempre he estado muy enganchado a la actualidad. Empecé a hacer viñetas con 17 años en la revista de Ripollet riéndome del alcalde. Pero he acabado haciendo cómics más por motivos profesionales que creativos. Yo quería hacer tiras en prensa. Quería ser un Toni Batllori, un Forges, un Kap, pero pillé mala época: empezó la crisis del sector periodístico y ya no fichaban a nadie. El sector editorial fue la única salida. Sobre el tema de la arquitectura... Me ha servido mucho para saber explicar las cosas de una forma muy gráfica.

Más allá de la concienzuda radiografía de la crisis, ¿qué inquietudes tienes? Soy totalmente anticool. El paladar cultural se ha de cultivar y yo no lo hago. Escucho a Incubus, Lana del Rey, Woodkid, Anímic, Manel... No hay mucha relación entre ellos. En cuanto a libros, no sé salir del ensayo y el análisis periodístico. Raramente me acerco a la ficción. La última vez que lo hice, ni acabé el libro.

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