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Art Brut, Universo de outsiders

Jean Dubuffet, pintor y escultor francés, acuñó el término “Art Brut”, referido al arte creado fuera de la cultura oficial.

 

FREESTYLE (2012)

Art Brut Universo de outsiders

Del Art Brut al libro “Songs In The Key Of Z. The Curious Universe Of Outsider Music” de Irwin Chusid, todo es posible en la heterodoxia de la cultura no oficial, la que nos lleva a la outsider music de artistas inconscientes de su propia condición de outsiders. Es un camino a descubrir lleno de estímulos insospechados; los que produce el talento natural de personajes raros pero valiosos. Fernando Alfaro elucubró sobre ello en esta columna.

Aquellos trabajos creados desde la soledad y desde impulsos creativos puros y auténticos –donde no interfieren la competición, la aclamación o la promoción social– son, precisamente por eso, más valiosos que las producciones de profesionales. Después de cierta familiaridad con estas eflorescencias de exaltada febrilidad, vividas de forma tan plena e intensa por sus autores, no podemos evitar la sensación de que, en relación con estos trabajos, el arte cultural en su totalidad se aparece como el juego de una sociedad fútil, un desfile de falacias.

El aserto es de Jean Dubuffet (1901-1985), pintor y escultor francés, quien acuñó el término “Art Brut” inspirado sobre todo por dos libros: el primero fue “Un paciente psiquiátrico como artista”, publicado en 1921 por el Dr. Walter Morgenthaler y basado en Adolf Wölfli, paciente suyo, un personaje caótico y monumental que habrá de merecer nuestra atención un día, dada su improbable producción musical, no solo plástica. El otro libro fundacional del Art Brut fue “El arte de los enfermos mentales”, publicado por el Dr. Hans Prinzhorn un año después.

Las relaciones de Dubuffet con heterodoxos como Céline, Antonin Artaud, los surrealistas o el Colegio de Patafísica también dan para mucho, pero eso es otra historia, u otras historias. Con este tema las ramificaciones se multiplican, se hacen inabarcables como la vida. Centrándonos (es un decir), el sello Art Brut se refiere al arte creado fuera de la cultura oficial, pero poniendo el foco sobre todo en el producido por pacientes de psiquiátrico, aunque también por presidiarios o niños. Su traslación al inglés, con el término outsider art, se dio en los años setenta, pero ampliando su significado para incluir también a gente autodidacta o creadora de arte naíf, ajena tanto a las instituciones culturales como a las instituciones mentales. Finalmente, la etiqueta ha devenido en herramienta de marketing que abarca todavía mucho más. Ya se sabe, los anglosajones.

Por fin, y después de esta wikipédica introducción al outsider art, llegamos a la aplicación de este concepto a la música pop: la outsider music, tal como aparece compilada en el fantástico libro “Songs In The Key Of Z. The Curious Universe Of Outsider Music” (2000), de Irwin Chusid. El libro, sin desperdicio, consta de capítulos monográficos dedicados a artistas muy diversos que van de gente absolutamente desconocida a celebridades, o que han terminado siéndolo, como The Shaggs, Daniel Johnston, Joe Meek, Syd Barrett, Captain Beefheart, Tiny Tim o Jandek. Completando el libro, y bajo su mismo título, apareció después una recopilación en dos volúmenes, en CD, que incluye tanto canciones de los músicos retratados en el libro como descubrimientos posteriores a su publicación.

 
Art Brut, Universo de outsiders

Libro sin desperdicio con capítulos monográficos dedicados a artistas absolutamente desconocidos y a celebridades.

 

Grupos desestructurados, de rítmica tullida y melodías de inaccesible lógica interna, pero de un sincero y desarmante aliento pop como The Shaggs y su “Philosophy Of The World”. Individuos mentalmente desafinados pero enormes artistas como Daniel Johnston, hoy plenamente reconocido. Cantautores de folk comatoso y lenguaje adusto y en apariencia disfuncional, a lo Samuel Beckett, como Jandek. Personajes de vodevil dotados de vida real como Tiny Tim y su voz en falsete y su ukelele… Todos ellos arrebatados, extremos, sinceros, pretenciosos, a lo Ed Wood, hasta la extremaunción (sic). Todos, inconscientes de su propia condición de outsiders. Ninguno pretendía o pretende serlo. Todos, necesarios en su individualidad, y así es como se llega a conocerlos de veras. A vivirlos. A aprender de ellos. Valga todo este planteamiento introductorio y compilador que estoy haciendo como un intento, seguramente vano, de agarrarme a la barandilla, de aplicar una cierta lógica a lo que no la tiene en absoluto, al menos en términos convencionales. Pero lo recomendable es entrar a conocer directamente a los artistas y su arte, y es lo que voy a hacer.

Un apunte personal: por suerte o para mi desgracia, yo mismo me he visto, en diversas etapas de mi andadura musical, en esos márgenes o del todo fuera de la corriente mayoritaria, fuera del negocio, de la industria, de las instituciones. Por fortuna, también de las instituciones mentales, o bueno, no del todo. Ya lo sé: yo no he hecho nunca propiamente outsider music (o eso creo). Y si así lo pensara, por el mero hecho de saberlo, ya no lo sería. Pero muchas veces he deseado que alguien me planteara en alguna entrevista: En alguna ocasión se ha dicho de ti que eres un ‘outsider’…” , para poder contestar: Mejor: ‘outside; el hedor no es tan fuerte.

Publicado en la web de Rockdelux el 8/2/2012
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