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BOB DYLAN, Traduciendo a Bob desesperadamente

Las muchas canciones de Dylan y los muchos Dylans a lo largo de tantos años en el camino.

 

FREESTYLE (2006)

BOB DYLAN Traduciendo a Bob desesperadamente

La creación literaria en sus canciones es lo que le ha dado a Bob Dylan su Nobel de Literatura. Existe un volumen mastodóntico, “Letras. 1962-2001”, que contiene precisamente todas sus composiciones desde su primer álbum, “Bob Dylan”, hasta “Love And Theft”. Publicado en Estados Unidos en 2004, llegó a España en 2007 en una edición de Global Rhythm que, en principio, tenía que traducir Rodrigo Fresán. Así lo explicó en este artículo que complementaba el tema de portada del Rockdelux 241. Acompañando el reportaje (ver aquí), el escritor argentino, con cuatro pinceladas, nos ofreció muchas de las claves de la riqueza de los textos de Dylan. Al final, sorpresa, el tomo, con más de mil páginas, se publicó sin la traslación al castellano de Fresán (los responsables de la traduccion fueron Miquel Izquierdo y José Moreno), pero aquí queda para la historia este brillantísimo documento.

UNO ¿“Soplando en el viento” o “Flotando en el viento”? ¿“Como una piedra que rueda” o “Como un canto rodado”? ¿Cuál de las muchas acepciones del término floater aplicar al título de aquella lánguida y a la vez amenazante canción de “Love And Theft” (Columbia, 2001), su último álbum hasta la fecha y, dicen, listo para convertirse en el penúltimo? Y ya que mencionamos el tema y estoy ahora justo aquí: ¿cómo solucionar la variación juguetona del marchoso y callejero “Rainy Day Women #12 & 35” a la altura de ese tan triunfal como sufrido “everybody must get stoned” donde el “apedreado” de las primeros versos de cada estrofa muta al “colocado” de la última vez? Y acaso la pregunta que contiene todas las anteriores y muchas más: ¿cómo fue que me metí en esto y cómo voy a salir de aquí adentro?

DOS Cuando hace cosa de doce meses Julián Viñuales (cabeza parlante de Global Rhythm Press, editor también de “Crónicas. Volumen 1”) me propuso traducir las canciones de Bob Dylan, recogidas en el libro “Lyrics 1962-2001” (yo, entusiasta e inconsciente, contraoferté añadirles un aparato de notas explicativas rastreando la posible historia de cada canción), me dije: “Si digo que sí me arrepentiré durante un año, si digo que no me arrepentiré toda la vida”. Cuatro estaciones después, este planteo se mantiene; pero no hay nada como la experiencia práctica de la teoría imaginada y, claro, resulta que no es nada sencillo traducir a Dylan. Las letras de las canciones de Dylan no gozan de la simpleza sentimental o del simple surrealismo de las de The Beatles, no se apoyan en el fácil primitivismo sexual de las de The Rolling Stones, no deslumbran con la precisión narrativa y costumbrista de las de Ray Davies (The Kinks) y no ayudan con el sentido casi matemático de lo poético de las de Leonard Cohen.

Las letras de Dylan son relámpagos que nunca caen en el mismo sitio dos veces y, de hecho, es el mismo Dylan quien se encarga en sus conciertos –territorio por donde, según él, pasa la verdadera obra y se juegan las más grandes apuestas– de reescribirlas y mutarlas en vivo y en directo para el desconcertado placer de sus fans. Una de las explicaciones para esto es que Dylan detesta que el público cante con él. Otra es que Dylan nunca se conforma y de ahí que se pase la vida cambiando y cambiándolas; y tal vez el caso más paradigmático de esta conducta sea eso que le hace, noche tras noche, escenario tras escenario, a una gran canción siempre flotando o soplando en el viento titulada “Tangled Up In Blue”, del álbum “Blood On The Tracks” (Columbia, 1975).

 
BOB DYLAN, Traduciendo a Bob desesperadamente

Esa cubierta con foto fuera de foco pero, al mismo tiempo, tan precisa, tan apropiada, tan justa y justiciera.

 

TRES “Blonde On Blonde” contiene “Visions Of Johanna”, para mí no solo la mejor canción de Dylan –o por lo menos la que más escucho y de la que tengo más versiones grabadas, cronológicamente, en un solo CD–, sino también la orgullosa dueña del, según muchos, mejor de todos los versos de Dylan. Eso de “the ghost of ‘lectricity howls in the bones of her face” (“el fantasma de la electricidad aúlla en los huesos de su rostro”). Y esto no es todo. También están –y hay que oírlos porque no alcanza con leerlos; hay que “ver” cómo los hace sonar Dylan arropados por aquel sonido “mercurial”– ese “somebody got lucky / but it was an accident” en “Pledging My Time”, el “your scarf had kept your mouth well hid” en “One Of Us Must Know (Sooner Or Later)”, el “and because time was on his side / and because I…” en “I Want You”, el perfecto y desgarrado puente de “Just Like A Woman”, el “I never asked for your crutch / now don’t ask for mine” de “4th Time Around”, el “well, I got the fever down in my pockets” de “Absolutely Sweet Marie”. Tradúzcanlas mirando fijo esa cubierta con foto fuera de foco pero, al mismo tiempo, tan precisa, tan apropiada, tan justa y justiciera.

CUATRO Y, claro, a la hora de traducirlo no solo está el problema de las muchas canciones de Dylan, sino, además, el de los muchos Dylans a lo largo de más de cuarenta años en el camino. El desafío está en encontrar un tono común y más o menos reconocible que permita identificar al mismo hombre detrás de todas esas máscaras. Porque ya saben: Dylan hay muchos. Está el falso campesino lanzándose a la conquista del Greenwich Village, el fabricante en serie de grandes himnos de protesta, el intimista de transición, el mesías eléctrico y lisérgico, el exiliado folk-country, el vagabundo carnavalesco, el apocalíptico cristiano renacido, el ídolo indiferente de buena parte de los ochenta, el arqueólogo de sus propias raíces con álbumes como “Good As I Been To You” (Columbia, 1992) y “World Gone Wrong” (Columbia, 1993), y, ahora mismo, el vagabundo crepuscular que le canta a la decadencia del amor y del cuerpo en “Time Out Of Mind” (Columbia, 1997), para luego invitar a la más rabiosa fiesta de casi despedida en “Love And Theft” o desde las ondas de su flamante encarnación DJ en la emisora radial de pago XM. Todos aparecerán juntos en un libro que saldrá hacia finales de año, y aquí estamos esperando las nuevas canciones y traduciendo las canciones que nunca serán antiguas. Parafraseando a Dylan: ah, soy tan joven ahora como viejo era cuando comencé a traducirlo. O eso espero. Mientras, ya saben dónde estoy.

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