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BON IVER, Creciendo en público

Ilustración: Paco Alcázar

 

VISTO Y NO VISTO (2011)

BON IVER Creciendo en público

Bon Iver ha entrado en una espiral mediática que ha convertido su nombre en uno de los más cotizados del pop actual. Gerard Casau tuvo la oportunidad de verlo en directo en París, donde presentó su segundo disco, “Bon Iver, Bon Iver”, considerado uno de los álbumes más destacados de 2011 por casi todos los medios de comunicación.

El Pitchfork Music Festival Paris, celebrado en la capital francesa los días 27 y 28 de octubre, tuvo algo de oportunidad perdida. La revista digital tendía la mano al viejo continente con algunos de los nombres que, según sus responsables, mejor representan la música de hoy en día. Y pese a lo lógico de la propuesta y al innegable interés de un cartel que reunía, entre otros, a Real Estate, Pantha du Prince, Lykke Li y Jens Lekman, se tenía la sensación de que ese mismo programa hubiese valido igual para Chicago, Madrid, Berlín o cualquier otro lugar del mundo; como si ‘Pitchfork’ priorizase la exportación de su marca (perfectamente identificable) a la curiosidad por otras sonoridades que hasta el momento podían haber escapado a su radar.

En cualquier caso, el festival se apuntó un tanto eligiendo a Bon Iver como cabeza de cartel (y curator de la segunda jornada), capturando a Justin Vernon en un punto particularmente excitante: esa epifanía que se produce cuando un artista toma conciencia del poder de su música. No hace falta reincidir ahora en las diferencias que separan “For Emma, Forever Ago” (2008) de “Bon Iver, Bon Iver” (2011), y menos tras el espléndido análisis que realizó David Saavedra (ver Rockdelux 298). El primero era, ya lo sabemos, un disco que pertenecía a la intimidad, hasta tal punto que a veces daba cierto reparo escucharlo. Su sucesor, en cambio, es una obra que se lanza al mundo desde el título mismo de sus canciones. Vernon abre sus brazos y Bon Iver deja de ser el proyecto de un cantautor (si es que lo fue alguna vez) para convertirse en algo distinto, tanto en estudio como, evidentemente, en directo.

 
BON IVER, Creciendo en público

Justin Vernon, director de orquesta, entregado a un recital de emociones colectivas. Foto: Charlotte Zoller

 

Hasta hace poco, nadie hubiera imaginado que sus canciones requiriesen de nueve personas sobre el escenario; es más, muchos dudan de que su hechizo pueda sobrevivir en estas condiciones. “Ya no es lo mismo”, murmuran con el ceño fruncido. En efecto, no es lo mismo, y el inicio del concierto fue muy elocuente en este sentido: “Perth”, convertida en imponente declaración de intenciones de rotundidad casi rock. Por esas aguas discurrió el concierto, con un sonido nítido que permitía prestar atención a los detalles de un mapa sonoro trazado con esmero en el que incluso resultaban elegantes las puntuales muestras de virtuosismo. Era visible el gozo de Vernon al ejercer de director de orquesta, sonriendo orgulloso a su banda, entregado a un recital de emociones colectivas, al feedback con un público rendido de antemano.“¡Quiero casarme contigo!”, le gritó una espectadora. “Creo que todavía estamos en una fase muy temprana de nuestra relación”, contestó él, ingenioso.

La prueba de fuego llegó con las canciones de su primer disco, que Vernon encaró magistralmente sabiendo que ya no tiene sentido interpretarlas entre lágrimas de cocodrilo. Al contrario, “Skinny Love” y “The Wolves (Act I And II)” se convirtieron en celebraciones, en catarsis; como si, de alguna forma, ya no perteneciesen a Bon Iver, sino a sus fans. Un regalo que resume la belleza de su música y que, esperemos, sea solo la antesala de todo lo que está por venir.

Fue también David Saavedra quien escribió, tras la primera visita de Arcade Fire en 2005, que podían llegar a ser “la mejor banda de estadio del siglo XXI” (ver Rockdelux 231). En aquel momento me pareció un comentario algo exagerado, pero el tiempo ha demostrado que su intuición iba bien encaminada. Similares pensamientos cruzaron mi cabeza al abandonar la Grande Halle con las notas de “For Emma” todavía flotando en el aire. Sí, este será un buen invierno.

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