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Brasil Today, “Vuelva usted mañana”

Postal con la iglesia de Barra de Sâo Joâo, al norte de Río; imagen que no merece el típico “vuelva usted mañana” tercermundista.

 

FREESTYLE (2011)

Brasil Today “Vuelva usted mañana”

David S. Mordoh se pasea, con referencias musicales o sin ellas, por el ancho mundo. En esta ocasión, el (emergente) país escogido fue Brasil y su cada vez mayor proyección internacional. ¿Pasará Brasil el “control de calidad Mordoh”? La respuesta, en esta columna.

11-1-11. Vuelo AF442 París-Río de Janeiro. El mismo trayecto en dirección contraria que aquel trágico accidente de un airbus de Air France de junio de 2009 en medio del Atlántico. Maldije mi tarjeta Flying Blue al ver el asiento en la fila 61, pero la excitación volvió cuando la azafata me señaló la escalera interior del 747 que conduce al piso de arriba. Es la primera vez que vuelo allí. Ventanilla además con un cajón lateral donde poder soltar todo el lastre adicional de invierno –las mangas largas– de cualquier viaje al trópico.

12-1-11. La llegada a Río a primerísima hora de la mañana refleja el caos en el que vivirá sumido Brasil hasta las citas futbolística (2014) y olímpica (2016). Colas interminables antes del control de pasaportes que nos dejan extenuados durante hora y media sin aire acondicionado. Si la mayoría de países se esmeran en proyectar la mejor imagen posible del lugar ante el recién aterrizado visitante, en el presente caso ha de considerarse el fracaso rotundo.

Tampoco mejoran mucho las cosas al dejar Río en coche, subiendo por la Mata Atlántica a Petrópolis, al este de la Serra da Mantiqueira, rumbo al estado de Minas Gerais. Algo ha ocurrido. Se palpa en el aire de lluvia recia que ha amainado; también en el paisaje. Algo seguramente terrible cuando vemos la imagen dantesca del río crecido bordeando la autovía, con casas medio derrumbadas al ceder el terreno de la orilla entre maleza y troncos caídos. Una ojeada más detenida a las montañas deja claro que la gente ha construido donde ha podido, en faldas y laderas, talando árboles cuyas raíces sostenían una tierra que, como en el caso del cerro de Ávila en las afueras de Caracas en diciembre de 1999, cedió y dejó un saldo de treinta mil muertos, cobrándose su peaje en forma de víctimas. Llegamos a Juiz de Fora y las imágenes que se ven en la televisión son aterradoras. Primero se habla de cincuenta muertos, después de doscientos, hasta que el balance –aún provisional al cabo de una semana– se cierra con más de setecientos cadáveres y quinientos desaparecidos. El país con más futuro sigue aún incapaz de solventar con garantías el tránsito a la modernidad.

 
Brasil Today, “Vuelva usted mañana”

Las trágicas inundaciones de enero de 2011, con casas medio derrumbadas al ceder el terreno de la orilla entre maleza y troncos.

 

Todas las dudas se palpan en la perspectiva económica. El pasado marcadamente socialista de Lula, aunque maquillado durante su mandato para dar confianza al capital, se deja ver a la que de trapichear con el dinero se trata. Excesiva fiscalización. Por mucho que el país pregone a los cuatro vientos lo contrario, mal lo tiene el inversor extranjero de a pie al que le toca enfrentarse a la telaraña burocrática. “Usted puede comprar pisos, terrenos, Brasil entero si quiere, pero no podrá obtener el permiso de residencia si no se queda a vivir aquí, y por consiguiente tampoco podrá abrir una cuenta bancaria”, comenta un mando de la policía federal. Así que, como extranjero, uno puede comprar un apartamento pero no puede domiciliar la luz ni el agua, etc., mientras es avasallado con siglas a todas horas, como CPF –una especie de NIF sin el cual ni siquiera te dejan comprar una tarjeta de móvil: para obtenerlo se ha de inscribir uno en la oficina de correos y pasarse por el Ministerio de Hacienda a las veinticuatro horas– o CNPJ.

La estancia en Juiz de Fora se hacía más agradable al anochecer. Poco ambiente en una ciudad provinciana aunque próspera del interior. Había, sin embargo, tres esquinas de un cruce céntrico con bares con terrazas animadas a cualquier hora. Se podía cenar, picar algo o simplemente tomar unas cervezas (sublimemente heladas: el mayor tesoro de Brasil). Uno de los establecimientos siempre estaba lleno, pasando por allí decenas de parejas hermosísimas, esbeltas y bien vestidas. De algún modo respondían a la fama de belleza de sus habitantes que no se detectaba en la calle. Había truco, claro. El restaurante estaba regentado por el marido de la dueña de la agencia de modelos más importante de la ciudad. Un lugar donde ver y ser visto.

 
Brasil Today, “Vuelva usted mañana”

Buena vista mientras dure la eternidad. Brasil está preparado para muchas cosas a largo plazo, pero...

 

Afuera acechaban vendedores ambulantes de toda índole, incluidos CDs piratas. Echo una ojeada a sus existencias, comprobando una vez más la endogamia musical brasileña. Cientos de referencias nacionales por tres o cuatro –The Black Eyed Peas, U2, etc.– foráneas. Antes solía volver cargado con música de allá, sobre todo de estos artistas tan populares de siempre –Martinho da Vila, Emilio Santiago, Zeca Pagodinho–, los que de verdad representan el sentir de la calle carioca, pero incluso este hábito han alterado las nuevas tecnologías. Aun así me niego a renunciar a mi vicio compulsivo y, después de mucho husmear entre su pobrísima colección, me decido por cuatro. Uno, de Diogo Nogueira, es el típico de música suave –samba licuada carioca para atardeceres en los chiringuitos de Copacabana– donde los textos de todas las canciones contienen la palabra coraçâo. Otro es un recopilatorio de la mal denominada música sertaneja actual –una apropiación similar a la del R&B de este siglo respecto al rhythm’n’blues de hace cuarenta años– cuyo pop plano apenas tiene que ver con los abnegados cantautores espartanos del folk nordestino. El tercero, un directo –¡¡cómo no!!– de los ídolos regionales Skank desde el estadio Mineirâo, responde a mi debilidad por el fútbol y su himno “É uma partida de futebol”, que por supuesto escucharemos a todas horas en el mundial 2014. Y el cuarto acoge a varios nombres de popes de la vertiente chabacana de la MPB –o sea, más la popular tipo Camilo Sesto que la brasileira tipo Caetano Veloso, que por cierto también aparece– de toda la vida. Además de los temas de Elis Regina, Chico Buarque, Fagner y Zé Ramalho, está genial la entrada de Amelinha con un clásico de Ramalho –“Mulher nova, bonita e carinhosa”, de 1982– manipulando con tintes sexistas –“mujer nueva, bonita y cariñosa, hace al hombre gemir sin sentir dolor”– la historia griega: en definitiva un CD tutiplén para extraer momentos sueltos.

22-1-11. Bajando desde Minas al aeropuerto de Río, medio olvidada la tragedia de la riada, disfrutamos de esa carretera de un verde espectacular, llena de curvas por entre el trópico húmedo. Una vez en Galeâo, a media tarde recibimos una oferta de Air France debido al overbooking: volar al día siguiente, con noche gratis en hotelazo de Copacabana, tres comidas, taxi de ida y vuelta, más 150€ por las “molestias”. Lástima que buena parte de esta supuesta velada inolvidable la pasamos –tres horas peleando con una policía federal sin soluciones prácticas ante un imprevisto– hasta bien entrada la noche intentando recuperar las maletas. Al carajo con el atardecer y la caipiriña en el chiringuito del posto 4. Brasil está preparado para muchas cosas a largo plazo, y seguramente tienen razón quienes lo califican como el país de mayor futuro. Sin embargo, para quienes seguimos evaluando la vida desde el presente, los que queremos ir hoy –a visitar, a invertir o a lo que sea–, nos sigue produciendo escalofríos escuchar aún el típico “vuelva usted mañana” tercermundista.

Publicado en la web de Rockdelux el 27/6/2011
Etiquetas: 2010s, 2011, Brasil, sociedad, viajes
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