Afuera acechaban vendedores ambulantes de toda índole, incluidos CDs piratas. Echo una ojeada a sus existencias, comprobando una vez más la endogamia musical brasileña. Cientos de referencias nacionales por tres o cuatro –The Black Eyed Peas, U2, etc.– foráneas. Antes solía volver cargado con música de allá, sobre todo de estos artistas tan populares de siempre –Martinho da Vila, Emilio Santiago, Zeca Pagodinho–, los que de verdad representan el sentir de la calle carioca, pero incluso este hábito han alterado las nuevas tecnologías. Aun así me niego a renunciar a mi vicio compulsivo y, después de mucho husmear entre su pobrísima colección, me decido por cuatro. Uno, de Diogo Nogueira, es el típico de música suave –samba licuada carioca para atardeceres en los chiringuitos de Copacabana– donde los textos de todas las canciones contienen la palabra coraçâo. Otro es un recopilatorio de la mal denominada música sertaneja actual –una apropiación similar a la del R&B de este siglo respecto al rhythm’n’blues de hace cuarenta años– cuyo pop plano apenas tiene que ver con los abnegados cantautores espartanos del folk nordestino. El tercero, un directo –¡¡cómo no!!– de los ídolos regionales Skank desde el estadio Mineirâo, responde a mi debilidad por el fútbol y su himno “É uma partida de futebol”, que por supuesto escucharemos a todas horas en el mundial 2014. Y el cuarto acoge a varios nombres de popes de la vertiente chabacana de la MPB –o sea, más la popular tipo Camilo Sesto que la brasileira tipo Caetano Veloso, que por cierto también aparece– de toda la vida. Además de los temas de Elis Regina, Chico Buarque, Fagner y Zé Ramalho, está genial la entrada de Amelinha con un clásico de Ramalho –“Mulher nova, bonita e carinhosa”, de 1982– manipulando con tintes sexistas –“mujer nueva, bonita y cariñosa, hace al hombre gemir sin sentir dolor”– la historia griega: en definitiva un CD tutiplén para extraer momentos sueltos.
22-1-11. Bajando desde Minas al aeropuerto de Río, medio olvidada la tragedia de la riada, disfrutamos de esa carretera de un verde espectacular, llena de curvas por entre el trópico húmedo. Una vez en Galeâo, a media tarde recibimos una oferta de Air France debido al overbooking: volar al día siguiente, con noche gratis en hotelazo de Copacabana, tres comidas, taxi de ida y vuelta, más 150€ por las “molestias”. Lástima que buena parte de esta supuesta velada inolvidable la pasamos –tres horas peleando con una policía federal sin soluciones prácticas ante un imprevisto– hasta bien entrada la noche intentando recuperar las maletas. Al carajo con el atardecer y la caipiriña en el chiringuito del posto 4. Brasil está preparado para muchas cosas a largo plazo, y seguramente tienen razón quienes lo califican como el país de mayor futuro. Sin embargo, para quienes seguimos evaluando la vida desde el presente, los que queremos ir hoy –a visitar, a invertir o a lo que sea–, nos sigue produciendo escalofríos escuchar aún el típico “vuelva usted mañana” tercermundista. 