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BRUCE SPRINGSTEEN, La conferencia del año

Conocidas son sus dotes escénicas; es el único capaz de rendir a todo un estadio. Pero en Austin el reto era otro.

 

FREESTYLE (2012)

BRUCE SPRINGSTEEN La conferencia del año

Tiene mérito pasar por el festival South By Southwest 2012, con más de mil doscientas actuaciones, y que aún se acuerden de ti. Si te llamas Bruce Springsteen es más fácil, claro; aun así, tiene mucho mérito. El rockero de Nueva Jersey presentó en primicia su disco “Wrecking Ball” (2012), pero ofreció algo más importante: una extraordinaria conferencia de cincuenta minutos en la que explicó, con madera de predicador y modos de camionero, el sentido de su existencia: cómo, por qué y para qué ha dedicado su vida al rock (ver aquí). Muy ilustrativa, emocionalmente recomendable y absolutamente necesaria para revaluar su estado de forma actual, opinó Nando Cruz en esta columna.

Conocidas son las dotes escénicas de Springsteen; es el único capaz de rendir a todo un estadio. Pero en Austin el reto era otro. Sin banda, sin electricidad: solo la palabra. Empezó tirando de falsa modestia (“¡qué importante debe ser este discurso si lo programan a mediodía!”), siguió ejerciendo de abuelo rockero ajeno a todos los subgéneros que han surgido (“¿Nintendo-core?”) y probó chistes que no funcionaron porque él y el auditorio estaban aún fríos.

A los pocos minutos, la camisa presenta sospechosos círculos oscuros bajo las axilas. Bruce Springsteen no suda en el escenario; suda siempre. Su voz se va calentando y entra en materia recordando el día que descubrió a Elvis Presley: “Nos dio un nuevo lenguaje, una nueva forma de comunicarnos, una nueva forma de ser, una nueva forma de vestir, una nueva forma de pensar sobre sexo, raza, identidad, una nueva forma de ser americano, de ser persona, de escuchar la música”, evoca con ardiente nostalgia. Aquí el orador ya está sumido en su rol, embriagado por sus propios recuerdos.

Acto seguido habla de cómo el doo-wop, “la música más sensual jamás hecha”, conquistó su corazón desde el transistor que su madre tenía sobre la nevera. Agarra una guitarra y entona un falsete agudo y punzante como un alfiler de plata fina. “¿No os acaban de entrar ganas de besar a alguien?”, pregunta, con sorna victoriosa. Y sin apenas cambiar de acorde empieza a canturrear “Backstreets”. “Todo viene del mismo lugar”, celebra.

 
BRUCE SPRINGSTEEN, La conferencia del año

Es un monologuista excepcional. A veces fija la vista en el papel, pero en ocasiones la mirada se le pierde no se sabe dónde.

 

De ahí, a Roy Orbison. “Parecía sentir placer a clavarte su cuchillo en lo más hondo de tus inseguridades adolescentes”, sospecha Bruce. Y con un brusco movimiento del brazo derecho, refuerza cada título (“It’s Over”, “Crying”...), como ilustrando las puñaladas que Orbison le asestaba con sus celestiales y deprimentes agudos. El predicador ya es entertainer. Minuto a minuto se supera: entonando versos de canciones, improvisando beatboxing, rescatando citas killer de Jerry Lee Lewis... Ya conocíamos sus parlamentos de seis minutos a medio concierto, pero aquí lleva casi media hora hablando sin parar. Y es un monologuista excepcional. A veces fija la vista en el papel, pero en ocasiones la mirada se le pierde no se sabe dónde.

Confiesa que los Animals fueron más importantes que los Beatles para él. Eran feos, eran brutos y tenían un nombre más desafiante. También reconoce que todas sus canciones (“Born In The U.S.A.”, “Born To Run”...) surgen del “We Gotta Get Out Of This Place” de Eric Burdon y compañía. Dicho esto, se marca un “Don’t Let Me Be Misunderstood” con la guitarra y la enlaza con “Badlands”. “¡Es el mismo puto riff!”, exclama orgulloso.

Hay que ir cortando, pero Bruce no quiere dejar de hablar de los Sex Pistols (“eran valientes, te desafiaban y te hacían ser valiente”), del soul (“allí aprendí a componer, a arreglar, aprendí lo que importa y lo que no, aprendí cómo suena una gran producción, aprendí a liderar un grupo”), de James Brown... Mastica palabras y títulos de canciones para lanzarlos a la platea en su máximo esplendor e intensidad. No está explicando la historia del rock, la está reviviendo en un espectáculo palpitante, hipnotizante.

Ese modo de restituir el sentido más hondo de cada verso es aún más conmovedor cuando llega a Bob Dylan. “Si eras joven en los años cincuenta y sesenta, todo parecía falso. Pero no sabías cómo explicarlo”, dice. Entonces Dylan soltó: “How does it feel?”. Springsteen pronuncia feel con desesperación y amargura, recuperando toda la sensación de abandono de aquel estribillo. Y sientes un nudo en la garganta. Asumes qué debió significar escuchar “Like A Rolling Stone” en 1965.

 
BRUCE SPRINGSTEEN, La conferencia del año

En esta conferencia devolvió al rock todo lo que recibió de él. Legó sus recuerdos, sus deseos, sus instintos, sus trucos...

 

En 2012 se celebra el centenario del nacimiento de Woody Guthrie y Springsteen lo reivindica como el hombre que combatió el fatalismo del country con inestimables dosis de idealismo. Si el cubo de Hank Williams tenía un agujero (eso cantaba en “My Bucket’s Got A Hole In It”), Guthrie se pregunta por qué hay gente que tiene el cubo agujereado. La conciencia de clase, sí. Y también la búsqueda de una verdad, de una identidad. Coge la guitarra y canta “This Land Is Your Land”. El público también canta. Luego aspira hondo, muy hondo, y dice: “A veces las cosas que llegan de fuera se meten dentro hasta convertirse en parte del latido de una nación”. Aprieta los músculos de su cara, quizá intentando contener unas lágrimas traidoras.

Pero, claro, los jóvenes esperan El Consejo del Boss. Y ahí va: “Abrid vuestros oídos y corazones. No os toméis muy en serio y tomaros tan en serio como a la muerte. No os preocupéis. Preocupaos al máximo. Tened una confianza de hierro... pero dudad. Os mantendrá despiertos y alerta. (...) Sed capaces de mantener dos ideas totalmente contradictorias en el corazón y en la cabeza. Si eso no os vuelve locos, os hará fuertes”.

Sabe de qué habla. Tal vez haya olvidado cómo hacer discos que nos remuevan por dentro, pero no ha olvidado las razones por las que grabó los discos que nos removieron por dentro. “Y cuando subáis al escenario esta noche para meter ruido, tratadlo como si fuese lo único que existe”, añade, antes de abandonar el estrado. Hace años que ese ruido no es lo único que existe en su vida. Por eso, esta frase explica mucho de su evolución. Por eso, en su expresión puedes intuir el deseo de aferrarse por última vez a tan poderosísima sensación. Bruce sabe que la llama se agota y que su deber es legar a las generaciones venideras todo lo que él obtuvo de sus antecesores.

La estrella del rock fue maestro por un día para finalmente integrarse en la cadena del rock como un eslabón más. Si nunca más graba otro disco verdaderamente relevante, en esta conferencia ya devolvió al rock todo lo que recibió de él. Legó sus recuerdos, sus deseos, sus instintos, sus trucos... Igual que su admirado Bob Dylan en el libro “Crónicas. Volumen 1”, pero en riguroso directo. Al fin y al cabo, es el terreno donde siempre se ha movido mejor.

Publicado en la web de Rockdelux el 14/5/2012
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