×

USO DE COOKIES

Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros, para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, para mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, así como analizar sus hábitos de navegación. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web.

Aceptar Cómo configurar

Cargando...
Cenizas psicofónicas, Del horno al plato

La empresa británica And Vinyly ofrece la posibilidad de procesar las cenizas humanas y transformarlas en música.

 

FREESTYLE (2013)

Cenizas psicofónicas Del horno al plato

Si no un bonito cadáver, qué menos que dejar un “original” souvenir orgánico a deudos y allegados. Se acabaron los camafeos con mechones de pelo, los brazos incorruptos, las momias de cuerpo entero. La últimas tendencias señalan que nos perpetuaremos convirtiendo nuestras cenizas en un bonito disco de vinilo. Mortuorio fetiche donde se conservarán para la posterioridad las melodías que en vida nos marcaron, aquellos sonidos que se nos antojen o, dada la indecisión de muchos, el más sepulcral de los silencios. Jaime Gonzalo reflexionó sobre este espinoso tema.

No diremos que a diario, pero llegada cierta edad uno empieza a considerar con asiduidad la muerte, porque se va aproximando ineluctable, y porque seguramente es la única consecuencia lógica que podemos hallarle a la vida cuando hace ya un tiempo que comprendemos lo exiguamente que se nos permite vivirla. Esa muerte, esa escena final de la pantomima existencial... ¿será repentina y fulminante o anunciada y prolongada? ¿Se conducirá pacífica o lo hará con violencia? ¿Nos atrapará sigilosa mientras dormimos o preferirá que seamos conscientes de su incontestable poder? A medida que el cerco se estrecha, las preguntas a formularse crecen para que podamos ocultar el miedo bajo su peso. ¿Será cierto eso de que, antes de cerrarse para siempre, los ojos contemplan como en unos segundos se rebobina toda nuestra vida? ¿Nos embargará la sensación de ingravidez y divisaremos una luz brillante al final de un negro y angosto túnel? Incluso nos permitimos pensar, ilusos, qué será de nosotros una vez muertos, a qué averno o paraíso iremos a parar... como si un cadáver –a no ser el de Joseph Finsbury, al que tan movediza suerte atribuyera Stevenson– tuviera otro sitio al que ir que no fuera el hoyo.

 
Cenizas psicofónicas, Del horno al plato

Las cenizas humanas, conglomeradas con el vinilo de un maxisingle de 12": lo vivido en 24 minutos de selección musical.

 

De todas esas consideraciones, ninguna se plantea, sin embargo, la más irónica de las cuestiones inferidas de la muerte: morirse cuesta dinero. Algo se ha de hacer con nuestros fríos y exánimes despojos, alguien ha de costear la inhumación, la incineración, la criogenización, el embalsamamiento o lo que demonios se decida hacer con la carcasa del difunto. Antiguamente la gente suscribía una póliza de deceso o entierro que las aseguradoras incumplían o deformaban en la letra pequeña, pero ahora mismo no sé de nadie que, incluso pudiendo permitírselo, se conceda ese macabro capricho, confiando su dinero al Adrián Projorov de turno. Si apenas podemos pagar y vivir la vida, cómo vamos a pagar la muerte, y además por anticipado.

Pero supongamos que además de previsores seamos ahorradores, y que la cremación, el medio más económico de dar de baja a un cuerpo, se encuentre en cabeza de nuestras preferencias. IVA y urna aparte, calcinar un fiambre en España sale relativamente asumible. Para hacernos una idea: si en Estados Unidos la media es de 5.000 $, unos 3.800 euros, en Madrid la broma sale por 450 euros, en Barcelona por 316  y en Pamplona por 242. Así, mientras los precios se inflan y los salarios menguan, podemos imaginarnos que tarde o temprano nos pondremos a la par con nuestros amos y señores. A los pobres se nos asfixiará en la vida y en la muerte, pero a los pudientes se les abrirá un abanico de insospechadas posibilidades post mórtem, pues hemos de suponer también que la industria de Pompas Fúnebres evolucionará con los tiempos y las costumbres.

 
Cenizas psicofónicas, Del horno al plato

La idea fue de Jason Leach, productor musical al que desde 2009 no ha dejado de crecerle el negocio. ¿Una portada para el adiós?

 

De momento, por unos 3.500 euros, la empresa británica And Vinyly ofrece la posibilidad de procesar las cenizas humanas de modo que acaben conglomeradas con el vinilo de un maxisingle de 12 pulgadas, del que se prensan treinta copias y donde el finado puede legar a sus seres queridos 24 minutos de la música o sonidos que escoja. La idea fue de Jason Leach, un productor musical al que desde 2009 no ha dejado de crecerle el negocio. Nadie le ha discutido por ahora la tarifa. Los problemas se presentan en el momento de seleccionar el contenido del luctuoso microsurco. Algunos optan por zanjar el asunto grabando unos cuantos chistes o una despedida, pero la mayoría se atasca en un bucle de indecisión, cambiando sin cesar aquellas canciones que deben representarle una vez haya enfilado el más allá. El propio Leach se confiesa desorientado, decantándose en caso de bloqueo extremo por dejar solo el sonido de sus cenizas interactuando con los ruidos y crepitaciones que produzca la aguja a su paso por los surcos.

Y tantas preocupaciones y dudas, ¿para qué? Por muy sólido que sea el cariño o la amistad que nos vinculaba al extinto, es improbable que alguien se tome la molestia de escuchar el disco. Y no por la morbidez que puede despertar tan necrófila audición, sino porque vivimos en un mundo atestado de canciones y formatos tan o más siniestros, lo cual hace explicable así mismo la imposibilidad de reducir lo que hemos vivido a 24 minutos de selección musical. Eso, sin entrar en los criterios del legatario, que pueden ser infames. No obstante, la idea es buena. Varias generaciones de aficionados al rock se acercan rápidamente a la mediana edad, y de esa a la provecta solo hay un paso. Educados en el fetichismo de consumo, es muy probable que muchos de ellos se sientan atraídos por la idea de transformarse a sí mismos en fetiche y hagan del vinilo su tumba, como lo ha sido el océano para tantos marinos que reposan sepultados bajo sus aguas. Perfecta metáfora con la que finalmente comprenderán, una vez el disco del que forman parte haya sido arrojado a la basura o vendido a peso al trapero, lo efímero de todo, empezando por ellos mismos y las canciones que los acompañan en el último de sus viajes.

Publicado en la web de Rockdelux el 25/9/2013
Etiquetas: 2010s, 2013, sociedad
VÀNOVA, Los años y los palos

FREESTYLE (2011)

VÀNOVA

Los años y los palos

Por David S. Mordoh
BRUCE SPRINGSTEEN, La conferencia del año
Por Nando Cruz
GINO PAOLI, Suena una armónica

FREESTYLE (2012)

GINO PAOLI

Suena una armónica

Por Nando Cruz
PRINCE, La historia de un concierto imposible
Por Santi Carrillo
Música y neurociencia, Emociones y necesidades
Por Ignacio Julià
Brasil Today, “Vuelva usted mañana”
Por David S. Mordoh
Creem, Celulosa zombi

FREESTYLE (2017)

Creem

Celulosa zombi

Por Jaime Gonzalo
JON SAVAGE, Cuidar del espíritu adolescente
Por Aïda Camprubí
Redes sociales, Menos “face” y más “book”
Por David S. Mordoh
PEGASVS, El ruido liberador

FREESTYLE (2012)

PEGASVS

El ruido liberador

Por Nando Cruz
Londres arde, tiembla Inglaterra, Pragmáticos y avariciosos
Por Ignacio Julià
Ideología y arte (I), Perdonen mi desfachatez
Por Fernando Alfaro
NO AGE, El ruido y el feedback

FREESTYLE (2013)

NO AGE

El ruido y el feedback

Por Nando Cruz
MORENTE & MARIO PACHECO, Luz y dolor
Por Gabriel Núñez Hervás
ALAN VEGA, La última mutación

FREESTYLE (2016)

ALAN VEGA

La última mutación

Por Jaime Gonzalo
Secuelas del punk, Una costosa inversión
Por Jaime Gonzalo
La revolución digital, El fin del mundo (conocido)
Por Ramon Llubià
Los críticos, Inefables, invisibles
Por Jaime Gonzalo
Humo en el agua, Milagros del rock
Por Jaime Gonzalo
Tráfico, El mito de Sísifo

FREESTYLE (2012)

Tráfico

El mito de Sísifo

Por Jesús Llorente
JOHN HUSTON, El pesimista socarrón
Por Ignacio Julià
FERMIN MUGURUZA, Colisión vasco-neorleana
Por Miquel Botella
Arriba