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  • Ilustración: Paco Alcázar

  • Ilustración: Nacho Antolín

  • Ilustración: Manel Fontdevila

  • Ilustración: Laperla y Morán

 
 

EDIT (2015)

Charlie Hebdo (II) “Esto no es una pipa, imbécil”

En las páginas de Rockdelux, Pepo Pérez analizó el dislate que unió a neofascistas peligrosos y a izquierdistas “melones”, cenutrios de dos bandos exhibiendo orgullosamente la leyenda “Yo no soy Charlie”, a raíz de los atentados a la revista ‘Charlie Hebdo’ (7 de enero de 2015). Raúl Minchinela explicó, en el despiece, la historia de la publicación francesa. Y una docena de dibujantes (Paco Alcázar, Nacho Antolín, Manel Fontdevila, Laperla y Morán, Max, Javier Olivares, Pepo Pérez, Marcos Prior, Sonia Pulido, Joaquín Reyes, Juanjo Sáez y Bernardo Vergara) homenajearon a las víctimas y tomaron partido, incondicionalmente, por la libertad de expresión.

(Se puede leer la primera parte aquí)

Las calificaciones de “racista” o “xenófoba”  son un completo malentendido. La ironía es ironía porque admite el doble sentido, pero para entender la ironía es necesario conocer su contexto. Juzgar a un semanario de larga trayectoria por unas cuantas viñetas descontextualizadas en internet solo es posible en nuestra era, una en la que se opina desde las redes sociales. En la era previa, para leer ‘Charlie’ había que acudir a la revista impresa, y esto implicaba leerla en su contexto: todos los chistes, los textos, la línea editorial general, caracterizada por burlarse de la xenofobia, el sexismo, los fanatismos y las estructuras de poder. Hablamos de un semanario con décadas de tradición, la de la sátira gráfica francesa, que se remonta a los años sesenta con la revista ‘Hara-Kiri’, censurada durante el gaullismo, pero que podría llevarse hasta las caricaturas antimonárquicas del siglo XIX del respetable Daumier y cía. Respetable hoy, claro, porque en su día fueron consideradas tan ofensivas que merecieron multas y penas de cárcel. Ahora, en pleno siglo XXI, los caricaturistas pagan con sus vidas.

Por ello, los que sí conocen ‘Charlie’ y su contexto saben qué papel desempeña la revista en el espectro político cultural de su país y, por tanto, suelen entender sus caricaturas. Entre miles de viñetas directamente antirracistas, es cierto que a veces han publicado chistes que juegan a “literalizar” los estereotipos racistas para ridiculizarlos. Es la misma estrategia que usó Robert Crumb para satirizar el racismo contra los afroamericanos. Muchos franceses y otros lectores internacionales de ‘Charlie’ han tenido que salir en su defensa a explicar los chistes. Porque fuera de su contexto, el de una revista de izquierdas con un inequívoco compromiso antirracista y antifascista (en ella publican, entre otros, el dibujante Riad Sattouf, de origen sirio, y la periodista marroquí Zineb El Rhazoui), afirmar que sus caricaturas tienen intencionalidad racista es opinar sin saber. Juzgar por unas pocas viñetas vistas en internet. Como si alguien viera un solo fotograma de “La vida de Brian” (Terry Jones, 1979) y denunciara que se trata de una película sectaria ultraevangelista.

Desgraciadamente, todo eso ya da igual. El debate ha concluido.

 
  • Ilustración: Max

  • Ilustración: Javier Olivares

  • Ilustración: Pepo Pérez

  • Ilustración: Marcos Prior

 

El humor estilo ‘Charlie Hebdo’ se ha terminado. Esa es la trágica lección que podemos sacar de estas semanas. No importa que dos o tres generaciones de franceses hayan crecido con la revista, ni que esta formara parte de su memoria y su cultura. Han matado a la plana mayor de esa tradición humorística, incluyendo a sus maestros más legendarios, Cabu y Wolinski (este último, un judío que también hacía chistes sobre judíos). Inmediatamente después de esa eliminación física, los suyos (nosotros, quiero decir) han aprovechado “la ocasión” para criticar su tipo de humor, en muchos casos desde el desconocimiento. “No justifico PERO”. Libertad de expresión, sí, PERO. No han sido pocos, también en España. Tampoco es de extrañar que Le Pen (el “original”, Jean-Marie) haya dejado claro que él “no es Charlie”. Algún adalid de la corrección política ha llegado a escribir “fuck those cartoons” (Jacob Canfield, en la web Hooded Utilitarian.com) con los cadáveres aún calientes; eso sí, desde su púlpito etnocéntrico norteamericano liberal de izquierdas. Un púlpito desde el que, evidentemente, no lee ‘Charlie’ ni conoce la tradición francesa, pero sí se permite despotricar de sus viñetas en un texto publicado a la carrera el mismo día de la masacre.

Es el triunfo de la ignorancia oportunista disfrazada de “erudita”. También el de una izquierda “melona” (en feliz expresión de la periodista Isabel Guerrero) incapaz de salirse de su argumentario, estrecho y literal, ni de comprender con flexibilidad y complejidad los conflictos, el librepensamiento, el humor. Es, asimismo, el triunfo de un entendimiento “contemporáneo” de la libertad de expresión que permite criticar al muerto –al asesinado– en su mismo velatorio. Se trata, en fin, de una derrota de nuestra cultura, una que ha olvidado el precio de sangre pagado para conquistar esas libertades y que ignora, además, los fundamentos de las mismas.

 
  • Ilustración: Sonia Pulido

  • Ilustración: Joaquín Reyes

  • Ilustración: Juanjo Saéz

  • Ilustración: Bernardo Vergara

 

Tal vez las tesis del filósofo René Girard arrojen luz sobre el fenómeno de que tantos opinadores, que nunca habían leído la revista ni la leerán, la critiquen de repente –solo tras la masacre– para coincidir en el “Yo no soy Charlie”. Para Girard, las crisis violentas de la comunidad se han resuelto históricamente con el sacrificio de falsos culpables: chivos expiatorios, mártires –mártir quiere decir testigo– que dan salida a las tensiones acumuladas de la comunidad y purgan las culpas de los demás. En una crisis de violencia mimética, diría también Girard, el mejor modo de no dejarse crucificar es hacer como todos y participar en la crucifixión. ¿Y quién lleva más papeletas para convertirse en chivo expiatorio? Aquel que revela las verdaderas razones de la crisis.

Es lo que hacía ‘Charlie Hebdo’ con sus chistes semanales. Evidenciar que gente como sus asesinos son unos fanáticos cuyos valores son incompatibles con una sociedad abierta y laica del siglo XXI, esto es, una que respeta cualquier práctica religiosa pacífica. Que Marine Le Pen y sus acólitos son unos ridículos neofascistas, por mucho traje nuevo que se pongan. Y que la izquierda “melona”, como se ha constatado nuevamente estas semanas, son unos recalcitrantes “gilipollas”, como diría el muy izquierdista, ahora difunto, Cabu. Pepo Pérez

 

Lo que fue ‘Charlie Hebdo’

 
Charlie Hebdo (II), “Esto no es una pipa, imbécil”
 

Reír por no llorar. La revista había hecho un llamamiento reciente alertando de su precaria situación
económica. Si no fuese porque es trágico, parecería una broma.

 


‘Charlie Hebdo’ es un semanario satírico compuesto a partes iguales por artículos de opinión, informes de denuncia y chistes sobre la actualidad. Fue el espejo donde se miraron todas las publicaciones españolas de humor de los setenta. Se ve tanto su espíritu como su proporción de contenidos en revistas como ‘Hermano Lobo’ y ‘Por Favor’, y en los quioscos de hoy luce con orgullo esa línea la revista ‘Mongolia’. Cuando los históricos Cabu, Wolinski y Gébé lanzaron la actual encarnación de la publicación, recuperaron la cabecera porque ostentaba en el nombre una venganza perpetua. En 1970, el gobierno francés prohibió la revista ‘Hara-Kiri’ por una esquela sobre el Presidente de la República, y los autores se refugiaron en ‘Charlie’, un mensual que aludía al propietario de Snoopy en homenaje a la italiana ‘Linus’ y que, después semanal, servía para referirse de pasada a Charles de Gaulle. En la encarnación actual conservaron la maqueta y algunas firmas de la vieja guardia, pero trajeron mucha savia nueva.

Hoy los espacios satíricos en el quiosco están claramente marcados: ‘Le Canard Enchainé’ trata los tejemanejes políticos, ‘Fluide Glacial’ aborda el costumbrismo con personajes fijos y siempre modernos, y ‘Charlie Hebdo’ trata la actualidad repartiendo palos a todo lo que se menea. Con el revuelo reciente podría parecer que se centraba en la religión, pero en realidad su enemigo fundamental ha sido la ultraderecha y su actitud hacia razas, sexos y niveles adquisitivos. ‘Charlie Hebdo’ no cedía a influencias porque no tenía ni anunciantes ni inversores. Publicaba opiniones diversas y contrarias, lo que causó la ruidosa escisión de Siné, quien se separó con su propio semanario. La revista había hecho un llamamiento reciente alertando de su precaria situación económica, pero los asaltaron con armas quienes no sospechaban que bastaba la paciencia. Raúl Minchinela

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