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CHUCK BERRY, La máquina de hacer canciones

Espejo de muchos rockers, maestro del original lenguaje del rock'n'roll, dominador del poder de la palabra y la música.

 

EDIT (2017)

CHUCK BERRY La máquina de hacer canciones

“Chuck Berry fue, posiblemente, el mejor rockero de todos los tiempos. También es mi letrista de pop favorito. Sus letras trataban de interminables romances de ‘teenagers’ y las cantaba con un cinismo vicioso y maligno que le daba todo su encanto”. Así retrataba el escritor Nik Cohn a Chuck Berry (1926-2017), fallecido el pasado 18 de marzo. Y este es el editorial de urgencia que escribió Jesús Ordovás al conocerse la muerte de Berry, puerta de entrada al informe especial de 10 páginas que le dedicamos en el Rockdelux 360 (abril 2017).

Probablemente, Keith Richards, Bob Dylan, Ray Davies, Bruce Springsteen, John Lennon y una interminable lista de autores del mejor pop y rock de las últimas cinco décadas suscribirían esas palabras de Cohn. Y si no lo hicieran, mentirían. De hecho, Lennon declaró que, si hubiera que ponerle un nombre al rock’n’roll, sería el de Chuck Berry, un chaval de raza negra que seguramente nació el 18 de octubre de 1926 en San Luis (Misuri); y es casi seguro que fue así, aunque Cohn afirmaba que vino al mundo en California en 1931.

Creció en San Luis y cuando fue algo mayor se hizo peluquero. Algunos datos no están contrastados, porque Berry siempre se negó a contar su vida; sobre todo, intentó ocultar que cuando era menor de edad había sido internado en un reformatorio por robar coches y atracar tiendas. Pero lo realmente importante es que un día decidió dejar San Luis e ir a Chicago, donde conoció a Muddy Waters, quien le aconsejó que presentara sus composiciones al sello Chess. A Leonard Chess le gustó una titulada “Maybellene”. La grabó, se la llevó al DJ Alan Freed para que la “pinchara” y acabó convirtiéndose en el gran hit de 1955.

A partir de entonces Berry fue una máquina de hacer canciones que revolucionaron el panorama de la música norteamericana. En tan solo cinco años escribió un centenar, entre las que figuran algunas de las mejores gemas de la historia del rock’n’roll: “Roll Over Beethoven”, “Too Much Monkey Business”, “School Days”, “You Can’t Catch Me”, “Sweet Little Sixteen” o “Johnny B. Goode”. Ahí estaban magníficamente expresados los sueños de los teenagers (chicas, coches y dinero), sus frustraciones (tener que estudiar para convertirse en adultos) y sus aspiraciones.

 
CHUCK BERRY, La máquina de hacer canciones

El Rockdelux de abril de 2017 incluye un especial de 10 páginas dedicadas a Berry. Esta columna de opinión es su introducción.

 

Pero su meteórica carrera quedó truncada el día que fue acusado de inducir a la prostitución a una chica de 14 años que trabajaba en su club. Condenado a tres años de prisión, cuando salió tuvo la suerte de ver cómo The Beatles, The Rolling Stones y otros muchos grupos británicos interpretaban sus temas. Y él, además, había escrito en su celda “You Never Can Tell”, una preciosa canción de cadencia cajun/zydeco y aire francés (también es conocida como “C’est la vie”) que editó en 1964 en el LP “St. Louis To Liverpool”. Posteriormente la cantaría Emmylou Harris con gran éxito, además de Bruce Springsteen, Jerry Garcia y Bob Seger.

Pero no solo había expresado en sus canciones los sentimientos y las aspiraciones de una generación, sino que les había dado un arma con la que hacer rock’n’roll: la guitarra eléctrica. Y, gracias al cine y a la televisión, miles de chicos y chicas que habían visto cómo había que tocar ese instrumento aprendieron a hacer lo propio, empezando sus conciertos con “Rock & Roll Music” –como The Beatles– y acabándolos con “Johnny B. Goode” –como los Burning y miles de bandas en todo el mundo–.

En las letras de sus canciones, en su forma de tocar la guitarra y de mirar, de moverse y de cantar, estaba el futuro.

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