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Ciberrealismo, Euforia digital y realismo social

Ilustración: Pepo Pérez

 

MANIFESTO! (2013)

Ciberrealismo Euforia digital y realismo social

¿Internet es parte de la solución o parte del problema en las industrias culturales? Probablemente, las dos cosas. El Círculo de Bellas Artes de Madrid acogió, en diciembre de 2012, las jornadas “Ciberrealismo. Más allá de la euforia digital”. David García Aristegui, de la Asociación Cultura Libre y participante en el encuentro, resumió en este texto lo más destacado de aquellas sesiones.

La Excepción colgó gratuitamente en su web “La verdad más verdadera” (2009) como parte de su estrategia en su desigual lucha legal contra el gigante Warner. Amanda Palmer consiguió a través de una plataforma de crowdsourcing más de un millón de dólares para la grabación de su álbum “Theatre Is Evil” (2012). Y es en su blog ‘The Trichordist’ donde David Lowery –Camper van Beethoven, Cracker– disecciona los excesos de los llamados “nuevos modelos de negocio”, aquellos que casi siempre pasan por no pagar derechos de autor.

En el Círculo de Bellas Artes (CBA) de Madrid se desarrollaron en diciembre de 2012 las jornadas tituladas “Ciberrealismo. Más allá de la euforia digital”. Su objetivo se planteó como una apuesta para ir más allá de la visión utópica y eufórica de internet y las redes sociales. Un intento de superar debates superficiales y plantear un marco más reflexivo que el +1 de Facebook o el RT de Twitter. Quien suscribe estas líneas participó en esas jornadas, por lo que voy a intentar sintetizar lo que a mi juicio fue más relevante de ese encuentro.

La cuestión es que a “Ciberrealismo” se invitó a hablar a los académicos Evgeny Morozov y Siva Vaidhyanathan, cuando algunos hubiésemos preferido a gentes como Kathleen Hanna –ex riot grrrl, autora de la gran canción de su grupo Le Tigre “Get Off The Internet”– o a Trent Reznor de Nine Inch Nails, pionero en el uso de licencias Creative Commons. Y es que, a pesar de ser de los pocos músicos tolerados por ese magma heterogéneo que es el movimiento de cultura libre o copyleft, Reznor ha sufrido el lado oscuro de la red. En una crisis en 2009 amagó con abandonar las redes sociales –no lo hizo– debido al acoso por parte de sus fans, enfadados por su relación con Mariqueen Maandig o –lo que es mucho peor– por su apoyo a la financiación del transplante de corazón de uno de sus admiradores, Eric de la Cruz.

Pero quien abrió las jornadas en el CBA fue Morozov, que en directo es más contundente que los NIN más brutales o una Kathleen Hanna con su famoso “puta” pintado en el vientre. A pesar del mal disimulado interés de Morozov en hablar solo del que será su próximo libro –que versará sobre la búsqueda compulsiva de respuestas tecnológicas a los problemas sociales–, el bielorruso transigió en tratar algunas de las ideas de su libro “El desengaño de internet. Los mitos de la libertad en la red” (2011; Destino, 2012), un verdadero azote a las dinámicas de rebaño digital que pueblan las redes sociales en la actualidad.

 
Ciberrealismo, Euforia digital y realismo social

Evgeny Morozov: los mitos de la libertad en la red, el nocivo “internetcentrismo” y los modelos asamblearios disfuncionales.

 

Morozov afirma que se mitifican determinados proyectos que tuvieron un apoyo decisivo desde internet –el desarrollo del software libre y Linux, el funcionamiento de la Wikipedia– con el agravante de que esos modelos idealizados se intentan aplicar luego fuera de la red con resultados bastante explosivos, como en el caso de los Occupy (Wall Street) o el movimiento del 15-M. Para Morozov, el nocivo “internetcentrismo” sitúa las dinámicas que se dan en internet como una especie de modelo asambleario disfuncional que, por desgracia, intentan emular movimientos sociales y políticos de lo más variado –¿a alguien le suena la broma del Partido X–?

De Siva Vaidhyanathan, en cambio, destaca su estilo bonachón, y su campo de acción es distinto al de Morozov. Vaidhyanathan escribió hace años un libro absolutamente magistral titulado “Copyrights And Copywrongs. The Rise Of Intellectual Property And How It Threatens Creativity” (2001), por desgracia totalmente olvidado. El libro comienza con el intercambio entre Groucho Marx y –de nuevo– los abogados de la Warner, que querían cerciorarse de que “Una noche en Casablanca” no tenía nada que ver con “Casablanca”, la de “Tócala otra vez, Sam. Por los viejos tiempos”.

Vaidhyanathan acudió al CBA con su reciente “The Googlization Of Everything (And Why We Should Worry)” (2011) debajo del brazo. Su exposición versó sobre el enorme poder que está adquiriendo Google, ya que es quien decide qué es relevante y qué no es relevante en internet. Criticó con cariño al exletrista de Grateful Dead John Perry Barlow, activista y autor de la “Declaración de independencia del ciberespacio” (1996). Para Vaidhyanathan, internet ya no es esa utopía autorregulada en la que los estados no deben interferir; es un espacio cada vez más invasivo en nuestra vidas, a través de ordenadores, tablets y teléfonos de última generación. La parte final de la exposición de Vaidhyanathan fue la denuncia de cómo gobiernos como los de Estados Unidos utilizan las nuevas tecnologías para hacer “minería de datos” en internet y reforzar sus técnicas de control social, argumento que converge totalmente con los planteamientos sobre internet de Morozov, a veces algo distópicos.

 
Ciberrealismo, Euforia digital y realismo social

Siva Vaidhyanathan: el enorme poder de Google, e internet como espacio cada vez más invasivo en nuestra vidas.

 

En otro olvidado libro de Vaidhyanathan (“The Anarchist In The Library. How The Clash Between Freedom And Control Is Hacking The Real World And Crashing The System”, de 2004), escrito al calor del llamado Movimiento Antiglobalización, antecedente directo del 15-M, el autor reconocía que los atentados del 11-S habían hecho que sus intereses en la propiedad intelectual se reubicaran, y afirmaba con grandes dosis de amargura que ya a nadie le iban a importar los problemas de Metallica con internet. Vaidhyanathan fue absolutamente profético en ese libro, ya que afirmaba que los conflictos en torno a la propiedad intelectual y el copyright iban a ser el canario que detecta gas en las minas, el antecedente de lo que se avecinaba en el seno del capitalismo tardío e hiperconectado. En plena burbuja inmobiliaria, y debido en gran medida a internet, las industrias culturales y del entretenimiento comenzaron a desmoronarse bastantes años antes de la crisis.

Mientras, las entidades de gestión preferían subirse al carro de la especulación en vez de intentar sentar las bases de modelos de negocio en internet justos para los autores. La SIAE, la equivalente italiana a nuestra SGAE, perdió en 2008 la friolera de 40 millones de euros por invertir en un fondo gestionado por Lehman Brothers. Por aquí fue mucho peor: en esas mismas fechas nuestra SGAE decidía embarcarse en la megalómana aventura inmobiliara de Teddy Bautista, la red Arteria. Este megaproyecto supuso para la SGAE un desembolso total de 252,5 millones de euros. El robo más grande sufrido por los músicos no se debió a las descargas ilegales, sino que lo propiciaron sus propias entidades de gestión.

Después de jornadas como las de “Ciberrealismo” queda abierta la eterna pregunta: ¿qué hacer? En la actualidad, los debates en torno a internet –como sobre cualquier cosa– están absolutamente polarizados: es blanco o negro. Apenas hay espacio para las zonas grises, como la de Nacho Vegas: socio de la SGAE, es propietario de sus grabaciones en Marxophone, publica sus canciones con Creative Commons y aclara que está “radicalmente en contra del ‘copyleft’ cuando se emplea con fines liberales: libre difusión es lo contrario a libre comercio”. ¿Internet es parte de la solución o parte del problema en las industrias culturales? Probablemente, las dos cosas.

Etiquetas: 2010s, 2012, internet, sociedad
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