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DANIEL DARC, Monstruo sagrado

Ilustración: Sonia Pulido

 

EDIT (2013)

DANIEL DARC Monstruo sagrado

Un recuerdo a Daniel Darc (1959-2013), artista francés de vida accidentada y canciones gloriosas. Santi Carrillo repasó su carrera –desde Taxi Girl hasta “La taille de mon âme”, su último disco en 2011– en esta columna de opinión: homenaje a un grande de la canción e invitación a disfrutar de una obra que merece ser redescubierta una y otra vez.

“Et quand je mourrai j’irai au paradis, parce que c’est en enfer que j’ai passé ma vie”. Daniel Darc (1959-2013) fue una estrella de verdad que no se cansó de cantarle al fin de los días que él intuía cada día. Intimidante presencia, historia plagada de peligros extraordinarios, caída en los infiernos, renacimiento esperanzador. La vida de un héroe del rock salvaje. Pero con la dulzura y la fragilidad de unas canciones tiernas cantadas entre tinieblas y, finalmente, iluminadas por la religión.

En la época synthpop-new wave de Taxi Girl (1978-1986), ya dejó claro su romanticismo suicida con “Seppuku” (1981), su único álbum. Opción del guerrero samurái, el rito seppuku o haraquiri es el “corte del vientre”, un código ético para salvar el honor, aunque su significado va mas allá; “hara”, “ombligo” en japonés, también puede interpretarse como “de donde viene la vida, el equilibrio”. La vida se le fue a Daniel Darc la noche del 28 de febrero: sobredosis de barbitúricos y alcohol. ¡¡¡Más de tres décadas después de que se abriese las venas en directo en un concierto de Taxi Girl en París en 1979 teloneando a Talking Heads!!! Al fin, un superviviente.

Sus alianzas con el Jacno productor en “Sous influence divine” (1987) y con el dandy inglés Bill Pritchard en el compartido “Parce que” (1988), así como su posterior “Nijinsky” (1994), no le libraron de penar en una gran travesía del desierto que duró diez terribles años: severas adicciones, prisión, un accidente de moto con graves secuelas, indiferencia lastimosa y problemas de subsistencia. En la noche oscura del alma, Darc vio la luz y se convirtió al cristianismo (protestantismo) en 1997: “Jesús se reveló importante para mí”. Y la cruz en el pecho, presidiendo sus innumerables tatuajes, fundiendo a negro. Y la Biblia, siempre a mano, cantada en gloriosos estribillos pop.

En 2004 apareció el buen samaritano Frédéric Lo, compositor y productor, y lo recuperó del calvario artístico con el magnífico “Crèvecoeur”, uno de los discos más bonitos, no solo por su componente redentor, que han podido escucharse en la última década. Siguió la alianza con Lo en “Amours suprêmes” (2008), donde, con otro de sus ídolos, el gran Alain Bashung, quien moriría al año siguiente, recitaron a dúo trascendentales eslóganes de puro rock’n’roll: “Dead Elvis / White Trash / Bad Boy / Hang Loose / Well Fire / Cock Sucker / Cool Cat / Right On / Dickhead / Piss Off! / Jack Knife / Wild Cat / Raw Power / Bid Deal / No Fun”... Por supuesto, Darc fue fan confeso de Iggy Pop, Bob Dylan, Patti Smith, Johnny Thunders y Serge Gainsbourg (como él, judío de origen ruso; como él, intérprete sublime y cantante limitado). Ro-can-rol.

Darc se despidió con el iluminado e intimista “La taille de mon âme” en 2011, ahora sin Lo, pero con Laurent Marimbert a los controles. Presentó el disco en el parisino Collège des Bernardins (“lieu de recherche et de débat pour l’Église et la société”), entre rockeros y curas, en un ciclo musical titulado “Monstres sacrés”. Monstruo sagrado: Daniel Darc, ya en el paraíso.

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