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  • “Uncut Gems”

  • “Good Time”

“Uncut Gems”y “Good Time”: la simbiosis Lopatin/Safdie Brothers.

 

FREESTYLE (2020)

DANIEL LOPATIN / ONEOHTRIX POINT NEVER Música incidental (XIII): Morricone, Auto-Tune y Aristóteles

Por Remate

En la decimotercera entrega de su saga “Música incidental”, que se puede seguir aquí, Remate se centra en las incursiones de Daniel Lopatin en las bandas sonoras de las películas de los hermanos Safdie, ya sea con su nombre o bajo el seudónimo de Oneohtrix Point Never.

Voy a abordar el capítulo XIII de “Música incidental” donde dejé el capítulo III de esta serie (publicado originalmente el 6 de octubre de 2017), porque tanto los cineastas como sus músicos se cuentan entre mis grandes debilidades (y parece que es una debilidad muy contagiosa, una progresión aritmética que celebro y me genera esperanza en el futurismo).

Me gustó mucho “The Pleasure Of Being Robbed” (Josh Safdie, 2008), con música de The Beets, Alex Billig, Noah Britton y Tiny Seas, y me encantó “Heaven Knows What” (Benny y Josh Safdie, 2015), con composiciones de Paul Grimstad y Ariel Pink, como ya diseccioné entonces. Me falta por ver “Go Get Some Rosemary”, también conocida como “Daddy Longlegs” (Benny y Josh Safdie, 2010), con temas de David Sandholm y The Beets.

Los hermanos Safdie partieron de un mumblecore de gran encanto, entre el thriller de los años ochenta y el John Cassavetes de “Una mujer bajo la influencia” (1974), y llegaron en “Heaven Knows What” a un diamante noir de extraño atractivo. Y en “Good Time” (2017) alcanzaron ya cotas de inspiración y personalidad probablemente únicas. Fue en esta película donde encargaron por primera vez la música a Daniel Lopatin, que rubricó la banda sonora con su seudónimo de Oneohtrix Point Never. Y pronto se estrenará “Uncut Gems” (2019), donde repiten con el compositor estadounidense de origen ruso, que firma esta vez con su nombre real.

Creo que una de las (bastantes) razones por las que estas dos últimas cintas de Benny y Josh Safdie –“Good Time” y “Uncut Gems”– resultan realmente increíbles estriba en su banda sonora, en el hilo conductor que consigue generar la música. De algún modo, la trama transcurre a través de la partitura de Lopatin/OPN. En sus otros filmes la banda sonora es importante, brillante y estimulante. Pero quizá falte ese arraigo tan profundo que supone un único compositor y un lenguaje musical tan fértil: en una misma pieza, la música puede resultar abstracta, melódica, agresiva y contemplativa. También es cierto que sus anteriores títulos, como por ejemplo “The Pleasure Of Being Robbed”, son precisamente más desenfocados, muy conscientemente, y entonces la banda sonora responde con acierto a esos impulsos más inconexos.

 
DANIEL LOPATIN / ONEOHTRIX POINT NEVER, Música incidental (XIII): Morricone, Auto-Tune y Aristóteles

Daniel Lopatin y su máscara como Oneohtrix Point Never.

 

Lopatin puede sonar, de repente, a un Ennio Morricone clásico, el de aventura y épica, en un pasaje de una pieza que comienza atiborrada de Auto-Tune (nadie usa este recurso en la música instrumental como OPN; de hecho, las comparaciones dejarían en muy mal lugar a casi todos los que lo intentan). Puede remitir a Hans Zimmer en el prólogo y devenir una pieza dance de las de un escenario mudo donde te pones los cascos y bailas mientras tratas de imaginar formas inesperadas en las nubes. La textura de su música es extremadamente sintética, aunque sus armonías y su curva dramática o aristotélica sea sumamente clásica.

Propone varios motivos musicales simultáneos, voces polifónicas, sintetizadores monofónicos, un bajo en bucle, percusiones que remiten al pop más radiable, incluso a canciones que incluso puedes reconocer, hits reales o imaginados. Supuestas contradicciones que mágicamente conviven y resuenan como si fueran la naturaleza de la película. Una naturaleza sintética pero viva. Androides de sensibilidad sobrehumana. En las bandas sonoras de OPN resuenan el asfalto, la noche, la angustia, lo túrbido, lo brillante, la distorsión, la argucia. Todo a la vez. 

Cuando escuchas los cortes de “Good Time” y de “Uncut Gems” ves las películas. No tanto porque te remitan a secuencias concretas o porque recuerdes exactamente las persecuciones o la bisutería que cuelga de los cuellos y de las orejas de los personajes, sino porque sientes la zozobra y la excitación. El bajón y el subidón de ida y vuelta en menos de tres minutos. Todas las piezas parecen el final o el principio de todo. Todas las secuencias parecen la última o el principio de una nueva historia, una vez que lo que acaba de suceder podría ser irrepetible. Eso consiguen estas bandas sonoras. Pegadas a la trama. Adheridas a la trama. De otra manera, el diagnóstico no sería ni remotamente tan refulgente. 

PD: La primera vez que escuché a Lopatin fue en la película de Sofia Coppola “The Bling Ring” (2013), donde compartía la banda sonora con Brian Reitzell. Cuando sonaba su música era cuando más me gustaba el filme. Casualidad.

Publicado en la web de Rockdelux el 7/1/2020
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