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DAVID FERNÀNDEZ, Contra el círculo de la impunidad

“El zapato, en las culturas árabes, es la forma más profunda de menosprecio al poder del poder”. Foto: Óscar García

 
 

MANIFESTO! (2014)

DAVID FERNÀNDEZ Contra el círculo de la impunidad

David Fernàndez (Barcelona, 1974) le mostró una sandalia a Rodrigo Rato en la comisión de investigación del Parlament de Catalunya sobre las cajas y el tiempo se detuvo. Detrás de ese gesto de menosprecio al poder se escondía un político de vocación zapadora, surgido de la izquierda independentista catalana, los ateneos, el periodismo de trinchera y el cooperativismo autogestionario, y diputado de la Candidatura d’Unitat Popular (CUP). Julián García habló con él.

¿Por qué le enseñaste la sandalia a Rodrigo Rato? No lo llevaba premeditado. Por la mañana le había preguntado a mi madre qué le decía a Rato. Me dijo una frase de Gandhi: “Quien tiene más de lo que necesita también es un ladrón”. El gesto salió un poco sobre la marcha. Fue algo simbólico, cargado de memoria, intentando visualizar la tierra quemada por donde pasa el poder, desde la guerra ilegal de Irak, en la que Rato participó como miembro del Gobierno español, hasta la guerra ilegal de los mercados contra los ciudadanos, en la que también ha participado Rato como dirigente económico internacional. El zapato, en las culturas árabes, es la forma más profunda de menosprecio al poder del poder.

“El gesto salió un poco sobre la marcha. Fue algo simbólico, cargado de memoria, intentando visualizar la tierra quemada por donde pasa el poder, desde la guerra ilegal de Irak, en la que Rato participó como miembro del Gobierno español, hasta la guerra ilegal de los mercados contra los ciudadanos, en la que también ha participado Rato como dirigente económico internacional” 

Fue un momento, visto desde fuera, de enorme carga de energía. A mí se me mezclaron muchas cosas. Ves a Rato y ves a 700.000 personas afectadas por preferentes y 80.000 ejecuciones hipotecarias solo de Bankia. Luego sentí una mezcla extraña de paciencia, rabia e indignación. Alguien me dijo que no debía ser fácil tener enfrente a un gánster. Yo estaba tranquilo, pero reconozco que en ese momento sentí un escalofrío en el espinazo.

La clase política y los grandes medios de comunicación calificaron el gesto de “zafio”, “lamentable” y “populista”. Nada nuevo bajo el cielo. Que las élites se blinden y sean capaces de gritar a un pobre diablo lo que no son capaces de gritar a Rato es lo normal. Al final, lo que han hecho es un ejercicio de criminalización y bufonización. Lo que pasa es que aquí no había ningún bufón, sino un discurso político surgido de ver cómo Rato se sacudía las responsabilidades. Sus respuestas eran “no sé”, “no pienso contestar”, “no sé qué hago yo aquí”. Es el círculo de la impunidad, tanto su intervención como el tratamiento mediático posterior. Porque, ¿qué es peor? ¿Una sandalia mostrada como símbolo o 500.000 ejecuciones hipotecarias?

Pasados los días, ¿valió la pena hacerlo? Piensas y te quedas con la sensación de ver una nueva muestra del divorcio entre política y sociedad. Porque sí, el “establishment” te ataca, pero a cambio ves que la mayoría de encuestas en la calle daban un porcentaje abrumador a favor del gesto, de visualizar a aquellos que nos están haciendo la vida peor: el poder de la banca y las finanzas, esos que ganaron antes, durante y después de la crisis.

David Fernàndez es uno de los tres diputados de la Candidatura d’Unitat Popular (CUP) en el Parlament de Catalunya. La CUP es un partido independentista, pero es mucho más que eso. Por supuesto. La CUP es un espacio político municipalista que viene de la izquierda independentista, pero con una profunda interacción con todos los movimientos sociales clásicos: feminismo, ecologismo, sindicalismo, vecinal... Nuestro objetivo es construir una sociedad más inclusiva, más justa, más solidaria.

La consulta soberanista de Cataluña ya tiene fecha. Si llega a ser independiente, ¿cuál es tu modelo de país? Una república, eso lo tengo claro. Pero no será un viaje fácil que se haga en cinco minutos; ni la independencia es una varita mágica. El viaje solo acaba de empezar. Nuestra idea se basa en tres puntos: la autodeterminación, la construcción de un modelo socioeconómico democrático basado en la economía social y solidaria y la radicalidad democrática en todos sus aspectos: económicos, culturales, ambientales, energéticos. Ya que vamos a hacer algo nuevo, ¡vamos a hacerlo bien!

 
DAVID FERNÀNDEZ, Contra el círculo de la impunidad

“Para que no todo sea negativo, alguna semilla ha germinado: si hace un año me dicen que el ‘fracking’ y las pelotas de goma estarían prohibidos, yo hubiese sido el primer ingenuo que habría dicho que era imposible”.

Foto: Óscar García

 

¿De dónde sale la vocación zapadora de David Fernàndez? El primer responsable es mi abuelo, una persona de tradición comunista, muy republicano. Estuvo ocho años encarcelado, del 39 al 47, con dos penas de muerte conmutadas. Por un lado me enseñaba a cantar “¡Ay Carmela!”. Por otro, mi padre le pedía que no lo hiciera, porque creía que la política siempre implica sufrimiento.

Tu familia no es de origen catalán. No, proviene de León y Zamora. Son fruto de la dictadura franquista, que aparte de dictadura política fue dictadura socieconómica que explotó a las clases trabajadoras y obligó a mucha gente al exilio económico. Mis padres estuvieron primero en el País Vasco, después en Madrid y a principios de los setenta llegaron a Cataluña. Yo soy el último de cuatro y nazco ya en Barcelona. Cataluña se ha construido a base de mezcla y confluencia. A mí nunca nadie me ha dicho nada porque mi familia sea de fuera. Es curioso que los únicos que se fijan ahora en que me llamo Fernàndez son los españolistas.

“Muchos diputados están dos kilómetros por encima de la realidad social. El Parlament no está a la altura de la sociedad a la que representa, que tiene desahucios, precariedad, preferentistas, jubilados con la pensión congelada... Luego ves, también, el poco poder político de las instituciones. Nosotros votamos cada cuatro años, pero los mercados financieros lo hacen cada día...”

Mucha gente que hoy es independentista en Cataluña tiene su origen fuera. Este país es el mismo de grandes poetas como Salvador Espriu que el de la Carmen Amaya del Somorrostro. Aquí se pregunta de dónde vienes, pero con respeto. ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu historia? Pero sobre todo se pregunta a dónde vas. Durante una época, el nacionalismo de Convergencia i Unió lanzó la idea confusa de que CiU era el país. Pero todo eso ha cambiado y hoy Cataluña es un espacio plural y complejo. Aquí es catalán quien vive y trabaja y, por supuesto, quien quiere serlo. Aquí ya nadie discute si eres catalán o te sientes español. Aquí lo que se discute es cómo debe ser la democracia del siglo XXI y cómo un pueblo se gobierna a sí mismo.

Has sacado lecciones de todos los frentes alternativos. Mi primera relación con lo político fue en el instituto de Gràcia al que iba. Eran barracones. Nos movilizamos contra la primera guerra del Golfo, en 1991. Luego pasé al circuito convencional: el movimiento estudiantil, el de barrio, los ateneos autogestionarios y asamblearios, la insumisión, el sindicalismo, el movimiento okupa, el periodismo de trinchera... Y en 2003 descubrí el cooperativismo de base autogestionaria. He trabajado durante muchos años en Coop57, lo que antes de la crisis se llamaba banca ética, que hoy puede sonar tan extraño...

En 2012 llegas al Parlament como uno de los tres diputados de la CUP. ¿Qué balance haces de este año? El Parlament es un poco Matrix. Cada día, al llegar a casa, te tienes que tomar la píldora roja. Hay un gran nivel de insensibilidad social, de mediocridad en términos de formación. Muchos diputados están dos kilómetros por encima de la realidad social. El Parlament no está a la altura de la sociedad a la que representa, que tiene desahucios, precariedad, preferentistas, jubilados con la pensión congelada... Luego ves, también, el poco poder político de las instituciones. Nosotros votamos cada cuatro años, pero los mercados financieros lo hacen cada día...

¿Es difícil adaptarse a las sutilezas y perversiones del juego político? Nuestra fuerza son los 126.000 espartanos que nos votaron. Y para nosotros estar en el Parlament es una forma de aprendizaje de cómo funciona el poder, de sus dinámicas perversas. El poder es más peligroso de cerca que de lejos. Es más sutil, más camaleónico. En cualquier caso, nos sentimos en un terreno hostil y adverso. Como cantaba Raimon, “nosaltres no som d’eixe món”. Pero para que no todo sea negativo, alguna semilla ha germinado: si hace un año me dicen que el “fracking” y las pelotas de goma estarían prohibidos, yo hubiese sido el primer ingenuo que habría dicho que era imposible.

¿Cómo te ves dentro de diez años? Espero que luchando. En la CUP no repetimos mandato, así que en menos de tres años habré vuelto a la cooperativa y a hacer periodismo alternativo. Espero que vivamos en un país más justo, más ético, más libre, en el que hayamos sido capaces de democratizar la democracia. Siempre mirando adelante, que atrás ya sabemos lo que hay.

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