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EDWYN COLLINS, Cayendo y riendo

Ilustración: Sonia Pulido

 

EDIT (2011)

EDWYN COLLINS Cayendo y riendo

Edwyn Collins nos robó el corazón con su recuperación. Fue el triunfo de la fuerza de la voluntad y, sobre todo, de la fuerza del amor, el que le procuró su mujer, Grace Maxwell, brazo armado de su vuelta a la circulación después de su lesión cerebrovascular. Por supuesto, nos alegra verlo de nuevo sobre un escenario, siempre positivo, nunca negativo, perseverando denodadamente por una progresiva mejora, tanto vital como artística. Un Santi Carrillo impresionado escribió este artículo tras presenciar la actuación de Edwyn Collins en el Primavera Club 2010.

Está acabando el segundo concierto de Edwyn Collins en el Primavera Club, en l’Aliança del Poblenou de Barcelona, y el escocés se retira del escenario cojeando, cojeando acompasadamente. Cojea como si bailase. Apoyado en su bastón, se desplaza pausadamente a golpe de cadera de una manera accidentalmente rítmica, como si el impulso de sus movimientos fuese generado por la música que todavía suena. No en vano, aferrándose a ella (y ayudado por su familia) es como Collins ha conseguido domeñar la anormalidad ocasionada por su lesión cerebrovascular de 2005: afasia y hemiplejía en la parte derecha de su cuerpo.

De repente, se gira lateralmente y telegrafía sus movimientos; lentamente, mueve la cabeza hacia el público y, simpáticamente, levanta el pulgar en señal de agradecimiento... Aplaudimos entusiasmados, pero sobre todo emocionados, ante una imagen para el recuerdo. Él sonríe estáticamente, con la boca abierta; es el equivalente a guiñar un ojo, un nada forzado gesto de complicidad compartido por artista y espectadores en un ritual de aceptación de todas las circunstancias que nos han llevado hasta allí: rendir homenaje a la carrera larga y brillante de Collins, su atrofia terrible, su renacimiento inesperado y sus efectos colaterales. Hay alegría en el ambiente a pesar de la amargura de esos efectos colaterales.

Notablemente mejorado con respecto a su epifánica visita del Summercase de 2008, un Collins parcialmente recuperado disfruta de su margen de libertad condicional creciente. Y lo verbaliza como el niño grande en que transitoriamente se ha convertido: cuando habla, construye frases simples pero muy bien vocalizadas; trata de hacerse entender. Edwyn Collins afronta “I Can Do It Again”, de “Losing Sleep” (2010), su disco de resurrección, y canta con rabia y esperanza “puedo hacerlo de nuevo”. No hay mejor guía de autoayuda que su ejemplo, un verdadero milagro de amor sostenido en el apoyo de su mujer, Grace Maxwell, autora de “Falling & Laughing. The Restoration Of Edwyn Collins” (2009), libro ya loado en la excepcional entrevista de David Saavedra publicada en el Rockdelux del pasado octubre, una conversación a tres bandas realmente conmovedora...

Y es que el apoyo de su familia se siente, está presente. Su eufórico hijo William, doble físico del propio Edwyn, baila libremente mientras le dobla en las voces en “In Your Eyes”, el tema que en el disco canta Jonathan Pierce de The Drums. Edwyn Collins, orgulloso y pletórico, quizá con el corazón en un puño, dice: “Es mi hijo”... Y no hace falta añadir nada más.

Después del concierto, un solícito William vende camisetas, diseñadas con los pájaros dibujados por su padre, en el tenderete. También allí se puede conseguir el completísimo “... Coals To Newcastle” (2010), box set de Orange Juice que explica pormenorizadamente el momento en que Edwyn empezó a convertirse en  leyenda hace ya treinta años.

Salimos de allí radiantes y contentos.

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