Cargando...
El CD, Ramera de Babilonia

Ilustración: Paco Alcázar

 

VISTO Y NO VISTO (2008)

El CD Ramera de Babilonia

Por Kiko Amat

Texto incorrectamente político habemus. ¿Soluciones para la industria de la música? No precisamente. Aquí hay una defensa a ultranza del LP (vale), un apaleamiento sistemático del CD (vale) y, de propina, calificativos gloriosos para todos los zombis que pasean colgados de sus iPods. ¿La música como pasión o la música como manía? Con toda probabilidad, Kiko Amat, siempre tan suyo, se empeña en llevar(te) la contraria.

Me es difícil esconder una sonrisa de “te jodes” cada vez que escucho a alguien de la industria discográfica quejarse de la crisis. Si alguna vez en la historia alguien se ha buscado su propio marrón, ha sido esta. Sin entrar a comentar todos los detalles de usura anteriores a 1982, recordemos que esa industria fue la responsable de lo que llamaremos “El Gran Timo del CD”, demostración mezquina y retorcida de afán de lucro corporativo.

El CD: no me hagan hablar. Ese formato insignificante, estúpido, ridículo, feo. Ese posavasos-del-futuro que iba a sustituir al vinilo, que nunca se rayaba, que reproducía mejor el sonido. Esa cagarruta sónica cuyo caparazón se rompía a los dos días, que era incapaz de soportar la menor sutileza de diseño, que destruía la lógica conceptual del arco narrativo en cara A y B, que tenía que comprimir digitalmente el sonido para almacenarlo... ¿Cómo puede compararse la riqueza, espacio y gordura del sonido analógico con el pssss robótico y enano del digital? Como bien dice el crítico Byron Coley en el libro “Old Rare New”, publicado este verano: “Los CDs no tienen magia, no tienen alma y carecen de cualquier interés, excepto como vehículos sónicos”.

Por supuesto, aunque todo esto me rompe el corazón, no me afecta directamente. Al no ser uno de los idiotas que sustituyeron sus discos de vinilo (que no “vinilos”, como por alguna razón demoníaca dice todo el mundo) por CDs, mi colección de gloriosos LPs y 7” sigue igual de bella y estrepitosa que el primer día. Las indies puras nunca dejaron de producir vinilo porque sabían que contenían La Verdad. Hoy se empieza a admitir que el disco de vinilo suena mejor, es mejor. Así que, por una vez, ganamos los buenos. Las hordas de zombis sin espíritu que vagan por la Tierra aferrados a sus iPods y MP3 “bajados” son, como el monstruo de Frankenstein, una creación maléfica de la industria discográfica. Su tiro en el propio pie.

Revistas para siempre, Leer con tranquilidad
Por Juan Manuel Freire
Beefeater In-Edit, Sagas de autosabotaje y orgullo
Por Kiko Amat
BON IVER, Creciendo en público

VISTO Y NO VISTO (2011)

BON IVER

Creciendo en público

Por Gerard Casau
JOHN CALE, París 1919-2010

VISTO Y NO VISTO (2010)

JOHN CALE

París 1919-2010

Por Vicenç Batalla
El desorden del discurso, Se diluye la magia
Por David S. Mordoh
JAMES BLAKE, Jazz Blake

VISTO Y NO VISTO (2011)

JAMES BLAKE

Jazz Blake

Por Abel González
DONOVAN, “Sunshine Superman”,  la huella del tiempo
Por Marc Gili
Red Bull Music Academy, Victoria final

VISTO Y NO VISTO (2012)

Red Bull Music Academy

Victoria final

Por César Estabiel
Soborno indie sentimental, Delito de cohecho
Por Joan Pons
ANIMAL COLLECTIVE, A.C./D.C. (Antes del Colectivo/Después del Colectivo

VISTO Y NO VISTO (2010)

ANIMAL COLLECTIVE

A.C/D.C.

Por Abel González
Perdidos, Descansa en paz

VISTO Y NO VISTO (2010)

Perdidos

Descansa en paz

Por Miquel Botella