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FATIMA AL QADIRI, Música incidental (XIV): Shakespeare como distopía

“Atlantique”: amor, migración y distopía en las calles de Dakar.

 

FREESTYLE (2020)

FATIMA AL QADIRI Música incidental (XIV): Shakespeare como distopía

Por Remate

En la decimocuarta entrega de su saga “Música incidental”, que se puede seguir aquí, Remate analiza la banda sonora de Fatima Al Qadiri para la película “Atlantique” (Mati Diop, 2019), una especie de modernización de las tragedias shakesperianas.

El realismo es la verdadera distopía en 2020. Bueno, hace muchísimo tiempo ya, realmente. Hay muchas distopías de ficción recientes, y algunas son excelentes –“El cuento de la criada”, “Years And Years”, “Dark” (esta con una banda sonora esencial de Ben Frost) …–. Pero las teocracias grotescas (perdón por la redundancia) nos dan tanto miedo porque hay partidos políticos por todo el mundo que las promulgan. Y todo lo posnuclear, la nada, el Apocalipsis, dejó de ser futurista para ser casi algo retro, vintage. Sobrevivimos en una era realmente posapocalíptica. 

Así, un día normal en Dakar es la verdadera distopía, va mucho más allá que cualquiera de las de ficción. La fantasía la pone Fatima Al Qadiri. Es únicamente su música, la banda sonora de “Atlantique” (Mati Diop, 2019), donde uno puede sentir que hay alguna esperanza para Ada, de 17 años, enamorada de Souleiman, un joven trabajador de la construcción. Pero su familia ha acordado su boda con otro hombre. Shakespeare en Dakar en 2020. Esa es la distopía.

 
FATIMA AL QADIRI, Música incidental (XIV): Shakespeare como distopía

Fatima Al Qadiri y su imponente dispositivo sonoro para el el filme de Mati Diop.

 

Electrónica vestida de grabaciones de campo que se confunden con los ruidos industriales de las obras de construcción preceden a celestas y vibráfonos en tonalidades menores, y sobre ellos sobrevuelan sintetizadores de timbres graves, ventosos, muy legato. La música imponente resuena como en una tercera dimensión aparte del drama que parece que sucede, de la supervivencia de un día cualquiera en la capital de Senegal. La música es esa estrella fugaz a la que habrá que encomendarse más pronto que tarde en la trama. Todo el drama de unos chicos que se ahogaron intentando cruzar el mar se reencarna en la banda sonora de Fatima Al Qadiri. La tristeza y la furia, y la otra dimensión, el más allá, desde donde regresan los muertos. 

El contraste entre la dirección aparentemente espartana, “documentalista”, de alguna manera lejana y especialmente kenloachiana de Mati Diop y la sofisticación de la música es una señal desde que empieza la película. Es esa razón difícil de explicar sobre la trascendencia de un día normal en Dakar, de un día normal en el mundo. Drones sintéticos y melodías instrumentales de reminiscencias folclóricas, solo que transformadas por el tiempo y por un realismo mágico que más bien deviene en un realismo trágico. Necesita de la magia para no desfallecer. A veces también parece que se musique el mar, la inmensidad, sus olas grabadas por los ahogados o más bien cómo oían ellos el mar mientras se ahogaban. Esa caja negra representada con música electrónica, pasajes muy claros repetitivos que en la cadencia se van hundiendo y se ven arrasados por otros sonidos más virulentos. Belleza inaudita.

Publicado en la web de Rockdelux el 2/3/2020
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