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Florida 135, 60 años de baile  y diversión

Ilustración: Juanjo Sáez

 

ME, MYSELF & I (2003)

Florida 135 60 años de baile y diversión

Juan Arnau Ibarz, el fundador de Florida 135, la macrodiscoteca de Fraga donde es imposible aburrirse, murió el 30 de septiembre de 2012 a los 84 años de edad. Segundo miembro de la saga de los Arnau, familia que ha hecho del ocio musical la razón profesional de sus vidas, Juan siempre estuvo considerado un personaje peculiar, como demostraba el hecho de que a su avanzada edad estuviese siempre al pie del cañón en la Florida (en femenino). Cerraba la noche cada mañana, deambulando paciente y observador, silencioso y discreto, departiendo con jóvenes clientes que al reconocerlo lo saludaban. Entre otras cosas a destacar, digamos que el DJ y productor Fabio, impresionado con su carisma, le enviaba grabaciones exclusivas de drum’n’bass. En honor de Juan Arnau Ibarz, recuperamos este artículo histórico, escrito en 2003, sobre su gran creación, Florida 135, un enclave muy particular con una larga y fecunda historia que merece ser explicada.

Los 12.000 habitantes de Fraga, capital de la comarca oscense del Bajo Cinca, a 115 km de Zaragoza y a 100 de Huesca, en la frontera con Cataluña, a 27 km de Lleida, quizá hayan oído hablar del tribalismo del bombo (bum bum) que hermana el rito del tambor del vecino Bajo Aragón con la pulsión del techno universal que desde hace años se programa en Florida 135, la megadiscoteca asentada sobre el antiguo cauce del río Cinca donde es imposible aburrirse.

Fraga no es solo un lugar de paso para camioneros en ruta. Fraga es tierra de árboles frutales; doscientos millones de kilos de frutas en una campaña normal: pera, melocotón y manzana; antes, hasta 1955, lo fue de higos (mmm, qué ricos). El 50% de su población se concentra en el sector agrario. Fraga no es la ONU, pero el medio centenar de inmigantes registrados pertenecen a cuarenta y cuatro nacionalidades diferentes; aserejé.

Si el DJ es alguien que puede cambiar tu percepción de la música, Florida 135 es algo que definitivamente cambia tu percepción del entretenimiento aplicado al baile y a la noche. Para Carl Cox, es la segunda mejor discoteca del mundo. Derrick May preguntó por Florida la primera vez que pinchó en España. Jeff Mills hizo instalar aquí el tercer plato.

Le digo a Juanito, Juan Arnau hijo, el tercero de la saga, que “esto es un parque temático de primera”. Sonríe. A la gente le gusta cambiar de ambientes sin salir del mismo recinto; aquí hay techno, por supuesto, pero, fuera prejuicios, también rollo latino con animadoras/es sexyhorteras a lo Baja Beach, una pista de dance comercialote, otra retro con groove de calidad (o así), un chill out para retozar, mil rincones para esconderse... Dicen los Arnau, ahí se incluye el padre, Juan, 77 años, el segundo de la saga, que en Florida 135 “lo importante es la circulación de la gente”; es la clave de este espacio rediseñado en 1985 por el creador del mítico Bocaccio de Barcelona, el ya difunto Javier Regás, quien en 1971 había imaginado la primera versión: Florida Fraga, “una discothèque supermercado de lo recreativo-cultural”, incendiada y destruida en 1975 y abierta a los dos meses según el modelo original; solo cambió el color marrón (Manolo Otero actuó la noche del reestreno; Basilio la había inaugurado en 1971).

 
Florida 135, 60 años de baile  y diversión

Florida 135 es algo que definitivamente cambia tu percepción del entretenimiento aplicado al baile y a la noche.

 

A petición de los Arnau, y sin un duro en los bolsillos, el bohemio Regás, hermano de Oriol y Rosa, volvió de la India tras siete años de retiro para inventarse este proyecto: una calle de Nueva York (lo de 135 hace referencia a un grupo mítico de grafiti de NYC) levantada con ladrillos envejecidos a mano para crear un laberinto de pasadizos que comunican espacios independientes con una rúbrica de misterio y fantasía: olé. Anuncios de neón en un no-decorado a lo “West Side Story” donde se puede tomar posesión de escaleras, balcones y pisos superiores para que los bailadores, sombras de chicos y chicas persiguiendo el palpitar de los bajos, se muevan envueltos en abanicos marca de la casa (a lo Peor Impossible). Regás sabía que el baile es una cosa eterna. El gran Antonio Machín ya había actuado en Florida en los cincuenta.

Pilar Durán, la madre de Juanito, compra la carne para la hamburguesería de la discoteca (“que se perciba el olor de la parrilla en la sala”, dejó dicho Javier Regás), se encarga de controlar la web y despacha en la tienda de merchandising vendiendo camisetas de Florida 135 hasta las seis de la madrugada; la familia, al pie del tambor (bum bum). Su marido, el de 77 años, el amigo de Fabio (le envía grabaciones exclusivas de drum’n’bass), no solo cierra la noche cada mañana; también deambula paciente y observador a lo largo y ancho de este homenaje al baile que es la Florida (en femenino), departiendo con jóvenes clientes que al reconocerlo lo saludan. Silencioso y discreto, pero con un rictus de autoridad intimidante, pulsa el ambiente con la profesionalidad del mejor cazador nocturno, pero con la responsabilidad del guardián entre el centeno, protegiendo a sus niños.

Este año, el Groove Parade, el otro brazo bailado de la familia, llega el 19 de julio. Es la rave de la longaniza y el pan de leña untado con ajo, la travesura en el desierto, el guateque al sol. Nació en los Monegros en 1993, a 18 km del centro de Fraga, pero en su término municipal, y se emplaza en Les Peñetes, la finca de 380 hectáreas de la tía Joaquina (98 años; hermana de la madre de Pilar Durán), quien se entretenía hasta hace poco introduciendo los tres mil flyers en los sobres dirigidos a los clientes de Florida 135.

 
Florida 135, 60 años de baile  y diversión

El Groove Parade o la travesura en el desierto, el guateque al sol. Desde el año 2004, conocido como Monegros Desert Festival.

 

Pero el fundador de este family affair fue Juan Arnau Cabasés, el abuelo de Juanito, el padre de Juan, el primero en apostar por el cine y el baile. En 1942 ya organizaba veladas, pero en 1943 compró el edificio del Sindicato Agrícola por 35.000 pesetas y construyó el cine Florida (todavía existe; ahora dos salas, para mil y 300 personas; el único de Fraga), que también acogería actuaciones. La Orquesta Dorsey fue la titular entre 1949 y 1961. Después, hasta la creación de la discothèque, en 1971, le sustituyó la Orquesta River. Por allí pasaron, en la década de los sesenta, José Guardiola, Los Cinco Latinos, Rudi Ventura, Luis Aguilé, Gelu, Juanito Segarra, Jorge Sepúlveda, Lorenzo González, Ramón Calduch, Los Tres Sudamericanos, Manolo Escobar, Salomé... Y en la cumbre de su fama, en 1963, el Dúo Dinámico salieron escoltados por la Guardia Civil, cosa que no impidió que la muchachada les pinchara las cuatro ruedas del coche; la subida de un duro en la entrada, pero también, por supuesto, los celos a Manolo y Ramón. Ese mismo año, tres días después de la muerte del patriarca Juan Arnau Cabasés, la orquesta de Xavier Cugat con Abbe Lane (entrada de excepción: 100 pesetas) pasó por Florida. En el entierro del fundador hubo plañideras contratadas. Dicen que por última vez en Fraga.

Florida en sus diferentes reencarnaciones, sesenta años ya (Terraza-Jardín Florida, Salón Florida, Florida Fraga, Florida 135), ha visto cómo el culto al baile y las consiguientes relaciones que pivotan a su alrededor han variado en sus ceremonias de tanteo, aproximación y enlace. La sociedad fragatina ha tenido siempre, gracias a la familia Arnau, un lugar de encuentro. Cientos de parejas han danzado con sus sentimientos en esta casa de ocio musical que ha viajado en el tiempo de lo camp a lo in, de las tardes de los domingos y festivos a las noches y madrugadas de los sábados y vísperas de fiesta. La pista de baile como parte importante en la vida del pueblo: el impacto del disfrute y el hedonismo en varias generaciones de jóvenes; “la responsable de la gran revolución social y musical”, según los Arnau; “ni los hippies ni los Beatles: la discoteca”.

En la década de los setenta, actuaron Massiel con el Trío La La La, Los Diablos, Los Amaya, Los Alba, Micky y Los Tonys, Fórmula V, Juan Pardo, Rumba 3, Camilo Sesto, Mocedades, Junior, Al Bano, Demis Roussos, Cassen, Los Canarios, Suzy Quatro, Peret, Víctor Manuel, Bigote Arrrocet, Barrabás, Ballet Zoom de RTVE, Los Sírex...

 
Florida 135, 60 años de baile  y diversión

Cientos de parejas han danzado con sus sentimientos en esta casa de ocio musical que ha viajado en el tiempo de lo camp a lo in.

 

Después, el boom de las discotecas (cada pueblo tenía una, y en las cercanas Binéfar, Monzón, Mollerussa y Lleida estaban las mejores) afectó la rentabilidad de Florida Fraga, que entró en un período de decadencia que se acrecentó con problemas familiares en los Arnau, lo que obligó a un replanteamiento radical que desembocó en el delirio de la construcción de Nueva York en Fraga gracias al soñador Javier Regás: Florida 135. Era 1985. Fue el año de la muerte del osado Pepe Arnau, hermano de Juan, tío de Juanito, motor de cambio y regeneración en el negocio familiar; Juanito, en compañía de Mari Cruz Lasierra, su mujer, cogerá el timón: la hora del tercer Juan Arnau.

En los ochenta, y siguiendo la tradición de la marca Florida de presentar en la zona a las variétés renombradas de cada momento, giraron Tequila, Obús, Loquillo, Joaquín Sabina, Barón Rojo, Orquesta Mondragón, Hombres G, Radio Futura, Ana Belén... lo que se llevaba. Pero el cambio estaba al caer. Combinaban el DJ con las estrellas del pop y el rock y con las fiestas temáticas (la industrial, pero también la de la selva: con serpientes y tigres de Bengala). Front 242 atrerrizaron en 1994 (Aute había estado una semana antes; así son las cosas en provincias): sería ya el templo de los makineros llegados de Valencia y Barcelona, el terror de la ruta del bakalao. Fue la primera macrodiscoteca que se dedicó a las fiestas de DJs valencianos; dos años de éxito (“lo más rentable que hemos hecho”), pero no de satisfacción en los Arnau. A Juanito y a Mari Cruz no les gustaba ese ambiente. Se lo explicaron a papá, y este dijo: “Oye, Juan, si a ti no te gusta, cambiamos...”.

Todavía en una época de tránsito entre las dos opciones, la bakala y la nueva música electrónica (una rave en Toulouse abrió el apetito de los terceros Arnau), llegaría Laurent Garnier: tres mil personas, que se quedaron en mil. “Me acuerdo que nuestro DJ iba a la cabina y le decía un poco la música que tenía que poner, porque, claro, la gente se iba... Pero decidimos seguir con lo nuevo. Nos costó mucho. Usamos la táctica de la naturalidad para convencer a los DJs. Oye, somos de pueblo, queremos hacer esto; por favor, ayudadnos, que en España nadie lo hace...”.

En el recomendabilísimo libro “Florida 135: Cultura de Club”, de Mariano Gistaín, editado por la Biblioteca Aragonesa de Cultura en 2001, fuente de informaciones para este artículo, dice el socialista Francisco Beltrán, alcalde de Fraga con la democracia durante catorce años, hasta 1992: “Los Arnau han sido gente metida en la sociedad fragatina. Su padre era un hombre rico, el más rico de Fraga, pero era el más humilde... Han sido gente totalmente abierta al pueblo, apoyando mucho a la clase baja. Gente progresista”.

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