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Garatge Club, El ritmo del garage

Ilustración: Juanjo Sáez

 

ME, MYSELF & I (2002)

Garatge Club El ritmo del garage

El Garatge Club (1992-2002) fue un punto de encuentro ineludible en la ciudad de Barcelona. El rock más intenso, en todas sus variantes, tuvo la oportunidad de ser visto y escuchado en aquella mítica sala del Poblenou, lugar de referencia que nos permitió testar en directo cientos de propuestas alejadas de la moda más trendy. Cuando se cerró, Santi Carrillo escribió este artículo en la sección Me, Myself & I, página donde revivió sus diez instantes preferidos entre aquellas paredes.

El 2 de febrero se cerrará el Garatge Club. En pleno Poblenou barcelonés, la sala de conciertos se caracterizó por procurar músicas de carácter recio con severas raciones de, mayormente, garage, punk, metal o hardcore. Fue un lugar de mestizaje rockero que albergó un espíritu alternativo no demasiado ligado a la complacencia pop o al diseño moderno. Tras no llegar a un acuerdo razonable al renegociar el contrato con los propietarios del local, los tres responsables de la sala desde su inauguración el 7 de agosto de 1992 (Olga Arroyo, Miquel Aiza y Xavier Rivases) han decidido despedirse con el histórico background de los 940 grupos que han pasado por allí.

Esta página pretende homenajear la singladura de esta sala ya histórica rememorando 10 de los 615 conciertos que allí se vivieron. Es una selección subjetiva, como no podía ser de otra manera en esta sección, que se une al sincero reconocimiento generalizado a la entusiasta labor del Garatge Club.

 
Garatge Club, El ritmo del garage

Lesley Rankine (antes del hi-tech noise de Ruby) y la guitarra de Fuzz, hardcore-metal lindando con el black rock. Foto: Juan Sala

 

Silverfish
16/10/1992

Squatters asentados en el North Candem londinense; probablemente, el grupo con más admiradores de relevancia de la época: los apadrinaban J Mascis, Kramer, Steve Albini, Alan McGee, Perry Farrell y Foetus, productor de “Organ Fan”, el disco que presentaban. Liderados por Lesley Rankine, por aquel entonces una suerte de Sinéad O'Connor sin cosmética que después, ya asentada en Seattle, tuvo su fugaz momento de gloria con el hi-tech noise de Ruby, destacaron por su ruidosa y distorsionada muestra de hardcore-metal lindando con el espíritu del black rock, según la influencia del mestizo guitarrista Fuzz, brazo armado de las enseñanzas del legado Birthday Party. A comienzos de 1994 se separaron y Lesley declaró: “Aquel tour tuvo ya lugar en mis malos tiempos con el grupo. Un par de miembros de la banda eran unos gilipollas”.

 
Garatge Club, El ritmo del garage

Tito Pintado de Penelope Trip (“el joven Ian Curtis con pandereta”) en el origen oficial del indie en España. Foto: Juan Sala

 

Noise Pop 92
28/11/1992

¿Os acordáis? Iniciativa del sello Elefant, entonces todavía leonés, para fundar una escena –¡esa palabra!– que pretendía enterrar la decadencia de la posmovida en sus últimos estertores y... ¿qué consiguió? Bien, una nueva modalidad del inglés, sí; mucha tontería enfundada en rayas, claro; y montones de conciertos anodinos de sonido pésimo, por supuesto; pero también un caprichoso talento que, expuesto con cuentagotas, legó unos cuantos momentos irrepetibles: el instante iniciático de esta noche, entre los más destacados. Así como esas fotos de Juan Sala publicadas en la crítica del concierto impresa en esta revista que dieron la vuelta al mundo (de los fanzines) con las imágenes de EL REGALO DE SILVIA (intuyendo sus dulces tonadas), USURA (tan engreídos y pretenciosos como competentes), PENELOPE TRIP (“el joven Ian Curtis con pandereta”, como escribió Gerardo Sanz, y con los ojos cerrados) y BACH IS DEAD (David, de espaldas a una realidad, la cotidiana, que le transportó a los irrepetibles Beef). Bonito fue.

 
Garatge Club, El ritmo del garage

Imparable recuperación de las raíces en la farsa mejor planteada en la historia reciente del rock: esclavos del ritmo. Foto: Patrik Gilbert

 

THE JON ESPENCER BLUES EXPLOSION
18/02/1993

Si es cierto que solo pagaron 16 personas, este recuerdo en mi cabeza vale ahora muchos euros. Y la imagen tomada por Patrick Gilbert (que en paz descanse) en estas páginas, todavía más: el instante congelado del ex Pussy Galore saltando bajo la bóveda de la sala. Asombrados por la esquizofrenia racial de un cruce extenuante de sonidos desbordantes, explosiones, riffs y zumbidos, nos alejamos de allí intuyendo que aquella electricidad tenía que conectar indefectiblemente con más gente. El cara dura de Spencer y sus compinches Bauer y Simins daban vida a un cúmulo de distorsión, sexualidad, arrogancia y pura comedia como pocas veces se había visto. Una hecatombe de sensaciones entre el asombro de asistir a una imparable máquina de recuperación de las raíces y la sonrisa de aceptar que aquella reinterpretación era la farsa mejor planteada en la historia reciente del rock: esclavos del ritmo... Y la bola empezó a crecer.

 
Garatge Club, El ritmo del garage

Greg Dulli hizo un poco el payaso, se entretuvo con las versiones y ofreció coletazos post Sub Pop con corazón soul. Foto: Juan Sala

 

AFGHAN WHIGS
15/04/1993

De lo caótico a lo inesperado. Si te perdiste el bis (arrollador), te perdiste lo mejor. Greg Dulli, preparado para ascender a los altares de los Grandes Creadores Todavía Vivos con la edición en el otoño de ese mismo año de su redentor “Gentlemen”, se encargó de hacer un poco el payaso, de entretenerse con el recurso de las versiones y, finalmente, de aburrirnos de lo lindo en esta su primera actuación en España. Quizá la perilla grunge nos despistó y no fuimos capaces de intuir lo que se avecinaba en su inminente obra mayor hasta llegados esos temas extra que ya solo aplaudieron quienes tuvieron la osadía o la paciencia de esperar esos coletazos post Sub Pop con corazón soul. Los de Cincinatti nos deben una en condiciones para estamparnos en la cara esos medios tiempos confesionales que queman o derriten.

 
Garatge Club, El ritmo del garage

El regreso de La Trapera a la “ciutat podrida” significó el récord de asistencia a la sala Garatge. Morfi, a lo suyo. Foto: Juan Sala

 

LA BANDA TRAPERA DEL RÍO
12-13/11/1993

De nuevo en Barcelona, once años después de su separación, La Trapera en V.O.: tocando el cielo con la punta de los dedos, reivindicando el papel de auténticos pioneros y consiguiendo el récord de asistencia a la sala Garatge. El recuerdo inquebrantable de “La Banda Trapera del Río” –remasterizado para la edición en formato CD– y “Guante de guillotina” –el disco fantasma grabado en 1982 y no editado hasta 1993–, muy bien aceptados por el público en aquellos días, sirvió de excusa para que Morfi (después de su intento en solitario, con Zona Grei y con Vox Animal), Tío Modes (con Oficial Matute; junto a Raf Pulido) y compañía recuperaran el tiempo perdido. Aquí lo consiguieron: desgarro, velocidad, mala leche y alocuciones chelis entre la sinceridad y la ingenuidad; como siempre había sido. Tal y como se suponía, “Ciutat podrida” dejó en evidencia al roc català de fiesta de pueblo tan en boga entonces y “La regla” puso fin a un repertorio creado a la contra: malditos destilando rabia periférica.

 
Garatge Club, El ritmo del garage

Jawbox dejaron de lado a Dischord, pero no su fijación por Fugazi. Uno de los conciertos más intensos de aquel año. Foto: Juan Sala

 

2º Festival de Música Alternativa
07-14-21-28/04/1994 y 05/05/1994

Aunque también pasó por Madrid e Itziar, en Barcelona el cartel fue más completo con la presencia añadida de los angelinos RHYTHM COLLISION y los holandeses THE HARRIES: discretos hasta el olvido ambos, no obstante. El plato fuerte aterrizó vía Washington con JAWBOX, que traían calentito su salto grande “For Your Own Special Sweetheart”, dejando de lado a Dischord pero no su estimable fijación por Fugazi. No solo fueron lo mejor del programa, también uno de los conciertos más intensos de aquel año. Abrasivos. Con Chad Price debutando a la voz, ALL, aunque ganaron en consistencia, escondieron parcialmente lo que desde los tiempos del batería Bill Stevenson en Descendents era su valor supremo: la trepidación melódica de su hardcore-pop. De California llegaron los tres hermanos Stern al frente de YOUTH BRIGADE en su segunda etapa de punk-core ortodoxo, y VICTIMS FAMILY con su hardcore progresivo, disonante y extravagante. Y de Vancouver nos llovió el punk-core de los veteranos D.O.A., y el de los debutantes en Epitaph S.N.F.U.: entre la obviedad de lo conocido y lo agotador. Como añadidos locales, los badaloneses AFRAID TO SPEAK IN PUBLIC confirmaron lo mucho que ya valían con su abigarrado debut “Subcircus”, anulando de paso el esfuerzo de los sabadellenses PLASTIDECORE.

 
Garatge Club, El ritmo del garage

Steve Austin se ofrecía a sí mismo para que con nuestra aprobación lo liberáramos de su carga. Foto: Juan Sala

 

TODAY IS THE DAY
10/03/1995

Ya en la presentación del sello Amphetamine Reptile en la gira “Clusterfuck ‘94” (en la misma sala un año antes) se habían merendado fácilmente a Guzzard y Chokebore, pero lo de este concierto, presentando “Willpower”, su segundo álbum, fue, en serio, irrepetible. Steve Austin se retorcía en un doloroso éxtasis de tensión extrema que hacía temer por su salud física y, sobre todo, mental: aquel ruido que se solidificaba no congeniaba con los intervalos dubitativos entre tema y tema; un chico con problemas de comunicación, definitivamente. Fue corto pero intenso (y no es un eslogan); era imposible que durase más. De construcción metálica, pero en proporciones ajustadas, diluidos en un nudo caótico de puro ruido, paroxismo salvaje, distorsión y todo eso que bla-bla se dice en estos casos... Han pasado años, pero todavía tengo grabada la cara de Steve Austin regalándonos todo aquello. Se ofrecía a sí mismo para que con nuestra aprobación lo liberáramos de su carga. La muerte de su padre, la idea del suicidio... una razón para seguir.

 
Garatge Club, El ritmo del garage

El punk-rock fresquito de la aventura en Amps de Kim Deal: reinona de lo indie (la reina es Kim... Kim Gordon, claro). Foto: Juan Sala

 

THE AMPS
01/12/1995

Kim Deal vino desde Dayton a resarcirnos con “Pacer” de la tontería a la que se vio expuesta la medianía afortunada de Breeders. Amps era ese proyecto simpaticote y sucio, sin demasiadas pretensiones, que nació como una aventura en solitario de la ex-Pixies y acabó resultando algo moderadamente entretenido: punk-rock fresquito, sin prejucios, sin tonterías. Nada del otro mundo, pero nada malo, por gentileza de esta vehemente reinona de lo indie (la reina es Kim, claro) harta, por aquellas fechas, de su hermana yonqui, Kelley, como no se cansaba de repetir en cualquier entrevista, y atesorando unos juicios la mar de graciosos sobre la música y, seguramente, la vida. Ella mola.

 
Garatge Club, El ritmo del garage

Mark Lanegan, barítono con la gravedad de los gestos profundos, roncando medios tiempos que duelen. Foto: Liberto Peiró

 

MARK LANEGAN
22/10/1998

La herencia de Screaming Trees se hizo sentir entre la audiencia al presentar “Scraps At Midnight”, el tercer disco en solitario de Mark Lanegan. Y es que la parroquia grunge es de armas tomar: fieles al devocionario con que crecieron, a veces parece que confunden la velocidad con el ruido e intentan igualar, con su fervor de melenas y coletas al viento (con un Soundgarden y un Dinosaur Jr. en la banda, aún más), toda la paleta de colores posibles para diluir cualquier matiz disidente, vulgarizándolo. Mark Lanegan, chicos, es... otra cosa. Sí, un barítono con la gravedad de los gestos profundos. Un escritor de canciones que escribe para él y hacia atrás, donde la soledad y los relatos del querer se reflejan en espejos clásicos, no en torbellinos enmarañados con denominación de origen en Seattle. Roncando medios tiempos que duelen, como los de Neil Young, Nick Cave o Jeffrey Lee Pierce; así es bueno Lanegan.

 
Garatge Club, El ritmo del garage

Mezcla de lo-fi y seudofolk entre la tristeza y la esperanza: Elliott Smith (1969-2003); cinco años antes de su muerte. Foto: Juan Sala

 

ELLIOTT SMITH
13/11/1998

Después de QUASI, el warm up de su banda de acompañamiento en la que él mismo toca el bajo, Elliott Smith, que llegaba a su debut español con “XO”, su cuarto álbum, el primero en multinacional, se impuso con esas melodías artesanales y un poco incompletas que roban el corazón de todas las niñas (y niños sensibles). Sí, hay cosas de Lou Barlow, pero no solo eso. El nuevo bardo que surgió de la nada para rozar la gloria de los Óscar con “Miss Misery” para “El indomable Will Hunting” cautiva por lo fácil, por lo tímido y por lo melancólico. Esa mezcla de lo-fi, seudofolk y brillantez navegando entre la tristeza y la esperanza consigue que lo sencillo sea también dulce pero no empalagoso. Así pues, hay artista, nos dijimos al salir.

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