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Girls, Lena Dunham y las anti-riot grrrls

Iustración: Sonia Pulido

 

EDIT (2013)

Girls Lena Dunham y las anti-riot grrrls

Creada, escrita, dirigida y protagonizada por Lena Dunham, y bajo el paraguas de HBO, “Girls”, que llegó al final de su sexta y última temporada el pasado fin de semana, será recordada como una de las sensaciones televisivas de los últimos años. Tras un inicio de verdadero impacto, llegó una segunda tanda de episodios donde la inspiración, menor, se sirvió con cuentagotas. Santi Carrillo opinó en este artículo sobre la deriva negativa de la serie en aquel momento. Más sobre “Girls”, aquí y aquí.

La segunda temporada (2013) de la rompedora serie “Girls” no ha impactado ni la mitad que la primera (2012), que fue un auténtico aldabonazo por atrevida e irreverente. Le llovieron los elogios a Lena Dunham, su creadora, y se topó con un gran reto: superarse.

Para aquellos que no lo sepan todavía, “Girls” es un escaneado nada complaciente de las relaciones sentimentales-sexuales de quienes transitan entre los 20 y los 30 y acaban siendo víctimas de sus propias aspiraciones y expectativas, fruto, quizá, de las dudas, la desorientación y el miedo al futuro, que no exclusivamente de la inmadurez, porque (casi) nadie es maduro a esa edad en estos tiempos.

De ser la nueva y brillante Woody Allen de su generación, como se etiquetó a Lena Dunham (27 años el 13 de mayo de 2013), a convertirse en una patosa Lina Morgan... va una temporada de diferencia. Y es que la ideóloga y protagonista de “Girls” ha acabado vampirizando su propio guión. Además de mostrar constantemente sus carnes y tatuajes sin que nadie se lo haya pedido (en una muestra inaudita de autovoyerismo), se ha saboteado nocivamente, exhibiéndose de manera torpe y paranoica, para transmitirnos lo emocionalmente perdida que está. Podría deberse a que en una comedia que se pretende dramática siempre se suelen priorizar los defectos sobre las virtudes, pero también a que la desacomplejada y narcisista personalidad de Dunham como artista podría haber dañado seriamente su sentido común profesional.

En esta continuación, Lena/Hannah ha monopolizado la trama en detrimento de las secundarias: la pija Marnie (Allison Williams), la cursi Shoshanna (Zosia Mamet) y la bohemia Jessa (Jemine Kirke), quienes no han podido saltarse el estereotipo en el que han ido cayendo progresivamente. Al mismo tiempo, se ha desdibujado el inicial protagonismo coral que enriqueció la idea original de esta obra de espíritu alternativo filo-mainstream (ya saben: es HBO, produce Judd Apatow y se estrenó en el SXSW 2012).

Así que el asunto ha quedado, por momentos, a un paso de convertirse en otra versión de lo que nos dijeron que no iba a ser nunca. No era “Sexo en Nueva York”, no era “Mujeres desesperadas”, claro, pero en esta segunda temporada ha habido capítulos en los que, salvando las distancias, se ha pecado de similar grado de superficialidad, estupidez y tontería reconcentrada. Y no se trataba de eso, Lena. No queremos esperpento vestido de desinhibición ni trazos de amistad hipster curtida en la bobería más absoluta. Y aunque aceptamos las sobredosis de egocentrismo porque encajan como un guante con la generación que representa, diríamos que empiezan a resultar abusivas esas prefabricadas escenas cutres a la búsqueda de un realismo sucio que lo haga todo más provocadoramente (in)creíble y donde se pasa de la naturalidad a la vulgaridad en un segundo.

Esperemos que, para la tercera tanda de episodios, Lena vuelva a descorchar su talento, depurándolo, o por lo menos su ingenio, afinándolo (valores que indudablemente ya demostró al poner en marcha esta ambiciosa serie), y se convierta en la auténtica voz de su generación, galardón por el que, como dejó dicho su álter ego Hannah en el primer capítulo, suspira denodadamente. Estaremos expectantes ante tan noble objetivo.

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